Conociendo santos: Santa Faustina Kowalska

Hoy es su fiesta y aunque es tarde no me resisto porque para mí, Santa Faustina Kowalska, es una de mis santas favoritas pero si me hubierais preguntado por ella hace dos años os diría que ni idea de quién era. Tengo la sensación de que Dios quería que me cruzara con ella porque no ha parado de enviarme mensajeros ¡desde hace años!

El primer recuerdo que tengo es de cuando mi abuela paterna estaba agonizando en el Hospital. Coincidió que una amiga estaba ese día en la misma ciudad y, cosas de la vida me llamó para ver qué tal estaba.

Al contarle la situación no dudó en acercarse (el hospital en concreto está a tomar viento de todo), y me dio un papelito, un tríptico con un Jesús de portada, para que rezáramos una oración a los pies de mi abuela: “la Coronilla de la Misericordia”.

Y así lo hicimos. Esa noche mi abuela se fue al Cielo directa porque -además de por sus méritos- Jesús le prometió a Santa Faustina que quien rezara la coronilla ante un moribundo “Yo le defenderé como mi propia gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte o cuando los demás la recen junto al agonizante“.

Me quedé con una paz indescriptible. Volvimos a casa y el papelito se perdió entre libros y papeles (soy un poco caótica). Me olvidé por completo de la Coronilla y de Santa Faustina.

Tiempo después otra amiga me preguntó si yo rezaba la Coronilla de la Misericordia y le dije que había oído algo pero que no terminaba de entender cómo se rezaba. A los meses me puse a ello pero lo hice mal: rezaba la Coronilla después de cada misterio del Rosario y aquello se me hacía eterno.

El año pasado llegó a mis manos por casualidad un libro con algunas frases que Jesús transmitió a la Santa. Aluciné. Tanto que compré un montón de libros para regalar porque hablaba tan sumamente bien de la Misericordia de Dios que me llegó al alma (aún tengo alguno por si alguien quiere uno).

Como veis no os estoy hablando de la vida de Santa Faustina sino de la Divina Misericordia y es que Jesús la eligió a ella para recordarnos a todos los cristianos el Rostro Misericordioso de Dios y que debemos dirigirnos al Padre solicitándosela; para que con nuestras súplicas se apiade de quienes más lo necesiten.

Ayer precisamente fuimos al Cine a ver su película. Nos emocionó. Todavía estáis a tiempo de verla. También existe un libro (debe de ser el bueno) que yo aún no me he leído que es su Diario.

Qué no os pase como a mí, que me he tirado años sin enterarme de la fiesta. Vete al cine, lee, busca, y haz lo que Jesús le pidió a Santa Faustina Kowalska y nos dice hoy a ti y a mí.

Enlace para saber cómo rezar la Coronilla de la Divina Misericordia

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Mírate con mis ojos. Amor del bueno

Hace poco, mientras charlaba un rato con Jesús, me pidió con cariño que me callara porque tenía algo importante que decirme. Asentí y sus palabras me hicieron tocar el Cielo. Son muy personales pero te las comparto, porque quizá tú también necesites oírlas.

Me haces sufrir. Te veo comparándote con tus amigas, con tus hermanas, con tus compañeras; sintiendo siempre que no estás a la altura. Ellas son más listas, más guapas, mejores madres, más pacientes… ¡más todo!

Y yo te miro y lloro. Porque tú eres la obra de mis manos. Mi joya preciosa, la niña de mis ojos. Y por más que te lo digo, no me escuchas. Te empeñas en escuchar a otros.

A otros que no te conocen, que no han vivido a tu lado desde el mismísimo momento de tu concepción. Que no te han creado pensando y deleitándose en cada una de tus pecas, virtudes y defectos.

Porque eso a lo que tú llamas defectos, yo los escogí para ti. ¡Son dones! Sólo tienes que mirarlos desde mi perspectiva. Verás que no sobran, que enriquecen tu personalidad, tu alma, tu todo.

Te digo esto y sigues ahí impasible. Tu corazón está cerrado. Tienes miedo al amor, a disfrutar, a vivir. A verte tan perfecta como yo te veo.

Y verte así me conmueve.

No apartes tu mirada de mí porque poco a poco la cercanía hará que puedas verte desde aquí.

¡Pero qué sufrimiento hasta que llegues! Saber que eres la flor más bella del jardín y que tú te veas como la mala hierba me deshace por dentro.

¡Mírame a mí! Quizá con vislumbrar tu reflejo en mis ojos sea suficiente para convencerte de lo mucho que te quiero, de lo perfecta que eres.

No imagináis lo que lloré

¡A ver quien se resiste a un amor tan profundo! ¡Qué cosas más bonitas me dices, Dios mío!

Y te las dice a ti también. Quizá estos días estés desanimado, cansado o como yo en plan negativo; ya ves que Jesús no nos deja solos, está siempre a nuestro lado y tira de nosotros cuando más lo necesitamos.

Hoy lloro de emoción porque aunque mi corazón no es capaz aún de acoger un amor tan grande me emocionan de nuevo sus palabras. Palabras de un Dios creador que me quiere tanto como para dar su vida por mí.

Y justo por eso no puedo negarme a sus palabras. No puedo dudar de su amor por mí. No puedo seguir pensando que no valgo, que no puedo, que no merezco. Porque Él ha pagado un alto precio por mí: ¡hasta la última gota de su sangre!

Gracias Jesús por quererme tanto. Por hablarme al corazón. Por estar siempre a mi lado. También yo quiero quererte, quiero hablarte y quiero acompañarte hoy y siempre.