Me siento fatal, ¡soy la peor madre del mundo!

Me está costando aceptar que no soy perfecta…

(¡ja,ja,ja!, después de escribirlo me ha sonado muy absurdo… sé que tengo muchos defectos: ¡NADIE ES PERFECTO!), quizá sea más acertado decir que hoy me está costando aceptar mis limitaciones.

Estaréis de acuerdo conmigo…, en lo de que sabemos que no somos perfectos pero, entonces, ¿por qué me siento fatal cuando se me olvida la fiesta del cole de mi hija o cuando me equivoco de día y no llevo a mi hijo al cumple de su mejor amigo?

Fallamos, no llegamos a todo, nos despistamos, … y lo peor de todo es que eso nos hace sentir que no valemos (o que lo estamos haciendo fatal). ¡Y no es así!

El otro día se me olvidó por completo que teníamos una sesión en la clase de mi hija pequeña; me hacía ilusión verla, le dije que iría: pero se me olvidó.

Ella no le dio la menor importancia. Volvió del cole feliz, me contó que habían ido todos los papás y -riéndose- me dijo con voz de pilla “y tú no estabas, eh?” y después, se puso a jugar con sus cosas como si tal cosa.

A mí casi me da un síncope. ¡Pero qué desastre!!! ¿Cómo he podido olvidarlo? ¡Con lo emocionada que estaba con la función de hoy!

¡Qué mal!!!,¡estarían todos los niños con sus papás menos la mía!

¡Soy la peor madre del mundo!

Me sentí fatal.

El caso es que veía tan feliz a mi niña que no tenía mucho sentido que yo estuviera tan disgustada… Por si acaso, le escribí a la profesora para ver si nos había echado mucho de menos, y me contestó que no nos preocupáramos que había estado súper contenta.

Pero yo seguí dale que te pego a mi cabecita… “¿¡pero cómo has podido olvidarte de esto!? Y mira que la profe nos escribió hace unos días para recordarlo pero” … nada, yo ese día estaba a otras cosas.

¿Por qué nos fustigamos tanto cuando nos equivocamos si ya sabemos que puede pasarnos?

Básicamente porque aunque sabemos que no somos perfectos, no nos gusta comprobarlo. Y mucho menos pensar que hemos fallado a los demás, (o que nos hemos fallado a nosotros mismos).

Pero, ¿sabéis qué? Pensé que tenía que darle la vuelta y funcionó.

Esto me sirvió -¡y mucho!- para reconocer y aceptar que efectivamente me equivoco, me despisto y me olvido; y que no pasa nada.

No pasa nada, en el sentido de que es lo normal; y que -aunque yo no quiera- volverá a pasarme. Y es bueno que lo sepa, que lo acepte y que aprenda a quererme con mis limitaciones.

Y que también lo sepan los que me rodean. Sí: NO SOY PERFECTA Y VOY A FALLARTE. No lo haré nunca a propósito, pero tienes que saberlo: soy limitada. Mucho más de lo que me gustaría pero es algo que no va a cambiar nunca.

Eh! Pero que no es un “yo soy así y así seguiré”, eh!? ¡Que no van por ahí los tiros! Me había equivocado así que le pedí perdón a mi niña de 3 años porque se me olvidó ir a su día y era algo importante para ella.

Le dije que lo sentía mucho, porque era verdad. Y porque también es bueno enseñarles a nuestros hijos que no somos perfectos, que nos equivocamos; pero que también pedimos perdón y nos esforzamos por rectificar.

Buscamos soluciones a futuro: Ahora me he puesto los eventos del google calendar, ¡con aviso dos horas antes! Así será más difícil que se me vuelva a olvidar algo importante para ellos (idea de mi amore que es un crack).

Y como a la fiesta ya no podemos ir… lo arreglaremos mañana viendo en casa los vídeos y fotos que he pedido a otros padres de la clase. Así se sentirá querida, tendrá su momento de gloria, y verá que la vida es así y que se puede ser feliz siendo imperfectos.

Que a veces las cosas no salen como uno esperaba y que lo importante es reconocer las caídas y aprender de los errores. Pedir perdón, rectificar, compartir las emociones. Así conseguimos que de algo negativo ¡salgan muchas cosas buenas!

¿Os ha pasado alguna vez algo parecido?, ¿cómo os habéis sentido?, ¿cómo os enfrentáis a vuestras limitaciones personales?

pd. En la línea del tema de hoy, os recomiendo releer:

  1. Eres la mejor madre/padre que tus hijos podían tener
  1. ¡Nadie te pide que seas perfecto!

¡Hasta pronto y gracias por seguir ahí! No olvides compartir si te ha gustado 😉

Cuando tu suegra te corrige ¡y encima tiene razón!

¡Qué gran lección de inicio de año! La escena os resultará muy familiar:

1 de enero. Casa de los abuelos paternos (en mi caso, suegros). 19.30h de la tarde. Mantita y peli (la segunda de la tarde 😬), tirada en el sofá y más a gusto que un arbusto.

Teníamos que volver a casa después de comer pero mi marido había tenido que salir a un tema importante y llevaba desde las 16h fuera, así que yo, que me gusta llegar pronto para deshacer maletas, etc, adopté el modo off y me dije: “ya no salimos pronto así que relájate y disfruta”.

No estaba enfadada ni mucho menos, había surgido un imprevisto y yo me adaptaba (bien contenta, dado que estábamos viendo Aladdin “en persona” -como dicen mis hijas- y me apetecía mucho verla).

El problema llegó cuando mi querido esposo, cansado de las gestiones, apareció en casa. Yo ya estaba enganchada a la segunda peli y ¡era muy chula! Tranquilicé mi conciencia para no levantarme:

A ver, las maletas las he dejado cerraditas esta mañana y además no estoy bien de salud, me canso rápido, la espalda se resiente,…; encima a Jorge le gusta organizar él solito el maletero porque hay que hacer un auténtico Tetris para que todo entre; así que realmente no sirve de nada que yo me levante del sofá”

Pues sí. Ahí me quedé. Yo, mi, me, conmigo y con mi ombliguito una vez más. ¡Qué le vamos a hacer! Y no penséis que hubo bronca…, ¡qué va! Si es que mi marido es un santo varón. Bajó las maletas encantado y colocó todo en su sitio.

Luego revisó las habitaciones, el salón, la cocina, los baños,… ya estaba casi todo a punto cuando ¡apareció mi suegra!

Es un amor de mujer y llevaba ya un buen rato mordiéndose la lengua pero no aguantó más (y no me extraña): Oye, ¿igual hay que mirar a ver si Jorge necesita algo, no?

Algo tan obvio, evidente y de cajón de madera de pino ¡me sentó como un puñetazo en el estómago!

“¡Joe! Que yo no he parado toda la mañana con las maletas, duchas, etc; y por la tarde viendo la peli con las niñas, no veas tú la peque cómo estaba -¡no ha parado quieta!- Y encima, que de salud no me conviene darme palizas; suegra, que tú no lo sabes, pero yo ando muy justita…”

Eso pensaba hacia mis adentros pero en el fondo veía claro que menuda patada en el orgullo que me había dado mi suegra! Y con toda la razón del mundo, las cosas como son. Porque sí, claro que ando regular de salud, pero echar un vistazo a los cuartos podía haberlo hecho sin problema.

Y recoger un poco las camas con los niños, que así quedaba todo más recogido también; pero yo estaba a lo mío: a mi película y a mi momento de tranquilidad.

Y es que mi vanidad me cegó por completo. ¡Vaya rebote que me pillé!

“¡Es culpa de mi suegra, que ha hablado sin saber y punto!”– me dije tratando de relajarme.

Rectificar es de sabios

Por eso doy gracias a Dios. Porque no me dejó ni dos minutos engañarme a mí misma con mi sermón de víctima. Puso las cartas sobre la mesa bien rápido y me dio mucha paz para reconocer mi error y mover el culo del sofá.

Cuando nos metimos en el coche, me excusé con mi marido vagamente: “cari, oye, que antes no me he levantado porque como te gusta meter todo tú en el coche…”.

Y él, con cara de cansado y una sonrisa me contestó que sí, que no pasaba nada, que quizá un poco de ayuda para revisar le habría gustado pero que lo entendía.

Entonces me di cuenta de lo buenísimo que había sido él y lo mala pécora que había sido yo, y le pedí perdón. Porque aunque no se había enfadado conmigo yo había sido muy egoísta quedándome en el sofá, y muy injusta con mi suegra quejándome en mi cabecita como lo hice.

Podía ayudar pero me había dejado vencer por la pereza.

Mi suegra no sabe todo lo que yo pensé en ese momento… (gracias a Dios), pero en el fondo le estoy muy agradecida porque me ayudó a descubrir esa paja en el ojo propio que a veces nosotros mismos somos incapaces de ver (espero que no le importe que comparta estos rifirrafes en los que tantas familias se encuentran y muy pocas saben solucionar).

Y yo sé, no por méritos propios, sino porque tengo un Ayudante excepcional en mi matrimonio que me va avisando y dando luz nueva a las situaciones, para que sea capaz de recomenzar una y mil veces con su ayuda.

Espero que os haya ayudado al menos a pedir ayuda al Espíritu Santo con las riñas familiares, y a ver con ojos renovados algunas situaciones en las que el otro era siempre el culpable de todo.

Porque a veces lo son, aquí todos nos equivocamos, pero te aseguro que la mayoría de las veces la vanidad y la soberbia nos ciegan para ver la realidad distorsionada de tal manera que nosotros siempre tengamos la razón.

Sabiendo esto, ¡ya tenemos tarea para el nuevo año! Cuando haya discusiones… abrir el corazón y ver si no hemos tenido algo de culpa en ellas. Rectificar, pedir perdón y volver a empezar.

¡A por ello!

Enamórate de tu vida

Párate un segundo. Sí, tú: hoy es el día para hacerlo. Vete al baño, date un paseo o sal al balcón pero date 5 minutos para mirar tu vida y pensar de veras si tienes o no motivos de sobra para ser feliz, porque seguro que los tienes.

Probablemente tengas razón al quejarte de tu falta de salud, de lo pesados que son los peques ahora, del trabajo tan duro que tienes o de que no terminan de hacerse realidad tus sueños.

La vida NUNCA será perfecta si no te enamoras de ella.

Te centras tanto en lo que no tienes que olvidas disfrutar y agradecer lo que forma parte de tu vida, lo que SÍ eres.

Quizá no puedas abrazar a esos niños que siempre soñaste tener; tal vez tengas menos (o más) hijos de los que tú planeaste, tengas menos salud de la que a tu edad otros tienen o tus padres se hayan ido antes de lo esperado.

Efectivamente, la vida nunca es lo que nosotros habíamos imaginado pero si la miramos bien veremos que en realidad es mucho mejor de lo que jamás habríamos soñado.

Y es que rara vez la vida que nos ha tocado nos parece ideal. Todos queremos más. Es así. Pero… ¡sólo tenemos una oportunidad para vivir y es esta, tu vida tal y como es hoy, la que Dios te regala para que seas feliz! Así que, dale la vuelta a la tortilla y fíjate sobre todo en lo que has recibido hasta hoy.

Y date cuenta de esto: Dios lo puede todo, si tus sueños fueran mejores para ti que los suyos, los habría cumplido hace ya mucho tiempo. Pero Él sabe más, tiene para ti un presente mucho mejor: ¡atrévete a descubrirlo!

Tienes dos opciones ante tu vida: vivirla esperando o disfrutarla en cada momento. Ver cómo pasa sin enterarte -esperando el cambio- o ser protagonista de cada uno de sus días.

La vida da mil vueltas, de eso ya nos hemos enterado, y los milagros existen. Hay mujeres estériles que tienen hijos y enfermos que se curan pero, ¿vas a dejar tu felicidad en manos de un milagro que no sabes cuándo llegará (si lo hace)?

¿Tenemos que esperar amargados, deprimidos, ansiosos hasta que eso que queríamos suceda?

¡Sé feliz hoy con quién eres, con lo que tienes, y mañana Dios dirá! Sé que es fácil decirlo pero realmente nuestra felicidad depende en mucho de nuestra actitud ante la vida.

De disfrutar de cada época con lo que venga. Si son hijos, con la maternidad/paternidad; si es en la soltería con los amigos, la carrera profesional, los hobbies o el voluntariado. En la jubilación, en cuidar de tu cónyuge, viajar, lo que sea; … y así con todo.

Cada uno ha de buscar su sitio en lo que es y tiene en cada momento. No esperes a alcanzar la felicidad cuando tu vida cambie porque Dios nos llama a ser felices en nuestras circunstancias actuales: el hoy y ahora.

Si no estás casado, está claro que de momento no te llama al matrimonio. ¡Busca tu sitio! Haces mucha falta en algún lugar, con tus dones y talentos; búscalo y serás feliz.

Si estás casado y no vienen hijos, ¡enamórate de tu marido/mujer! Disfrutad juntos cada minuto y explotad al máximo vuestras cualidades poniéndolas al servicio de los demás.

Si tus hijos son pequeños, es probable que Dios no te pida ser el número uno de tu empresa tanto como ser el mejor padre o madre para tus hijos. Replantéate algunas cosas si ves que no llegas a todo y ten claro que el único sitio en el que eres irreemplazable es tu casa.

Encuentra el sentido de tu vida tal y como es hoy

¡No te quedes esperando el milagro o que todo pase! Cada día es único y no volverá jamás. Tanto si lo pasas en la cama de un hospital como si lo dedicas a trabajar como un loco.

Lo más importante es aprender a buscar y encontrar la chispa, el sentido, a lo que traiga cada día. Tu situación hoy no va a cambiar, de ti depende vivirla alegre o amargándote.

Eso no quita para no perder la esperanza. ¡Claro que sí! Y buscar los medios para seguir adelante! Pero sabiendo disfrutar del presente, que es lo único que tenemos asegurado.

¿Nos unimos para ser felices en el 2020? Lucha por tus sueños, pero no pierdas la felicidad en el camino porque la vida es un sueño en sí mismo.

¡Feliz año nuevo a todos!

pd. sé que lo que propongo no es fácil, yo soy la primera en quejarme y esperar a que la salud vuelva y con ella la energía y todo lo demás; por eso yo me pongo de rodillas hoy ante el Niño Dios y le pido con humildad que sea mi guía en el camino. Sólo Él puede enderezar lo que ya se dobla.

5 ideas para que tu familia no discuta (tanto) estas Navidades

No queda nada para las tan esperadas fiestas de Navidad y todos deseamos ardientemente juntarnos en familia, ¡volver a casa por Navidad! y celebrar juntos estas fechas tan señaladas.

Los anuncios y escaparates infunden una alegría especial, parece que en Navidad todo es perfecto… ¡hasta que llegamos a casa y nos juntamos todos, jaja!

No conozco ninguna familia que consiga sobrevivir a estas fiestas sin alguna que otra disputa entre hermanos, suegros o cuñados.

Es lógico y normal. Somos familia y nos queremos peero… ¡somos taaan distintos todos!, que convivir es tarea complicada, y más si encima estamos metidos con calzador porque la familia crece pero la casa no.

Y como esta Navidad me gustaría que fuera diferente os voy a proponer 5 tips que ayudarán a mantener por más tiempo la paz familiar.

5 ideas para no enfadarse con la familia en Navidad

1/ Organización. Reparto de tareas. En Navidad nos juntamos muchos y hay que organizar miles de cosas. Desde los menús, hasta recoger los desayunos, poner la mesa, lavadoras, decoración, regalos,…

El que tenga mejores dotes organizativas que haga el reparto; no hay una sola fórmula, yo os propongo que cada día cocine uno de los hermanos (con su pareja si sois bastantes o con ayuda de los padres/hijos/sobris). Y ese día la cocina es vuestra. Pensáis el menú, compráis lo necesario y preparáis todo con cariño para los demás.

A otro le puede tocar recoger la cocina después de las comidas (importante hacerlo justo al terminar, para evitar el desorden y facilitar la convivencia), la siesta puede ir después.

Y así con todo lo demás que cada casa es un mundo y ya sabéis por dónde van los tiros 😉

2/ RESPETO. Habla con cariño y responde aún con más. Quizá no te lleves bien con tu suegra/hermano/cuñao: bueno, pues antes de ceder el paso a la crítica en tu cabeza, imagina que el comentario/gesto/pregunta que te ha molestado la hubiera hecho alguien a quien quieres y aprecias mucho. Tu reacción será mucho más justa y educada, ¿a que sí? ¡Pues a por ello!

3/ Orden. Esto es fundamental. Una casa con mucha gente y todo patas arriba invita al caos. Y aquí dos cosas: HORARIO (de desayunos, comidas y cenas), y ORDEN MATERIAL (Ponte como objetivo llevar a su sitio cada día al menos 10 cosas). Así entre todos conseguiréis que vuestro hogar esté más habitable.

4/ Pantallas. Las Navidades son para pasarlas en familia. No hay peor escena que la de todos en el salón mirando cada uno su pantalla. Pongamos un horario para ver peli (cada día que elija uno distinto, procurando que sea del gusto de todos); horario para estar con ordenadores y tiempos para disfrute del móvil. El resto: cartas, juegos de mesa, tertulias y charletas. ¡Aprovechemos el tiempo que otras épocas no nos permite disfrutar juntos!

5/ Planes fuera de casa. Es imprescindible airearse un poco cada día. Desde ir al cine o tomar un chocolate con churros, hasta pasear por el monte o correr la san Silvestre. Planes con los niños o sin ellos; visitar belenes, ver la cabalgata de Reyes, disfrutar de la feria navideña o salir al parque y correr un rato. Lo que sea, ¡pero hay que salir de casa!

Sin dramatizar

Y si a pesar de todo hay broncas en casa por Navidad, no nos volvamos locos, ni tu familia es la peor ni es insoportable. Es la situación la que nos lleva a verla así en ese momento…

Lo que sí, un último consejo: Una vez que pase el enfado, no olvidemos pedir perdón (sobre todo si no ha sido culpa nuestra); y así el mal rato servirá para unirnos más.

Espero que os sirva de ayuda y si a pesar de todo no hay manera… echad una miradica al portal y ¡Él os sacará una sonrisa! Porque hasta en las mejores familias, con la mejor intención, hay discusiones.

¿Se os ocurren más ideas para evitar los enfrentamientos familiares en estas fiestas tan entrañables?

Tu familia no es un obstáculo para tu felicidad

¿Has oído alguna vez eso de que cuando te casas se acabó lo que se daba? ¿Ese tópico de que una vez que tienes hijos desapareces del mapa y tu vida deja de ser tuya?

Pues es falso.

Cuando formas una familia, el corazón se ensancha a una velocidad inimaginable, por eso quienes lo juzgan desde fuera piensan que no merece la pena (¡pero es porque no pueden ver nuestra vida desde el ángulo bueno!).

A veces, cuando estoy cansada, me viene la tentación de pensar en lo bien que estaría yo a mi bola, con mi marido pero sin niños que contesten o que no oigan lo que se les dice…

¡Incluso en mi camino al Cielo he llegado a pensar que eran un estorbo porque sacan lo peor de mí, y me roban todo el tiempo! Es imposible pensar en Dios y gritar al mismo tiempo, jeje!

El patas sabe muy bien deformar la realidad para que nos entre la desesperación y nos desviemos del camino. De NUESTRO camino. Porque cada senda es única y sólo nosotros podemos recorrerla.

Es tan astuto que se mete en forma de “bondad”, cuando no es mas que mentira, para que piquemos, ¡así que ojo!

A mí me ha llegado a decir: “Si no tuvieras hijos, podrías ir más a misa, estarías más tranquila y organizada para rezar, para tener presencia de Dios… podrías casi tocar el cielo sin tanta distracción”.

Y claro que sería así, pero no es eso lo que Dios quiere de mí. Él me quiere en mi familia más tiempo que en la Iglesia.

Tengo muy claro que esos pensamientos son tentaciones del demonio, pero si no frecuentamos los Sacramentos, si no buscamos a Dios cada día y dejamos que alguien desde fuera nos guíe (dirección espiritual), podemos no darnos cuenta de que hay una pequeña infiltración en nuestro corazón que con el tiempo puede destrozarlo todo.

Mis hijos, mi marido, MI FAMILIA ES MI VOCACIÓN. El camino que Dios ha elegido para mí, desde toda la eternidad, para que yo sea santa.

¿Qué sentido tiene que piense que son ellos precisamente los que me alejan de Dios?

La vocación matrimonial es eso, una llamada de Dios para que le encuentre en el abrazo de mi marido, en los mimos y las protestas de mis hijos. Que Jesús pueda reflejar su amor misericordioso a través de mí en mi hogar.

En sus rabietas, en sus egoísmos, en sus contestaciones; en sus caídas y en sus triunfos. Que siempre encuentren los brazos abiertos; que puedan descubrir a Dios a través de mi vida.

¿Y cómo se hace esto? (Siendo sincera la primera respuesta que viene a mi cabeza es: ¡ni idea!, jaja! Menos mal que luego Dios me habla al corazón porque si por mí fuera…).

Se hace estando muy cerca de Jesús. Mimetizándonos con él; esto es, pegándonos tanto a su persona que se nos pegue ese “buen olor de Cristo”.

Acudiendo a Él desde que nos despertamos, con una oración al Espíritu Santo, a su Madre, a quien nos de la gana: pero una oración con la que abandonemos nuestra vida en manos de Jesús.

Y luego, ¡buscándole! Cuanto más le conozcas más ganas tendrás de estar con Él (te lo digo por propia experiencia). Y ¡pidiéndoselo!, siendo muy plasta -más o menos como tus hijos cuando quieren jugar con la Nintendo.

Pídele que te aumente la fe, la esperanza y la caridad. Que aumente tu sed de estar junto a Él. Al principio cuesta, porque el demonio mete pereza por doquier, no quiere que seas amig@ de Jesús, pero no hagas caso.

Dios SIEMPRE ESCUCHA. Y si tú quieres que sea el Rey de tu vida, ¡lo será! Y es una pasada ver cómo Jesús actúa a través de ti, a pesar de ti.

En Adviento hay doblete de gracias así os invito a vivir conmigo este pequeño propósito: hacer UNA cosa al día con amor, ofrecida a Dios por tu marido/mujer. Algo pequeño: levantarte rápido de la cama, ponerte guap@, poner la mesa del desayuno o hacer la cama: lo que tú quieras y veas fácil, asequible. Y luego le miras a Jesús y le dices: ¡así quiero que sea todo mi día!

Y como luego empieza la vorágine y no hay quien ponga la cabeza ni el corazón en nada… al menos ya habremos hecho una cosa con amor y con presencia de Dios. Él irá haciendo, con nuestra perseverancia, que todo nuestro día acabe siendo con el tiempo una obra de amor.

¡Y verás qué distinto vivimos la preparación de la Navidad diciéndole al Niño Dios que queremos que reine en nuestras vidas! ¡A por ello!

5 ideas para vivir el Adviento en familia

Los que me seguís en Instagram (@familiaymas) ya sabéis que hace unos días lancé un sorteo del libro “Calendario de Adviento” de Mar Dorrio. Era mi primer sorteo y me hizo mucha ilusión hacer un regalo a alguien que no conozco.

Un regalo tan especial, porque este libro me ha enamorado… Es tan real, tan mi vida, la de cualquier familia, que es precioso leerlo.

El caso es que con la “excusa” pregunté a otras familias a ver cómo preparaban en sus casas la llegada de la Navidad, el Adviento, y salieron ideas tan bonitas que merece la pena inmortalizarlas y compartirlas con vosotros. ¡GRACIAS A TODOS LOS QUE COMPARTISTEIS VUESTRAS EXPERIENCIAS!

(Las dos últimas no tienen autor porque son ideas que se repitieron así que he hecho un mix con todas ellas).

Espero que os gusten estas 5 ideas para vivir el Adviento en familia y que os sirvan para esperar con mayor ilusión y preparación al Niño Dios.

Tradiciones familiares en Adviento

1/ Ponemos la cunita del Niño Jesús vacía y un cuenco con pajitas al lado. Por cada cosa buena que hacemos por los demás -ayudar en casa, a los hermanos, ser amables con todos, rezar, etc- metemos una pajita en la cuna. Cuantas más cosas buenas hagamos, más pajitas habrá en la cuna para que cuando nazca el Niño Jesús, tenga una cunita blandita y calentita; hecha con amor. Idea de @lorena_m.d.c

También hay quien lo hace con hebras de hilo para ir haciendo los pañales, las sabanitas, patucos para el Niño… ¡es precioso @_carmelilla_!

2/ Poner el calendario de Adviento con sus chocolatitos y añadir en cada bolsita un papelito (con el nombre de la Virgen y 24 santos). Cada día le toca a uno abrir el saquito: reza una oración al Espíritu Santo para que abra nuestro corazón, coge su papelito y le pide al santo que le toque que le ayude a prepararse muy bien para la Navidad. Después se come el chocolate. Así cuando llega Navidad, 24 santos y la Virgen los han acompañado durante el Adviento hasta Belén. @lady.poplar

3- Dedicar una tarde, el primer fin de semana de Adviento, a decorar la casa. Ponemos el árbol, el Belén, hacemos chocolate caliente y ponemos villancicos. ¡Y no puede faltar el Belén de juguete para que desde bien pequeñitos aprendan a hablar con Jesús jugando con él!Cada año le toca a uno poner la estrella en lo alto del árbol. Después, cada domingo, encendemos las velas correspondientes y leemos el Evangelio juntos. Idea de @et_sub

4- Ponemos un Calendario de Adviento con un pequeño propósito para cada día. Es una forma de pedirle a Jesús que nos agrande el corazón y de decirle que queremos preparar el alma para que la encuentre limpia y llena de amor cuando nazca. El chocolatito hay que comérselo siempre, aunque no se consiga, ¡porque lo importante es la intención!

5- Poner la Corona de Adviento en un lugar destacado de la casa y, junto a ella, la cuna del Niño Jesús vacía. Es una forma preciosa de aumentar el deseo de que nazca el Niño Dios. ¡Mirar la cuna vacía me cuesta tanto, que cuento los minutos para que llegue el gran día!

Esta semana os contaré también el Calendario de Adviento que hemos hecho en casa con los niños. Muy DIY, muy familiar, muy infantil, muy fácil y divertidísimo ¡ha quedado precioso!

Y por si os habéis quedado con ganas de más… rescatamos hoy el post del año pasado: 5 ideas para hacer con niños en Adviento

Mírate con mis ojos. Amor del bueno

Hace poco, mientras charlaba un rato con Jesús, me pidió con cariño que me callara porque tenía algo importante que decirme. Asentí y sus palabras me hicieron tocar el Cielo. Son muy personales pero te las comparto, porque quizá tú también necesites oírlas.

Me haces sufrir. Te veo comparándote con tus amigas, con tus hermanas, con tus compañeras; sintiendo siempre que no estás a la altura. Ellas son más listas, más guapas, mejores madres, más pacientes… ¡más todo!

Y yo te miro y lloro. Porque tú eres la obra de mis manos. Mi joya preciosa, la niña de mis ojos. Y por más que te lo digo, no me escuchas. Te empeñas en escuchar a otros.

A otros que no te conocen, que no han vivido a tu lado desde el mismísimo momento de tu concepción. Que no te han creado pensando y deleitándose en cada una de tus pecas, virtudes y defectos.

Porque eso a lo que tú llamas defectos, yo los escogí para ti. ¡Son dones! Sólo tienes que mirarlos desde mi perspectiva. Verás que no sobran, que enriquecen tu personalidad, tu alma, tu todo.

Te digo esto y sigues ahí impasible. Tu corazón está cerrado. Tienes miedo al amor, a disfrutar, a vivir. A verte tan perfecta como yo te veo.

Y verte así me conmueve.

No apartes tu mirada de mí porque poco a poco la cercanía hará que puedas verte desde aquí.

¡Pero qué sufrimiento hasta que llegues! Saber que eres la flor más bella del jardín y que tú te veas como la mala hierba me deshace por dentro.

¡Mírame a mí! Quizá con vislumbrar tu reflejo en mis ojos sea suficiente para convencerte de lo mucho que te quiero, de lo perfecta que eres.

No imagináis lo que lloré

¡A ver quien se resiste a un amor tan profundo! ¡Qué cosas más bonitas me dices, Dios mío!

Y te las dice a ti también. Quizá estos días estés desanimado, cansado o como yo en plan negativo; ya ves que Jesús no nos deja solos, está siempre a nuestro lado y tira de nosotros cuando más lo necesitamos.

Hoy lloro de emoción porque aunque mi corazón no es capaz aún de acoger un amor tan grande me emocionan de nuevo sus palabras. Palabras de un Dios creador que me quiere tanto como para dar su vida por mí.

Y justo por eso no puedo negarme a sus palabras. No puedo dudar de su amor por mí. No puedo seguir pensando que no valgo, que no puedo, que no merezco. Porque Él ha pagado un alto precio por mí: ¡hasta la última gota de su sangre!

Gracias Jesús por quererme tanto. Por hablarme al corazón. Por estar siempre a mi lado. También yo quiero quererte, quiero hablarte y quiero acompañarte hoy y siempre.