Había una vez… un sacerdote bueno

¡Cuánto bien y cuánto mal se puede hacer siendo sacerdote! Por eso los católicos deberiamos rezar siempre por ellos, para que sean muy santos y no se dejen seducir por las riquezas de este mundo.

Son hombres normales y corrientes, pecadores como los demás, solo que su responsabilidad -y la repercusión de sus actos- es aún mayor que la de cualquier feligrés.

Tengo que reconocer que a mí el Señor me ha llevado siempre de su mano con sacerdotes muy buenos y santos. Humildes, siervos de Cristo. Muy pegados al Señor y a su Palabra. Obedientes, dejando siempre que sea Jesús quien hable a través de ellos.

Mi experiencia es tan buena que siento la obligación de alzar la voz puesto que, a menudo, sólo se eleva aquella que critíca y hace relucir los defectos y pecados imperdonables de algunos (los menos) sacerdotes -a los que por supuesto no defiendo ni pretendo exculpar de nada.

Por eso hoy quiero que este post sea colaborativo, que no se quede sólo en mis palabras sino en la de todos los que formamos @familiaymas. OS INVITO A LEVANTAR LA VOZ TODOS JUNTOS, con toda la iglesia.
¿Cómo? Compartiendo vuestra experiencia, dando gracias a los curas que han pasado por vuestras vidas entregándose generosamente cada día. Esto no lo publican en los medios y el mundo tiene derecho a saberlo.

Son tantas las personas que no pueden confiar en los sacerdotes, que han vivido en sus carnes los errores de curas concretos, de comunidades equivocadas, que la herida es tan grande que nada puede hacerles cambiar de opinión.

Por ellos, hoy quisiera que a través de nuestras palabras al menos una de esas víctimas pudiera acercarse de nuevo a un sacerdote y descubrir en esa persona el rostro de Cristo, el Corazón Misericordioso de Jesús. ¡Merecen más que nadie ese regalo!

Porque es uno de los mayores tesoros que nos dejó Jesús y todos los católicos deberíamos tener la oportunidad ¡el derecho! de conocer a alguien que nos guíe en este camino -un tanto complejo- que es la vida.

Yo sólo puedo decir que los años en los que he encontrado, porque así lo ha dispuesto el Señor, un sacerdote que me entendiera como Cristo mismo lo hace, que me hablara dejándose inspirar por el Señor: mi vida ha dado un giro de 180°, porque me he sentido siempre como los discípulos de Emaus, acompañada por el Corazón Dulcísimo de Jesús en cada paso que daba.

Y no soy yo mucho de cursilerías pero es que es tal el regalazo que tenemos con los sacerdotes en la Iglesia que siento verdadera tristeza de corazón cuando una amiga, un hermano, un familiar rehuye a abrir su alma de par en par por miedo a ser herido, por temor a ser traicionado (de nuevo, injustamente).

Porque, de verdad, independientemente de lo torpe o santo que sea el pobre hombre que te escucha al otro lado del confesionario, del teléfono, del café, es Jesús mismo quien te abraza como Padre, quien perdona tus faltas y sana tus heridas. Y la mayoría son muy buenos, sólo has tenido mala suerte.

La Gracia que se derrama cuando abres tu corazón es tan grande que ni siquiera el sacerdote es consciente de la obra maravillosa que Dios hace a través de sus manos.

Yo no puedo hacer más que dar mi testimonio. Son muchas las veces que he estado en un pozo sin fondo, sintiendo que me ahogaba, y ha sido siempre y sólo a través de la confesión y la dirección espiritual que he renacido a la vida y he vuelto a ser feliz.

Por eso, para que no sea sólo mi experiencia sino la de muchas personas, os invito a dejar en los comentarios una palabra, un amén, un emoji, una vivencia personal, lo que os nazca del corazón: algo que agradezca y aplauda la bondad de cientos de miles de santos sacerdotes.

Ojalá entre todos podamos hacer relucir la preciosa labor de los curas en las almas de millones de cristianos y que quien lea estas palabras se sienta con fuerzas e ilusión para volver a confiar. ¡MERECE LA PENA!

Pd. Dejo también esta dirección donde se puede contactar directamente con sacerdotes. En cualquiera de ellos encontrarás seguro el precioso consuelo del Señor y su corazón amabilísimo. Estoy segura de que son todos ellos muy santos por lo cerca de Dios que se les nota en sus audios.

CONFÍA, ¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Pd. Si no sabes aún dónde estaba la Iglesia durante la Pandemia. Os animo a ver y difundir este vídeo: Héroes de capa negra, by de Malaga al Cielo, ¡buenísimo!)