Eres dueño de tu vida, que nadie te la arrebate

Probablemente a muchos os parezca una bobada que escriba sobre esto. Quizá los años os lo hayan enseñado ya o quizá por suerte nunca habéis necesitado escucharlo.

No es mi caso e imagino que tampoco el de muchos de los que me leéis así que espero que os ayude. Lleva tiempo aprenderlo pero es una lección fundamental para ser feliz.

Es una perogrullada, sí; tan evidente que por desgracia algunos no llegamos a comprender hasta que tocamos fondo. A unos puede que les haya pasado con un profesor autoritario, a otros con una madre/padre excesivamente exigente, a otros tal vez con un amigo, un superior, un vecino o una novia.

Quién haya causado ese sentimiento de inferioridad es lo de menos porque normalmente no lo sufres ni una ni dos ni tres veces; suele ser algo que se repite y que uno cree no poder evitar jamás con cierto perfil de personas.

Hasta que un buen día alguien te abre los ojos y te muestra las alternativas, el derecho que tienes por ser quien eres a decidir lo que estás o no dispuesto a aguantar.

Que vengan de quien vengan, los gritos no son una muestra de cariño ni de autoridad sino una falta de respeto y que DE HECHO no tienes por qué aguantarlos de nadie: de na-die.

Y de repente te das cuenta de que puedes controlar tus emociones -¡claro que puedes!- no eres una maquina: eres un ser humano maravilloso. Puedes controlarlas para no perder tu autoestima en cuanto ese alguien entra por la puerta.

Controlar tu miedo y racionalizarlo; porque por mucho que quien esté delante de ti sea un crack de las finanzas o el gran jefe de los jefes: no le perteneces. Ni tú, ni tus emociones.

Aprendes a frenar el ritmo de tu corazón y a utilizar las neuronas, esas que hasta que llegó esa persona funcionaban a la perfección. Y entonces calibras lo que te está contando y la miras con perspectiva.

Y pasas a ser tú otra vez. Quizá al principio cueste y no lo consigas, pero poco a poco serás dueño de ti mismo: sólo tú. El complejo de inferioridad desaparece: y no veas el gusto que da decir lo que piensas incluso a quien más temías del universo.

Porque en esta vida no podemos ser nosotros mismos cuando el pánico se activa; a veces hay que educar a nuestro miedo y enseñarle que ¡es irracional que se active ante situaciones y personas que no pueden hacernos daño!

No son mejores, ni valen más que tú, simplemente gritan más, imponen con autoritarismo y se dejan llevar por sus propias inseguridades descargándolas en los demás.

Y, por eso, tu cerebro los ha registrado como peligrosos cuando en realidad no lo son. Pueden serlo en la medida en la que tú les des las riendas de tu vida y les permitas manipularte, asustarte o amenazarte.

Y créeme, más vale perder un trabajo, un novio o novia, un amigo o un hermano que dejar de ser dueño de tu vida.

Es un proceso lento, pero el primer paso es ser consciente de que tiene solución y que quien tiene la sartén por el mango: eres tú.

Te mereces todo el respeto, el cariño, la comprensión y dignidad del mundo, independientemente de lo que digan tus emociones.

Vales mucho ¡y lo sabes! Que nadie te haga pensar lo contrario!! A por ello!

Mamá, ¿podemos ver la tele?

Los niños suelen ser muy insistentes cuando quieren algo y la experiencia nos dice que hay que ser firmes con los límites establecidos en casa. Pero a veces, es bueno ser flexibles y dar prioridad al disfrute que a las normas.

Son las diez y media de la mañana. Último día de vacaciones para mis niños. Llevan desde las ocho preguntándome sin parar si podían ver la tele (creo que si contara las veces rondaría la centena…).

Y normalmente me enfado. ¡Me molesta horrores tener que repetir mil veces lo mismo! Si he dicho que no, ¿por qué seguís y seguís preguntando? ¡Que no y punto! Es bien sencillo (o eso me parece a mí, jeje).

Ahora son las 11.30h, y contra todo pronóstico: están viendo una peli.

Y no ha sido porque me haya hartado, ni porque quisiera aprovechar este rato para hacer cosas ni porque sea super blanda y les consienta todo.

Va a ser que no. Ha sido algo mucho más fuerte lo que me ha hecho cambiar de opinión: hoy he sido consciente de lo que significa en el Evangelio “pedid y se os dará“; ese pedir como niños… porque yo pido, ¡pero no suelo ser taaaan pesada, jaja!

Hoy el Señor ha querido mostrarme a través de mis hijos a qué se refiere cuando nos dice que pidamos, que seamos importunos, ¡cansinos como niños!

Porque cuando pedimos mucho, Dios se apiada de nosotros. Y hoy me ha pedido que hiciera yo lo mismo… Los niños se han levantado, se han duchado, vestido, hecho las camas, desayunado, recogido, … TODO: sin estar yo detrás de ellos.

Entre medias iban preguntando eso de “¿podemos ver la tele mami?”; y yo, que soy muy determinante con esto de cuándo y qué rato se dedica a las pantallas, he dicho que no las cien veces (si no han sido más). Con mucha calma, tampoco me he alterado, pero muy firme, eso sí.

Y es que oír la voz del Señor en mi corazón con esa fuerza tan arrasadora, diciéndome “ten tú también misericordia con tus hijos” ha sido irresistible.

Porque soy muy exigente con ellos, no cedo ni media; y algo me dice que no es eso lo que Jesús nos enseña en el Evangelio. Debemos educar, claramente; y poner unos límites. Pero también ser flexibles cuando se lo merecen y disfrutar de la dicha de tenerles.

(Ya son las 13h y ahora estamos en el parque). Está siendo un último día de vacaciones muy tranquilo y ordenado -dentro del caos que supone una familia, jeje- porque gracias a Dios estamos disfrutando de tener este tiempo para nosotros.

Mañana será otro día.

Y ahora (20h) por fin consigo dedicaros otro ratito para contaros que hoy he sido muy consciente de lo distinta que es la vida cuando dejamos que Dios reine en ella.

Si voy sola: las normas son tajantes. Si le escucho… Él me dice cuándo soltar un poco esa cuerda y disfrutar. Me recuerda que la vida nos la regala para vivirla felices; no haciendo siempre siempre siempre lo que HAY QUE HACER.

Ese hacer que -por otro lado- nos hemos inventado para amargarnos la existencia.

En fin, ya son las 20.50h y mañana empieza un nuevo curso. Os invito a acompañarme en la aventura de mirar al cielo con las cosas más cotidianas, las de cada día; para ver si Dios tiene algo que decirnos y alegrarnos el día.

Dejar que nos muestre cómo tiene Él pensado para mí este día a día extraordinario. Porque sólo Él puede hacer de nuestra vida una verdadera aventura maravillosa.

Cómo evitar conflictos entre hermanos de diferentes edades

¿Te ha pasado alguna vez que el hermano mayor no pueda oír la palabra “parque” y que la pequeña sólo quiera subirse a los columpios?

Bueno, pues parece que los míos van creciendo y empiezan a aparecer los conflictos propios entre hermanos de diferentes edades, que hasta ahora no notábamos.

Os cuento esto porque el otro día estaba agotada -y las niñas también-, así que cuando dije que nos íbamos al parque se montó la de san Quintín en mi casa, ja,ja! Era incapaz de pensar en una solución que preservara la paz familiar.

Y lo peor es ¡que las dos tenían razón! Es lógico con dos añitos te vuelvan loca los columpios y que con diez te aburran soberanamente… pero claro, estaba yo sola y ¡no puedo dividirme!

Y es que yo lo de los gritos y berrinches no lo llevo nada bien, así que -gracias a Dios- antes de dar rienda suelta a mi ira se encendió una bombillita por ahí y me acordé de: ¡las super mamis de Instagram!

Para los que no sabéis de qué estoy hablando, Instagram, además de ser una red social en la que compartir fotos, es un sitio ideal para compartir experiencias, conocer gente maravillosa y aprender las mejores lecciones de vida y todo a través de una pantalla.

Así que allá que fui. Me metí en los stories y lancé la pregunta -rogando al cielo que alguien contestara para no comerme a mis hijas:

SOS: ¿qué hago si la mayor no quiere parque y la peque no pide otra cosa?

Oye: ¡cuestión de segundos!, ¡qué maravilla!!! Mira que critico veces el peligro que tienen -por el mal uso que les damos- las redes sociales… pues he de reconocer que esta vez: de quitarse el sombrero.

Todas dieron en el clavo: pongo la mano en el fuego de que ¡voilà!, ¡funcionó! Os prometo que no me lo creía…

Tenía a la peque gritando cual bestia parda en mi oreja desde hacía más de veinte minutos, leí el comentario y con muy pocas esperanzas lo apliqué: MANO DE SANTO

En serio, era para haberlo grabado: dejó de gritar y todo le pareció estupendo. Se puso a jugar y a otra cosa mariposa ¡y tiene dos años!

Así que hoy os voy a compartir los super consejos de las instamamis más guays del universo, porque no tengo forma más grande para hacerles llegar lo agradecidísima que estoy de que me contestaran y me ayudaran tanto:

@miyoymitu: “Yo lo plantearía como un “juego”. Hoy escoges tú y mañana la otra. Así es la excusa perfecta para educarles en el saber ceder, y en saber gestionar la frustración. Si al acabar el plan la que no estaba en su salsa recibe una felicitación por tu parte se sentirá orgullosa y feliz de ver que ha sido capaz de divertirse y de hacer feliz a su hermana!

De verdad los niños nos sorprenden y verás que rápido cogen el ritmo de aprender que a veces toca ceder y no pasa nada.”

MANO DE SANTO. A mis niñas les encantó y cesaron los lloros y gritos en cuestión de segundos.

@nazagprada: “Búscale una amiga a la mayor y bajarán al parque tan a gusto, o cada día a un sitio”

@lorena_m.d.c: “Jajajaja ir a un parque en el que haya una heladería. Invitas a la mayor a helado mientras la peque juega. Así aprovechas y habláis de vuestras cosas 😉.

Si no hay heladería, unas chuches. Yo le llamo plan de chicas y les encanta. Así sin querer, mientras hacéis plan de chicas, pasas por un parque y lo que surja 😂”

@et_sub: “Llevarlas al parque. La mayor con un libro… 😉”

@elmundodowndematias: “Intentamos hacerles entender que hay que ir a sitios para todos aunque no les guste, es difícil, pero al final llegan a entenderlo y pasárselo bien.”

GRACIAS DE TODO CORAZÓN a todas las que me contestasteis porque sin daros cuenta, sólo con responder, animasteis a esta mami que no podía con su alma. Y pondré todos los consejos en práctica porque me parecieron geniales (y el verano es muuy largo, jeje).

Moraleja: aunque creas que tu consejo de poco vale, no lo dejes pasar y arrima el hombro, sonríe o dale a me gusta a esa frase que te ha conmovido.

Porque somos humanos y es en los detalles pequeños donde logramos sacar lo mejor de los demás, ¡sobre todo en los momentos más difíciles!

Sometidos a la masa: la falta de criterio

Imagino que todos habéis visto ya la conmovedora intervención de Jesús Vidal al recibir el Premio Goya al mejor actor revelación. Es emocionante por lo sinceras y transparentes que resultan sus palabras, pero también por el contenido de las mismas.

No me gustaría que lo que sucedió allí pasara desapercibido porque fue realmente llamativo, y no me refiero al orador ¡sino al público!

Es tan contradictorio aplaudir primero a quien grita por el derecho de las mujeres a abortar, y a continuación a quien defiende que la dignidad de la persona está más allá de sus capacidades.

Y digo que es contradictorio por el número de interrupciones del embarazo que hay en España cuando se detectan probabilidades de discapacidad, síndrome o malformación (no hablo ahora de violaciones o embarazos no deseados).

Las cifras de abortos dejan claro que aplaudimos la discapacidad en casa del vecino pero, en la propia, la mayoría opta por la “no inclusión” y esperar a que llegue un hijo “sano” y “normal”.

Ya siento ser tan burra pero los datos hablan por sí solos.

El caso es que no quiero hoy juzgar si están en su derecho o no, ni si el aborto sí o el aborto no (aunque ya hablaremos más adelante). Hoy me fijo en la falta de criterio, no sólo de ese público sino de la sociedad española en general, y la mía en particular.

Y es casualidad, que hace poco leí estas palabras y creo que vienen al pelo en la reflexión de hoy: “La muchedumbre que grita y pide la muerte de Jesús no son monstruos de maldad, simplemente están sometidos a la masa. Gritan porque gritan los demás y la sutil voz de la conciencia es sofocada; la indecisión y el respeto humano dan paso al mal”.Me las apunté porque me recordaron a mí misma y al mundo en el que vivimos; a lo rápido que nos dejamos llevar por la opinión pública, por la imagen, por lo que dicen los demás, por la comodidad, etc, sin preocuparnos demasiado en investigar si lo que oímos es cierto o no y pensar qué opinamos al respecto.

Y es cierto que cuesta, supone estar informados, leer, contrastar…; no lo voy a negar, yo soy la primera que no lo hago.

Pero tenemos inteligencia para usarla y no hacerlo tiene sus consecuencias: en la época de Jesús, supuso su crucifixión; ahora, supone otras muchas cosas.

Es curioso que lo sucedido en los Goya me haya recordado estas palabras que hacen referencia a la Pasión pero, no me negaréis, que veis el paralelismo tanto como yo.

¡Y aún tengo más!: “Verónica* es la imagen de la mujer buena, que en el momento difícil mantiene el empuje de la bondad. No se deja contagiar ni por la brutalidad de los soldados, ni inmovilizar por el miedo de los discípulos.”

En ella veo hoy a Jesús Vidal. No tuvo ningún reparo en decir lo que llevaba en el corazón, por mucho que no supiera cómo iba a caer entre su público, por mucho que fuera el día más importante de su carrera, le dio igual. Y con sus palabras nos dio mucho que pensar a los demás.

Por eso yo le doy las gracias, por hacernos conscientes de nuestra realidad, de lo hipócritas e ignorantes que somos a veces. Esta vez ha sido con este tema, pero creo que nos pasa lo mismo con muchos otros.

Me viene a la cabeza la facilidad con la que, ante sucesos como el de Julen, las redes se llenan de comentarios y juicios acerca de lo que ha pasado o dejado de pasar. La difamación y la especulación llegan a limites insospechados, a veces incluso en personas buenas.

No nos dejemos contagiar por la actitud de los demás, tengamos criterio propio, espíritu positivo y rigor en nuestras aportaciones. Escribamos comentarios que hagan crecer a quienes los lean y que compartan la verdad.

Desde hoy me hago el firme propósito de sembrar sólo VERDADES a mi alrededor (va con mayúsculas porque estarán contrastadas y estudiadas); de volver a investigar la verdad de las cosas antes de opinar.

De dedicar un tiempo al día a forjar mi criterio de las cosas. A no creerme lo que lea en los medios, ni en las redes, ni en la televisión, ¡ni siquiera a lo que me cuenten los demás!

Voy a contrastar.

¿Os apuntáis?, ¿os pasa como a mí que os conformáis con “ir tirando” en lo que a actualidad se refiere?

*Verónica es una mujer que se acercó entre la muchedumbre a Jesús y limpió su cara ensangrentada con un paño

Educar en positivo: juego de puntos

Hace unos días decidimos poner en marcha una idea que nos contaron unos amigos y que en su casa había funcionado muy bien toda la vida, con la intención de acabar para siempre con los gritos en casa.

Consiste en montar un juego en el que cada acción suma puntos y al final de la semana, estos puntos, son canjeables por cosas, actividades, etc

Ya veis cómo ha quedado nuestro plan de acción, es algo sencillo y rápido de hacer y, al menos de momento, están muy motivados y en casa se respira un ambiente más tranquilo.

Además, fuera de generar competitividad entre ellos he alucinado con cómo se preocupan unos de otros de que todos sumen puntos. Me ha emocionado ver lo buenos que son entre ellos.

Nuestras acciones a día de hoy son cosas que les cuesta más o menos hacer pero que, o tienen que hacer y no les apetece nunca, o puede ayudarles a hacerlo mejor, incluso a responsabilizarse y ser conscientes de las tareas en las que pueden colaborar ya en casa.

Por ejemplo, cosas que les cuestan y que tienen que hacer: sentarse a hacer los deberes, tocar el instrumento, dejar su ropa recogida, hacer su cama, estar callados en la cama,…

Hay otras cosas que hacían de vez en cuando pero que creemos que pueden hacer más a menudo y colaborar en el día a día familiar: poner la mesa, recoger su plato, meter en el lavaplatos, …

Y luego están las cosas que restan puntos (estas no les gustan nada, jaja), son las que no contribuyen a la armonía familiar: gritar, pegar, ser caprichoso, decir que “no”,…

Ya veis que la puntuación va en función de lo que sabemos que les supone más o menos esfuerzo hacerlo, ¡y hay que ser generosos!; al final del día los sumamos y van aumentando su puntuación a lo largo de la semana.

Hay otro panel en el que ponemos “el precio” de cada cosa:

Una chuche (25 puntos); un chicle o chupachus (50 puntos); un cromo, stack o pegatina (50 puntos); 30 minutos de TV (100 puntos); 30 minutos para jugar en pantallas (200 puntos); aperitivo el domingo (300 puntos); comer fuera (700 puntos); invitar a un amigo a casa (1000 puntos); ir a casa de un amigo a jugar (2000 puntos); pizza cena (1000 puntos); elegir peli (300 puntos); ir al cine (5000); un libro nuevo (300 puntos), …

Y lo bueno que tiene es que pueden sumar puntos entre todos para hacer un plan familiar (véase un cine, una excursión, comer por ahí,…). Ya iré ajustando las puntuaciones si veo que lo consiguen todo, jaja; pero en el fondo se trata de echarles una mano en las “obligaciones” cotidianas; seguirán teniendo más o menos lo mismo solo que habrán contribuido a conseguirlo.

¿Qué os parece?, ¿os animáis a hacerlo en vuestras casas? ¿Alguna recomendación? Gracias y ¡feliz semana!

¿Por qué grito tanto a mis hijos?

Es agotador, de verdad. No llevo ni cinco minutos con ellos en casa y ya estoy gritando: “la mochila recogida”, “los zapatos en el armario”, “¿quieres colgar el abrigo, por favor?”.

En serio, es así muchos días y varias veces, no creas que lo digo una y ya lo hacen. Entonces a la quinta empiezo a calentarme y el tono sube: “¿¡por qué sigue aquí en medio la mochila!?, “¿qué pasa, que si no estoy encima no lo haces?”, ¡¿pero quieres quitar esos zapatos del pasillo!!!??

La loca de la casa, con el agravante de que cuando grito, el dolor de espalda aumenta, me canso y me cabreo aún más.

Y, sinceramente, cuando me paro y lo pienso veo que no es culpa de ellos. Yo era igual, los hijos de mi amiga son iguales, y probablemente los tuyos también ¿o no?

Si no te pasa esto dinos en los comentarios cómo lo haces, por favor, porque yo sueño con que en mi casa haya más paz y alegría (y algún que otro grito menos). A ver, que no es todo tan trágico pero es que hay días que me los comería.

Lo curioso es que, gracias a mis hijos -y a lo fácil que resulta ver la raíz de los problemas cuando no es uno el que está metido en ellos-, he descubierto que la mayor parte de la solución está en mi mano.

Es una constante que cuando le riño a alguno de mis hijos porque ha hecho algo mal, lo siguiente que hace de forma instintiva es salir enfurruñado hacia su habitación y soltarle al primero que pilla un par de rapapolvos por lo que sea que podía haber hecho mejor (¡eso no se hace así!, ¡has dejado eso tirado!, ¡eso es mío!…).

Es como si el hecho de fijarse en que los demás tampoco son perfectos quitara hierro a sus propios defectos.

Y eso es lo que me ha hecho pensar que quizá cuando yo grito es porque hay algo en mí que no funciona y reacciono de la misma forma “instintiva” que mis hijos.

A veces es porque estoy cansada o con mucho dolor pero, pensándolo mejor, he de reconocer que la mayoría de las veces es porque he perdido el tiempo con el móvil y tenía que hacer algún recado, o porque tengo muchas cosas pendientes y no avanzo con ninguna por pereza, o porque un proyecto en el que había invertido tiempo no ha salido (véase intento de hacer la compra online y no conseguirlo después de tres horas con la pantallita).

Y es en ese momento cuando inconscientemente pretendo que ya que mi persona está llena de defectos y limitaciones, mis hijos van a ser “perfectos”

Pero, obviamente son niños y, sobre todo, personas por lo que no consiguen ni de lejos responder a mis expectativas de perfección y se equivocan.

Y entonces salto cual hiena pensando que si les exijo orden serán ordenados, que si no consiento ni medio despiste harán las cosas bien y que si aprenden de pequeños que primero se hace lo importante y luego ya -si sobra tiempo- se juega, de mayores no perderán el tiempo con bobadas en el móvil 🙄.

Es bastante evidente, viéndolo así, que si en mi casa hay gritos no será porque mis hijos no sean maravillosos. Muy en la línea de esto, me encantó una charla que tuvimos el otro día en el cole.

Nos explicaron que la función de los padres es educar acompañando con cariño, no obligando. Por ejemplo, si quiero que uno mejore en el orden y que guarde los zapatos en su sitio, se lo digo y voy con él -hasta que coja el hábito- (no se lo digo y me largo a hacer la cena). O si quiero que sean piadosos y recen por las noches, yo soy la que se arrodilla y reza, y ellos si quieren rezarán conmigo.

Y así con todo. Sin enfadarnos. Nuestros hijos no son perfectos ni es nuestra misión que lo sean. Es mucho más importante que nos vean alegres y sepan que les queremos como son, a que sean ordenados, obedientes y muy piadosos por miedo a los gritos de papá y mamá. Y además, ¡tampoco funcionan, ja, ja!

Acompañándoles les demostramos con el ejemplo que lo que estamos haciendo es importante: porque papá y mamá lo hacen conmigo, dedican tiempo a esto en concreto. Y está claro que para acompañar, hay que estar; así que ojo con los que cada día llegan más y más tarde a casa: los hijos necesitan tiempo con sus padres.

Educar en la diversidad y la libertad desde la familia

Respuesta de una madre al Programa Skolae en Navarra y qué podemos hacer las familias para fomentar el respeto, el amor a la diversidad y a la libertad.

En Navarra estamos viviendo un momento histórico en la educación. Las autoridades buscan, como buenamente pueden, que las generaciones venideras respeten y no agredan o discriminen a nadie por razón de sexo.

Por eso, con el mismo objetivo y desde nuestros hogares,

siento la obligación como madre de reflexionar sobre los cauces por los que las familias podemos promover una sociedad basada en la igualdad, desde la más tierna infancia.

En primer lugar, creo imprescindible que los hijos puedan pasar tiempo con sus progenitores. Por eso, insto a las autoridades a tratar de mejorar los horarios en las empresas y organizaciones para facilitar esto. Si los hijos sienten el cariño y la presencia de sus padres habrá mucho terreno ganado.

En segundo lugar, veo bueno transmitir con el ejemplo que en casa todos colaboramos en el bien familiar. Tanto los progenitores como los hijos deben implicarse en el trabajo y gestión del hogar: limpieza, cocina, compra, menús, lavadoras, deberes, lavaplatos, … y valorar lo que cada uno hace.

Por otra parte, y dado que los niños aprenden de sus padres en primera instancia: si papá cuida a mamá; y mamá hace lo mismo con papá, se quieren y se respetan mutuamente, y hacen lo mismo con los tíos, la vecina o los abuelos aunque piensen de forma distinta, los hijos llevarán impreso en su corazón el respeto, el amor y la igualdad; eso será lo “natural” para ellos desde pequeños y no concebirán discriminaciones.

Por supuesto se deben evitar chistes, películas, series que fomentan o ridiculizan por razón de sexo, religión o raza. Y fomentar otras que puedan provocar el diálogo en este sentido. Explicar a los hijos cuando van creciendo qué está bien y qué no lo está, y razonar con ellos los porqués.

Trabajar con los hijos el amor a la diversidad, a las diferencias como algo que enriquece a la sociedad. Acogiendo al diferente, respetando la libertad que tenemos todos como individuos a decidir lo que es mejor para nosotros, aunque las decisiones no siempre coincidan con las nuestras. Y sobre todo: dando ejemplo.

Respeto a mi cuerpo y al de los demás

También creo sinceramente que el respeto al propio cuerpo facilita que se valore el cuerpo de los demás. Si trato a mi cuerpo como un objeto, sin importarme quién lo vea o lo toque, será más difícil transmitir que el cuerpo no es mío sino que soy yo y merece ser tratado con dignidad. Creo que nuestros cuerpos tienen mucho más valor del que a veces les damos.

En este sentido, considero que la pornografía, el fomento de la masturbación y de las relaciones sexuales desde la edad escolar contribuyen a una materialización del cuerpo, difícil de borrar en la edad adulta, y principal cauce para la materialización del mismo.

Las series y películas cada vez más nos venden que la felicidad está en el placer de cada instante, y que el sexo lo es todo en una relación. Y no es verdad. Por eso, mostrar a los jóvenes que se puede amar al otro sin necesidad de tener sexo desde el primer día, favorece las relaciones y hacen que la pareja sepa querer a la persona por quien es y no por su cuerpo.

Yo espero y deseo de todo corazón que mis hijos sean respetuosos tanto con su cuerpo como con el de los demás. Que amen la diversidad, y protejan a quienes por desgracia sufran discriminación por esta u otras causas. Y, por supuesto, que tampoco ellos sufran en sus carnes lo que a otros ya les ha tocado.