Mírate con mis ojos. Amor del bueno

Hace poco, mientras charlaba un rato con Jesús, me pidió con cariño que me callara porque tenía algo importante que decirme. Asentí y sus palabras me hicieron tocar el Cielo. Son muy personales pero te las comparto, porque quizá tú también necesites oírlas.

Me haces sufrir. Te veo comparándote con tus amigas, con tus hermanas, con tus compañeras; sintiendo siempre que no estás a la altura. Ellas son más listas, más guapas, mejores madres, más pacientes… ¡más todo!

Y yo te miro y lloro. Porque tú eres la obra de mis manos. Mi joya preciosa, la niña de mis ojos. Y por más que te lo digo, no me escuchas. Te empeñas en escuchar a otros.

A otros que no te conocen, que no han vivido a tu lado desde el mismísimo momento de tu concepción. Que no te han creado pensando y deleitándose en cada una de tus pecas, virtudes y defectos.

Porque eso a lo que tú llamas defectos, yo los escogí para ti. ¡Son dones! Sólo tienes que mirarlos desde mi perspectiva. Verás que no sobran, que enriquecen tu personalidad, tu alma, tu todo.

Te digo esto y sigues ahí impasible. Tu corazón está cerrado. Tienes miedo al amor, a disfrutar, a vivir. A verte tan perfecta como yo te veo.

Y verte así me conmueve.

No apartes tu mirada de mí porque poco a poco la cercanía hará que puedas verte desde aquí.

¡Pero qué sufrimiento hasta que llegues! Saber que eres la flor más bella del jardín y que tú te veas como la mala hierba me deshace por dentro.

¡Mírame a mí! Quizá con vislumbrar tu reflejo en mis ojos sea suficiente para convencerte de lo mucho que te quiero, de lo perfecta que eres.

No imagináis lo que lloré

¡A ver quien se resiste a un amor tan profundo! ¡Qué cosas más bonitas me dices, Dios mío!

Y te las dice a ti también. Quizá estos días estés desanimado, cansado o como yo en plan negativo; ya ves que Jesús no nos deja solos, está siempre a nuestro lado y tira de nosotros cuando más lo necesitamos.

Hoy lloro de emoción porque aunque mi corazón no es capaz aún de acoger un amor tan grande me emocionan de nuevo sus palabras. Palabras de un Dios creador que me quiere tanto como para dar su vida por mí.

Y justo por eso no puedo negarme a sus palabras. No puedo dudar de su amor por mí. No puedo seguir pensando que no valgo, que no puedo, que no merezco. Porque Él ha pagado un alto precio por mí: ¡hasta la última gota de su sangre!

Gracias Jesús por quererme tanto. Por hablarme al corazón. Por estar siempre a mi lado. También yo quiero quererte, quiero hablarte y quiero acompañarte hoy y siempre.

Autor: inesita

Mujer, comunicadora y mamá de 4 angelitos. Apasionada del DIY, repostería, craft,... y bloggera desde hace nada. La familia y Dios son los pilares de mi vida. Creo firmemente que mi felicidad depende al 100% de mi relación con ambos así que dedico parte de mi día a cuidarlos, conocerlos y quererlos. ¡Y disfruto mucho compartiendo mis reflexiones con vosotros!

2 comentarios en “Mírate con mis ojos. Amor del bueno”

  1. ¡Qué preciosidad y emoción en tus palabras! Te entiendo perfectamente; hay un pensamiento instalado en mí permanentemente: no soy lo suficientemente buena, ni como hija, ni como madre, ni esposa, ni mujer. amiga….. sé que no es así y tengo la certeza del amor de Dios, gratuito, sin merecerlo, pero es como si no me lo creyera…. de todos modos, a mis cuarenta y siete años de lo poco que aprendido es que la vida es una continua lucha y que no podemos bajar la guardia; a veces parece fácil y otras tienes que violentarte a tí misma…¿ cómo es posible que de un día para otro pueda sentir a Dios a mi lado y otros días parece que ni nos hayan presentado… ?ese será el camino de la fe , digo yo… aún así no me imagino una vida sin Él; sería un sinsentido.
    Repasaré tus palabras y me detendré en ellas en la oración. ¡ Gracias Inés!

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    1. Gracias Maria del Mar, ¡qué reconfortante es saber que vamos todos a una, que estamos hechos de la misma pasta! Me gusta pensar que esa “ceguera” o dureza de corazón que no nos permite creerlo del todo y para siempre es la que desaparecerá cuando vayamos al Cielo. Es la huella del pecado original que corrompió nuestra naturaleza perfecta. Es por donde nos ataca el demonio para que desesperemos y nos separemos de Dios. ¡Pero Jesús no nos deja nunca! Perseverar y no desfallecer, con la confianza plena de que ese amor es real aunque yo no pueda verlo con nitidez. ¡Qué gusto charlar contigo!!!

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