Amar es querer al otro más que a sus defectos

“Amar es querer al otro más que a sus defectos”, lo he escuchado y leído en varias ocasiones y, aunque pueda parecer una frase muy simple, ¡qué profunda es! tanto que me atrevo a afirmar que la mayoría de las relaciones que se rompen es precisamente porque los defectos brillan día a día más que el amor, y así este termina ahogado.

La rutina, forzada por el ritmo de vida y el cansancio, sumado a las diferencias inevitables de la convivencia se convierten en una mochila muy pesada llena de reproches y quejas que volcamos plenamente sobre el otro. Seguro que muchas de ellas os resultan familiares, no estoy destapando nada nuevo.

¿Qué cosas suelen matar muchos matrimonios?

Siempre llegas tarde del trabajo, estoy harta de ver tus calzoncillos en el suelo, siempre están tus zapatos por toda la casa, nunca encuentras las llaves porque no las dejas en su sitio, hablas por los codos, no hay quien te siga, te pasas el día criticando lo que hago, porqué tengo que ser yo quien baja la basura, todo tiene que estar hecho a tu manera…  

¿Queréis que siga? Tengo para rato…

La tapa del retrete arriba, la pasta de dientes abierta, el baño petado de cosméticos, nunca me escuchas, te pasas horas con el móvil, te pones siempre de parte de tu madre, siempre llegamos tarde por tu culpa, te tiras una hora para ducharte, siempre soy yo la mala con los niños, pasas más tiempo con tus hobbies que conmigo … y un largo etcétera. 

He mencionado los que considero más frecuentes en cualquier hogar y a estos cada uno debe añadir las singularidades del otro.

Somos distintos y las diferencias nos molestan hasta el punto de conseguir que discutamos todo el rato o que parezca que no tenemos nada en común y que el amor entre nosotros se ha apagado (o simplemente no ha existido nunca) y entonces la ruptura parece la decisión más sensata.

Cuando en realidad el amor sí está, sigue ahí, pero si no rascamos, si no estamos dispuestos a desenterrarlo, no podemos verlo; por eso es fundamental querer al otro por encima de sus defectos. Es una decisión difícil porque conlleva esfuerzo, comunicación, pedir perdón y perdonar, ceder,… es mucho más cómodo tirar la toalla y mandarlo todo a paseo, como si cerrando los ojos y cortando la relación todo lo vivido ya no fuera a afectarnos.

Pero en el fondo, nos damos cuenta de que eso no nos hace felices porque queremos a la otra persona y querríamos que funcionara. ¡Hubo un tiempo en el que creímos que podríamos amarnos para siempre y por eso nos casamos!, y también ahora lo pensamos pero no sabemos cómo cambiar la situación y la sociedad nos grita que no merece la pena.

Es momento de parar. De separarnos del mundo, de recordar quiénes somos y lo que realmente queremos en la vida. Mirar a nuestra familia, a nuestro cónyuge y recordar qué nos gustaba de él; ver fotos, rememorar momentos divertidos y también los difíciles: confirmarnos a nosotros mismos que esa (y no sus defectos o diferencias) es la persona de la que nos enamoramos.

Quizá al principio cueste, pero si te centras más en disfrutar con vuestras diferencias y reírte de ellas en lugar de pensar en cuánto te molestan y querer cambiarlas, vuestro amor crecerá radicalmente porque estaréis queriendo al otro tal y como es (y viceversa), por encima de sus defectos.

Eso es el amor verdadero, el que vence los baches del camino, no cede ante las dificultades; no se deja engañar por una vida mejor lejos de los tuyos. Porque sólo tenemos una vida y merece la pena vivirla por amor.

TIP: Antes de discutir/enfadarte piensa qué es más importante para ti, las llaves/zapatos fuera de su sitio o el amor entre vosotros. ¿Está clara la respuesta, no? ¡Pues a por ello!

Vidas que brillan de principio a fin: te quiero mucho Raquel

Raquel y yo en una de las comidas familiares

Hoy hace seis años que mi prima Raquel, la de mi quinta, con la que jugaba, me disfrazaba, salía en Nochevieja, hacía tortitas y me reía tanto, se fue al Cielo después de muchos años de lucha contra el cáncer.

Hasta ahora no he podido hablar mucho de ella porque me dolía demasiado; hoy por fin he logrado sentirla en mi corazón con la certeza de que está en un lugar mejor.

En brazos de Nuestra Madre la Virgen, donde siempre le puse para que la cuidara, y donde soy yo la que le pide ahora que me haga un huequito para acurrucarme a su lado. Va por ti Raquel. ¡Nos vemos en nada!

El día de tu funeral la iglesia estaba abarrotada. Todos te queríamos decir adiós y al final fue un hasta luego, porque el amor es eterno, no tiene por frontera ni la distancia ni la muerte. Así que gracias por seguir ahí y cuidar tanto de nosotros.

Os comparto las palabras que escribí en memoria suya en su funeral. Se quedan cortas, MUY cortas, porque son tantas las cosas que se podrían contar de Raquel que os podría escribir un libro, y no exagero. Pero menos es nada así que ahí va un pequeño resumen:

Queridísima Raquel,

Siempre te recordaremos alegre, dándote a todos sin esperar nada a cambio, incluso agradeciendo lo poco que los demás hacíamos por ti. Tu sentido del humor, tus chistes y tu inagotable energía no la olvidaremos jamás.


Nos has demostrado que se puede luchar hasta el final, disfrutar de cada segundo de esta vida que pasa tan deprisa. A ver el vaso medio lleno en todas las circunstancias. A pelear por nuestras ilusiones aunque encontremos adversidades.

Nos dejas habiendo cumplido con creces tu misión en esta vida, dejando en cada uno de nosotros algo de ti. Solo nos queda decirte: hasta pronto. Siempre te llevaremos con nosotros.

Te queremos mucho.

SOLO UNA ANÉCDOTA HERÓICA

No me gusta alargar mucho mis escritos pero hoy es un día especial y no puedo dejar de contaros una de las anécdotas que viví con mi prima del alma que, al menos yo, considero heroica. ¡Qué gran ejemplo Raquel!

En una de las comidas familiares que todos los años hacíamos enseguida me abrazó con cariño y me preguntó cómo estaba; yo contesté que bien y le hice la misma pregunta. Sus ojos brillaban de felicidad y su sonrisa inundó mi corazón, “yo muy bien también” y nos sentamos a comer.

Habían preparado unas alubias y ensaladas para compartir. Le serví el plato, luego el mío y me pidió que le echara un poco de agua. Bebió, dejó el vaso de nuevo y continuó comiendo con su sonrisa mientras nos poníamos al día.

De repente extendió su brazo con el tenedor para coger un poco de ensalada, pero en vez de pinchar en la ensaladera metió el tenedor en el vaso y trató de coger lechuga. La miré y las dos nos reímos a carcajadas. Fue entonces cuando me dijo que apenas veía y que por eso se había confundido, ¡pensó que era la ensaladera!, y siguió riéndose un buen rato sin darle ninguna importancia.

Quizá os parezca una bobada pero nadie en aquella mesa de más de treinta personas se percató de que Raquel ya no veía casi nada. El tumor de su cabeza apretaba tanto el lóbulo que afectaba a su visión. NADIE lo supo porque ella sólo sonreía, contaba chistes, daba abrazos y disfrutaba como una niña de la compañía de su familia.

Ojalá algún día te llegue a la suela de los zapatos prima. Has dejado el listón muy alto. Cuídanos desde el cielo e intercede por nosotros para que un día nos reunamos de nuevo allí .

¡❤️ TE QUIERO Y TE AÑORO ❤️!

El resto de madres no son mejores que tú, son diferentes

¡Cómo nos fastidia a las mujeres que haya una, que después de dar a luz, siga estupenda; o esa que siempre llega a todo súper puntual, con sus niños estupendos y ella impecable. Y el colmo de los colmos: la que siempre tiene bizcocho o repostería casera en la cocina!

Nos fastidia porque nos comparamos y nos sentimos muy inútiles porque llegamos siempre tarde, dejando la casa patas arriba y con varios hijos sin peinar. Es frustrante pero sólo si te comparas de tú a tú como si las dos, por el hecho de ser madres, debierais llegar a lo mismo. Y no es así.

¡Somos todas diferentes! Y a cada una de nosotras nos pensó Dios con nuestros talentos y defectos; compararnos con el resto sólo hace que nos sintamos inferiores al ver sus dones, que no son los tuyos.

Pero lo que no ves tú son sus defectos; igual que ella pensará que tú eres la madre más guay porque saltas a la comba con tus hijos, jugáis a pillar o salís a la montaña todos los fines de semana.

Somos tontas. Ya lo siento pero es así. Jesús nos ha creado a cada una diferentes para que, poniendo nuestros talentos al servicio de los demás, la comunidad sea más rica y nos complementemos.

Quizá desde el inicio del curso, con tanto caos de los horarios de colegios, normativas en el trabajo, la incertidumbre… no has tenido tiempo de pararte y pensar, y esto es algo que TODOS DEBERÍAMOS HACER.

Puede ser en septiembre, en enero o cuando a ti te de la gana pero haz una lista de 20 cosas buenas de tu vida. Cuando termines, piensa en cuáles puedes compartir con los demás y ayudarles con tus talentos.

Es una gozada de ejercicio porque muchas veces creemos que somos lo peor y, cómo ya dijimos una vez, “Eres la mejor madre que tus hijos podían tener”. Necesitas esos dones y no otros para llevar a tu marido y a tus hijos al cielo, y por supuesto a ti misma.

Así que fuera comparaciones, aceptemos con alegría que todos somos y diferentes y tenemos mucho que aportar. Somos imprescindibles en nuestra familia y en la sociedad tal como somos.

¡Cómo cambia esta casa cuando tú estás en ella!

Qué curioso que hasta que mi marido no me dijo “cariño, ¡no sabes cómo cambia esta casa cuando tú estás ten ella!” al volver del hospital, yo no era para nada consciente de lo importante que es que una madre esté presente, que se le vea en casa, disponible, incluso cuando no puedes hacer nada porque estás enferma.

A los niños les brillan los ojos de felicidad y su sonrisa se vuelve plena; incluso su actitud cambia a mejor cuando te ven aparecer por la puerta.

Oír esto impresiona, sobre todo cuando estás pasando una depresión que te dice que no vales nada y que todo sería mejor sin ti; que sólo molestas.

Pero la verdad es que una madre, aunque no haga nada, hace mucho. Su presencia lo cambia todo. Es mejor que esté, aunque sea enferma, que qué no esté. Suena a perogrullada pero yo no lo veía así, más bien al contrario: me veía como un estorbo.

Y gracias a mi marido -y a mi director espiritual , que llevaba meses diciéndomelo y yo no me enteraba- hoy soy consciente de lo importante que soy en mi familia, ¡que Dios quiere hacer cosas muy grandes a través de mí en mi marido y en mis hijos!

Realmente no tiene ningún sentido que no lo viera. Veo cristalina la acción del Espíritu Santo cuando escribo, cuando hablo con amigas, a través del blog, en Instagram, con el dolor,… pero ¿en mi casa? NADA. Como si no estuviera.

¡No se puede estar más ciega! ¡Cómo no va a actuar el Señor a través de ti en tu familia si ellos son el camino de tu santidad! Dios te ha llamado a la vocación matrimonial y es ahí donde más sentido tiene tu vida, ¡para lo que Dios te creó desde toda la eternidad!

Ahora por fin lo veo. Y, aunque sé que me va a costar mucho porque sigo con dolores, cansada, …etc, etc, etc y voy a sentirme “inútil” por no poder echar una mano con los peques o recogiendo la cocina no me siento sola y sé que ahí sentadita, Dios está santificando a mi familia.

Es una gozada saber que no voy sola, que cuento con la ayuda de Dios. Que va a ser Él quien me haga ser de verdad la mejor madre de mis hijos y la mejor esposa de mi marido (lo pongo al final porque querer a mi marido no me cuesta nada, pero la paciencia con los peques MUCHO, jeje).

Hace muy poquito volví a recordar ese apoyarme en Cristo; no quedarme en la desesperación de que los niños me superan, de que no sé manejarles, de que me torean cosa fina y pierdo los nervios enseguida.

Se nos olvida muy fácil que en esta tarea no estamos solas (ese es el demonio que quiere hundirnos en la desesperación y hacernos sentir que no valemos para ser madres).

La vocación Cristiana, nuestra obligación de educar a nuestros hijos amándoles y cuidándoles sin medida no es algo que podamos hacer solos: necesitamos la ayuda De Dios.

¡No estoy sola! Y tú tampoco. Jesús está deseando que abandonemos nuestra labor de madres/padres en Él y que volvamos a sonreír porque Él hará lo que nosotros no podamos. No es una varita mágica ni mucho menos pero es confiar, desahogarnos con Él y decirle “Jesús te toca, que también son tuyos”.

Y no olvidemos nunca esto: ¡CÓMO CAMBIA LA CASA CUANDO TÚ NO ESTÁS!

Porque cuando mamá está en casa todo cambia

¿Cómo puede ser que la mayoría de los matrimonios no duren más de 11 años?

Novia radiante, preciosa. Es maravillosa, guapa, irradia una felicidad indescriptible; está enamorada y quiere a su futuro esposo más que a nadie en el mundo.

Él: elegante, bueno, cariñoso, siempre atento,…sólo tiene ojos para su amada y por eso está camino del altar, del “sí quiero”.

Llevan tiempo preparando cada detalle del día más bonito de sus vidas, quieren que sea un día muy especial porque van a unir sus vidas para siempre y desean que todo sea perfecto. Pasarán de un “tú y yo” a un “nosotros”. Van a formar una familia y todo es felicidad, en sus corazones no cabe más gozo.

Pero resulta que hay matrimonios que duran lo que dura su viaje de novios, otros se divorcian en los dos primeros años y la mayoría no llega a los 11 años. Las cifras deprimen un poco.

Y como esto puede desanimar a muchas parejas a comprometerse, porque parece que una vez que te casas todo va de mal en peor, quiero transmitirles esperanza y alguna idea para que su matrimonio sea no sólo para siempre sino la mejor decisión de sus vidas.

Casarse merece la pena y mucho pero hay que hacerlo bien. Ahí os dejo 4 ideas para saber si es el definitivo:
  • 1. ELIGE BIEN CON QUIÉN TE CASAS

  • No vale quererse o llevar muchos años juntos: hay que tener un mismo proyecto de vida, compartir los mismos principios, coincidir en temas esenciales como los hijos, el tipo de educación, y para mí esencial: creer que no existe en el mundo entero nadie mejor que la persona con la que te vas a casar.
  • No hay puntos intermedios: si crees que el marido/mujer de otros son unos benditos o son un “caso único”, y que tu novio “tiene sus cosillas pero ya cambiará…”: TE EQUIVOCAS. Nunca cambian, van a peor.
  • Todos los matrimonios son especiales.
  • Si ves a tu pareja como alguien a quien quieres pero no te entusiasma estar con ella, hablar hasta el amanecer o sorprenderle cada día; si te aburren sus conversaciones o crees que antepone el gym, los amigos o el fútbol a estar contigo: SAL CORRIENDO Y NO TE CASES.
  • 2. NO HAY PUERTA TRASERA

    Tened ambos muy claro que estáis de acuerdo en apostarlo todo. El matrimonio es una alianza en la que, pase lo que pase, luchareis juntos hasta el final de vuestros días porque os queréis con un amor tan grande que puede con todo.

    Y por eso vais a cuidaros cada día. Romper la rutina de vez en cuando, echaros piropos, sorprenderos, un fin de semana al año en un sitio romántico…

    Pero también no criticaros (ni siquiera pensar mal del otro), confiar siempre en que cada uno hace todo lo posible por hacer maravillosa la vida del otro, y cuando veamos que algo falla: hablar del tema. Lo que no se dice en alto y con cariño, el otro no puede saberlo ni lo intuirlo.

    3. LAS CRISIS MATRIMONIALES SON BUENAS

    No existe ningún matrimonio en este mundo que no haya pasado por un momento difícil, por una crisis matrimonial. No somos perfectos así que los motivos son infinitos, lo importante es identificarlos, hablarlos y buscar una solución juntos sabiendo que toda crisis TERMINA BIEN.

    Los dos queréis estar juntos y encontraréis la fórmula adecuada: es cuestión de tiempo, humildad, perdón, diálogo y ponerse en la piel del otro para entender su postura.

    No está de moda “aguantar*”. Por eso cuando llega una crisis y lo estás pasando realmente mal, las personas con las que te rodees serán decisivas para ayudarte en la reconciliación o para meter cizaña hasta que vuestra relación explote y termine. BUSCA BUENAS COMPAÑÍAS QUE TE AYUDEN.

    4. RESPETO MUTUO

    Siento decirte que sí en algún momento durante el noviazgo os habéis faltado al respeto: gritos, insultos, mentiras, medias verdades, celos exagerados, humillaciones, desprecio delante de otros, desconfianzas… ES MUY PROBABLE QUE TÚ MATRIMONIO NO FUNCIONE, TE MERECES A ALGUIEN MEJOR.Los hay que sí, pero para que el amor dure por siempre hay que querer al otro y en el amor no hay exigencias, ni desprecios ni gritos. Se quiere a la persona por quien es, también con sus defectos. Por eso debe haber comprensión, diálogo, dulzura, ternura,… vivir siempre buscando el bien del otro.

    Y ya lo dejo. Creo que estos cuatro puntos son esenciales. Podría meter más pero no quiero un post eterno 😉

    * No me refiero a aguantar malos tratos, sí los hay: NO SABE QUERERTE, ALÉJATE.

    10 ideas para un matrimonio feliz

    Todos nos casamos enamorados, recordamos el día de nuestra boda como uno de los más bonitos de nuestra vida; nos queremos y nuestro amor es tan grande que puede con todo.

    Y así es, y precisamente por ser tan grande es muy frágil. Está formado por personas; seres humanos que se equivocan, de cansan, son egoístas, …; por eso hay que cuidarlo cada día porque si nos confiamos “porque nos queremos un montón”, “a nosotros eso no nos pasa”: llegará un día en el que miraremos al otro y diremos: ¿qué nos ha pasado?

    Porque la vida nos lleva: el trabajo, la casa, los niños, los abuelos, los amigos, los vecinos; planear las vacaciones, con quién dejamos al perro, los deberes, la multa sin pagar, el grifo gotea.. NADIE LLEGA A TODO. ¿Y quién tiene la culpa?

    EL OTRO. Pero ¿por qué?, ¿ya no es tan perfecto?, ¿no era maravilloso? Ya te digo yo que sigue siéndolo pero vamos pasados de rosca y no hay quien pare esto (sólo nosotros). El exceso de responsabilidades nos hacen desbordar y pensar que la única persona que puede cambiar algo en la ecuación es tu cónyuge.

    Porque podría hacer más y quitarte así presión, ¡pero nada! le miras y está ahí, tan tranquilo. Ni un ápice de estrés, jugueteando con el móvil…, Y eso revienta a cualquiera.

    Pero no es el otro cónyuge el problema

    Podría narraros miles de discusiones a grito pelao por un rollo de papel higiénico, unos zapatos en el salón o la tapa del inodoro sin subir. Desde fuera no parecen problemas muy graves, ¿verdad? Pero cuando estás saturado, la mínima bobada te desquicia.

    Y AHÍ ES CUANDO DEBES RECORDAR QUE NO SON COSAS DE TU MARIDO O DE TU MUJER: PASA EN TODOS LOS MATRIMONIOS.

    Por eso, es FUNDAMENTAL que a esas pequeñas diferencias les demos poca importancia con detalles de amor, con acciones que demuestran al otro que le queremos y que cada día que pasa le queremos más y riéndonos mucho juntos de nuestras diferencias porque son bobadas que convertimos en montañas.

    Confieso desde ya que la mayoría de estas ideas no son mías pero son detalles de cariño que he ido viendo en otros matrimonios y que me han llamado la atención por lo sencillos que son y lo mucho que unen:

    10 IDEAS PARA QUE TU MATRIMONIO FUNCIONE

    1- Decirle muchas veces al día que le quieres y además hacerlo desde el corazón. Con un WhatsApp basta y no lleva ni medio minuto pero alegra la mañana al otro.

    2- Dejar papelitos cariñosos en la nevera, en la puerta de la calle o en el espejo del baño: “buenos días mi vida”, “que te vaya muy bien la reunión”, … (no sólo: ¡BAJA LA BASURA!)

    3- Gracias. En esos mismas papelitos puedes poner un “gracias por tirar ayer la basura” o “qué bien dejaste la cocina anoche”, “gracias por atender al peque porque yo estaba agotado”, …

    4-Sorpresas. Una llamadita de vez en cuando solo para ver qué tal está y decirle que le quieres; organizar una escapada sorpresa al menos una vez al año (para oxigenar el amor); un día cualquiera enviar flores (y si es a la oficina, ¡mucho mejor!) o coger una canguro y salir al cine o a cenar. Salir de la rutina

    5- Corregir con cariño, desde el “yo”, no desde el “tú”: “Amore, ya sé que es manía mia pero ¿podrías bajar la tapa cuando vayas al baño? Lo siento pero me molesta horrores“; prohibido usar el NUNCA ni el SIEMPRE. Y procurar empezar la frase con: “cuando ha pasado esto me he sentido así”.

    6- Fijarse cada día en una o dos cosas buenas que haya hecho el otro y decírselo; y si es algo grande, las palabras “ESTOY ORGULLOSA DE TI”, multiplican por diez el amor.

    7- Si las tareas del hogar son motivo de discusión: contratad a alguien unas horas y asunto arreglado. ¡Vale más vuestro matrimonio que un baño sucio!

    8- Intimidad. Preparad una velada romántica con música, un baile, piropos, … cosas que hagan que (sobre todo) la mujer olvide todas sus preocupaciones y pueda centrarse en vuestra relación. La mujer necesita sentirse atractiva, sexy; el hombre no necesita mucho pero también decirle cosas bonitas le subirá el ego.

    9- Paternidad responsable. Si llega un momento en la vida (que llegará) y por lo que sea no podéis quedaros embarazados: los métodos naturales son cosa de dos. Si el hombre no se implica, la mujer se sentirá cada vez más culpable de decir “no se puede”.

    10. Poner a Dios en el centro de vuestro matrimonio. Lo dejo para el final pero es lo más importante : rezad juntos, compartid vuestros anhelos, sentimientos o reflexiones. Y tened siempre presente que todo lo que no sale como vosotros planeabais es que Dios tiene un plan mejor para vosotros.

    ¡A una madre no se le grita!

    ¡Tengo a la pequeña de la casa totalmente desbocada! No sé si es por el confinamiento, por el inicio de las clases o un poco por todo. El caso es que lleva una racha de todo es “¡NO QUIERO!”, ¡pues no lo voy a hacer!, de chinchar a unos y otros sin parar,… ¡que ya nos tiene fuera de juego!

    Sabemos que son llamadas de atención, hemos probado TODO y nada, no avanzamos.

    Además nos pone nerviosos porque el peligro le da igual: golpes en la puerta de cristal, lanza un cojín a la mesa mientras comemos; es como si no tuviera límites (hasta el punto de soltarme gritando que “¡en esta casa mando yo!” -en esas me da la risa pero no dejo que me vea, claro, pero sus hermanos a carcajada limpia…).

    Reconozco que la paciencia no es uno de mis fuertes pero tampoco es que no tenga nada y soy consciente de que Dios aprieta pero no ahoga, así que me bajo a su altura, le explico que tiene que recoger los juguetes para poder ver la tele -con una voz angelical que no sabía ni que tenía- pero su reacción es al suelo, a gritarme y ponerme cada vez más nerviosa.

    Y entonces llegan los gritos: “mira bonita, ya te lo he explicado, ¡o recoges o no hay tele y punto!“A lo que ella, gritándome cual poseída me contesta: ¡ME DA IGUAL LO QUE ME DIGAS, voy a hacer lo que yo quiera! (Esto con 4 años!!!!!); Y yo, tonta de mí, entro al trapo- “¡YA VEREMOS LO QUE HACES, y que sea la última vez que gritas a mamá porque a una madre no se le grita nunca! ¿Respuesta de la canija? ¡PUES A UNA NIÑA TAMPOCO SE LE GRITA!

    Y como en eso tenía razón se la di: “¡eso es verdad, a los niños no se les grita: “Lo siento” y me marché pensando soy la peor madre del mundo.

    Cuando se le pasó el calentón recogió todo y vino a pedir ver la tele a lo que yo me negué rotundamente: “princesa, hoy no te has portado bien; se obedece, se recogen los juguetes, no se grita… así que hoy no hay tele “. Y por supuesto volvió el chantaje emocional… “pero mamiiii, que lo he recogido todo, y ahora me estoy portando bien. Porfis, ¿puedo ver la tele?” No cedí. Aquello se había ido de las manos y merecía su consecuencia.

    Bueno, pues después de esta anécdota casera no vais a creer lo que el Señor me dejó ver en la oración:

    “Tienes muy claro que cuando un niño pega o grita a sus progenitores merece su “castigo/consecuencia”, y lo mismo si no obedece, para que tenga claros los límites, aprenda a respetar y se de cuenta de que en casa la autoridad es de los padres”

    Ahora traslada eso a tu relación con Dios. Desde niña has pataleado por no ir a misa los domingos, has desobedecido a tus padres, has pasado de Dios muchas, muchísimas veces y sin embargo Él no te ha dejado ni castigado nunca: sigue esperándote con los brazos abiertos cada día por si en vez de un insulto hoy quieres abrazarle.

    Y, sinceramente, en proporción, que un niño grite a su padre está mal pero que un adulto desprecie, insulte, ignore,… ¡al Dios que le ha creado! es bastante más grave.

    ¿No te parece? No habría castigo ni pena suficiente para subsanar semejante barbaridad; sin embargo, no recibimos ningún castigo.

    ¿Sabes por qué? Porque Jesús te quiere tanto que para librarte de las consecuencias de tratar así a Dios, Jesús se ofreció para pagar la deuda que tenías con Él: murió en una cruz, voluntariamente, porque te quiere y desea tu libertad y tu salvación.

    Ahora viene la segunda parte. ¿Qué haces tú para agradecérselo? ¿Sigues pasando de Él o quieres darle las gracias todos los días de tu vida?

    A mí me sale de dentro la segunda opción y estoy segura de que a ti también. Lo cierto es que a veces no sabemos ni por dónde empezar… yo acudí a un sacerdote, fuimos hablando todas las semanas y poco a poco entendí lo que suponía ese agradecimiento: dar ahora yo mi vida por Él.

    Eso es lo que debe mover a un cristiano: saberse amado sin límites por su Dios. Mirar a la Cruz ayuda bastante así que ten una cerca y verás como pronto lo sientes en tu corazón.

    ¿Qué es lo más importante del verano?

    Durante las vacaciones de verano es muy frecuente cambiar de domicilio, de rutinas, de compañía… En nuestro caso pasamos bastante tiempo con la familia por lo que hay que adaptarse a los horarios y ser flexibles con la falta de rutina.

    A mí esto no me supone ningún esfuerzo pero soy muy consciente de que tanto desorden consigue que no pueda ir a misa, pasar un ratito a solas con el Señor, rezar el Rosario… hacer en definitiva lo que en mi día a día me gusta hacer: estar con Dios y dejarme abrazar por Él.

    El caso es que ayer fui a charlar con mi director espiritual. Me había preparado bien algunas cosas que quería preguntarle y otras que quería pedirle, así que llegó el momento de la gran cuestión: ¿cómo hago para que Dios esté en mi vida este verano? ¿Podría rezar por mí para que no abandone al Señor en este tiempo?

    La respuesta del sacerdote me abrió los ojos: Inés, el verano está para que mimes a tu marido, para que tengas detalles con él. Tu cónyuge ha de ser lo primero en estas vacaciones porque en él está Cristo. Y tu vocación es amar a Dios a través de tu marido.

    ¡Vaya lección! Me dejó anonadada. ¡Qué razón tenía! Durante el curso, con los peques, el cole, el trabajo, extraescolares, amigos, compromisos,… apenas hay tiempo para que los esposos nos miremos, nos preocupemos por el otro como el centro de nuestra vida que son.

    Al menos yo pensé que tenía razón, que este verano era el mejor momento para volver a coquetear con él, para reírnos, leer juntos, disfrutar y pensar en el otro.

    ¿No os parece precioso? Tenemos una vocación tan grande que se manifiesta y crece en la medida en la que rezamos por el otro, en que buscamos su sonrisa, su rato de diversión: en la medida en la que le amamos.

    Ojalá este verano sirva para reconquistar corazones, para volver a empezar, para pedirnos perdón por los errores y querernos un poquito más. Os invito a la reconquista, al enamoramiento, a las mariposas…

    Es verdad que algunos matrimonios quizá llegan ya muy pasados de rosca después de este curso tan duro, después del confinamiento, etc, etc; también para ellos hay esperanza porque Dios lo puede todo y en medio de ese matrimonio está también el Señor queriendo sanar heridas, reconciliar corazones, sólo hace falta querer: Y MERECE LA PENA.

    Si es tu caso y no sabes por dónde empezar escríbeme por privado y te mostraré el camino. Amar es fácil si sabes cómo.

    Rezo por vosotros, para que este verano sea un tiempo para darnos a los demás (también para los no casados). Un tiempo en el que con la ayuda de Dios saquemos sonrisas y alegría en quienes nos rodean.

    Todos lo necesitamos. Ha sido un curso difícil y este verano toca disfrutar, olvidar y desconectar con quienes más queremos. ¡A por ello familias!

    ¿Por qué no debería comprarme lo que me dé la gana si tengo dinero para hacerlo?

    Mis hijos me preguntan a menudo a ver si somos pobres porque cuando piden caprichos, grandes o pequeños, o cosas innecesarias normalmente no accedemos.

    Nuestra respuesta para ellos es siempre la misma: no somos pobres, tenemos un techo, comida, calor, ropa, un colegio, un coche,… cosas que muchas otras personas no tienen. No nos parece justo gastar dinero en algo superfluo con lo que podemos ayudar a otros.

    No hacen más preguntas. De hecho, están tan concienciados que el otro día quise comprarle unos zapatos nuevos a uno de ellos y se negó rotundamente porque él “ya tenía muchos zapatos” (¡tiene 3!)

    No somos para nada ejemplares en esto. Es cierto que la teoría la sabemos y hay ciertas cosas que hacemos en casa por vivir esa pobreza de la que nos habla Jesús en el evangelio pero a menudo resbalamos como todos.

    Un par de ideas para vivir la pobreza y la sobriedad en casa:

    LA ROPA. Donar la ropa que está en buen estado y recibir la que otros puedan facilitarnos. Lo primero es sencillo, lo segundo cuesta más. Todos preferimos elegir la ropa de nuestros niños, ¡claro que sí! pero si tiene diez vestidos que le han pasado entre primas y amigas… no tiene sentido.

    Mucha gente ve la ropa de segunda mano como algo de lo que avergonzarse, pero hay muchos motivos para empezar a hacerlo: por ecología, por sobriedad, por educarles en cuidar las cosas para que otros puedan también usarlas después, por justicia social…

    Tengo dinero para comprarles varios modelitos a cada uno y que tengan zapatos a juego con cada estilo, pero en conciencia YO, creo que no tengo derecho a hacerlo.

    Tenemos la suerte de tener un sueldo y un poder adquisitivo medio pero eso no quita que no debamos ajustarnos el cinturón para que, quien esté pasando necesidad, pueda recibir algo de nosotros y salir adelante.

    Sé que es un tema muy personal -y por eso he dicho que YO en conciencia no debo. Pero al mismo tiempo creo que alguien debe abrirnos los ojos y recordarnos que al qué mucho se le dio mucho se le exigirá.

    CAPRICHOS. Ahora me refiero a los de los adultos. Salir todos los días a tomar un café, una caña, hoy con pincho, hoy doblete… ¿y las VACACIONES? No te digo que no te las merezcas, esto es algo muy personal, pero cada vez se ven más fotos en Instagram de los sitios más paradisiacos del mundo. Es bueno pensar que si un año en vez de ir a todo tren hago unas vacaciones sencillas, puedo donar lo que no me he gastado en que alguien pueda comer durante diez años … ES PARA DARLE UNA VUELTA.

    COMIDA. Tendemos a darles -por comodidad- bollería, chuches, comida rápida (Burguers, pizzas, pollo frito,…) gastándonos una fortuna en comida basura, enseñando a nuestros hijos que comer así es lo “normal”, quitándoles la posibilidad de asombrarse por cosas pequeñas.

    Hace unos meses vino una amiga a vernos y a modo de detalle con los peques les trajo un huevo de chocolate para cada uno. Estaban felices con la sorpresa y me alegré mucho de que todavía con algo tan simple disfrutaran porque no es lo normal.

    Muchos niños comen huevos kinder, pantera rosa o galletas de chocolate todos los días. Y eso, ademas de ser horrible para su salud es perjudicial para su sensibilidad y desarrollo.

    ¿Qué vas a regalar a ese niño cuando quieras sorprenderle? Tendrá que ser algo desorbitado porque si no será incapaz de apreciarlo.

    Aunque no es ese el fundamento de la sobriedad creo que también es importante tenerlo en cuenta. Enseñarles a gastar menos para poder compartir más con quien lo necesite. Es de justicia. No somos nosotros los que merecemos este mundo y otros una vida de pobreza, nos ha tocado así para que unos cuidemos de otros.

    Es el ser humano quien ha generado ese desequilibrio y tiene que ser él mismo -cada uno con lo que pueda- quien contribuya en la igualdad social.

    Alguien tiene que decir BASTA YA y ¿quién mejor que cada uno de nosotros en nuestros hogares? Gasta lo que necesites, cuida lo que tienes y ahorra para compartir con quienes tienen peor suerte.

    Cómo hacer que tu casa sea un hogar

    Tengo una amiga en San Sebastián que me quiere un montón y, de vez en cuando, me invita a su casa a comer, a un café, a merendar, … ¡lo que sea con tal de vernos!

    Vive en una zona “humilde” y su piso es bastante viejito pero está bien cuidado. Lo curioso es que siempre que voy siento ese calor de hogar tan guay que te hace no querer irte nunca; es tan acogedora que siempre quieres volver.

    Y, lo que al principio me pareció que sería por la compañía (que también hace mucho, jaja!), después entendí que lo que se notaba es que en esa casa había amor. Se respiraba cariño por todas las esquinas.

    Un jarrón con unas flores en una mesa, unas fotos familiares puestas con mimo en la pared, unos cojines bien colocados, … todo está puesto con mucho gusto.

    Pero no es sólo una cuestión de decoración, es también el amor puesto en ese “hacer hogar”. Es el tener la cabeza puesta en los tuyos, en que cuando lleguen a casa se sientan bien.

    Es también el olor a bizcocho recién hecho, a tortilla de patatas o a pescadito frito: el menú es lo de menos; cuando piensas en hacer feliz a tu familia, el llenar tu casa de pequeños detalles es la clave.

    Y no hay que gastarse una fortuna, os aseguro yo que esta amiga es de las que tienen sus ahorros, pero dedica tiempo a su casa, piensa cada día cómo cuidar mejor a los suyos.

    Y lo mismo da que sea verano que invierno, ojea unas revistas y se va con su marido de paseo; cogen unas piñas, unos palitos y cuatro castañas y ya tiene un ambiente otoñal en su casa que te recibe con los brazos abiertos.

    Esa casa grita por los cuatro costados que hay amor en ella y, aunque nos de pereza y no apetezca mucho dedicarle un ratito, es bien cierto que con muy poco se consigue mucho y que merece la pena hacerlo.

    Es una parte importante para la estabilidad familiar el que la casa esté agradable. Recuerdo cuando era niña y mi madre preparaba bizcocho para desayunar. Sólo oler el aroma me llenaba de emoción. Y ahora lo pienso y soy consciente de que esa alegría no era tanto por comer un trozo de bizcocho, como por el sentirme querida con ese regalo inesperado.

    También mi padre nos traía algún detalle de sus viajes; siempre eran tonterías pero que se hubiera acordado de nosotros no tenía precio. Pienso ahora en mis hijos y me doy cuenta de que apenas invertimos tiempo en el hogar.

    Estamos tan ocupados que las dejamos en un segundo plano pero las cosas materiales, aunque no son lo primero, sí son importantes para la familia. Cambiar un bombín por una lámpara, poner unas cortinas, colocar unos focos en el pasillo… son detalles que lo cambian todo.

    ¡Y yo quiero eso en mi casa! Por eso hoy me planteo cuánto tiempo dedico a que mi hogar sea agradable, a que los míos se sientan a gusto; a que se note que les quiero, a que haya calor de hogar en mi casa.

    Para quienes tenéis más experiencia: ¿qué cosas ayudan a que una casa pase a ser tu hogar? ¿Algún truquito barato para las menos creativas? ¡Gracias mil!