¿Por qué no se puede comer carne en Cuaresma?

Imagino que todos alguna vez nos hemos planteado el porqué los católicos no podemos comer carne los viernes de Cuaresma. De hecho, las dudas suelen ir acompañadas de motivos más que razonables para no hacerlo: “el pescado es más caro”, “si tengo sobras de carne no está bien tirar la comida”, “si me invitan a comer no voy a andar molestando”,…

Entonces, ¿por qué la Iglesia nos obliga?

Tendemos a ver a la Iglesia como una dictadora que impone normas y preceptos a sus fieles, y olvidamos que la Iglesia ¡es Madre! ¡¡Es tu Madre y la mía!! Y como Madre, quiere a sus hijos y trata por todos los medios de ayudarles a llegar al Cielo.

Y en ese acompañarnos al Cielo, la Iglesia sabe que hay unos “mínimos”, por decirlo de alguna manera, sin los cuales resultaría muy difícil mantener el trato con el Señor, ser capaces de recomenzar, aprender a perdonar, a amar y a sabernos amados por Cristo.

Que levante la mano quien haría ayuno voluntario en Cuaresma si no fuera obligatorio…

Como una madre obliga a sus hijos a comer, hacer los deberes, llegar a cierta hora por las noches, etc; la Iglesia establece ciertas “normas”, para asegurarse de que los católicos hagamos algo de penitencia, como animó Jesús en el Sermón de la montaña, a la vez que nos facilita el cumplir la obligación.

¿Y por qué carne y no pescado?

Dejamos de comer carne los viernes, no porque sea barata, mejor o peor que otros alimentos, sino sobre todo por tradición cristiana. Somos una familia: la familia de los hijos de Dios; y el hecho de unirnos todos, en una penitencia común, hace que nos apoyemos unos a otros, que vivamos una misma Cuaresma. ¡Unidos es más fácil llegar a la meta!

Claro que, no nos serviría de mucho, si ese acto no nos llevara a elevar el corazón a Dios, a recordar que Él es nuestro Padre, que dio su vida por mí en la Cruz porque me quiere; a darle gracias y querer de corazón volver a Él.

¿Qué madre le diría a su hijo, en su cumpleaños, que para comer hay “sobras” porque si no se estropean?

Cuando ponemos amor, nos organizamos para que no haya sobras, para comer arroz a la cubana -que es bien barato- y para hacerlo alegres, sabiendo que vamos todos juntos hacia la casa del Cielo.

Extras:

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¿Qué es eso de que el Espíritu Santo actúa en nuestras almas?

Reconocer las mociones del Espíritu Santo en nuestras almas, y cómo estas transformaron mi vida sin exigirme grandes esfuerzos.

No suelo citar el Evangelio pero acabo de leer esta frase y he pensado: ¡esto tienen que saberlo mis lectores! ¿No os alucina?

“La correspondencia a las mociones y a las inspiraciones del Espíritu Santo es el todo de la vida del alma. La gracia es como la semilla echada en la tierra: una vez sembrada crece con independencia de que el dueño del campo duerma o vele, y sin que sepa cómo se produce”. Mc 4, 26-32

Quizá alguno esté con cara de desconcierto, en plan: nos alucina…, ¿el qué?, ¿qué carajo es eso de las mociones del Espíritu Santo?

Os lo explicaré con ejemplos de mi vida, ya que son la forma más clara que tengo de hacerlo, pero si buscáis en buenas páginas web o libros lo explicarán mucho mejor (el de “Los Dones del Espíritu Santo” me encantó).

Hace tiempo os hablé de ese momento, a los veintipico, en el que mi relación con Dios cambió radicalmente. Pues bien, unos años antes, empecé a pedirle a Dios que me mostrara mi camino. Quería que me dijera cuál era mi sitio dentro de la Iglesia.

Al comentárselo a una amiga me dijo: “la clave está en que hagas caso a las mociones del Espíritu Santo”. Le miré con cara de póker y me explicó: “no te preocupes, esto es empezar y verás qué rápido las identificas” (más o menos como las contracciones del parto, jaja!, ¡inconfundibles 😜!).

Y añadió: “es importante que dediques unos minutos al día a rezar, pero a charlar de tú a tú con Dios. Ve a una iglesia, te sientas, le miras (está en el sagrario, en la cajita iluminada), y le dices simplemente que vienes a verle y que quieres conocerle más”.

Y así lo hice. Empecé, y para mi sorpresa, pronto ¡empezó a hablar! En serio: es esa vocecita de tu interior que te va sugiriendo cosas que sabes que deberías hacer pero que te cuestan:

– “Esa cama puedes hacerla mucho mejor”

– “No dejes los platos sin fregar hasta mañana”

– “¿Qué tal si llamas a esta chica que la has visto tristona?”

– “No te enfades con esta persona, que sabes que ha sido un accidente”

– “¿Cuándo vas a pedirle perdón a esta otra amiga?

– …

Y me di cuenta de que, en la medida en la que yo hacía caso a esa vocecita, ésta se iba animando y pidiendo cada vez más. Y, lo mejor, es que sin darme cuenta, un día miré hacia atrás y me asombré de lo mucho que había mejorado mi vida. Yo no había hecho nada del otro jueves, pero el Espíritu Santo había ido transformando mi vida.

Dios había sido muy generoso conmigo: al obedecer a la vocecita iba recibiendo gracias que tiraban de mi para arriba: era más ordenada, más paciente, más responsable, alegre, constante, … Era mucho más feliz.

Pero ¡ojo!, que la vocecita de las excusas sale casi al mismo tiempo, solo que esa no viene de Dios sino del egoísmo, de la comodidad, de la vanidad, etc y tira para abajo, así que consejo: ¡hay que obedecer a la primera!

Para mí fue un regalazo que nunca olvidaré; y al leer esa frase me he acordado de la suerte que tuve y he pensado que, quizá, os ayudaba saber que es cierta. ¡Ojalá os ayude tanto como a mí!

¿Has notado tú alguna vez la gracia del Espíritu Santo en tu vida? ¡Me encantaría que nos lo contaras!

¿Por qué Dios me hace esto?

No me resisto a compartiros este vídeo que me acaba de recomendar una gran amiga. Me ha dejado boquiabierta, sin argumentos, totalmente desarmada.

Es una víctima del atentado del 11M, Esther Sáez. Iba en el vagón donde estalló una de las bombas. Y aquel fatídico suceso le llevó a Jesús.

Me ha llenado de paz y confianza. Estoy tan agradecida a que se animara a compartirlo con el mundo que sólo puedo decirte, a voz en grito, que no puedes dejar de verlo.

Sobre todo, si en algún momento de tu vida has mirado al cielo y has dicho: “¿por qué me has abandonado?, ¿por qué me haces esto?” Encontrarás tu respuesta, como yo acabo de encontrarla.

¡GRACIAS ESTHER SÁEZ POR TU TESTIMONIO!

Te agradeceré que me cuentes en los comentarios qué te ha parecido.

La Cuaresma no es sólo no comer carne

Empieza la Cuaresma y lo primero en lo que pienso es: “jolín, vuelta otra vez a no comer carne”. Soy así de limitada pero es la triste realidad. Luego enseguida miro en mi interior y me doy cuenta de lo cutre que soy, pero de primeras…, puff, ¡qué desastre!

El caso es que el mensaje del Papa para esta Cuaresma me ha resultado de lo más conmovedor y motivante. Sobre todo, las tres invitaciones que nos propone en Cuaresma: Oración, ayuno y limosna; yo siempre me centraba en el ayuno: el no comer carne, o -si estoy “de buenas”- incluso ponerme algo más, tipo no comer chocolate o no probar el pan en este tiempo.

Pero la cuaresma es mucho más que “mortificarse”; es un tiempo para crecer, es como si nos pusieran un ascensor para subir unos cuantos pisos en solo 40 días; claro que está en nuestra mano el darle al botón de subir o esperar a que suba sólo.

Yo veo claro empezar por una buena confesión, que engrase bien ese ascensor; y luego, día a día, quiero estar muy pendiente de Jesús: decirle mil veces gracias por querer sufrir ese calvario por mí; pedirle perdón por tantas veces que yo le digo que no; y abandonarme en sus brazos, y confiar en Él.

ORACIÓN, LIMOSNA Y AYUNO

Cuando rezamos Dios nos permite conocernos mejor a nosotros mismos y nos da fuerzas para luchar contra nuestras flaquezas, apoyándonos en Él, por eso la Iglesia insiste en que oremos.

La limosna nos abre los ojos. Al compartir nuestros bienes con quienes lo necesitan, nos recuerda que son hermanos nuestros, que nada de lo que tenemos nos pertenece. ¡Tenemos tanta suerte!

Por último el ayuno, que “nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable”; y nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo.

Esta cuaresma quiero que sea diferente; quiero de verdad pegarme bien a Cristo, conocerle más, sentir ese abrazo que lleva tiempo queriendo darme y que yo esquivo con tantas ocupaciones. Y me encantaría que también fuera para vosotros un tiempo de crecimiento.

¿Cómo vives tú la Cuaresma?

¿No te gusta lo que ves cuando te miras en el espejo?

¿Os acordáis del fin de semana del cambio, del que os hablé hace unas semanas? Hoy quiero contaros el primer regalo que recibí.

“Dios ha pensado en ti desde toda la eternidad. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados”.

Estas palabras las he oído muchas veces; las oía pero no las escuchaba, ¡ni mucho menos las profundizaba! El caso es que aquel día sonaron distintas; me las decían a mí y, aunque pueda sonar ridículo, me impresionaron.

Imaginad que os dieran el poder de diseñar a vuestro hijo, ¿cómo sería? No me importa tanto el resultado como el proceso. Dedicaríamos horas en pensar cómo sería, deleitándonos en cada detalle, volcando todo nuestro amor en él: “Le pondré esta pequita aquí, y los ojos de este color, y que sea alegre, y un hoyuelito cuando ría, y será bueno, y cariñoso, y…”

¡Solo imaginar al mismísimo Dios ensimismado pensando cada pelo, peca, rasgo de mi carácter! Ufff…, me pongo muy nerviosa. No somos “gente” sino hijos de un Dios enamorado, que al pensar en ti y en mí, nos creó como a la “niña de sus ojos”, como al “hijo predilecto”.

Sin embargo, ¡cuántas veces nos miramos al espejo y no nos gusta lo que vemos! Pensamos: “Quizá un poquito menos aquí, un poco más por allá, el carácter más suave, más paciencia, menos genio, más valiente…”. Pero, ¿no resulta un tanto arrogante siquiera insinuar que podía habernos hecho mejor?

Y hoy me digo, pero tía, que ¡estás más que requetepensada!; que el mismo que ha creado todos esos paisajes, el universo, las estrellas, los ríos,… tan perfectísimos, ¡te ha creado a ti!; ¿en serio crees que se ha equivocado en algo contigo?

Así que, a partir de hoy, nos toca mirarnos al espejo y repetirnos muchas veces: ¡Qué perfecta eres!, ¡cómo se nota que eres hija de Dios!

Pero doctor…¡si yo no tengo estrés!

¿Necesitas que el día tenga 48 horas?, ¿sientes que no llegas a todo?, ¿vas corriendo a todas partes? Bienvenidos al club de esas personas hiperactivas, que no descansan ni un segundo y que hacen dos cosas a la vez, mientras piensan la tercera.

5.45h: ¡arriba!; 5.50h: me ducho mientras repaso qué tengo en el día: “Veamos, ¿qué día es hoy…? Martes 21…, ¡Uy! ¡Que no se me olvide que la peque tiene la revisión!, -tengo que coger la vacuna de la nevera, ¡menos mal que ayer se acordó de comprarla el amore!-. Mmm, ¿y qué tenía yo los martes por la tarde? ¡Ah!, ¡sí!, la mayor tiene música -tengo que avisar a mi hermana para que hoy la lleve ella, porque el niño empieza natación y, si no, no llega; y casi que le voy a decir que le compre algo de merienda y así una cosa menos…-.

6.15h Desayuno. ¿Escuchando la radio? Obviamente no…: “¿Qué cenamos hoy? Buf…, creo que hoy va a ser día de cena fácil, saco las croquetas del congelador y listo. A ver que mire el menú del cole…., comen lentejas y croquetas, ¡vaya hombre, siempre me pasa lo mismo! Igual podría hacer una tortilla de patata…, ¡les gusta tanto!; ¡ay, no!, ¡si no quedaban huevos! -a ver si a mediodía me da tiempo a escaparme un momento al super-.

6.40h ¡Anda! ¡Que se me hace tarde! Voy a lavarme los dientes y a despertar a los peques.

6.45h Niños arriba. Mientras se visten yo me arreglo y sigo repasando las cosas pendientes.

7.45h “¡Chicos!, ¡hay que irse! Venga…, ponte el abrigo, ¿y esa cara tan sucia? ¡Vuela a lavártela!; ¡ay Señor que no llegamos…! !Vengaaa!! ¿Tu mochila?, ¿y la de deporte?, ¿¡cómo que no la encuentras!? [no sigo que ya sabéis cómo continúa, jaja]

8.00h Parada. En cuanto suben salgo corriendo para llegar a trabajar y cuando me siento en la oficina: ¡por fin respiro!

Llevamos una agenda de locos en la cabeza, llegamos al trabajo a las 8.30h de la mañana reventados y ¡el día acaba de empezar! Es verdad que vestir, desayunos, etc con niños es agotador, pero si a eso le sumas el ir pensando sobre la marcha tantísimas cosas…, llega un momento que el cuerpo dice basta.

ORGANIZACIÓN

¡Queremos llegar a demasiadas cosas! Y si no te lo ha dicho nadie antes, te lo digo yo ahora: ¡NO DA TIEMPO A TODO! En realidad me lo digo a mí misma, no os enfadéis, pretendo hacer en pocas horas lo que llevaría días y así voy…, unos días genial, creyéndome hasta que soy superwoman, y otros que no hay quien me aguante porque he explotado y claro: “es que me siento sola”, “es que no llego a todo”, “es que…”.

“Es que” nada: es que el domingo es un muy buen día para sentarnos los dos en la cocina y pensar el resto de la semana: menús, lista de la compra, extraescolares, médicos, recados, tutorías, etc. Pero claro… todos los domingos queremos aprovecharlos para quedar con unos y con otros, y no da para nada más.

Que está genial hacer planes, pero un rato del fin de semana hay que reservarlo para esto porque si no creo que no levantamos cabeza. Ya os contaré si nos funciona…; y si tenéis la fórmula mágica o probáis esto y os encaja, por favor decídmelo en los comentarios 😉

¡FELIZ VIERNES!