Déjate querer

Hoy le preguntaba a Jesús en mi ratito de intimidad con Él a ver qué quiere ahora de mí (porque ando un poco perdidilla). Desde que sobrevino la depresión siento que aún no estoy preparada para retomar mis responsabilidades cotidianas ni tampoco para volver a trabajar, dedicarme a mis hobbies u organizar un poco mi casa.

Así que, he ido a verle y le he preguntado sin rodeos: ¿qué quieres de mí ahora, hoy, está temporada?. Porque soy muy consciente de que la vida es un soplo de aire fresco, un soplo regalado en el que de nosotros depende querer o no aprovechar cada segundo de esa brisa para que Jesús pueda seguir actuando en nuestras almas (y a través de ellas en las de los demás).

Un soplo de aire que pasa muy rápido, por eso sé que en este tiempo tan raro de mi vida también tiene un plan para mí.

En la vida no hay “tiempos muertos”, todas las situaciones -por extrañas o difíciles que parezcan- sirven para acercarnos a Dios, sirven para que salgan obras grandes que Él hace a través de nosotros.

Vuelvo a preguntárselo, ¿qué quieres hoy de mí Jesús? Y las palabras que me dijo el sacerdote en mi última confesión han resonado con mucha fuerza en mi corazón:

DÉJATE QUERER

Inés, déjate querer“. Y hoy te lo digo yo a ti: “Fulanito/Menganita déjate querer“. Pues es que, aunque pueda parecer extraño, muchos no sabemos hacerlo…; hemos crecido y vivido siempre en el darse a los demás y en eso nos hemos empeñado.

Por eso, ahora que me llega esta “segunda parte”, no sé cómo se hace eso de dejarse querer. Pero el mensaje era muy claro, Dios quiere que me deje querer, así que le he pedido pistas (un poco de ayuda para aprender a dejarme querer) y esto es lo que me ha dicho:

Dejarte querer es corresponder a esa sonrisa que te recibe en tu hogar; dejarte querer es no tener prisa; dejarte querer es escuchar; dejarte querer es sonreír a un beso robado; dejarte querer es dar gracias a Dios por todo lo bueno y maravilloso que tienes en tu vida; dejarte querer es parar y observar; dejarte querer es admirar el Universo que Dios ha creado para ti y alucinar; dejarte querer es recordar que todo lo que tienes es un regalo; dejarte querer es apreciar y agradecer que hoy las llaves están en su sitio (o reírte si no lo están); dejarte querer es sonreír porque los juguetes están tirados por ahí y reírte con tus niños en lugar de enfadarte.

Podría seguir pero creo que ya he pillado la idea. Quizá pueda sonar absurda para algunos pero vamos tan corriendo por la vida que nos la perdemos, ¡se nos pasa sin enterarnos! Por eso pienso que Dios nos llama a cada uno a pararnos y mirar nuestra vida con sus ojos y a dejarnos querer, por Él, y por los demás.

¿Es esto lo que Dios quiere para mí? ¿Soy feliz? ¿Me dejo querer? ¿Sé amar a los demás?

Mírate. Déjate querer. Y lo que estorbe (chirríe) en esa mirada divina es probable que necesite un cambio. Búscalo y llénate de la gracia de Dios para llevarlo a cabo.

La Consagración en la Misa, mucho más que un milagro

“La parte más importante de la misa -me decía mi madre siempre, con toda la razón- es la Consagración. El momento en el que el sacerdote, con sus pobres manos humanas y pecadoras, hace de instrumento para que Jesús convierta el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.

El cura pone sus manos a disposición de Dios y mediante la efusión del Espíritu Santo sobre el pan y el vino, éstos se convierten en su Cuerpo y en su Sangre.

Efusión viene a ser, para que nos entendamos, como un chorro de agua que cae sobre lo que se “efusiona”, pero en vez de agua cae Gracia de Dios. Una fuerza que empapa y transforma todo lo que toca.

Este signo, que no podemos ver pero que creemos firmemente porque Jesús mismo nos lo dijo ¡y con los años lo hemos comprobado!, no es sólo un milagro, no lo hace Jesús para que veamos su poder, para que admiremos su capacidad de hacer cosas increíbles; este momento, que repite cada día y en cada misa, es un acto de amor, de entrega.

Él se hace pequeño para que recibiéndole pueda verme con sus ojos, pueda transformar mi corazones y asemejarlo al suyo; para que pueda también yo entregarme a Dios a través de los demás. Hacer que mi vida sea también para la redención de las almas, para que todas puedan conocer su Amor.

Hoy en misa, cuando ha llegado el momento de la Consagración y el sacerdote ha dicho “que por la efusión de tu Espíritu se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo”, mi corazón se unía al de Jesús y con Él yo repetía en mi interior sus palabras pero haciendo referencia a mi vida.

Normalmente estoy concentrada en esos momentos para recibir a Jesús con un gracias, con palabras de cariño que le hagan sentir el amor que le tengo (o que querría tenerle) o con una jaculatoria tipo “Señor mío y Dios mío”.

Pero hoy repetía con mucha intensidad sus mismas palabras, muy consciente de que esa misma efusión del Espíritu Santo caía no sólo sobre el pan sino también sobre mí misma.

He visto tan claro que la Consagración también era aplicable a mi vida -más humana y terrenal que ninguna-, para convertirla en una vida santa. Para que con Él, pueda yo también entregarme completamente a los demás y participar con Jesús en la salvación del mundo.

Y aunque quizá esté diciendo una barbaridad, o una obviedad para quien ya lo supiera, siento un calor tan intenso en mi pecho que no soy capaz de gestionar. Mi cabeza está queriendo explicarme que cuando el sacerdote consagra el pan, también nos consagra a nosotros.

Que por eso hablábamos hace unos meses de esa gota de agua que a mí me fascina. Pero es que ahora lo entiendo mejor y es que es una pasada… Recibimos esa efusión que transforma nuestras almas y las hace dignas de recibirle. Y recibiendo a Cristo en ese trocito que parece pan, Él nos vuelve a transformar para que toda nuestra vida sea grata a Dios.

Escrito pierde mucho, por no decir que pierde su sentido, pero es que no hay palabras para expresar lo mucho que nos quiere Jesús, a ti en primer lugar.

Ha sido un momento muy especial que os comparto porque quizá os ayude a vivir mejor la Santa Misa. Lo veo como un gran regalo del Cielo y no puedo por menos que compartirlo con vosotros.

Que alguien me corrija si no es así, por favor. Y que me explique cómo es esto posible porque ¡me parece impresionante!

¡Feliz día de la Santísima Trinidad (os invito a releer las reflexiones del año pasado: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo)

¡Gracias por seguir ahí! Vuestro cariño y apoyo me animan mucho. Pronto os contaré novedades sobre mi salud.

Pd. Por cierto, al buscar la imagen de la efusión he descubierto que cuando el sacerdote pone las manos sobre el pan y el vino, e invoca al Espíritu Santo, se llama “epíclesis”. Por culturilla general, jeje!

Descubriendo Pentecostés

¡Feliz fiesta de Pentecostés!!!!

Hoy quiero compartiros algo que ha resonado con fuerza en mi corazón todo el día: la misión unificadora del Espíritu Santo. Pero empezaré por el principio…

La Pentecostés es el día que Jesús envía el Espíritu Santo a sus discípulos. El Espíritu Santo, ese que nos dejó un poco perplejos cuando Jesús nos dijo “conviene que yo me vaya, así vendrá a vosotros el Paráclito”. ¿Qué puede haber más grande que estar junto a Ti, Jesús?

Pero ciertamente ¡merecía la pena! Tenemos a Jesús en la Eucaristía bien cerquita de nosotros y el Espíritu Santo no ha dejado de venir sobre cada uno de nosotros desde el día en que nos bautizamos.

Ahora os explico el descubrimiento, o profundización porque lo he oído mil veces y nunca antes me había calado tanto. Acostumbro a invocar al Espíritu Santo de forma “individual”: pedirle que venga y me transforme, que me de paciencia con los peques, fe para estar cada día más cerca de Jesús; y también para pedir por las necesidades de los demás, pero siempre es un diálogo entre Él y yo.

Sin embargo, el Espíritu Santo es UNO y desciende sobre cada bautizado encomendándole su misión en la Iglesia. Y no lo abandona, se queda en su corazón para guiarle, acompañarle, consolarle y llenarle de sus dones para poder llevar a la plenitud su vocación (sin Él no podríamos hacer nada, ¡no hay más que ver lo torpes que somos!).

Es Él quien reparte los dones y frutos sobre cada alma, a cada uno lo suyo según le parece. ¿No es impresionante? TODOS absolutamente todos somos necesarios para que la Iglesia sea lo que Jesús quería que fuera.

Yo solía pasar por alto su misión unificadora: es un mismo Espíritu que nos une a los bautizados bajo el manto de la Iglesia: el Cuerpo Místico De Dios. Cada cristiano irá descubriendo a lo largo de su vida el lugar en el que Dios quiere que esté para poder ser santo él y santificar a toda la Iglesia.

Por eso la Iglesia es Universal, donde caben todos independientemente de su forma de vestir, sus talentos, capacidades o poder adquisitivo. Somos la familia de Dios y cada uno somos IMPRESCINDIBLES.

¡Ya lo creo! No hay nada más bonito que asistir a una JMJ para abrir los ojos y el corazón y descubrir que la Iglesia no son sólo los curas y monjas, gente de bien o enfermos y ancianos. Jóvenes del mundo entero, todas las razas, colores, estilos, rezos y música distinto. BRUTAL.

Eres único e irreemplazable

Cada uno en SU SITIO tirando con su vida de la Iglesia con el resto de los cristianos. Y sólo tú puedes saber dónde te quiere Dios, cuál es tu sitio en el mundo. Nadie más te lo puede decir, del mismo modo que sólo tú puedes llevarlo a cabo; si no lo haces el eslabón se rompe.

Y lo más importante: QUERER A TODOS NUESTROS HERMANOS EN LA FE, sin criticar, sin juzgar o condenar. Dios sabe bien cómo hace su Iglesia y no nosotros. ¿Y a ti qué? Que le decía Jesús a Juan. Pues lo mismo nos dice hoy a cada uno.

Los carismas son distintos, las vocaciones también y sólo quién está llamado a ese camino puede entenderlo. Los demás, ¡a buscar el nuestro!

¡Buenas noches!

Puedes encerrarte en tu dolor o sacarlo y ser feliz

No puedo esperar a compartirte el testimonio de Luis y Mariona, los papás de mi sobrino Iñaki. No son distintos a ti y a mí pero se dejaron abrazar por la Virgen cuando su primer bebé marchó al Cielo con tan sólo 8 meses de vida.

En realidad, desde que les dijeron que venía malito, en la semana 20 de embarazo, y la mejor opción parecía ser interrumpir el embarazo. Ellos tuvieron muy claro que ese hijo era suyo y que le darían todo su amor mientras pudieran.

Lo que a los ojos humanos era un disparate, seguir con un embarazo con malformaciones congénitas, se convirtió en el tiempo en la mayor locura de amor que jamás hayamos vivido.
Iñaki vivió 8 meses maravillosos, rodeado del cariño de sus padres, abuelos, amigos,… y su corta vida dio más fruto que muchas de las que llegan a la vejez.

Gracias a Iñaki comprendimos el sentido del sufrimiento, aunque él no sufrió nunca; la belleza del amor sin medida, sin condiciones: hasta que Dios quiera.

Y cómo cuando nos damos a los demás y luchamos por la vida, ésta nos devuelve el doble o el triple de lo entregado.

Lo que pudo haber sido un aborto -interrupción voluntaria del embarazo más que comprensible- se convirtió en una aventura maravillosa que nos ensanchó a todos el corazón y nos acercó el Cielo a la tierra.

Ayer volvimos a revivir esta locura de amor. Gracias Mariona y Luis por volver a compartir con nosotros aquellos momentos tan duros e increíbles al mismo tiempo. Gracias por demostrarnos que merece la pena decir sí a la vida y que los hijos son un préstamo temporal porque a quien realmente pertenecen es a Dios.

Fuisteis nuestro refugio entonces, con la gracia del Espíritu Santo, y lo habéis sido de nuevo con vuestro testimonio. No sólo para quien ve a un hijo morir sino para todos, porque el dolor y el sufrimiento van de la mano de la vida y ayer vuestras palabras fueron fortaleza para los que estamos en momentos de prueba (enfermedad, dolor, confinamiento…).

Un soplo de esperanza que lo inunda todo. Para veros una y mil veces y profundizar en el mensaje que Dios nos envía a través de vuestras palabras. GRACIAS

¡No tengáis miedo! Todo va a salir bien

Hoy resuenan con fuerza en mi corazón estas palabras de san Juan Pablo II: “No tengáis miedo!”.

No tengáis miedo del Coronavirus, no dejéis que el pánico se apodere de vuestros hogares, Dios nos invita a confiar en Él.

No temáis al tiempo que durará o a las consecuencias que tendrá: Dios sabe más. Y de esta pandemia que genera tanto sufrimiento, el Señor -que llora con cada uno de nosotros- está ya haciendo grandes milagros en todo el mundo.

Dejemos que Dios sea Dios

Sentid el amor de Cristo en vuestros corazones y preguntadle cada día en la intimidad de vuestra habitación: ¿qué quieres de mí hoy, Jesús?, ¿qué quieres de mí en esta circunstancia en concreto?

A mí me pide oración y, sobre todo, oración en familia; pasar tiempo de calidad ¡y en cantidad! con mi marido y mis hijos. No sé cómo será mi vida mañana, ni si me permitirá la salud llevar a cabo alguna de las ideas maravillosas que me han llegado por las redes; pero no temo al mañana.

Jesús está en mi corazón, le siento cada día más cerca de mí y eso me basta. Me siento en sus manos amorosas y sé que nada malo puede pasarme porque Él está conmigo: me lleva de la mano y me cuida como a la más pequeña de sus niñas.

Vivo al día (o lo intento, porque tengo una paciencia que brilla por su ausencia 😅). Me enfado a ratos, me pongo nerviosa, el mundo se cae sobre mí: los peques en casa, sin tiempo para organizarme y con la sensación de que todo es un caos y no hago nada más que gritar y cansarme.

Pero después me río, porque veo a Jesús a mi vera y me da paz.

Todo está bien Inés, yo lo he dispuesto así. Y me enseña algunos momentos bonitos vividos en el día: hoy Nacho ha hecho la comida él solito y has desayunado con tus peques con calma, has podido charlar con algunas amigas por teléfono, Jorge ha llegado pronto, has podido rezar con los niños y orar en Mi Presencia (el Santísimo expuesto en directo online). Realmente, ha sido un gran día.

Y le doy las gracias por recordarme lo precioso de este día, por borrar de mi corazón ese miedo a estar haciéndolo mal, a no poder con esto; y le pido perdón por las veces que me he enfadado con sus hijos (y también nuestros) y le pido LUZ al ESPÍRITU SANTO para tener a Dios mañana muy presente todo el día: ¡Señor, que vea!

Pd. Y en cuanto he terminado de escribiros se ha montado en casa la de sanquintin, antes de acostarse, jaja! ¡Ay Señor dame paciencia! En esos momentos, y ya cansados de todo el día, ¡me los comería a cada uno! Aiiiissss!!! Si es que es precioso lo que nos dices Jesús: ¡pero ayúdanos más, que somos de barro y solos no podemos vencer nuestras limitaciones!!!!

Así es tu vida cuando vives amargada

Me he dado cuenta últimamente de que no sé disfrutar de la vida. Creo que ya os lo he dejado caer en algún post anterior pero como ya no me acuerdo pues espero no repetirme mucho.

Hoy he leído una frase que me ha llevado a pensar qué cosas de mi día a día hacen que Jesús esté presente en ellas. No me refiero a las propiamente “pías”, tipo la Misa o el Rosario, sino a mi vida normal, lo de cada día.

Y aunque no os lo creáis me cuesta descubrirlos. Estoy segura de que está, porque es el centro de mi vida, ¡es mi mejor Amigo!, pero ¿por qué no veo a Jesús en lo más ordinario?

Probablemente porque estoy tan enfrascada en los deberes de los peques, hacer comidas, que la cesta de la ropa no sobresalga en exceso, el orden, etc que no me queda tiempo para ver su mano amorosa, de amigo, sorprendiéndome y saliendo a mi encuentro.

Me imagino la típica peli en la que el chico no deja de cruzarse con la chica para llamar su atención, le hace mil favores sin que ella tan siquiera lo note… porque está con el corazón en “sus cosas”, más amargada que un pepinillo en vinagre.

Y sólo pensar que yo soy ese pepinillo y que te tengo a Ti, ¡Jesús de mi vida!, tratando de sacarme una sonrisa a todas horas, llenando mi día de detalles y sorpresas cariñosas para que me relaje y disfrute… y que yo no me entero, ¡es que se me cae la cara de vergüenza!

¡Cómo puedo ser tan lerda!

Oye, y que es la pura realidad… Esta mañana sin ir más lejos me he levantado con un careto de chiste y por mucho empeño que he puesto en arreglar aquello no he encontrado la manera. Pues según salía de casa una vecina me ha dicho alegremente “¡qué buena cara tienes hoy!”

Estoy segura de que era Jesús de mis amores hablándome a través de ella, pero en el momento ni lo he pensado… más bien ha salido de mi corazón un “ponte gafas colega porque mi geto de hoy no hay por dónde cogerlo”. Aissssss….

Después, he ido a desayunar a un sitio y curiosamente tenían leche fría, de nevera, ¡como a mí me gusta! No es lo normal, pero la tenían y a la vista para que yo la viera… también estaba ahí Jesusito mimándome como a la que más.

Y luego me han dado una mala noticia: el fallecimiento de Jorge Sampere. No le conocía pero he rezado tanto por él y hay tantas personas de mi entorno de Instagram que eran amigas suyas que me ha dolido mucho su marcha al Cielo.

Enseguida he sentido a Jesús consolándome, recordándome que su vida ha dejado una huella imborrable en muchos corazones (¡incluso en los de quienes no le conocimos!). Jorge tiene la suerte de disfrutar ya contigo, Jesús. Y no hay nada más grande que saber que un ser querido está en el Cielo.

Seguro que en lo que queda de día tiene mil detalles más así que me he propuesto abrir bien los ojos y esforzarme únicamente en ver a Jesús en las cosas que me pasen hoy, incluso en las más insignificantes como la leche fría.

Porque sé que eso te gusta, Jesús, y los amigos estamos para eso: ¡para cuidarnos! Yo también intentaré tener detalles de amor contigo, aún no sé cómo así que Espíritu Santo… ¡en vos confío!

Pd. Este post lo escribí hace tiempo…pero vale para hoy también y me ha conmovido al releerlo. ¡Os espero en los comentarios! Abrazos

Dame otra oportunidad

Este miércoles empieza la Cuaresma y ¿sabes qué?, voy a pedirte un favor: que por primera vez en mucho tiempo, la vivas confiando en lo que el Papa Francisco propone pide a los católicos sin plantearte si te convence o no, si podría ser de otra manera o si te parece una chorrada el ayunar, rezar y dar limosna.

Y después de Semana Santa me encantaría que me escribieras (comentario o por privado) y me contaras si algo ha cambiado, si Dios ha tocado tu corazón o todo sigue siendo una bobada que no tiene ni pies ni cabeza.

Porque es muy fácil criticar, quejarse, juzgar, … desde fuera: Que si a mi esto no me cuadra, que si eso de ir a misa los domingos a ver por qué, que por qué carne y no pescado, que vaya bobada la abstinencia y el ayuno; y lo de la ropa de los curas, y, y, y,… últimamente ¡sólo ves peros!

Y lo comprendo: Desde fuera, el amor no se entiende. Los hijos se ven como estorbos, casarse es una estupidez y no digamos ya ¡ser cura o monja! Y es que el amor juzgado desde fuera no tiene ningún sentido.

Porque el amor es cosa de dos. Las pegas que podamos ver desde fuera se disuelven cuando estamos dentro porque la mirada cambia y lo único que nos importa es que somos felices y eso nos basta.

Y con Dios pasa lo mismo. Si no quieres tener una relación personal con Jesucristo, mostrarle tus flaquezas y dejar que Él sane tus heridas y te muestre la vida que tiene pensada para ti desde toda la eternidad para que seas feliz, sólo te queda quejarte, ponerte a la defensiva y en modo susceptible.

¡Porque te quedas en lo secundario!, en las normas y obligaciones, en lo prohibido o desaconsejado, y no eres capaz de ver lo mejor de ser cristianos.

¡En el amor sobran los argumentos!, y al igual que en el amor humano, tampoco con Dios caben terceras personas:

es una relación de tú a Tú con quien no hay secretos, con quien te comprende, te acompaña y te quiere en todos y cada uno de los minutos de tu existencia.

Cuando la liaste parda y cuando fuiste ejemplo para otros. Da igual. Lo único que Él miraba en ambas situaciones era tu corazón, tu intención de hacer las cosas bien, aunque luego salieran del revés.

En fin, que me encantaría que este año lo pensaras un poco, sin dejarte llevar por el ambiente ni por experiencias del pasado. Hoy es un gran día para pensar en cómo quieres que sea tu vida de ahora en adelante, si quieres volver a darle una oportunidad al Amor o seguir agarrándote a los prejuicios desde fuera.

Ojalá supiera expresar lo que llevo en mi corazón para que todos quisierais disfrutarlo también. Porque el Amor de Dios no es sólo para unos pocos privilegiados: ¡es para todos!

Estoy segura de que Jesús quiere cruzarse de nuevo en nuestras vidas en esta Cuaresma y no soy quién para deciros cómo. Sólo tú sabes en qué punto estás, y sólo tú puedes tomar las riendas de tu fe y acercarte a Jesús para ver lo que tiene para ti.

Lo que tengo muy claro es que si te fías de Él y le dejas hacer: no quedarás defraudado. ¡Lo sé por propia experiencia!

Yo me dispongo a recomenzar, a dejarme sorprender por Cristo, a meditar su Pasión, Muerte y Resurrección.

Y tú, ¿qué plan tienes para esta Cuaresma? ¿Dónde crees que quiere Jesús encontrarse contigo?

¿Cuántas veces has invitado al cura a comer a tu casa?

En las pelis de antes era muy típico ver a los feligreses llevando alguna comida preparada con cariño al cura del pueblo o invitarle a comer después de la misa del domingo.

Esta costumbre, al menos en mi entorno, se ha perdido. Pero a raíz de un comentario del Evangelio que hice en Instagram y que llevaba por título: “los curas también comen pizza” surgieron mil conversaciones de todo tipo en torno a eso, y lo mejor de todo: por fin invitamos a un sacerdote a cenar a casa.

Y digo por fin porque llevaba más de tres años, desde que empezó mi dolencia, esperando a estar bien para cocinar algo “digno para un cura” (ideas tontas que se le meten a una entre ceja y ceja…); ¡menos mal que el Señor me hizo ver que el menú es lo de menos!

El caso es, que el otro día mientras estaba Jorge (el invitado) con nosotros, hablamos de la soledad de muchos sacerdotes en los pueblos, sobre todo en esta zona de España en la que la fe ha caído en picado.

Y pensamos en acercarnos un sábado a pasar el día a un pueblo que él atiende y quedar con el cura de allí, hacer una barbacoa o algo similar y me dijo que seguro que le haría mucha ilusión.

Y curiosamente, me he quedado con el run run en mi cabeza porque conozco a varios curas de pueblitos por ahí perdidos y nunca se me ha ocurrido ir a verles y comer con ellos.

Así que nos hemos planteado para este curso visitar cuatro pueblos en los que tengamos alguna relación con el cura que los lleve y preparar un picnic, un arroz, caldereta o lo que se tercie y pasar un día en familia con ellos.

Puede que vayamos sólo los seis o que invitemos a otras familias, ¡se irá viendo! Pero lo que está claro es que tenemos que cuidar más de nuestros sacerdotes, para que sean santos.

Tienen una vocación maravillosa, de eso no cabe duda, pero son personas y también necesitan sentir que no están solos, que tienen una familia -la Iglesia entera- que vela por ellos y no los abandona.

Pero como el demonio ataca por ahí, es importante que les digamos y demostremos que no están solos: ¡os queremos y admiramos muchísimo! y no os lo decimos porque no se nos ocurre. Pero es así.

Quizá venga bien releer hoy el post de hace ya un tiempo: el cura de mi parroquia está loco. Y también tal vez sea un buen momento para que cada uno de nosotros pensemos si no podríamos acoger mejor a los curas que tengamos más cerca.

¿Os imagináis? Si cada familia que lea este post decide invitar a su párroco, ¡serán muchas vocaciones sacerdotales fortalecidas!

¿Quién se apunta? Y si lo hacéis, ¡compartid la experiencia! Así nos recordáis al resto que los sacerdotes son familia y nos necesitan! Estoy segura de que Dios os bendecirá a vosotros y a vuestros hijos, y ¡todos saldremos ganando!

Los posts más leídos en 2019

Último día del año y toca hacer balance… como imagino que los números os dan igual, he pensado que quizá sí os interese saber qué posts han tenido mejor acogida durante este año.

Aprovecho esta entrada, la última de 2019, para daros las gracias de corazón a todos los que me seguís, leéis lo que escribo, me escribís, me escucháis cuando estoy más petarda, …

¡Gracias!, porque sin vosotros no existiría @familiaymas, que además de ayudarme a poner lo importante de la vida en su sitio, también me ha facilitado teneros cerca a cada uno.

¡Incluso me ha regalado nuevas amistades!

Por eso gracias. Por todas las veces que has escrito un comentario (público o privado) porque me ha llenado de alegría saber que te ha servido. También gracias por las críticas positivas, por las ideas para nuevos posts, por compartirlo con vuestros familiares y amigos.

Porque esta familia va creciendo y, con ella, confío en que también crezca la esperanza en la familia, en el matrimonio, en la importancia de los valores, de la educación, del respeto y la autocrítica.

Y por supuesto, os deseo de corazón que cada una de las palabras que escribo os acerquen a Dios porque es el mayor de mis tesoros y sería muy egoísta si no lo compartiera con vosotros. Mi Dios, mi Jesús y mi todo.

Ha habido días en los que escribir salía sólo y otros en los que parecía misión imposible, pero con vosotros y por vosotros: ¡ha merecido la pena! Gracias de corazón por todo vuestro cariño y apoyo, tanto con el blog como con el comentario de cada día en el grupo de whatsapp #quenosdicehoyjesús

Enlace para unirse al grupo de whatsapp quenosdicehoyjesúsSi quieres unirte, ¡haz clic en la imagen!

Y ahí va la lista de los mejores posts de 2019, los post más leídos de este año:

1. Diez preguntas que pondrán a prueba tu generosidad

2. Gracias Iñaki por acercarnos el cielo a la tierra

3. Las relaciones sexuales, un problema para muchos matrimonios

4. Dios nos ha escuchado

5. Hoy lo mandaría todo a tomar viento

6. Cómo ofrecer a Dios el dolor y el sufrimiento

7. 5 ideas para vivir el Adviento en familia

8. Mírate con mis ojos. Amor del bueno

9. La puta a la que pagas se siente violada

10. Semana Santa: un detalle que te gustará

Y a ti, ¿cuál ha sido el post que más te ha gustado durante el 2019? ¿Hay algún tema que te preocupe? ¿Algo sobre lo que quieras que escriba?

¡Es momento de escribir tu carta a los Reyes Magos!

Y de compartir todo lo que durante este año te haya ayudado a ser mejor persona.

¡Feliz 2020!

Esta Navidad puede ser TU NAVIDAD

Empieza la cuenta atrás… ¡Es acercarse la Navidad y mi corazón se pone a mil! Sé que va a ser una Navidad especial, cada año lo es. Una Navidad única e irrepetible en la que Dios tocará mi corazón y lo llenará de su paz. ¡Estoy tan impaciente!

¡Cómo me gustaría que tú la vivieras igual! Que por un rato miraras al Niño Dios y te dejaras ver con sus ojos, que te dejaras querer por él.

Porque fliparías tanto… que todo lo demás te daría igual. El amor lo puede todo, y el amor de Dios todavía más! Sí, sí, de Dios; el mismo que creó el universo y estos atardeceres maravillosos, y el milagro de la vida y la belleza del Otoño.

Ese Dios que se ha hecho un niño, ¡pudiendo vivir como Dios!, para que nos atrevamos a hablarle, a acariciarle sin miedo, sin rencores… porque ¿quién se asusta ante un bebé? ¡Son tan adorables, tan inofensivos!

¡Acércate! ¡Achuchale! Te está esperando!! Espera TU abrazo.

Este año el mío va cargado de agradecimiento porque cada año me parece más brutal el misterio de la Navidad.

Gracias por hacerte uno de nosotros y elevar así nuestra condición humana a la divina. Gracias por pasar frío en Belén, por esa cuna de paja, por elegir un sitio pobre en el que todos nos atrevemos a entrar.

Desde los pastores hasta los tres reyes magos. Todos sentimos que somos bien recibidos en Belén. Nadie sobra. En un castillo habría sido distinto… (al menos yo, me sentiría fuera de lugar). Pero en Belén, ¡ahí no se puede estar mejor!

¿Y tú quieres quedarte fuera?

¡¡Te echaremos tanto de menos!! Sobre todo Jesús, que ve tu corazón y desea ardientemente abrazarte y llenarte de Paz. Sabe lo que quieres, lo que necesitas, …

¿A qué esperas? ¡Coge tu regalo! ¡Claro que no te lo has ganado! (Los de los Reyes tampoco y bien que los abres, je,je!). No te agobies que aquí todos somos igual de indignos pero el amor no entiende de justicia. Sólo busca el bien del amado y Dios te quiere tanto… que quiere darte el mejor de los regalos: su amor, su ternura, su perdón, su salvación.

Y si no sabes por dónde empezar, ¡yo te ayudo!

Lo primero es que seas tú. Quítate esa máscara de autosuficiencia, de inteligencia, de belleza, de víctima, (de lo que sea) y cierra los ojos. Piensa en Jesús y cógelo en brazos (como lo harías con tu sobrino, con tu hijo o con tu hermano). Y después, abre tu corazón y deja que ahora sea Él quien te abrace.

¿Sientes como yo que con Jesús no hay barreras? No hacen falta palabras. Sabe todo lo que has sufrido, lo que has vivido, lo que has padecido injustamente… porque lo ha vivido contigo.

Por eso en esta Navidad viene a consolarte a ti, sólo a ti. A sanar las heridas de tu corazón porque sabe que estás cansado, que necesitas de su amor y Él está deseando dártelo.

Ojalá hoy hayas podido abrir tu corazón y puedas disfrutar en pocos días del gran regalo que supone que Dios nazca en tu corazón.

Último domingo de Adviento… queda mucho por preparar pero aún hay tiempo. Pon a punto tu alma, que es lo más importante, y deja que esta Navidad sea TU NAVIDAD.