El resto de madres no son mejores que tú, son diferentes

¡Cómo nos fastidia a las mujeres que haya una, que después de dar a luz, siga estupenda; o esa que siempre llega a todo súper puntual, con sus niños estupendos y ella impecable. Y el colmo de los colmos: la que siempre tiene bizcocho o repostería casera en la cocina!

Nos fastidia porque nos comparamos y nos sentimos muy inútiles porque llegamos siempre tarde, dejando la casa patas arriba y con varios hijos sin peinar. Es frustrante pero sólo si te comparas de tú a tú como si las dos, por el hecho de ser madres, debierais llegar a lo mismo. Y no es así.

¡Somos todas diferentes! Y a cada una de nosotras nos pensó Dios con nuestros talentos y defectos; compararnos con el resto sólo hace que nos sintamos inferiores al ver sus dones, que no son los tuyos.

Pero lo que no ves tú son sus defectos; igual que ella pensará que tú eres la madre más guay porque saltas a la comba con tus hijos, jugáis a pillar o salís a la montaña todos los fines de semana.

Somos tontas. Ya lo siento pero es así. Jesús nos ha creado a cada una diferentes para que, poniendo nuestros talentos al servicio de los demás, la comunidad sea más rica y nos complementemos.

Quizá desde el inicio del curso, con tanto caos de los horarios de colegios, normativas en el trabajo, la incertidumbre… no has tenido tiempo de pararte y pensar, y esto es algo que TODOS DEBERÍAMOS HACER.

Puede ser en septiembre, en enero o cuando a ti te de la gana pero haz una lista de 20 cosas buenas de tu vida. Cuando termines, piensa en cuáles puedes compartir con los demás y ayudarles con tus talentos.

Es una gozada de ejercicio porque muchas veces creemos que somos lo peor y, cómo ya dijimos una vez, “Eres la mejor madre que tus hijos podían tener”. Necesitas esos dones y no otros para llevar a tu marido y a tus hijos al cielo, y por supuesto a ti misma.

Así que fuera comparaciones, aceptemos con alegría que todos somos y diferentes y tenemos mucho que aportar. Somos imprescindibles en nuestra familia y en la sociedad tal como somos.

¡Cómo cambia esta casa cuando tú estás en ella!

Qué curioso que hasta que mi marido no me dijo “cariño, ¡no sabes cómo cambia esta casa cuando tú estás ten ella!” al volver del hospital, yo no era para nada consciente de lo importante que es que una madre esté presente, que se le vea en casa, disponible, incluso cuando no puedes hacer nada porque estás enferma.

A los niños les brillan los ojos de felicidad y su sonrisa se vuelve plena; incluso su actitud cambia a mejor cuando te ven aparecer por la puerta.

Oír esto impresiona, sobre todo cuando estás pasando una depresión que te dice que no vales nada y que todo sería mejor sin ti; que sólo molestas.

Pero la verdad es que una madre, aunque no haga nada, hace mucho. Su presencia lo cambia todo. Es mejor que esté, aunque sea enferma, que qué no esté. Suena a perogrullada pero yo no lo veía así, más bien al contrario: me veía como un estorbo.

Y gracias a mi marido -y a mi director espiritual , que llevaba meses diciéndomelo y yo no me enteraba- hoy soy consciente de lo importante que soy en mi familia, ¡que Dios quiere hacer cosas muy grandes a través de mí en mi marido y en mis hijos!

Realmente no tiene ningún sentido que no lo viera. Veo cristalina la acción del Espíritu Santo cuando escribo, cuando hablo con amigas, a través del blog, en Instagram, con el dolor,… pero ¿en mi casa? NADA. Como si no estuviera.

¡No se puede estar más ciega! ¡Cómo no va a actuar el Señor a través de ti en tu familia si ellos son el camino de tu santidad! Dios te ha llamado a la vocación matrimonial y es ahí donde más sentido tiene tu vida, ¡para lo que Dios te creó desde toda la eternidad!

Ahora por fin lo veo. Y, aunque sé que me va a costar mucho porque sigo con dolores, cansada, …etc, etc, etc y voy a sentirme “inútil” por no poder echar una mano con los peques o recogiendo la cocina no me siento sola y sé que ahí sentadita, Dios está santificando a mi familia.

Es una gozada saber que no voy sola, que cuento con la ayuda de Dios. Que va a ser Él quien me haga ser de verdad la mejor madre de mis hijos y la mejor esposa de mi marido (lo pongo al final porque querer a mi marido no me cuesta nada, pero la paciencia con los peques MUCHO, jeje).

Hace muy poquito volví a recordar ese apoyarme en Cristo; no quedarme en la desesperación de que los niños me superan, de que no sé manejarles, de que me torean cosa fina y pierdo los nervios enseguida.

Se nos olvida muy fácil que en esta tarea no estamos solas (ese es el demonio que quiere hundirnos en la desesperación y hacernos sentir que no valemos para ser madres).

La vocación Cristiana, nuestra obligación de educar a nuestros hijos amándoles y cuidándoles sin medida no es algo que podamos hacer solos: necesitamos la ayuda De Dios.

¡No estoy sola! Y tú tampoco. Jesús está deseando que abandonemos nuestra labor de madres/padres en Él y que volvamos a sonreír porque Él hará lo que nosotros no podamos. No es una varita mágica ni mucho menos pero es confiar, desahogarnos con Él y decirle “Jesús te toca, que también son tuyos”.

Y no olvidemos nunca esto: ¡CÓMO CAMBIA LA CASA CUANDO TÚ NO ESTÁS!

Porque cuando mamá está en casa todo cambia

10 ideas para un matrimonio feliz

Todos nos casamos enamorados, recordamos el día de nuestra boda como uno de los más bonitos de nuestra vida; nos queremos y nuestro amor es tan grande que puede con todo.

Y así es, y precisamente por ser tan grande es muy frágil. Está formado por personas; seres humanos que se equivocan, de cansan, son egoístas, …; por eso hay que cuidarlo cada día porque si nos confiamos “porque nos queremos un montón”, “a nosotros eso no nos pasa”: llegará un día en el que miraremos al otro y diremos: ¿qué nos ha pasado?

Porque la vida nos lleva: el trabajo, la casa, los niños, los abuelos, los amigos, los vecinos; planear las vacaciones, con quién dejamos al perro, los deberes, la multa sin pagar, el grifo gotea.. NADIE LLEGA A TODO. ¿Y quién tiene la culpa?

EL OTRO. Pero ¿por qué?, ¿ya no es tan perfecto?, ¿no era maravilloso? Ya te digo yo que sigue siéndolo pero vamos pasados de rosca y no hay quien pare esto (sólo nosotros). El exceso de responsabilidades nos hacen desbordar y pensar que la única persona que puede cambiar algo en la ecuación es tu cónyuge.

Porque podría hacer más y quitarte así presión, ¡pero nada! le miras y está ahí, tan tranquilo. Ni un ápice de estrés, jugueteando con el móvil…, Y eso revienta a cualquiera.

Pero no es el otro cónyuge el problema

Podría narraros miles de discusiones a grito pelao por un rollo de papel higiénico, unos zapatos en el salón o la tapa del inodoro sin subir. Desde fuera no parecen problemas muy graves, ¿verdad? Pero cuando estás saturado, la mínima bobada te desquicia.

Y AHÍ ES CUANDO DEBES RECORDAR QUE NO SON COSAS DE TU MARIDO O DE TU MUJER: PASA EN TODOS LOS MATRIMONIOS.

Por eso, es FUNDAMENTAL que a esas pequeñas diferencias les demos poca importancia con detalles de amor, con acciones que demuestran al otro que le queremos y que cada día que pasa le queremos más y riéndonos mucho juntos de nuestras diferencias porque son bobadas que convertimos en montañas.

Confieso desde ya que la mayoría de estas ideas no son mías pero son detalles de cariño que he ido viendo en otros matrimonios y que me han llamado la atención por lo sencillos que son y lo mucho que unen:

10 IDEAS PARA QUE TU MATRIMONIO FUNCIONE

1- Decirle muchas veces al día que le quieres y además hacerlo desde el corazón. Con un WhatsApp basta y no lleva ni medio minuto pero alegra la mañana al otro.

2- Dejar papelitos cariñosos en la nevera, en la puerta de la calle o en el espejo del baño: “buenos días mi vida”, “que te vaya muy bien la reunión”, … (no sólo: ¡BAJA LA BASURA!)

3- Gracias. En esos mismas papelitos puedes poner un “gracias por tirar ayer la basura” o “qué bien dejaste la cocina anoche”, “gracias por atender al peque porque yo estaba agotado”, …

4-Sorpresas. Una llamadita de vez en cuando solo para ver qué tal está y decirle que le quieres; organizar una escapada sorpresa al menos una vez al año (para oxigenar el amor); un día cualquiera enviar flores (y si es a la oficina, ¡mucho mejor!) o coger una canguro y salir al cine o a cenar. Salir de la rutina

5- Corregir con cariño, desde el “yo”, no desde el “tú”: “Amore, ya sé que es manía mia pero ¿podrías bajar la tapa cuando vayas al baño? Lo siento pero me molesta horrores“; prohibido usar el NUNCA ni el SIEMPRE. Y procurar empezar la frase con: “cuando ha pasado esto me he sentido así”.

6- Fijarse cada día en una o dos cosas buenas que haya hecho el otro y decírselo; y si es algo grande, las palabras “ESTOY ORGULLOSA DE TI”, multiplican por diez el amor.

7- Si las tareas del hogar son motivo de discusión: contratad a alguien unas horas y asunto arreglado. ¡Vale más vuestro matrimonio que un baño sucio!

8- Intimidad. Preparad una velada romántica con música, un baile, piropos, … cosas que hagan que (sobre todo) la mujer olvide todas sus preocupaciones y pueda centrarse en vuestra relación. La mujer necesita sentirse atractiva, sexy; el hombre no necesita mucho pero también decirle cosas bonitas le subirá el ego.

9- Paternidad responsable. Si llega un momento en la vida (que llegará) y por lo que sea no podéis quedaros embarazados: los métodos naturales son cosa de dos. Si el hombre no se implica, la mujer se sentirá cada vez más culpable de decir “no se puede”.

10. Poner a Dios en el centro de vuestro matrimonio. Lo dejo para el final pero es lo más importante : rezad juntos, compartid vuestros anhelos, sentimientos o reflexiones. Y tened siempre presente que todo lo que no sale como vosotros planeabais es que Dios tiene un plan mejor para vosotros.

¿Por qué ya no pintas?

Hoy me he dado cuenta de una cosa importante. Un defecto que se me pasaba totalmente pero que tiene su importancia porque, sin yo enterarme, ha ido condicionado mi vida muchos años.

No soy capaz de calcular su alcance así que os lo voy a contar en el contexto en el que yo lo he descubierto, para que luego cada uno consigo mismo pueda reflexionar si le pasa lo mismo que a mí en ese o en otros aspectos de la vida.

Os cuento: me gusta pintar desde que soy una niña y he ido a clases de pintura durante algunos años. Nada exigente, puro hobby, pero algo que me permitiera empezar un cuadro y disfrutar con cada detalle hasta terminarlo ¡sin ser obras de arte! Jaja!

Cuando llegué a la universidad no tenía tiempo de pintar. Me dedicaba a estudiar y trabajar para pagarme los estudios así que, poco a poco, fui olvidándome del mundo de los óleos; lo único que nunca dejé de pintar fueron figuras de la Virgen, Misterios, Iconos de la Sagrada Familia para regalos de bodas, comuniones y bautizos de amigos, pero nada más.

Y llegó el 2011, un año muy especial porque nos mudamos a Inglaterra por el trabajo de mi marido y nos organizábamos muy bien (a pesar de tener dos bebés en casa). Yo iba unos días a clases de pintura en la universidad y él tocaba la guitarra con un profesor otros días. Fue muy gratificante.

Retomé la pintura. Disfrutaba dibujando y deslizando los pinceles. Cada día nos enseñaban una técnica nueva y mi confianza subió al ver que los resultados no eran tan horribles, jaja!

Volvimos a España y no volví a coger un pincel. Diré en mi defensa que me aficioné a las tartas fondant para los peques, pero no es lo mismo.

Mi marido me animaba a volver a los pinceles, pero yo tenía un miedo atroz a que no saliera bien, a qué no me gustara el resultado: a no ser buena. A no cumplir las expectativas.

Y he ahí donde, después de muchos años, me doy cuenta de que la única razón que me impide pintar es la soberbia de querer quedar bien, de que todos se admiren con mis obras. ¿Se puede ser más orgullosa (además de imbécil)? Jaja!

Próximo proyecto

Los hobbies están para disfrutarlos, ¡el resultado es lo que menos importa! Nadie nos juzga (y si lo hacen, ¡qué más dará!?). Dejar el placer que supone plasmar un paisaje en un lienzo por miedo a que no guste es, sin duda, una de las mayores tonterías que he hecho. ¡Cómo he podido caer en la trampa!

Aunque no lo parezca, también aquí el culpable es el “patas”, nos mete la desesperanza para que no seamos felices, que no disfrutemos de la belleza de este mundo; ¿no os alucinan los mil colores de un sólo árbol en pleno otoño?

Porque esa belleza nos lleva a Dios, al menos a mí. ¿Acaso no es una obra de arte cada pequeño rincón de este planeta, seres vivos e inanimados?, ¡sólo por eso creería en un Dios todopoderoso y con muy buen gusto!

Bueno, pues descubierto el pastel volveré a dibujar, a pintar y a experimentar; y tanto si queda bien como si queda mal, lo compartiré con vosotros para humillarme un poco y aprender a ser un poco más humilde en esta vida.

¿Os ha pasado lo mismo a vosotros con algo? ¡Cuéntame que me encanta escucharos! Por cierto, y si os gusta el blog ayudadme a difundirlo para que muchos más lo disfruten 😉

RETO: Dedicar un rato al día a no hacer nada productivo

¿Qué has hecho hoy? Es la pregunta que nos hacemos todos al final del día, sobre todo quienes no trabajan fuera de casa. ¿Y la respuesta -casi siempre- es “nada”.

Vivimos en una sociedad en la que si no produces, no haces nada, hasta el punto de que pasar un rato con los niños jugando al parchís nos supera porque nos parece que deberíamos estar poniendo lavadoras y haciendo cenas.

Pero resulta que nuestra felicidad está precisamente en la otra dirección: en lograr un equilibrio entre las responsabilidades y el ocio.

Por eso lanzo este reto: Tienen que ser actividades cero productivas, una cada día, durante una semana. ¿Te sientes capaz?

Hoy ver una película con los peques (en castellano,¡no vale en inglés!); dar un paseo con tu marido/mujer sin necesidad de hablar ni organizar nada; ver una serie de estas que entretienen y ya está, que no aportan demasiado al intelecto.

Suena fácil pero no lo es. Al menos para mí. Tengo tantas cosas en la cabeza pendientes de hacer que pasar unas horas en familia, comer relajados, escuchar las cosas del cole de este o aquel hijo me impacientan y acabo de mala gaita porque hay muchas cosas que hacer y llevamos casi una hora de sobremesa.

¿¿¿PERO QUÉ PUEDE HABER MÁS IMPORTANTE QUE PASAR TIEMPO EN FAMILIA???

Pues me temo que en muchos casos y sin quererlo: contestar e-mails del trabajo, gestionar los menús de la semana, estar encima de los niños para que jueguen a cosas educativas, hacer la compra, poner la colada, planchar, comprar cuadernos para la mayor y baberos para la peque, cambio de armario, organizar la costura o las herramientas … ¡Lo normal en cualquier familia, vamos! Una lista interminable.

LA IMPORTANCIA DE NO HACER NADA

A veces estoy cansada y me tiro toda la tarde viendo la tele. Cuando la apago tengo una sensación de culpabilidad que hace que me ponga de muy mala leche porque siento que he perdido el tiempo. Y no debería ser así.

No te digo todos los días pero si hoy me concedo el “lujo” de ver toda la tarde la tele, no debería sentirme culpable sino descansada; porque de eso se trata y dar gracias a Dios por ese rato para mí.

Antes de empezar la actividad del día que “no sirve para nada” vamos a respirar hondo y a convencernos de que ahora lo que toca en la lista de tareas es eso. Porque si no, los años irán pasando y verás que te has perdido lo mejor corriendo del curro a casa y de ahí al gym (si tienes suerte).

Necesitas tiempo para ti; olvidarte del mundo, de las preocupaciones, de la rutina, de la cadena del proceso, de la rueda de la vida. En serio, te lo mereces y lo necesitas (y tu familia también).

Cuéntame si lo consigues 😉 yo hoy he visto varios capítulos de una serie muy ñoña que me ha relajado y ayer pasé un rato haciendo sudokus.

¿Qué cosas de te ocurren a ti para hacer que no sean productivas y te hagan sentir bien?

Necesito a tu madre

Estoy en el Santuario de Fátima y descubro aquí, gracias a Ella, que para llegar más rápido y mejor a lo más profundo de mi alma ¡necesito a tu Madre, a la Santísima Virgen!

Es muy cierto que le tengo devoción e intento rezar el Rosario cada día, pero no puedo negar que cada vez más me digo a mí misma: “¿para qué ir a ver a la Virgen si tengo aquí al mismísimo Dios en la Eucaristía?”

Imagino que no me equivoco al pensar que Dios, Cristo en la Eucaristía, es más importante; y por qué no, también más grande y atractivo que una mujer (sin mancha original), pero al fin y al cabo una mujer de carne y hueso, como yo.

Donde hoy descubro que cojea mi actitud, mi pensamiento, mi sentir es en que María es la Madre de Dios y también Madre mía. Que Ella derrocha Misericordia y ternura como buena madre; enseguida se lanza a mis brazos cuando tropiezo y si le pido algo, no tardará en hacer todo lo posible para interceder ante su Hijo.

Cuando tengo estos flechazos no sé si soy capaz de transmitiros cómo late mi corazón al descubrir que aún hay más, porque Dios es infinito -inabarcable-. Es como quien cree haber entendido cómo funciona una máquina y ¡resulta que sólo ha visto una parte de la fachada!

En este lugar santo, agradecida por haber podido venir con mi familia, siento a la Virgen llamándonos con fuerza a rezar por la purificación de los corazones. A mortificarnos, a sufrir los dolores de la enfermedad, del cansancio o de la soledad (los que sean) junto a Jesús y ¡a través de María!

Que no falte nunca en tu boca un Avemaría y en tu bolsillo un Rosario para agarrarte con fuerza a él si la tentación de mandar a paseo a alguien se asoma, o las ganas de comer demasiado, o de criticar, o de gritar a los peques “¡que ya está bien!”, o… (pon tú lo que a ti te cueste) y verás como Ella te lleva en brazos junto a su Hijo.

Que tus Rosarios no sean palabras vacías, la Virgen nos llama con insistencia a la Purificación, a la penitencia. ¡Cada Avemaría debe salir de las entrañas de tu corazón pidiendo piedad por ti, por tus pecados y por los de toda la humanidad!

A mí Jesús me enamora en la Eucaristía y cuanto más tiempo paso ante el Santísimo Sacramento más quiero volver; la Virgen sin embargo, es a quien acudo cuando algo malo pasa, para pedir por alguien enfermo, o por un trabajo, una amiga,… y es que María tiene ese punto maternal que no tiene Jesús, por eso cuando ante el peligro, cuando me caigo, voy a sus brazos.

Pero Ella quiere más. Nos lo ha pedido en Fatima, en Lourdes, en Guadalupe,… SIEMPRE nos dice lo mismo: ¡rezad el Santo Rosario! ¿A qué esperamos? A rezarlo y a ponernos bajo su manto y dedicarle miradas de afecto durante el día cuando entramos en una habitación y la vemos ahí colgada en la pared. ¡María quiere tu corazón y el mío enamorados como una niña de su madre!

Y los quiere (nuestros corazones) para purificarlos y llevarlos a su Hijo. No le hagamos esperar y llenemos nuestro día de jaculatorias, piropos, miradas y avemarías!

No os voy a negar que este sitio es especial y que una vez más, el Señor ha estado muy grande conmigo (con nosotros). Espero haberos tocado el corazón como la Virgen lo ha hecho conmigo.

¡Dios os bendiga!

¿Qué es lo más importante del verano?

Durante las vacaciones de verano es muy frecuente cambiar de domicilio, de rutinas, de compañía… En nuestro caso pasamos bastante tiempo con la familia por lo que hay que adaptarse a los horarios y ser flexibles con la falta de rutina.

A mí esto no me supone ningún esfuerzo pero soy muy consciente de que tanto desorden consigue que no pueda ir a misa, pasar un ratito a solas con el Señor, rezar el Rosario… hacer en definitiva lo que en mi día a día me gusta hacer: estar con Dios y dejarme abrazar por Él.

El caso es que ayer fui a charlar con mi director espiritual. Me había preparado bien algunas cosas que quería preguntarle y otras que quería pedirle, así que llegó el momento de la gran cuestión: ¿cómo hago para que Dios esté en mi vida este verano? ¿Podría rezar por mí para que no abandone al Señor en este tiempo?

La respuesta del sacerdote me abrió los ojos: Inés, el verano está para que mimes a tu marido, para que tengas detalles con él. Tu cónyuge ha de ser lo primero en estas vacaciones porque en él está Cristo. Y tu vocación es amar a Dios a través de tu marido.

¡Vaya lección! Me dejó anonadada. ¡Qué razón tenía! Durante el curso, con los peques, el cole, el trabajo, extraescolares, amigos, compromisos,… apenas hay tiempo para que los esposos nos miremos, nos preocupemos por el otro como el centro de nuestra vida que son.

Al menos yo pensé que tenía razón, que este verano era el mejor momento para volver a coquetear con él, para reírnos, leer juntos, disfrutar y pensar en el otro.

¿No os parece precioso? Tenemos una vocación tan grande que se manifiesta y crece en la medida en la que rezamos por el otro, en que buscamos su sonrisa, su rato de diversión: en la medida en la que le amamos.

Ojalá este verano sirva para reconquistar corazones, para volver a empezar, para pedirnos perdón por los errores y querernos un poquito más. Os invito a la reconquista, al enamoramiento, a las mariposas…

Es verdad que algunos matrimonios quizá llegan ya muy pasados de rosca después de este curso tan duro, después del confinamiento, etc, etc; también para ellos hay esperanza porque Dios lo puede todo y en medio de ese matrimonio está también el Señor queriendo sanar heridas, reconciliar corazones, sólo hace falta querer: Y MERECE LA PENA.

Si es tu caso y no sabes por dónde empezar escríbeme por privado y te mostraré el camino. Amar es fácil si sabes cómo.

Rezo por vosotros, para que este verano sea un tiempo para darnos a los demás (también para los no casados). Un tiempo en el que con la ayuda de Dios saquemos sonrisas y alegría en quienes nos rodean.

Todos lo necesitamos. Ha sido un curso difícil y este verano toca disfrutar, olvidar y desconectar con quienes más queremos. ¡A por ello familias!

Déjate querer

Hoy le preguntaba a Jesús en mi ratito de intimidad con Él a ver qué quiere ahora de mí (porque ando un poco perdidilla). Desde que sobrevino la depresión siento que aún no estoy preparada para retomar mis responsabilidades cotidianas ni tampoco para volver a trabajar, dedicarme a mis hobbies u organizar un poco mi casa.

Así que, he ido a verle y le he preguntado sin rodeos: ¿qué quieres de mí ahora, hoy, está temporada?. Porque soy muy consciente de que la vida es un soplo de aire fresco, un soplo regalado en el que de nosotros depende querer o no aprovechar cada segundo de esa brisa para que Jesús pueda seguir actuando en nuestras almas (y a través de ellas en las de los demás).

Un soplo de aire que pasa muy rápido, por eso sé que en este tiempo tan raro de mi vida también tiene un plan para mí.

En la vida no hay “tiempos muertos”, todas las situaciones -por extrañas o difíciles que parezcan- sirven para acercarnos a Dios, sirven para que salgan obras grandes que Él hace a través de nosotros.

Vuelvo a preguntárselo, ¿qué quieres hoy de mí Jesús? Y las palabras que me dijo el sacerdote en mi última confesión han resonado con mucha fuerza en mi corazón:

DÉJATE QUERER

Inés, déjate querer“. Y hoy te lo digo yo a ti: “Fulanito/Menganita déjate querer“. Pues es que, aunque pueda parecer extraño, muchos no sabemos hacerlo…; hemos crecido y vivido siempre en el darse a los demás y en eso nos hemos empeñado.

Por eso, ahora que me llega esta “segunda parte”, no sé cómo se hace eso de dejarse querer. Pero el mensaje era muy claro, Dios quiere que me deje querer, así que le he pedido pistas (un poco de ayuda para aprender a dejarme querer) y esto es lo que me ha dicho:

Dejarte querer es corresponder a esa sonrisa que te recibe en tu hogar; dejarte querer es no tener prisa; dejarte querer es escuchar; dejarte querer es sonreír a un beso robado; dejarte querer es dar gracias a Dios por todo lo bueno y maravilloso que tienes en tu vida; dejarte querer es parar y observar; dejarte querer es admirar el Universo que Dios ha creado para ti y alucinar; dejarte querer es recordar que todo lo que tienes es un regalo; dejarte querer es apreciar y agradecer que hoy las llaves están en su sitio (o reírte si no lo están); dejarte querer es sonreír porque los juguetes están tirados por ahí y reírte con tus niños en lugar de enfadarte.

Podría seguir pero creo que ya he pillado la idea. Quizá pueda sonar absurda para algunos pero vamos tan corriendo por la vida que nos la perdemos, ¡se nos pasa sin enterarnos! Por eso pienso que Dios nos llama a cada uno a pararnos y mirar nuestra vida con sus ojos y a dejarnos querer, por Él, y por los demás.

¿Es esto lo que Dios quiere para mí? ¿Soy feliz? ¿Me dejo querer? ¿Sé amar a los demás?

Mírate. Déjate querer. Y lo que estorbe (chirríe) en esa mirada divina es probable que necesite un cambio. Búscalo y llénate de la gracia de Dios para llevarlo a cabo.

Puedes encerrarte en tu dolor o sacarlo y ser feliz

No puedo esperar a compartirte el testimonio de Luis y Mariona, los papás de mi sobrino Iñaki. No son distintos a ti y a mí pero se dejaron abrazar por la Virgen cuando su primer bebé marchó al Cielo con tan sólo 8 meses de vida.

En realidad, desde que les dijeron que venía malito, en la semana 20 de embarazo, y la mejor opción parecía ser interrumpir el embarazo. Ellos tuvieron muy claro que ese hijo era suyo y que le darían todo su amor mientras pudieran.

Lo que a los ojos humanos era un disparate, seguir con un embarazo con malformaciones congénitas, se convirtió en el tiempo en la mayor locura de amor que jamás hayamos vivido.
Iñaki vivió 8 meses maravillosos, rodeado del cariño de sus padres, abuelos, amigos,… y su corta vida dio más fruto que muchas de las que llegan a la vejez.

Gracias a Iñaki comprendimos el sentido del sufrimiento, aunque él no sufrió nunca; la belleza del amor sin medida, sin condiciones: hasta que Dios quiera.

Y cómo cuando nos damos a los demás y luchamos por la vida, ésta nos devuelve el doble o el triple de lo entregado.

Lo que pudo haber sido un aborto -interrupción voluntaria del embarazo más que comprensible- se convirtió en una aventura maravillosa que nos ensanchó a todos el corazón y nos acercó el Cielo a la tierra.

Ayer volvimos a revivir esta locura de amor. Gracias Mariona y Luis por volver a compartir con nosotros aquellos momentos tan duros e increíbles al mismo tiempo. Gracias por demostrarnos que merece la pena decir sí a la vida y que los hijos son un préstamo temporal porque a quien realmente pertenecen es a Dios.

Fuisteis nuestro refugio entonces, con la gracia del Espíritu Santo, y lo habéis sido de nuevo con vuestro testimonio. No sólo para quien ve a un hijo morir sino para todos, porque el dolor y el sufrimiento van de la mano de la vida y ayer vuestras palabras fueron fortaleza para los que estamos en momentos de prueba (enfermedad, dolor, confinamiento…).

Un soplo de esperanza que lo inunda todo. Para veros una y mil veces y profundizar en el mensaje que Dios nos envía a través de vuestras palabras. GRACIAS

Así es tu vida cuando vives amargada

Me he dado cuenta últimamente de que no sé disfrutar de la vida. Creo que ya os lo he dejado caer en algún post anterior pero como ya no me acuerdo pues espero no repetirme mucho.

Hoy he leído una frase que me ha llevado a pensar qué cosas de mi día a día hacen que Jesús esté presente en ellas. No me refiero a las propiamente “pías”, tipo la Misa o el Rosario, sino a mi vida normal, lo de cada día.

Y aunque no os lo creáis me cuesta descubrirlos. Estoy segura de que está, porque es el centro de mi vida, ¡es mi mejor Amigo!, pero ¿por qué no veo a Jesús en lo más ordinario?

Probablemente porque estoy tan enfrascada en los deberes de los peques, hacer comidas, que la cesta de la ropa no sobresalga en exceso, el orden, etc que no me queda tiempo para ver su mano amorosa, de amigo, sorprendiéndome y saliendo a mi encuentro.

Me imagino la típica peli en la que el chico no deja de cruzarse con la chica para llamar su atención, le hace mil favores sin que ella tan siquiera lo note… porque está con el corazón en “sus cosas”, más amargada que un pepinillo en vinagre.

Y sólo pensar que yo soy ese pepinillo y que te tengo a Ti, ¡Jesús de mi vida!, tratando de sacarme una sonrisa a todas horas, llenando mi día de detalles y sorpresas cariñosas para que me relaje y disfrute… y que yo no me entero, ¡es que se me cae la cara de vergüenza!

¡Cómo puedo ser tan lerda!

Oye, y que es la pura realidad… Esta mañana sin ir más lejos me he levantado con un careto de chiste y por mucho empeño que he puesto en arreglar aquello no he encontrado la manera. Pues según salía de casa una vecina me ha dicho alegremente “¡qué buena cara tienes hoy!”

Estoy segura de que era Jesús de mis amores hablándome a través de ella, pero en el momento ni lo he pensado… más bien ha salido de mi corazón un “ponte gafas colega porque mi geto de hoy no hay por dónde cogerlo”. Aissssss….

Después, he ido a desayunar a un sitio y curiosamente tenían leche fría, de nevera, ¡como a mí me gusta! No es lo normal, pero la tenían y a la vista para que yo la viera… también estaba ahí Jesusito mimándome como a la que más.

Y luego me han dado una mala noticia: el fallecimiento de Jorge Sampere. No le conocía pero he rezado tanto por él y hay tantas personas de mi entorno de Instagram que eran amigas suyas que me ha dolido mucho su marcha al Cielo.

Enseguida he sentido a Jesús consolándome, recordándome que su vida ha dejado una huella imborrable en muchos corazones (¡incluso en los de quienes no le conocimos!). Jorge tiene la suerte de disfrutar ya contigo, Jesús. Y no hay nada más grande que saber que un ser querido está en el Cielo.

Seguro que en lo que queda de día tiene mil detalles más así que me he propuesto abrir bien los ojos y esforzarme únicamente en ver a Jesús en las cosas que me pasen hoy, incluso en las más insignificantes como la leche fría.

Porque sé que eso te gusta, Jesús, y los amigos estamos para eso: ¡para cuidarnos! Yo también intentaré tener detalles de amor contigo, aún no sé cómo así que Espíritu Santo… ¡en vos confío!

Pd. Este post lo escribí hace tiempo…pero vale para hoy también y me ha conmovido al releerlo. ¡Os espero en los comentarios! Abrazos