Las relaciones sexuales, un problema para muchos matrimonios

No eres rara si te acuestas día tras día agobiada porque crees que él espera que esa noche intiméis y tú te sientes tan cansada que lo único que quieres es dormir y que llegue mañana.

Te sientes culpable, crees que eres una mala esposa y que quizá deberías “ceder”: pero no puedes con tu alma.

Y él, siente que te alejas. No sabe por qué pero hace tiempo que no tenéis relaciones y se muere de ganas de besarte de los pies a la cabeza, de decirte que te quiere y poder demostrártelo.

No sois raros: simplemente os falta comunicación.

Comunicación y conocer las diferencias entre hombres y mujeres. Porque sí, hay excepciones, pero en general las cosas son como son.

Si crees que tu marido sólo piensa en sexo cuándo se acuesta a tu lado y eso te agobia: pregúntaselo.

Te sorprenderás.

Vivimos las relaciones sexuales de forma muy distinta y hablar es fundamental para no distanciarse.

Perdona que sea tan directa pero creo que hay temas en los que los rodeos no hacen más que complicar las cosas.

Tu marido quiere acostarse contigo porque te quiere: ¿es eso raro?; o peor aún: ¿egoísta?

Si has elegido bien a tu pareja, lo normal será que veas cómo te demuestra que te quiere cada día dándose generosamente, cuidando de ti, buscando siempre y en todo tu felicidad (o al menos intentándolo).

Porque para él, decirte que estás preciosa, ir a cenar o comprarte unas rosas son detalles de cariño hacia ti; pero no demuestran lo muchísimo que te quiere. Para eso necesita abrazarte, sentirte cerca, unir su cuerpo al tuyo.

Y esto no es egoísmo ni un instinto animal, es amor.

Nosotras necesitamos hablar, sentirnos queridas, comprendidas, amadas,… y sólo cuando nos sentimos así nos entra la necesidad imperiosa de demostrar todo nuestro amor con el cuerpo.

Si no tenéis relaciones es más probable que sea porque está agotada y con la cabeza llena de preocupaciones que porque no te quiera, pero ¡pregúntaselo!

Tú necesitas hablar y él hacer el amor

Salvando las distancias, esto ayuda a entenderles: ¿Cómo te sentirías si tu marido no te dejara hablar, si día tras día te dijera que lo siente pero que está cansado y que por favor no le cuentes tu vida? Pensarías que no te quiere.

Eso mismo piensa él cuando le “rechazas” noche tras noche si no habláis nunca del tema. Y así, el muro entre vosotros crece y crece.

No es culpa de nadie que seamos distintos, más bien lo contrario. Pero es importante tener en cuenta estas diferencias y hablar de ello entre los esposos.

La sexualidad no es una carga, es un regalo. Y es importante que el matrimonio vaya a una ¡también en esto! Hablando se entiende la gente así que decir lo que cada uno siente es fundamental para comprenderse y amarse cada día más y mejor.

Qué tiene esa cajita que tanto te engancha

Imagino que muchos pensaréis que estoy loca, que me he vuelto una friki de Dios o algo por el estilo (es lo que yo pensaría de mí si no fuera yo, jaja!). Básicamente porque ¿quién pasa tantas horas hablando de Dios y deseando ir a una iglesia (que no sean curas o monjas)?

Y es cierto que estoy “enganchada”. Sí, sí, así como lo oyes: enganchada. Enganchadísima al amor de Dios pero en cuanto os lo explique, veréis que en el fondo es pura supervivencia 😅

¡No había pasado tantas horas delante de Jesús Sacramentado en mi vida! Y eso que ya entonces era la “religiosa” del grupo, jeje!

Pero lo de ahora es muy distinto, necesito estar junto a Dios porque sólo en Él encuentro fuerzas para seguir.

Estoy desbordadísima y el inicio del curso está rematándome y, como en mi cabeza resuena sin parar esta frase: “venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”, pues eso hago: voy, vuelvo y voy otra vez siempre que puedo (¡¡y me gustaría que fueran más veces!!).

A mí esta mochila me pesa demasiado y soy muy consciente de que yo sola no puedo con ella. Estoy cansada, agobiada, enfadada, quejica, quisquillosa, dolorida, …. uff… hasta que llego a la capilla de la Adoración perpetua y Le miro.

No hablamos mucho, sólo a veces, pero junto a Él mi alma se llena de paz. Me olvido de todo y sólo siento una alegría inmensa. Soy muy consciente de la fuerza que tiene su sola presencia así que cuántas más horas pase con Él, ¡mayor será el regalo!

Y no es una cuestión de egoísmo sino de absoluta conciencia de mi pequeñez, de lo muchísimo que Le necesito. Él me sostiene y me ayuda -porque yo no sé hacerlo sola- a abandonarlo todo en sus brazos. Él es mi fuerza para seguir adelante, para vivir sin perder de vista el “foco” (como diría mi amiga de instagram @cambiando_el_foco).

¿Y cuál es el foco para mí?

Tener muy presente qué es lo importante en esta vida. Porque lo que pase en ella, aquí se quedará. Lo único que prevalecera es el amor.

Levantar la mirada y ver a Dios detrás de las personas a las que quiero. Saber que Él está a mi lado siempre y que lo ÚNICO importante es hacerlo todo por amor (y es que con el jaleo de la vida se me olvida y ¡me ahogo en un vaso de agua!)

Así que voy a la Iglesia porque necesito ayuda, porque sola no puedo!! Y cuanto más pesa la carga, o más débil está uno para llevarla, más necesita acercarse a Dios para recibir su gracia.

No necesitan de médico los sanos sino los enfermos“, así que ahora ya sabéis porqué paso tantas horas con Jesús: Él es mi refugio, mi fortaleza, mi descanso, mi alivio y mi esperanza.

Si en algún momento os sentís como yo, probad a acercaros a Jesús -como nos invita Él mismo en el Evangelio- y ya hablaremos entonces de quién es la “friki“… je,je… os aseguro que no defrauda. Cada minuto junto a Dios es una hora del Cielo en la tierra.

Mamá, ¿podemos ver la tele?

Los niños suelen ser muy insistentes cuando quieren algo y la experiencia nos dice que hay que ser firmes con los límites establecidos en casa. Pero a veces, es bueno ser flexibles y dar prioridad al disfrute que a las normas.

Son las diez y media de la mañana. Último día de vacaciones para mis niños. Llevan desde las ocho preguntándome sin parar si podían ver la tele (creo que si contara las veces rondaría la centena…).

Y normalmente me enfado. ¡Me molesta horrores tener que repetir mil veces lo mismo! Si he dicho que no, ¿por qué seguís y seguís preguntando? ¡Que no y punto! Es bien sencillo (o eso me parece a mí, jeje).

Ahora son las 11.30h, y contra todo pronóstico: están viendo una peli.

Y no ha sido porque me haya hartado, ni porque quisiera aprovechar este rato para hacer cosas ni porque sea super blanda y les consienta todo.

Va a ser que no. Ha sido algo mucho más fuerte lo que me ha hecho cambiar de opinión: hoy he sido consciente de lo que significa en el Evangelio “pedid y se os dará“; ese pedir como niños… porque yo pido, ¡pero no suelo ser taaaan pesada, jaja!

Hoy el Señor ha querido mostrarme a través de mis hijos a qué se refiere cuando nos dice que pidamos, que seamos importunos, ¡cansinos como niños!

Porque cuando pedimos mucho, Dios se apiada de nosotros. Y hoy me ha pedido que hiciera yo lo mismo… Los niños se han levantado, se han duchado, vestido, hecho las camas, desayunado, recogido, … TODO: sin estar yo detrás de ellos.

Entre medias iban preguntando eso de “¿podemos ver la tele mami?”; y yo, que soy muy determinante con esto de cuándo y qué rato se dedica a las pantallas, he dicho que no las cien veces (si no han sido más). Con mucha calma, tampoco me he alterado, pero muy firme, eso sí.

Y es que oír la voz del Señor en mi corazón con esa fuerza tan arrasadora, diciéndome “ten tú también misericordia con tus hijos” ha sido irresistible.

Porque soy muy exigente con ellos, no cedo ni media; y algo me dice que no es eso lo que Jesús nos enseña en el Evangelio. Debemos educar, claramente; y poner unos límites. Pero también ser flexibles cuando se lo merecen y disfrutar de la dicha de tenerles.

(Ya son las 13h y ahora estamos en el parque). Está siendo un último día de vacaciones muy tranquilo y ordenado -dentro del caos que supone una familia, jeje- porque gracias a Dios estamos disfrutando de tener este tiempo para nosotros.

Mañana será otro día.

Y ahora (20h) por fin consigo dedicaros otro ratito para contaros que hoy he sido muy consciente de lo distinta que es la vida cuando dejamos que Dios reine en ella.

Si voy sola: las normas son tajantes. Si le escucho… Él me dice cuándo soltar un poco esa cuerda y disfrutar. Me recuerda que la vida nos la regala para vivirla felices; no haciendo siempre siempre siempre lo que HAY QUE HACER.

Ese hacer que -por otro lado- nos hemos inventado para amargarnos la existencia.

En fin, ya son las 20.50h y mañana empieza un nuevo curso. Os invito a acompañarme en la aventura de mirar al cielo con las cosas más cotidianas, las de cada día; para ver si Dios tiene algo que decirnos y alegrarnos el día.

Dejar que nos muestre cómo tiene Él pensado para mí este día a día extraordinario. Porque sólo Él puede hacer de nuestra vida una verdadera aventura maravillosa.