El mejor regalo para tus hijos

Se acerca la Navidad y esta semana hablamos mucho del nacimiento de Jesús, de su sentido y de porqué debemos estarle muy agradecidos.

Ayer tuvimos el bautizo del hijo de unos amigos y cuanto más avanzaba la ceremonia más consciente era de lo que allí estaba pasando y del regalo que supone bautizar a nuestros hijos. Lo creáis o no, me di cuenta de que el día del bautizo es más importante de su vida (aunque quizá no lo sepa nunca -yo me enteré hace bien poco de todo lo que pasa con el Sacramento del Bautismo).

El bautismo no es sólo un rito de la Iglesia para dar la bienvenida a un nuevo miembro o acoger una nueva vida en la comunidad de manera simbólica.

Cuando un bebé nace es una criatura humana, terrenal, que pertenece a este mundo -con un principio y un final. Ese era nuestro destino después de que Adán y Eva rompieran toda relación con Dios. Nos lo ganamos a pulso queriendo ser dioses.

Pero al nacer Jesús, en el seno de una familia, en el vientre de una mujer, desde la primera célula hasta su nacimiento; su infancia, su juventud: como cualquier otro humano, sin ahorrarse nada: Jesús cambió nuestro destino.

Nos elevó a la categoría de Dios regalándonos una dignidad que antes no poseíamos. Pero es aún más alucinante: con su muerte, al bajar al infierno (donde iban todos los difuntos al morir hasta entonces pues el cielo estaba cerrado para nosotros por el pecado original) y salir de él, nos abrió las puertas del cielo, haciéndonos hijos suyos.

En el bautismo lo que hacemos es morir a esta vida terrena para volver a nacer a la Vida de Dios; una Vida que nunca termina. Pasamos a ser ciudadanos del cielo.

A los primeros cristianos se les sumergía en el agua completamente como signo de ese nuevo renacer a una nueva Vida. Con el agua del bautismo se nos limpia el pecado original y nacemos de nuevo, pero esta vez divinizados, siendo hijos de Dios por el Bautismo.

De ahí que Juan el Bautista bautizara con agua y anunciara la llegada de Jesús, quien nos bautizaría con el Espíritu Santo, como así fue. La tercera persona de la Santísima Trinidad habita en cada bautizado: nos diviniza, nos hace partícipes de su condición divina.

Es alucinante (y una pena que mucha gente piense que es sólo una fiesta o celebración de bienvenida). Lo que sucede en esa media hora es para volverse loco de amor por Jesucristo; sin su muerte y Resurrección no tendríamos opción de entrar en el Reino de los Cielos. Seguiría cerrado para nosotros, por la gravedad del pecado cometido por nuestros padres.

Y después de sufrir un calvario insoportable por ti y por mí, y morir en la Cruz: ¡nos da libertad para decidir si queremos formar parte de su familia, de la familia de Dios o no!

Me da mucha pena la cantidad de padres que deciden pasar del Sacramento del Bautismo para sus hijos. “Ya elegirán de mayores”, me dicen. Es la ignorancia, en muchos casos, de no saber cómo de impresionante es lo que pasa en el bautismo. El regalo que supone abrir las puertas del cielo a tu hijo.

Se acerca la Navidad, tiempo de agradecimiento, de contemplación; de mirar al Niño y darle gracias por sufrir lo insufrible para reparar la herida del pecado original. Ese Niño nace para salvarte a ti y a mí. Aprovechemos estos últimos días para pensar en ello.

¿Dónde estabas cuando más te necesité?

Esta es una de las preguntas que más a menudo nos hacemos los católicos cuando algo malo sucede en nuestras vidas o en las de quienes nos rodean: ¿dónde estás, Jesús? ¿No ves el sufrimiento que nos genera esto?

La respuesta es sólo una: estoy en la Cruz dando mi vida por ti, para que ese dolor que sientes tenga sentido, para que sepas cuánto te quiero, que en los momentos más duros no te dejo, al revés, los sufro contigo.

Meter a Dios en tu vida supone dejar que sea Él quien lleve el timón, lo que no significa que vaya a tirarte por una cascada para que sufras sino que cuando lleguen, -porque la vida está llena de cascadas, rápidos y troncos cruzados- sabrá ayudarte a manejar la situación para que no te hundas.

Es una cuestión de confianza, precisamente por esto, porque muchas veces vivimos con Dios “por tradición”: procuramos ir a misa, llevarles a un colegio católico, que recen por la noche o antes de empezar las comidas…, y eso está genial. Pero todo eso no tiene sentido si de fondo no está lo más importante: la amistad con Jesús.

NECESITAS UN CAMBIO

Por eso es el momento de cerrar los ojos y soltar las riendas de verdad. Pero de verdad de la buena:

¡Deja que sea Él quien se ocupe, sin miedo, tú no puedes hacer nada más y Él lo puede todo: ahora te toca confiar!
¡Dios está sufriendo contigo!, ayudándote a llevar lo mejor posible esa situación y sacando el máximo BIEN de tu dolor, para que éste tenga sentido.

Porque es ahí, en esas circunstancias en las que no entendemos nada, cuando la confianza se pone a prueba. Es cuando más necesitamos a ese mejor amigo (¡el mismo al que nos sale culparle si las cosas no salen como esperábamos!). Pero es que hay tanto detrás de esa situación, que nosotros desconocemos, pero que Él sí ve y por eso lo permite, que nos toca confiar como niños.

CONFIANZA

Como decía antes, enseguida culpamos a Jesús porque no hace lo que queremos pero ¿somos conscientes de lo mal amigos que somos nosotros con Él a veces?

Le damos plantón porque nos complicamos la vida, el trabajo, los niños, los amigos, la compra… y al final del día: “Dios, lo siento pero hoy no me ha dado tiempo ni de saludarte”

Pero Dios NO SE ENFADA CONTIGO NUNCA, ni tampoco se pone en plan “es que no te importo”, “pasas de mí descaradamente”, “yo te esperaba y no has venido”… NO. Jesús te abraza, te comprende y te consuela; porque ve la sinceridad de tu corazón.
Te conoce mejor que tú a ti mismo y ese conocimiento hace que te perdone un día y otro durante toda la vida.

Y eso, ¡aún sabiendo que no has ido a verle porque no te apetecía, porque te ha llamado alguien para quedar y el plan molaba o simplemente porque te has quedado en el sofá, con la mantita viendo la tele! Sabe perfectamente que no ha sido nada importante lo que te ha impedido ir a verle, pero te quiere como eres y sabe que te gustaría hacerlo mejor. ¿Se puede ser mejor amigo? ¡Apóyate en Él y aligera tu carga!

Existe la alternativa de cabrearte con Dios y amargarte el resto de tu vida, puedes vivir así, eres libre de hacerlo.

Pero te digo por experiencia que cuando dejas que Dios forme parte de tu vida, entra de lleno en ella llenándola de luz; la vida tiene otro color, otra dimensión, otra perspectiva mucho más apacible e impresionante. El estrés desaparece porque Dios es mi amigo, mi Padre, Quien más me quiere y está siempre velando por mí. No tengo nada que temer.

¿Has vivido tú alguna vez una situación difícil? ¿Cómo reaccionaste? ¿Te acercó o te alejó De Dios?

El resto de madres no son mejores que tú, son diferentes

¡Cómo nos fastidia a las mujeres que haya una, que después de dar a luz, siga estupenda; o esa que siempre llega a todo súper puntual, con sus niños estupendos y ella impecable. Y el colmo de los colmos: la que siempre tiene bizcocho o repostería casera en la cocina!

Nos fastidia porque nos comparamos y nos sentimos muy inútiles porque llegamos siempre tarde, dejando la casa patas arriba y con varios hijos sin peinar. Es frustrante pero sólo si te comparas de tú a tú como si las dos, por el hecho de ser madres, debierais llegar a lo mismo. Y no es así.

¡Somos todas diferentes! Y a cada una de nosotras nos pensó Dios con nuestros talentos y defectos; compararnos con el resto sólo hace que nos sintamos inferiores al ver sus dones, que no son los tuyos.

Pero lo que no ves tú son sus defectos; igual que ella pensará que tú eres la madre más guay porque saltas a la comba con tus hijos, jugáis a pillar o salís a la montaña todos los fines de semana.

Somos tontas. Ya lo siento pero es así. Jesús nos ha creado a cada una diferentes para que, poniendo nuestros talentos al servicio de los demás, la comunidad sea más rica y nos complementemos.

Quizá desde el inicio del curso, con tanto caos de los horarios de colegios, normativas en el trabajo, la incertidumbre… no has tenido tiempo de pararte y pensar, y esto es algo que TODOS DEBERÍAMOS HACER.

Puede ser en septiembre, en enero o cuando a ti te de la gana pero haz una lista de 20 cosas buenas de tu vida. Cuando termines, piensa en cuáles puedes compartir con los demás y ayudarles con tus talentos.

Es una gozada de ejercicio porque muchas veces creemos que somos lo peor y, cómo ya dijimos una vez, “Eres la mejor madre que tus hijos podían tener”. Necesitas esos dones y no otros para llevar a tu marido y a tus hijos al cielo, y por supuesto a ti misma.

Así que fuera comparaciones, aceptemos con alegría que todos somos y diferentes y tenemos mucho que aportar. Somos imprescindibles en nuestra familia y en la sociedad tal como somos.

¡Cómo cambia esta casa cuando tú estás en ella!

Qué curioso que hasta que mi marido no me dijo “cariño, ¡no sabes cómo cambia esta casa cuando tú estás ten ella!” al volver del hospital, yo no era para nada consciente de lo importante que es que una madre esté presente, que se le vea en casa, disponible, incluso cuando no puedes hacer nada porque estás enferma.

A los niños les brillan los ojos de felicidad y su sonrisa se vuelve plena; incluso su actitud cambia a mejor cuando te ven aparecer por la puerta.

Oír esto impresiona, sobre todo cuando estás pasando una depresión que te dice que no vales nada y que todo sería mejor sin ti; que sólo molestas.

Pero la verdad es que una madre, aunque no haga nada, hace mucho. Su presencia lo cambia todo. Es mejor que esté, aunque sea enferma, que qué no esté. Suena a perogrullada pero yo no lo veía así, más bien al contrario: me veía como un estorbo.

Y gracias a mi marido -y a mi director espiritual , que llevaba meses diciéndomelo y yo no me enteraba- hoy soy consciente de lo importante que soy en mi familia, ¡que Dios quiere hacer cosas muy grandes a través de mí en mi marido y en mis hijos!

Realmente no tiene ningún sentido que no lo viera. Veo cristalina la acción del Espíritu Santo cuando escribo, cuando hablo con amigas, a través del blog, en Instagram, con el dolor,… pero ¿en mi casa? NADA. Como si no estuviera.

¡No se puede estar más ciega! ¡Cómo no va a actuar el Señor a través de ti en tu familia si ellos son el camino de tu santidad! Dios te ha llamado a la vocación matrimonial y es ahí donde más sentido tiene tu vida, ¡para lo que Dios te creó desde toda la eternidad!

Ahora por fin lo veo. Y, aunque sé que me va a costar mucho porque sigo con dolores, cansada, …etc, etc, etc y voy a sentirme “inútil” por no poder echar una mano con los peques o recogiendo la cocina no me siento sola y sé que ahí sentadita, Dios está santificando a mi familia.

Es una gozada saber que no voy sola, que cuento con la ayuda de Dios. Que va a ser Él quien me haga ser de verdad la mejor madre de mis hijos y la mejor esposa de mi marido (lo pongo al final porque querer a mi marido no me cuesta nada, pero la paciencia con los peques MUCHO, jeje).

Hace muy poquito volví a recordar ese apoyarme en Cristo; no quedarme en la desesperación de que los niños me superan, de que no sé manejarles, de que me torean cosa fina y pierdo los nervios enseguida.

Se nos olvida muy fácil que en esta tarea no estamos solas (ese es el demonio que quiere hundirnos en la desesperación y hacernos sentir que no valemos para ser madres).

La vocación Cristiana, nuestra obligación de educar a nuestros hijos amándoles y cuidándoles sin medida no es algo que podamos hacer solos: necesitamos la ayuda De Dios.

¡No estoy sola! Y tú tampoco. Jesús está deseando que abandonemos nuestra labor de madres/padres en Él y que volvamos a sonreír porque Él hará lo que nosotros no podamos. No es una varita mágica ni mucho menos pero es confiar, desahogarnos con Él y decirle “Jesús te toca, que también son tuyos”.

Y no olvidemos nunca esto: ¡CÓMO CAMBIA LA CASA CUANDO TÚ NO ESTÁS!

Porque cuando mamá está en casa todo cambia

Conociendo santos: Santa Faustina Kowalska

Hoy es su fiesta y aunque es tarde no me resisto porque para mí, Santa Faustina Kowalska, es una de mis santas favoritas pero si me hubierais preguntado por ella hace dos años os diría que ni idea de quién era. Tengo la sensación de que Dios quería que me cruzara con ella porque no ha parado de enviarme mensajeros ¡desde hace años!

El primer recuerdo que tengo es de cuando mi abuela paterna estaba agonizando en el Hospital. Coincidió que una amiga estaba ese día en la misma ciudad y, cosas de la vida me llamó para ver qué tal estaba.

Al contarle la situación no dudó en acercarse (el hospital en concreto está a tomar viento de todo), y me dio un papelito, un tríptico con un Jesús de portada, para que rezáramos una oración a los pies de mi abuela: “la Coronilla de la Misericordia”.

Y así lo hicimos. Esa noche mi abuela se fue al Cielo directa porque -además de por sus méritos- Jesús le prometió a Santa Faustina que quien rezara la coronilla ante un moribundo “Yo le defenderé como mi propia gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte o cuando los demás la recen junto al agonizante“.

Me quedé con una paz indescriptible. Volvimos a casa y el papelito se perdió entre libros y papeles (soy un poco caótica). Me olvidé por completo de la Coronilla y de Santa Faustina.

Tiempo después otra amiga me preguntó si yo rezaba la Coronilla de la Misericordia y le dije que había oído algo pero que no terminaba de entender cómo se rezaba. A los meses me puse a ello pero lo hice mal: rezaba la Coronilla después de cada misterio del Rosario y aquello se me hacía eterno.

El año pasado llegó a mis manos por casualidad un libro con algunas frases que Jesús transmitió a la Santa. Aluciné. Tanto que compré un montón de libros para regalar porque hablaba tan sumamente bien de la Misericordia de Dios que me llegó al alma (aún tengo alguno por si alguien quiere uno).

Como veis no os estoy hablando de la vida de Santa Faustina sino de la Divina Misericordia y es que Jesús la eligió a ella para recordarnos a todos los cristianos el Rostro Misericordioso de Dios y que debemos dirigirnos al Padre solicitándosela; para que con nuestras súplicas se apiade de quienes más lo necesiten.

Ayer precisamente fuimos al Cine a ver su película. Nos emocionó. Todavía estáis a tiempo de verla. También existe un libro (debe de ser el bueno) que yo aún no me he leído que es su Diario.

Qué no os pase como a mí, que me he tirado años sin enterarme de la fiesta. Vete al cine, lee, busca, y haz lo que Jesús le pidió a Santa Faustina Kowalska y nos dice hoy a ti y a mí.

Enlace para saber cómo rezar la Coronilla de la Divina Misericordia

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4 claves para superar con éxito la vuelta al cole

Nunca me imaginé escribiendo sobre la “vuelta al cole” porque soy bastante desorganizada: todo para el último momento, tanto buscar la mejor oferta en zapatos me quedo sin talla y empiezan el curso sin zapatos, los libros no llegan, la falda es muy larga… y podría seguir horas, jeje!

Y a este curso 2020-21 se le suma la pandemia y su incertidumbre en torno al efecto que tendrá en las clases, los horarios, extraescolares, materiales… y a tantas otras cosas. Si septiembre siempre es una locura, este curso el agobio es aún mayor.

El viernes en Pamplona salió la noticia de que los centros navarros a partir de octubre tendrán jornada continua.

Os podéis imaginar qué fue lo siguiente: estado de shock absoluto; empezó a palpitarme el corazón a mil por hora, presión en el pecho, falta de aire,… ¡y todo eso sin siquiera pensar en el tema en cuestión!

Necesitaba salir de casa. Calmarme. Me tomé la medicación prescrita para momentos de crisis y como justo daban las ocho, entré en una iglesia cercana en la que empezaba la celebración de la Santa misa. Al terminar la celebración estaba mucho más tranquila y además el evangelio del día me ayudó muchísimo.

Una voz fuerte en mi interior me dijo:

¿En serio no sabes cómo vas a sobrevivir a este inicio del curso? Yo no entendía muy bien por dónde iban los tiros, pero enseguida llegó la respuesta: Igual que siempre. Igual que lo hiciste cuando comenzó el confinamiento, cuando los peques “teletrabajaban” y los padres intentábamos hacer lo mismo; igual que cuando la depresión llegó a tu vida y tantas otras veces que siempre se solucionaron ¿Ya se te ha olvidado?

Aquellos momentos fueron de pánico absoluto. De un estrés brutal. Pero salimos adelante. Y es verdad, nos infravaloramos. ¡Date la enhorabuena por superarlos!

CLAVES PARA SUPERAR EL INICIO DEL CURSO SIN AGOBIARTE:
1. TRANQUILIDAD. La situación no será fácil pero podremos con ella porque ¡SIEMPRE HEMOS SUPERADO LOS OBSTÁCULOS!

Yo he tomado la decisión de no agobiarme e ir viendo -dejarme llevar en función de los acontecimientos. Sin agobios, poco a poco. ¿Que no hay cole por el Covid?, ¡pues ya veremos entonces las soluciones posibles!, pero hasta entonces alegría y paz.

Voy a gastar “poco” en zapatos y material escolar porque pinta que igual los usarán poco (y si luego necesitan más: ¡pues ya compraremos!).

2. CONFIANZA. No precisamente en las autoridades (lo siento pero hace mucho que no pongo mi futuro ni mi vida en sus manos). Confiar en el Señor. No sé de ninguna crisis de la que no haya sacado cosas maravillosas, así que, démosle sentido a esta locura ofreciéndosela a Dios por alguna intención concreta (os propongo hacerlo por mi amigo Miki, que está muy malito y necesita mucho apoyo)

3. PRESENTE. Echa la vista atrás: ¿no te parece que siempre hemos salido adelante? ¿Cuántas veces nos hemos agobiado por muchas cosas que luego no sucedieron? ¡No te estreses antes de que llegue el problema y disfruta del hoy y ahora.

4. AUTOESTIMA. ¿Cuando ha ido todo tan mal que no ha tenido arreglo? La vida está llena de retos, de crisis, que nos hacen crecer y aprender. Aprovechemos esta nueva normalidad escolar para llevarla con optimismo; que nuestros hijos vean que no se acaba el mundo porque cambie el modo de enseñanza. Estoy segura de que ya lo has hecho otras muchas veces sólo que en esta puedes adelantarte y ahorrarte el agobio previo.

En fin, no sé si he ayudado a alguien. A mí me ayuda, jaja! A ver si lo consigo, que luego siempre viene Paco con las rebajas y me pongo nerviosilla, pero al menos lo voy a intentar y de momento hoy tengo un modo zen que no os podéis imaginar (y eso que además la nevera está vacía y no hay nada de nada para comer).

Bueno, resumiendo: que saldremos de esta como de todas, con tranquilidad y poniendo todo de nuestra parte en casa y en el cole, en el trabajo y con mucha paciencia. Y el que quiera, dándole un sentido sobrenatural haciéndolo con alegría por mi amigo Miki.

Mucho ánimo en este inicio de curso tan incierto y lo dicho: ¡que no cunda en pánico que siempre salimos adelante!

Pd. También darás ejemplo a tus hijos si no pones a parir al cole, a los profes, o a quien sea delante de ellos, es muy tentador pero no les hace ningún bien.

Necesito a tu madre

Estoy en el Santuario de Fátima y descubro aquí, gracias a Ella, que para llegar más rápido y mejor a lo más profundo de mi alma ¡necesito a tu Madre, a la Santísima Virgen!

Es muy cierto que le tengo devoción e intento rezar el Rosario cada día, pero no puedo negar que cada vez más me digo a mí misma: “¿para qué ir a ver a la Virgen si tengo aquí al mismísimo Dios en la Eucaristía?”

Imagino que no me equivoco al pensar que Dios, Cristo en la Eucaristía, es más importante; y por qué no, también más grande y atractivo que una mujer (sin mancha original), pero al fin y al cabo una mujer de carne y hueso, como yo.

Donde hoy descubro que cojea mi actitud, mi pensamiento, mi sentir es en que María es la Madre de Dios y también Madre mía. Que Ella derrocha Misericordia y ternura como buena madre; enseguida se lanza a mis brazos cuando tropiezo y si le pido algo, no tardará en hacer todo lo posible para interceder ante su Hijo.

Cuando tengo estos flechazos no sé si soy capaz de transmitiros cómo late mi corazón al descubrir que aún hay más, porque Dios es infinito -inabarcable-. Es como quien cree haber entendido cómo funciona una máquina y ¡resulta que sólo ha visto una parte de la fachada!

En este lugar santo, agradecida por haber podido venir con mi familia, siento a la Virgen llamándonos con fuerza a rezar por la purificación de los corazones. A mortificarnos, a sufrir los dolores de la enfermedad, del cansancio o de la soledad (los que sean) junto a Jesús y ¡a través de María!

Que no falte nunca en tu boca un Avemaría y en tu bolsillo un Rosario para agarrarte con fuerza a él si la tentación de mandar a paseo a alguien se asoma, o las ganas de comer demasiado, o de criticar, o de gritar a los peques “¡que ya está bien!”, o… (pon tú lo que a ti te cueste) y verás como Ella te lleva en brazos junto a su Hijo.

Que tus Rosarios no sean palabras vacías, la Virgen nos llama con insistencia a la Purificación, a la penitencia. ¡Cada Avemaría debe salir de las entrañas de tu corazón pidiendo piedad por ti, por tus pecados y por los de toda la humanidad!

A mí Jesús me enamora en la Eucaristía y cuanto más tiempo paso ante el Santísimo Sacramento más quiero volver; la Virgen sin embargo, es a quien acudo cuando algo malo pasa, para pedir por alguien enfermo, o por un trabajo, una amiga,… y es que María tiene ese punto maternal que no tiene Jesús, por eso cuando ante el peligro, cuando me caigo, voy a sus brazos.

Pero Ella quiere más. Nos lo ha pedido en Fatima, en Lourdes, en Guadalupe,… SIEMPRE nos dice lo mismo: ¡rezad el Santo Rosario! ¿A qué esperamos? A rezarlo y a ponernos bajo su manto y dedicarle miradas de afecto durante el día cuando entramos en una habitación y la vemos ahí colgada en la pared. ¡María quiere tu corazón y el mío enamorados como una niña de su madre!

Y los quiere (nuestros corazones) para purificarlos y llevarlos a su Hijo. No le hagamos esperar y llenemos nuestro día de jaculatorias, piropos, miradas y avemarías!

No os voy a negar que este sitio es especial y que una vez más, el Señor ha estado muy grande conmigo (con nosotros). Espero haberos tocado el corazón como la Virgen lo ha hecho conmigo.

¡Dios os bendiga!

¿Qué es lo más importante del verano?

Durante las vacaciones de verano es muy frecuente cambiar de domicilio, de rutinas, de compañía… En nuestro caso pasamos bastante tiempo con la familia por lo que hay que adaptarse a los horarios y ser flexibles con la falta de rutina.

A mí esto no me supone ningún esfuerzo pero soy muy consciente de que tanto desorden consigue que no pueda ir a misa, pasar un ratito a solas con el Señor, rezar el Rosario… hacer en definitiva lo que en mi día a día me gusta hacer: estar con Dios y dejarme abrazar por Él.

El caso es que ayer fui a charlar con mi director espiritual. Me había preparado bien algunas cosas que quería preguntarle y otras que quería pedirle, así que llegó el momento de la gran cuestión: ¿cómo hago para que Dios esté en mi vida este verano? ¿Podría rezar por mí para que no abandone al Señor en este tiempo?

La respuesta del sacerdote me abrió los ojos: Inés, el verano está para que mimes a tu marido, para que tengas detalles con él. Tu cónyuge ha de ser lo primero en estas vacaciones porque en él está Cristo. Y tu vocación es amar a Dios a través de tu marido.

¡Vaya lección! Me dejó anonadada. ¡Qué razón tenía! Durante el curso, con los peques, el cole, el trabajo, extraescolares, amigos, compromisos,… apenas hay tiempo para que los esposos nos miremos, nos preocupemos por el otro como el centro de nuestra vida que son.

Al menos yo pensé que tenía razón, que este verano era el mejor momento para volver a coquetear con él, para reírnos, leer juntos, disfrutar y pensar en el otro.

¿No os parece precioso? Tenemos una vocación tan grande que se manifiesta y crece en la medida en la que rezamos por el otro, en que buscamos su sonrisa, su rato de diversión: en la medida en la que le amamos.

Ojalá este verano sirva para reconquistar corazones, para volver a empezar, para pedirnos perdón por los errores y querernos un poquito más. Os invito a la reconquista, al enamoramiento, a las mariposas…

Es verdad que algunos matrimonios quizá llegan ya muy pasados de rosca después de este curso tan duro, después del confinamiento, etc, etc; también para ellos hay esperanza porque Dios lo puede todo y en medio de ese matrimonio está también el Señor queriendo sanar heridas, reconciliar corazones, sólo hace falta querer: Y MERECE LA PENA.

Si es tu caso y no sabes por dónde empezar escríbeme por privado y te mostraré el camino. Amar es fácil si sabes cómo.

Rezo por vosotros, para que este verano sea un tiempo para darnos a los demás (también para los no casados). Un tiempo en el que con la ayuda de Dios saquemos sonrisas y alegría en quienes nos rodean.

Todos lo necesitamos. Ha sido un curso difícil y este verano toca disfrutar, olvidar y desconectar con quienes más queremos. ¡A por ello familias!

Tú y yo

Esta mañana andaba yo con mucho sueño, me dormía de pie literalmente en misa, así que al salir me he tomado un buen café y, como cada día, me he acercado a Adora (te pongo enlace por si no sabes lo que es) para estar con Jesús un ratito.

Tenía taaaanto sueño que he cerrado los ojos y le he dicho: “aquí estamos, Jesús, un día más, tú y yo”. “Tú-y-yo” me he repetido pensativa. Qué tres palabras más sencillas y comunes pero ¡qué fuerte que las esté usando con Dios mismo!

A ver, decirnos “tú y yo” es ponernos al mismo nivel, cómo si fuéramos dos iguales y obviamente no lo somos. ¡Que es Dios quien está ahí expuesto en la Custodia!
Y pensar que nunca me había parado en este detalle…

A un rey le diríamos “su alteza” o “eminencia” u otros términos que se utilizan para destacar que la persona que tenemos delante merece nuestro respeto y consideración porque es mucho más importante que nosotros.

Pero Jesús, siendo Dios mismo, no quiere que le tratemos con unos títulos tan rimbombantes que lo que pretenden es marcar las diferencias entre el “mundano” y el de la “alta sociedad”. Porque Él se hizo hombre entre los mundanos precisamente para que pudiéramos acercarnos a Él.

Así que vuelvo a mi ratito de oración con Jesús y -tras lanzarle una sonrisa pícara- le he dado las gracias por dejarme estar con Él cuando quiera, por esconderse en un trocito de pan que por sí mismo no vale nada. Y por descubrirme estos detalles, como el de “tú y yo”, qué me enamoran aún más de Ti.

¡Cómo te gusta sorprenderme con detalles como este! Llevo hablando contigo años de tú a tú y nunca me he dado cuenta del trasfondo que tenían, ¡que tienen! Porque sigues ahí en el altar para que yo pueda estar contigo.

Soy consciente de que es una bobada, un matiz, pero los detalles de los amigos siempre hacen una ilusión tremenda y este descubrimiento para mí es un regalo que Jesús me hace hoy porque le da la gana: recordarme que Él siendo Dios, se ha hecho como yo porque me quiere con locura. Me chifla.

Y yo, como amiga tuya, también quiero darte una sorpresa. Consiste en pronunciar el “tú” qué se refiere a ti con mayúsculas “TÚ”. Porque te lo mereces TODO aunque no quieras nada. Hoy te llamo Rey, Soberano, Altísimo, … porque lo eres. Tú te despojaste de ese rango por mí y hoy yo quiero elevarte de nuevo al sitio que te corresponde, aunque sigamos siendo amigos de tú a tú.

Y por eso al marcharme haré una genuflexión ante ti, me arrodillaré despacio y te diré con el corazón que eres el más grande y que yo también te quiero un montón. Que tú lo sabes todo y yo nada de nada que soy más pequeña que ningún otro pero que de tú mano: hasta el infinito y vuelta.

Gracias Jesús. ¡Hasta mañana!

Dale color a tu vida

Esta mañana, charlando con una amiga me he dado cuenta de que no he parado de quejarme de las indicaciones médicas que me dieron con el alta hospitalaria: nada de alcohol (¡ay mis cañitas!), dieta mediterránea (fuera bollería, chocolates, helados,…), horario súper estricto, nada de trasnochar, pastillas a tutiplén, caminar,…

Cuando nos hemos separado, una luz en mi corazón me decía: ¿ya se te ha olvidado? Todas estas incomodidades que permito en tu vida no son sino para que puedas unirte aún más a tus seres queridos, a esos que más sufren, a los que todavía no me conocen.

Jesús ha vuelto a abrirme los ojos (¡hay que ver qué rápido se me cierran!); ¡qué razón tienes Dios mío! Con todo lo que tengo por lo que pedir, por agradecer, por desagraviar (pedir perdón)… ¡El dolor tiene sentido junto a Ti!

Así que me he sentado ahora ante el sagrario en una Iglesia y, después de agradecerle las oportunidades que me está dando, hemos ido concretando:

  • las cervezas no las voy a tomar, ¡no las quiero!, te las entrego voluntariamente por el marido de esta amiga que está muy enfermo.
  • El chocolate tampoco, te lo ofrezco por esta amiga que sufre tantos dolores de espalda.
  • lo de madrugar… me va a costar, pero por los sacerdotes estoy dispuesta a saltar de un brinco de la cama con tu ayuda.
  • El acostarme temprano lo elijo para los míos: mi marido y mis hijos, que sean siempre y cada día más santos.
  • Los efectos secundarios de la medicación los abrazo, los quiero, para poder ofrecerlos por quienes no te conocen aún, Jesús, o por los que se han alejado de ti.

Y así hemos seguido con algunas otras cosas. Ha sido como cerrar los ojos y trasladarme al momento de la última cena, cuando Jesús abraza la Cruz libremente por mí para que con ese acto de amor se abrieran las puertas del Paraíso para mí.

Ese momento en el que algo horrible, como lo fue la Pasión, se convierte en algo bueno porque Dios lo hace por amor. Eso mismo es lo que podemos hacer tú y yo con nuestro día a día.

Hoy soy yo quien con tu ayuda, Jesús, abrazo mis pequeñas molestias, incomodidades, ¡tonterías al fin y al cabo!, para que éstas tengan sentido, sirvan para algo grande.

Llevo unos años viendo verdaderos milagros frutos de la oración de mucha gente: matrimonios que sanan sus heridas y se reconcilian, niños que salen adelante a pesar de ser demasiado prematuros, almas que de repente han entendido la fe, una niña muerta que ha vuelto a la vida y otro que se ha ido dejando un gran milagro en el corazón de quienes nos quedábamos.

No tengo duda alguna -aunque me despiste y me queje a veces- de que el dolor y el sufrimiento de este mundo tienen mucho sentido. Y de que confiar en Jesús es ganar la batalla de esta vida.

No sé si me he explicado bien, si tienes dudas ¡escríbeme! El resumen es poner amor en lo que hacemos para que, unido al Amor de Cristo en la Cruz, lo que parece malo pase a ser muy bueno.

Aprovecho para pedirte oraciones por mí, para que no resbale demasiado ni me deje llevar por la búsqueda de una vida cómoda y placentera. Para que acepte con alegría lo que vaya llegando y no me venza la pereza para seguir escribiéndote.

Gracias por seguir ahí. Yo también rezo por ti.