10 ideas para un matrimonio feliz

Todos nos casamos enamorados, recordamos el día de nuestra boda como uno de los más bonitos de nuestra vida; nos queremos y nuestro amor es tan grande que puede con todo.

Y así es, y precisamente por ser tan grande es muy frágil. Está formado por personas; seres humanos que se equivocan, de cansan, son egoístas, …; por eso hay que cuidarlo cada día porque si nos confiamos “porque nos queremos un montón”, “a nosotros eso no nos pasa”: llegará un día en el que miraremos al otro y diremos: ¿qué nos ha pasado?

Porque la vida nos lleva: el trabajo, la casa, los niños, los abuelos, los amigos, los vecinos; planear las vacaciones, con quién dejamos al perro, los deberes, la multa sin pagar, el grifo gotea.. NADIE LLEGA A TODO. ¿Y quién tiene la culpa?

EL OTRO. Pero ¿por qué?, ¿ya no es tan perfecto?, ¿no era maravilloso? Ya te digo yo que sigue siéndolo pero vamos pasados de rosca y no hay quien pare esto (sólo nosotros). El exceso de responsabilidades nos hacen desbordar y pensar que la única persona que puede cambiar algo en la ecuación es tu cónyuge.

Porque podría hacer más y quitarte así presión, ¡pero nada! le miras y está ahí, tan tranquilo. Ni un ápice de estrés, jugueteando con el móvil…, Y eso revienta a cualquiera.

Pero no es el otro cónyuge el problema

Podría narraros miles de discusiones a grito pelao por un rollo de papel higiénico, unos zapatos en el salón o la tapa del inodoro sin subir. Desde fuera no parecen problemas muy graves, ¿verdad? Pero cuando estás saturado, la mínima bobada te desquicia.

Y AHÍ ES CUANDO DEBES RECORDAR QUE NO SON COSAS DE TU MARIDO O DE TU MUJER: PASA EN TODOS LOS MATRIMONIOS.

Por eso, es FUNDAMENTAL que a esas pequeñas diferencias les demos poca importancia con detalles de amor, con acciones que demuestran al otro que le queremos y que cada día que pasa le queremos más y riéndonos mucho juntos de nuestras diferencias porque son bobadas que convertimos en montañas.

Confieso desde ya que la mayoría de estas ideas no son mías pero son detalles de cariño que he ido viendo en otros matrimonios y que me han llamado la atención por lo sencillos que son y lo mucho que unen:

10 IDEAS PARA QUE TU MATRIMONIO FUNCIONE

1- Decirle muchas veces al día que le quieres y además hacerlo desde el corazón. Con un WhatsApp basta y no lleva ni medio minuto pero alegra la mañana al otro.

2- Dejar papelitos cariñosos en la nevera, en la puerta de la calle o en el espejo del baño: “buenos días mi vida”, “que te vaya muy bien la reunión”, … (no sólo: ¡BAJA LA BASURA!)

3- Gracias. En esos mismas papelitos puedes poner un “gracias por tirar ayer la basura” o “qué bien dejaste la cocina anoche”, “gracias por atender al peque porque yo estaba agotado”, …

4-Sorpresas. Una llamadita de vez en cuando solo para ver qué tal está y decirle que le quieres; organizar una escapada sorpresa al menos una vez al año (para oxigenar el amor); un día cualquiera enviar flores (y si es a la oficina, ¡mucho mejor!) o coger una canguro y salir al cine o a cenar. Salir de la rutina

5- Corregir con cariño, desde el “yo”, no desde el “tú”: “Amore, ya sé que es manía mia pero ¿podrías bajar la tapa cuando vayas al baño? Lo siento pero me molesta horrores“; prohibido usar el NUNCA ni el SIEMPRE. Y procurar empezar la frase con: “cuando ha pasado esto me he sentido así”.

6- Fijarse cada día en una o dos cosas buenas que haya hecho el otro y decírselo; y si es algo grande, las palabras “ESTOY ORGULLOSA DE TI”, multiplican por diez el amor.

7- Si las tareas del hogar son motivo de discusión: contratad a alguien unas horas y asunto arreglado. ¡Vale más vuestro matrimonio que un baño sucio!

8- Intimidad. Preparad una velada romántica con música, un baile, piropos, … cosas que hagan que (sobre todo) la mujer olvide todas sus preocupaciones y pueda centrarse en vuestra relación. La mujer necesita sentirse atractiva, sexy; el hombre no necesita mucho pero también decirle cosas bonitas le subirá el ego.

9- Paternidad responsable. Si llega un momento en la vida (que llegará) y por lo que sea no podéis quedaros embarazados: los métodos naturales son cosa de dos. Si el hombre no se implica, la mujer se sentirá cada vez más culpable de decir “no se puede”.

10. Poner a Dios en el centro de vuestro matrimonio. Lo dejo para el final pero es lo más importante : rezad juntos, compartid vuestros anhelos, sentimientos o reflexiones. Y tened siempre presente que todo lo que no sale como vosotros planeabais es que Dios tiene un plan mejor para vosotros.

¡A una madre no se le grita!

¡Tengo a la pequeña de la casa totalmente desbocada! No sé si es por el confinamiento, por el inicio de las clases o un poco por todo. El caso es que lleva una racha de todo es “¡NO QUIERO!”, ¡pues no lo voy a hacer!, de chinchar a unos y otros sin parar,… ¡que ya nos tiene fuera de juego!

Sabemos que son llamadas de atención, hemos probado TODO y nada, no avanzamos.

Además nos pone nerviosos porque el peligro le da igual: golpes en la puerta de cristal, lanza un cojín a la mesa mientras comemos; es como si no tuviera límites (hasta el punto de soltarme gritando que “¡en esta casa mando yo!” -en esas me da la risa pero no dejo que me vea, claro, pero sus hermanos a carcajada limpia…).

Reconozco que la paciencia no es uno de mis fuertes pero tampoco es que no tenga nada y soy consciente de que Dios aprieta pero no ahoga, así que me bajo a su altura, le explico que tiene que recoger los juguetes para poder ver la tele -con una voz angelical que no sabía ni que tenía- pero su reacción es al suelo, a gritarme y ponerme cada vez más nerviosa.

Y entonces llegan los gritos: “mira bonita, ya te lo he explicado, ¡o recoges o no hay tele y punto!“A lo que ella, gritándome cual poseída me contesta: ¡ME DA IGUAL LO QUE ME DIGAS, voy a hacer lo que yo quiera! (Esto con 4 años!!!!!); Y yo, tonta de mí, entro al trapo- “¡YA VEREMOS LO QUE HACES, y que sea la última vez que gritas a mamá porque a una madre no se le grita nunca! ¿Respuesta de la canija? ¡PUES A UNA NIÑA TAMPOCO SE LE GRITA!

Y como en eso tenía razón se la di: “¡eso es verdad, a los niños no se les grita: “Lo siento” y me marché pensando soy la peor madre del mundo.

Cuando se le pasó el calentón recogió todo y vino a pedir ver la tele a lo que yo me negué rotundamente: “princesa, hoy no te has portado bien; se obedece, se recogen los juguetes, no se grita… así que hoy no hay tele “. Y por supuesto volvió el chantaje emocional… “pero mamiiii, que lo he recogido todo, y ahora me estoy portando bien. Porfis, ¿puedo ver la tele?” No cedí. Aquello se había ido de las manos y merecía su consecuencia.

Bueno, pues después de esta anécdota casera no vais a creer lo que el Señor me dejó ver en la oración:

“Tienes muy claro que cuando un niño pega o grita a sus progenitores merece su “castigo/consecuencia”, y lo mismo si no obedece, para que tenga claros los límites, aprenda a respetar y se de cuenta de que en casa la autoridad es de los padres”

Ahora traslada eso a tu relación con Dios. Desde niña has pataleado por no ir a misa los domingos, has desobedecido a tus padres, has pasado de Dios muchas, muchísimas veces y sin embargo Él no te ha dejado ni castigado nunca: sigue esperándote con los brazos abiertos cada día por si en vez de un insulto hoy quieres abrazarle.

Y, sinceramente, en proporción, que un niño grite a su padre está mal pero que un adulto desprecie, insulte, ignore,… ¡al Dios que le ha creado! es bastante más grave.

¿No te parece? No habría castigo ni pena suficiente para subsanar semejante barbaridad; sin embargo, no recibimos ningún castigo.

¿Sabes por qué? Porque Jesús te quiere tanto que para librarte de las consecuencias de tratar así a Dios, Jesús se ofreció para pagar la deuda que tenías con Él: murió en una cruz, voluntariamente, porque te quiere y desea tu libertad y tu salvación.

Ahora viene la segunda parte. ¿Qué haces tú para agradecérselo? ¿Sigues pasando de Él o quieres darle las gracias todos los días de tu vida?

A mí me sale de dentro la segunda opción y estoy segura de que a ti también. Lo cierto es que a veces no sabemos ni por dónde empezar… yo acudí a un sacerdote, fuimos hablando todas las semanas y poco a poco entendí lo que suponía ese agradecimiento: dar ahora yo mi vida por Él.

Eso es lo que debe mover a un cristiano: saberse amado sin límites por su Dios. Mirar a la Cruz ayuda bastante así que ten una cerca y verás como pronto lo sientes en tu corazón.

¿Qué es lo más importante del verano?

Durante las vacaciones de verano es muy frecuente cambiar de domicilio, de rutinas, de compañía… En nuestro caso pasamos bastante tiempo con la familia por lo que hay que adaptarse a los horarios y ser flexibles con la falta de rutina.

A mí esto no me supone ningún esfuerzo pero soy muy consciente de que tanto desorden consigue que no pueda ir a misa, pasar un ratito a solas con el Señor, rezar el Rosario… hacer en definitiva lo que en mi día a día me gusta hacer: estar con Dios y dejarme abrazar por Él.

El caso es que ayer fui a charlar con mi director espiritual. Me había preparado bien algunas cosas que quería preguntarle y otras que quería pedirle, así que llegó el momento de la gran cuestión: ¿cómo hago para que Dios esté en mi vida este verano? ¿Podría rezar por mí para que no abandone al Señor en este tiempo?

La respuesta del sacerdote me abrió los ojos: Inés, el verano está para que mimes a tu marido, para que tengas detalles con él. Tu cónyuge ha de ser lo primero en estas vacaciones porque en él está Cristo. Y tu vocación es amar a Dios a través de tu marido.

¡Vaya lección! Me dejó anonadada. ¡Qué razón tenía! Durante el curso, con los peques, el cole, el trabajo, extraescolares, amigos, compromisos,… apenas hay tiempo para que los esposos nos miremos, nos preocupemos por el otro como el centro de nuestra vida que son.

Al menos yo pensé que tenía razón, que este verano era el mejor momento para volver a coquetear con él, para reírnos, leer juntos, disfrutar y pensar en el otro.

¿No os parece precioso? Tenemos una vocación tan grande que se manifiesta y crece en la medida en la que rezamos por el otro, en que buscamos su sonrisa, su rato de diversión: en la medida en la que le amamos.

Ojalá este verano sirva para reconquistar corazones, para volver a empezar, para pedirnos perdón por los errores y querernos un poquito más. Os invito a la reconquista, al enamoramiento, a las mariposas…

Es verdad que algunos matrimonios quizá llegan ya muy pasados de rosca después de este curso tan duro, después del confinamiento, etc, etc; también para ellos hay esperanza porque Dios lo puede todo y en medio de ese matrimonio está también el Señor queriendo sanar heridas, reconciliar corazones, sólo hace falta querer: Y MERECE LA PENA.

Si es tu caso y no sabes por dónde empezar escríbeme por privado y te mostraré el camino. Amar es fácil si sabes cómo.

Rezo por vosotros, para que este verano sea un tiempo para darnos a los demás (también para los no casados). Un tiempo en el que con la ayuda de Dios saquemos sonrisas y alegría en quienes nos rodean.

Todos lo necesitamos. Ha sido un curso difícil y este verano toca disfrutar, olvidar y desconectar con quienes más queremos. ¡A por ello familias!

¿Por qué no debería comprarme lo que me dé la gana si tengo dinero para hacerlo?

Mis hijos me preguntan a menudo a ver si somos pobres porque cuando piden caprichos, grandes o pequeños, o cosas innecesarias normalmente no accedemos.

Nuestra respuesta para ellos es siempre la misma: no somos pobres, tenemos un techo, comida, calor, ropa, un colegio, un coche,… cosas que muchas otras personas no tienen. No nos parece justo gastar dinero en algo superfluo con lo que podemos ayudar a otros.

No hacen más preguntas. De hecho, están tan concienciados que el otro día quise comprarle unos zapatos nuevos a uno de ellos y se negó rotundamente porque él “ya tenía muchos zapatos” (¡tiene 3!)

No somos para nada ejemplares en esto. Es cierto que la teoría la sabemos y hay ciertas cosas que hacemos en casa por vivir esa pobreza de la que nos habla Jesús en el evangelio pero a menudo resbalamos como todos.

Un par de ideas para vivir la pobreza y la sobriedad en casa:

LA ROPA. Donar la ropa que está en buen estado y recibir la que otros puedan facilitarnos. Lo primero es sencillo, lo segundo cuesta más. Todos preferimos elegir la ropa de nuestros niños, ¡claro que sí! pero si tiene diez vestidos que le han pasado entre primas y amigas… no tiene sentido.

Mucha gente ve la ropa de segunda mano como algo de lo que avergonzarse, pero hay muchos motivos para empezar a hacerlo: por ecología, por sobriedad, por educarles en cuidar las cosas para que otros puedan también usarlas después, por justicia social…

Tengo dinero para comprarles varios modelitos a cada uno y que tengan zapatos a juego con cada estilo, pero en conciencia YO, creo que no tengo derecho a hacerlo.

Tenemos la suerte de tener un sueldo y un poder adquisitivo medio pero eso no quita que no debamos ajustarnos el cinturón para que, quien esté pasando necesidad, pueda recibir algo de nosotros y salir adelante.

Sé que es un tema muy personal -y por eso he dicho que YO en conciencia no debo. Pero al mismo tiempo creo que alguien debe abrirnos los ojos y recordarnos que al qué mucho se le dio mucho se le exigirá.

CAPRICHOS. Ahora me refiero a los de los adultos. Salir todos los días a tomar un café, una caña, hoy con pincho, hoy doblete… ¿y las VACACIONES? No te digo que no te las merezcas, esto es algo muy personal, pero cada vez se ven más fotos en Instagram de los sitios más paradisiacos del mundo. Es bueno pensar que si un año en vez de ir a todo tren hago unas vacaciones sencillas, puedo donar lo que no me he gastado en que alguien pueda comer durante diez años … ES PARA DARLE UNA VUELTA.

COMIDA. Tendemos a darles -por comodidad- bollería, chuches, comida rápida (Burguers, pizzas, pollo frito,…) gastándonos una fortuna en comida basura, enseñando a nuestros hijos que comer así es lo “normal”, quitándoles la posibilidad de asombrarse por cosas pequeñas.

Hace unos meses vino una amiga a vernos y a modo de detalle con los peques les trajo un huevo de chocolate para cada uno. Estaban felices con la sorpresa y me alegré mucho de que todavía con algo tan simple disfrutaran porque no es lo normal.

Muchos niños comen huevos kinder, pantera rosa o galletas de chocolate todos los días. Y eso, ademas de ser horrible para su salud es perjudicial para su sensibilidad y desarrollo.

¿Qué vas a regalar a ese niño cuando quieras sorprenderle? Tendrá que ser algo desorbitado porque si no será incapaz de apreciarlo.

Aunque no es ese el fundamento de la sobriedad creo que también es importante tenerlo en cuenta. Enseñarles a gastar menos para poder compartir más con quien lo necesite. Es de justicia. No somos nosotros los que merecemos este mundo y otros una vida de pobreza, nos ha tocado así para que unos cuidemos de otros.

Es el ser humano quien ha generado ese desequilibrio y tiene que ser él mismo -cada uno con lo que pueda- quien contribuya en la igualdad social.

Alguien tiene que decir BASTA YA y ¿quién mejor que cada uno de nosotros en nuestros hogares? Gasta lo que necesites, cuida lo que tienes y ahorra para compartir con quienes tienen peor suerte.

Cómo hacer que tu casa sea un hogar

Tengo una amiga en San Sebastián que me quiere un montón y, de vez en cuando, me invita a su casa a comer, a un café, a merendar, … ¡lo que sea con tal de vernos!

Vive en una zona “humilde” y su piso es bastante viejito pero está bien cuidado. Lo curioso es que siempre que voy siento ese calor de hogar tan guay que te hace no querer irte nunca; es tan acogedora que siempre quieres volver.

Y, lo que al principio me pareció que sería por la compañía (que también hace mucho, jaja!), después entendí que lo que se notaba es que en esa casa había amor. Se respiraba cariño por todas las esquinas.

Un jarrón con unas flores en una mesa, unas fotos familiares puestas con mimo en la pared, unos cojines bien colocados, … todo está puesto con mucho gusto.

Pero no es sólo una cuestión de decoración, es también el amor puesto en ese “hacer hogar”. Es el tener la cabeza puesta en los tuyos, en que cuando lleguen a casa se sientan bien.

Es también el olor a bizcocho recién hecho, a tortilla de patatas o a pescadito frito: el menú es lo de menos; cuando piensas en hacer feliz a tu familia, el llenar tu casa de pequeños detalles es la clave.

Y no hay que gastarse una fortuna, os aseguro yo que esta amiga es de las que tienen sus ahorros, pero dedica tiempo a su casa, piensa cada día cómo cuidar mejor a los suyos.

Y lo mismo da que sea verano que invierno, ojea unas revistas y se va con su marido de paseo; cogen unas piñas, unos palitos y cuatro castañas y ya tiene un ambiente otoñal en su casa que te recibe con los brazos abiertos.

Esa casa grita por los cuatro costados que hay amor en ella y, aunque nos de pereza y no apetezca mucho dedicarle un ratito, es bien cierto que con muy poco se consigue mucho y que merece la pena hacerlo.

Es una parte importante para la estabilidad familiar el que la casa esté agradable. Recuerdo cuando era niña y mi madre preparaba bizcocho para desayunar. Sólo oler el aroma me llenaba de emoción. Y ahora lo pienso y soy consciente de que esa alegría no era tanto por comer un trozo de bizcocho, como por el sentirme querida con ese regalo inesperado.

También mi padre nos traía algún detalle de sus viajes; siempre eran tonterías pero que se hubiera acordado de nosotros no tenía precio. Pienso ahora en mis hijos y me doy cuenta de que apenas invertimos tiempo en el hogar.

Estamos tan ocupados que las dejamos en un segundo plano pero las cosas materiales, aunque no son lo primero, sí son importantes para la familia. Cambiar un bombín por una lámpara, poner unas cortinas, colocar unos focos en el pasillo… son detalles que lo cambian todo.

¡Y yo quiero eso en mi casa! Por eso hoy me planteo cuánto tiempo dedico a que mi hogar sea agradable, a que los míos se sientan a gusto; a que se note que les quiero, a que haya calor de hogar en mi casa.

Para quienes tenéis más experiencia: ¿qué cosas ayudan a que una casa pase a ser tu hogar? ¿Algún truquito barato para las menos creativas? ¡Gracias mil!

Puedes encerrarte en tu dolor o sacarlo y ser feliz

No puedo esperar a compartirte el testimonio de Luis y Mariona, los papás de mi sobrino Iñaki. No son distintos a ti y a mí pero se dejaron abrazar por la Virgen cuando su primer bebé marchó al Cielo con tan sólo 8 meses de vida.

En realidad, desde que les dijeron que venía malito, en la semana 20 de embarazo, y la mejor opción parecía ser interrumpir el embarazo. Ellos tuvieron muy claro que ese hijo era suyo y que le darían todo su amor mientras pudieran.

Lo que a los ojos humanos era un disparate, seguir con un embarazo con malformaciones congénitas, se convirtió en el tiempo en la mayor locura de amor que jamás hayamos vivido.
Iñaki vivió 8 meses maravillosos, rodeado del cariño de sus padres, abuelos, amigos,… y su corta vida dio más fruto que muchas de las que llegan a la vejez.

Gracias a Iñaki comprendimos el sentido del sufrimiento, aunque él no sufrió nunca; la belleza del amor sin medida, sin condiciones: hasta que Dios quiera.

Y cómo cuando nos damos a los demás y luchamos por la vida, ésta nos devuelve el doble o el triple de lo entregado.

Lo que pudo haber sido un aborto -interrupción voluntaria del embarazo más que comprensible- se convirtió en una aventura maravillosa que nos ensanchó a todos el corazón y nos acercó el Cielo a la tierra.

Ayer volvimos a revivir esta locura de amor. Gracias Mariona y Luis por volver a compartir con nosotros aquellos momentos tan duros e increíbles al mismo tiempo. Gracias por demostrarnos que merece la pena decir sí a la vida y que los hijos son un préstamo temporal porque a quien realmente pertenecen es a Dios.

Fuisteis nuestro refugio entonces, con la gracia del Espíritu Santo, y lo habéis sido de nuevo con vuestro testimonio. No sólo para quien ve a un hijo morir sino para todos, porque el dolor y el sufrimiento van de la mano de la vida y ayer vuestras palabras fueron fortaleza para los que estamos en momentos de prueba (enfermedad, dolor, confinamiento…).

Un soplo de esperanza que lo inunda todo. Para veros una y mil veces y profundizar en el mensaje que Dios nos envía a través de vuestras palabras. GRACIAS

Dios no me pide imposibles

Esta frase ronda mi cabeza cada dos por tres en estas semanas de confinamiento: “Dios no me pide imposibles” porque es que os prometo que muchos días siento que no llego, que desbordo, que conmigo ha debido equivocarse porque yo para esto no valgo. Ya no puedo más.

Por las mañanas me levanto como una piedra -manos, brazos y piernas totalmente agarrotadas- me cuesta mucho arrancar (imagino que mucho tiene que ver el no poder salir a caminar). Pero mis hijos se levantan como rosas, con una energía que ¡ojalá se pudiera compartir! Así que desde antes de poner un pie en el suelo siento mi pequeñez y su capacidad.

Son niños maravillosos, la verdad es que no me puedo quejar: buenos todos y cada uno de ellos, “de altar” (os lo prometo); pero llevan mes y pico encerrados y sobre todo la pequeña, que es bastante movidita, ya no sabe por dónde salir: patinete por el pasillo, luego una pelota que acaba estrellada en un cristal, salta que te salta en el sofá (el contrabajo de la mayor acaba partido)…

Y podría seguir horas, pero no puedo reñirle (bueno, en el momento sale un buitre de mis entrañas que se la comería, jeje), le regañó un poco y luego le pido perdón porque la culpa no es suya… ¿qué puede hacer una niña de 3 años encerrada tanto tiempo? ¡Volverse loca!

En fin, volviendo un poco a la reflexión de hoy, de que Dios no pide imposibles, ni a mí ni a nadie, NUNCA; creo que es muy importante que nos lo recordemos a menudo. Yo ahora ya, empiezo el día mirando a la Virgen con cada de complicidad, le levanto las cejas, y le dejo caer un “¡hale, pues a ver tu Hijo que tiene para hoy!”.

Y luego, cuando empieza el jaleo de las tareas: mamá por aquí y por allá (a más no poder); que si “este enlace no funciona”, que si “qué tengo que hacer de mates” o que “no encuentro la goma”; “mami es que “me aburro”, “no lo entiendo”, “esto no me gusta”, “mamá ¿puedo usar el iPad?”, “¿puedo tv educativa?”, “pero ¿y yo cuándo me conecto a la clase mamá?”, “mami, y ¿puedo poner el yutúf?” …

Y todo esto con la pestaña pegada al ojo, en pijama, sin desayunar y con unos pelos de loca que no me reconozco ni yo, jaja!

Es que, de verdad, que yo ya miraba al cielo y decía: “¿es una broma?”. En serio, muy graciosos los memes pero lo del teletrabajo (mi marido out), la casa, la comida, profe de cuatro cursos distintos (de todas las materias), la compra, aprovechar para charlar con los hijos, para ordenar, para las manualidades, para rezar en familia, cocinar, lavar la ropa, fregar, … y no digamos ya cuando me llega lo de museos virtuales gratis o documentales educativos ideales para el confinamiento: ¡me parto de risa!, ¡que aquí no nos sobra ni medio segundo para nada!

Pues eso, que una va tirando hasta que ya no puede más y le dice a la una que hoy no hay mates, al otro que si no funciona el enlace no se hace el ejercicio y a la otra (la de 3) que coja el iPad, la tv educativa, los pinceles y lo que le de la gana. Yo queridas familias he tirado la toalla con los deberes.

Que cada uno haga lo que pueda pero yo he llegado a mi límite y prefiero un cero como profe, que un cero como madre y esposa. Así que ahí lo dejo. Y ahí es donde he descubierto que a mí Dios no me pide todo esto.

Me quiere alegre, divertida, juguetona y paciente; me quiere con mis niños -y con su papi cuando deja de trabajar. No quiere una casa súper limpia y ordenada (que no lo está, jaja!), ni unos hijos de sobresaliente. Quiere paz, en la medida de lo posible, y para eso es fundamental que yo NO me sienta desbordadísima.

Así que desde hoy, empezamos un nuevo confinamiento (que hasta ahora tampoco ha sido un horror, pero yo acumulo mucho y cuando reviento… ¡ay cuando reviento!: salpico pa’ todos lados).

Y lo más importante: sin remordimientos. Intentamos rezar en familia pero hay días que se hace imposible; intentamos no enfadarnos (pero a veces también se hace difícil); intentamos que la dieta no sea muy mala (pero nos esforzamos poco: si hay tanto a lo que renunciar, también hay mucho que compensar, jaja).

En fin. Que no somos perfectos, ¡no necesitamos ni debemos aspirar a serlo!; somos una familia muy normal y corriente, quizá con más limitaciones que otras por el número de hijos o las circunstancias personales, pero oye: yo miro al Cielo y Dios sonríe conmigo.

Y eso es lo único que debe importarnos. ¿Lo demás? ¡DIOS SE OCUPA!

Espero que estéis bien, me acuerdo de pedir por todos los que me leéis (y también por los que os gustaría pero la vida no os da para más). ¡Un abrazo y ánimo!

No hay Pascua sin Resurrección: ¡no lo olvides!

¡Qué Domingo de Ramos más impresionante! No hemos podido ir a la Parroquia a celebrarlo, ni procesionar con las Palmas antes de la misa pero Jesús no nos deja abandonados y nos habla hoy más que nunca al corazón.

Hemos preparado nuestros ramos, algo sencillo pero lleno de amor, y nos hemos puesto guapos para ver la Santa Misa por televisión (se han portado como siempre, no creáis que el estar en casa apacigua las bestias, jaja!) no hemos parado pero nos hemos unido a todos nuestros hermanos en la fe.

Y lo más impresionante: meditar la Pasión del Señor. El Evangelio de hoy, con su comentario de quenosdicehoyjesús se me ha quedado corto. ¡Habría seguido horas!

Estoy muy removida por dentro. Hoy soy algo más consciente de que la Semana Santa es nuestra propia vida -la tuya y la mía- ¿quién no tiene sufrimientos, preocupaciones, inquietudes por el futuro…? Y más que otras veces en este tiempo de cuarentena por el Covid…

Jesús el Domingo de Ramos sabía que empezaba lo más duro de su vida, y su Padre desde el Cielo lo sufría con Él. ¡Qué difícil tiene que ser para un Padre, poder detener la Pasión de su Hijo y no hacerlo por amor a nosotros! No le quitó nada, ni un respiro en el camino. Todo era necesario para que tú y yo nos salváramos.

Y ahora pienso en el confinamiento, en el cansancio de los sanitarios, de las familias que cuidan de sus hijos como pueden mientras teletrabajan, de los enfermos, de los fallecidos… TODO parece no tener ningún sentido (como cuando leemos tu Pasión y se nos desgarra el alma).

Pero sí lo tenía. Después de tu muerte ¡llegó la Resurrección! Una semana horrorosa frente a la salvación de nuestras almas. Una vida llena de sufrimientos a cambio de la Vida Eterna.

Yo elijo confiar en el Padre, como hizo Jesús. Saber que Él llora conmigo cuando no puedo despedirme de quien más quiero, cuando el agotamiento agarrota mis músculos, cuando el miedo me invade por completo, cuando la incertidumbre lo llena todo, cuando mis hijos me superan en energía y desorden.

En esta Semana Santa me abrazo a Ti, y quiero sufrir contigo todo lo que tu Padre -también mío- considere necesario para nuestra salvación y la del mundo entero. De nada nos sirve pasar por este mundo como si un jardín de flores se tratara si con eso perdemos el alma.

Aquí pasamos 30, 40, 50, 70, 90, 120 años… ¿qué es eso comparado con la Resurrección de la Vida? ¡Qué ganas tengo de ver tu rostro Señor! Estos días, muéstrame tu sufrimiento para que pueda unirme a Ti: ¡conviérteme y me convertiré!

Feliz y -sobre todo- SANTA Semana Santa. En unos días estamos en el Domingo de Pascua y celebraremos la gran Pascua de Resurrección, porque vana es nuestra esperanza y nuestro sufrimiento si no vemos a Cristo Glorificado en el Cielo.

Dios aprieta pero no ahoga. Recursos para la cuarentena

Y cuando creía que la cosa no podía empeorar, llegó el Coronavirus a nuestra ciudad y, con ella, el cierre de colegios y los niños en casa, jajaja! (Me río por no llorar)

Alguno puede pensar, ¡qué suerte que te pille de baja!, pero la realidad es que estoy de baja porque no puedo con mi alma… así que estos días atrás me he agobiado bastante sólo con pensar en tener a los peques encerrados conmigo en casa con lo mal que me encontraba.

Hasta que esta mañana, gracias a Dios, después de una semana en cama y sin fuerzas casi ni para ducharme, me he despertado mejor. Estoy tranquila y con una paz infinita. Viviendo cada momento y enseñándoles a los niños la importancia del hoy y ahora.

Mamá, ¿y podré decirle a Pablo que venga otro día?”, ¿y cuántos días estaremos sin ir al cole? ¿Pero tendremos las clases por internet? ¿Y las mismas horas o menos? ¿Y podré hablar con mis amigas por teléfono? Las voy a echar mucho de menos; y, y, y…”

¡¡¡Ay que agotamiento con tanta pregunta!!! Estaba ya cansada y sus preguntas empezaban a superarme así que les he explicado lo importante que es vivir el HOY y AHORA.

No sabemos cuántos días serán, ni cómo daremos las clases -el lunes empezamos- nos lo explicarán en un email desde el cole y haremos lo que podamos. No os agobiéis porque no sabemos nada. Dejemos que los acontecimientos de cada día nos vayan mostrando el camino”, les he dicho.

Por supuesto no se han calmado, jaja, pero yo sí. He repetido tantas veces “hoy y ahora” que creo que ha calado un poco más en mí y me ha llenado de paciencia.

No sé cómo será el lunes, no sé cómo me levantaré yo ni qué nos pedirán desde el colegio que hagamos: pero tengo MUCHA PAZ. Estoy completamente abandonada a la Providencia de Dios. Tengo la absoluta certeza de que esta locura tendrá su repercusión positiva porque cuando Dios permite algo: siempre saca abundancia de bien.

Así que viendo el panorama veo fundamental organizarnos para no volvernos locos. Soy bastante despistada y con la fatiga me cuesta mucho pensar así que este fin de semana va a ser el del hacer un plan de acción familiar.

Concretaremos un horario que se ajuste a nosotros, con sus ratos de clases, de música, de manualidades, de cocina,… un poco de tele, lectura, deporte. Os iré contando cómo va y ¡no dejéis de compartir vuestros tips para sobrevivir!

No lo tenemos fácil, es una situación que nunca antes hemos vivido así que vamos a buscar el lado positivo de las cosas: vamos a tener mucho tiempo para estar con los peques, para conocerles mejor, escucharles, discutir y pedirnos perdón, rezar juntos, jugar, …

Os comparto algunas ideas que me han llegado por redes y que pienso aprovechar al organizar nuestro planning: