¡No tengáis miedo! Todo va a salir bien

Hoy resuenan con fuerza en mi corazón estas palabras de san Juan Pablo II: “No tengáis miedo!”.

No tengáis miedo del Coronavirus, no dejéis que el pánico se apodere de vuestros hogares, Dios nos invita a confiar en Él.

No temáis al tiempo que durará o a las consecuencias que tendrá: Dios sabe más. Y de esta pandemia que genera tanto sufrimiento, el Señor -que llora con cada uno de nosotros- está ya haciendo grandes milagros en todo el mundo.

Dejemos que Dios sea Dios

Sentid el amor de Cristo en vuestros corazones y preguntadle cada día en la intimidad de vuestra habitación: ¿qué quieres de mí hoy, Jesús?, ¿qué quieres de mí en esta circunstancia en concreto?

A mí me pide oración y, sobre todo, oración en familia; pasar tiempo de calidad ¡y en cantidad! con mi marido y mis hijos. No sé cómo será mi vida mañana, ni si me permitirá la salud llevar a cabo alguna de las ideas maravillosas que me han llegado por las redes; pero no temo al mañana.

Jesús está en mi corazón, le siento cada día más cerca de mí y eso me basta. Me siento en sus manos amorosas y sé que nada malo puede pasarme porque Él está conmigo: me lleva de la mano y me cuida como a la más pequeña de sus niñas.

Vivo al día (o lo intento, porque tengo una paciencia que brilla por su ausencia 😅). Me enfado a ratos, me pongo nerviosa, el mundo se cae sobre mí: los peques en casa, sin tiempo para organizarme y con la sensación de que todo es un caos y no hago nada más que gritar y cansarme.

Pero después me río, porque veo a Jesús a mi vera y me da paz.

Todo está bien Inés, yo lo he dispuesto así. Y me enseña algunos momentos bonitos vividos en el día: hoy Nacho ha hecho la comida él solito y has desayunado con tus peques con calma, has podido charlar con algunas amigas por teléfono, Jorge ha llegado pronto, has podido rezar con los niños y orar en Mi Presencia (el Santísimo expuesto en directo online). Realmente, ha sido un gran día.

Y le doy las gracias por recordarme lo precioso de este día, por borrar de mi corazón ese miedo a estar haciéndolo mal, a no poder con esto; y le pido perdón por las veces que me he enfadado con sus hijos (y también nuestros) y le pido LUZ al ESPÍRITU SANTO para tener a Dios mañana muy presente todo el día: ¡Señor, que vea!

Pd. Y en cuanto he terminado de escribiros se ha montado en casa la de sanquintin, antes de acostarse, jaja! ¡Ay Señor dame paciencia! En esos momentos, y ya cansados de todo el día, ¡me los comería a cada uno! Aiiiissss!!! Si es que es precioso lo que nos dices Jesús: ¡pero ayúdanos más, que somos de barro y solos no podemos vencer nuestras limitaciones!!!!

Dios aprieta pero no ahoga. Recursos para la cuarentena

Y cuando creía que la cosa no podía empeorar, llegó el Coronavirus a nuestra ciudad y, con ella, el cierre de colegios y los niños en casa, jajaja! (Me río por no llorar)

Alguno puede pensar, ¡qué suerte que te pille de baja!, pero la realidad es que estoy de baja porque no puedo con mi alma… así que estos días atrás me he agobiado bastante sólo con pensar en tener a los peques encerrados conmigo en casa con lo mal que me encontraba.

Hasta que esta mañana, gracias a Dios, después de una semana en cama y sin fuerzas casi ni para ducharme, me he despertado mejor. Estoy tranquila y con una paz infinita. Viviendo cada momento y enseñándoles a los niños la importancia del hoy y ahora.

Mamá, ¿y podré decirle a Pablo que venga otro día?”, ¿y cuántos días estaremos sin ir al cole? ¿Pero tendremos las clases por internet? ¿Y las mismas horas o menos? ¿Y podré hablar con mis amigas por teléfono? Las voy a echar mucho de menos; y, y, y…”

¡¡¡Ay que agotamiento con tanta pregunta!!! Estaba ya cansada y sus preguntas empezaban a superarme así que les he explicado lo importante que es vivir el HOY y AHORA.

No sabemos cuántos días serán, ni cómo daremos las clases -el lunes empezamos- nos lo explicarán en un email desde el cole y haremos lo que podamos. No os agobiéis porque no sabemos nada. Dejemos que los acontecimientos de cada día nos vayan mostrando el camino”, les he dicho.

Por supuesto no se han calmado, jaja, pero yo sí. He repetido tantas veces “hoy y ahora” que creo que ha calado un poco más en mí y me ha llenado de paciencia.

No sé cómo será el lunes, no sé cómo me levantaré yo ni qué nos pedirán desde el colegio que hagamos: pero tengo MUCHA PAZ. Estoy completamente abandonada a la Providencia de Dios. Tengo la absoluta certeza de que esta locura tendrá su repercusión positiva porque cuando Dios permite algo: siempre saca abundancia de bien.

Así que viendo el panorama veo fundamental organizarnos para no volvernos locos. Soy bastante despistada y con la fatiga me cuesta mucho pensar así que este fin de semana va a ser el del hacer un plan de acción familiar.

Concretaremos un horario que se ajuste a nosotros, con sus ratos de clases, de música, de manualidades, de cocina,… un poco de tele, lectura, deporte. Os iré contando cómo va y ¡no dejéis de compartir vuestros tips para sobrevivir!

No lo tenemos fácil, es una situación que nunca antes hemos vivido así que vamos a buscar el lado positivo de las cosas: vamos a tener mucho tiempo para estar con los peques, para conocerles mejor, escucharles, discutir y pedirnos perdón, rezar juntos, jugar, …

Os comparto algunas ideas que me han llegado por redes y que pienso aprovechar al organizar nuestro planning:

Coronavirus: un caso práctico para educar en valores (El miedo y la prudencia)

El otro día charlando con una amiga le comenté lo único para lo que nos está siendo práctico el Coronavirus en casa: para educar en valores.

Las situaciones de pánico en los supermercados, la crisis de las mascarillas, el racismo intolerable, … son sucesos que no podemos cambiar pero sí podemos aprovecharlos para educar en valores a nuestros hijos partiendo de la vida misma.

Para un niño, es mucho más fácil entender un concepto si tiene un ejemplo cercano, que si le explicamos el término de manera teórica.

Así que estos días os voy a contar lo que hemos ido hablado en casa con los peques a raíz del Coronavirus:

El miedo y la prudencia

– Mamá, ¿por qué se han gastado todas las mascarillas del mundo?

Pues verás, los seres humanos tenemos un sentimiento muy práctico que nos avisa ante los peligros, se llama “miedo“: es, por ejemplo, eso que sientes cuando se oyen ruidos por la noche y no sabes de dónde vienen.

El miedo es bueno, nos protege, pero a veces se equivoca y saltan todas las alarmas por cosas que no merecen esa atención: los globos, los bichos, la oscuridad, (el Coronavirus), entre otros.

Gracias a Dios, los seres humanos además de sentimientos tenemos inteligencia y voluntad. Cuando sentimos miedo es importante que pensemos si es lógico sentirlo o no y actuar en consecuencia.

¿Qué pasa si nos dejamos llevar por el miedo?

Bueno, dejarse llevar por el miedo lleva a situaciones que pueden no ser un problema grave: gritar por la noche o al ver una araña no va a ningún sitio, pero también puede tener consecuencias muy graves: que al ver una avispa salgas corriendo a la carretera presa del pánico y te atropelle un coche.

Es importante racionalizar los sentimientos. Utilizar la prudencia para ver si el miedo que siento tiene sentido o no para actuar en consecuencia.

En el caso del Coronavirus parece que es una gripe como otra cualquiera y que debe preocuparnos en la medida en la que seamos “personas de riesgo”, que no es el caso.

A muchas personas lo que les ha pasado es que se han dejado llevar por ese primer impulso: miedo a lo desconocido; al no racionalizarlo, se ha convertido en pánico. Y cuando el pánico llega a tu cabeza, ésta deja de pensar: se vuelve loca.

Y entonces se suceden situaciones realmente trágicas como que no haya comida en los supermercados, se agoten las mascarillas, el racismo se dispare, la economía caiga en picado…

¿Cómo podemos prevenir las situaciones de pánico? Sin ser ninguna experta, la experiencia me dice que ejercitar la prudencia en situaciones cotidianas ayuda: aprender a dormir solo, oír ruidos y buscar su origen, acercarse a un globo para ver que no pasa nada, jugar con bichos para familiarizarse con ellos, …

Si nuestra cabeza se acostumbra al proceso miedo-prudencia-acción podremos evitar situaciones trágicas en el futuro: nos saldrá de manera natural el razonar antes de volvernos presas del pánico.

¿Cómo ha afectado el Coronavirus en vuestras familias? ¿Habéis podido conversar con los niños sobre este tema?

Pd. Próximamente: Coronavirus. Un caso práctico para educar en valores (intolerancia al racismo)

Cuando tu suegra te corrige ¡y encima tiene razón!

¡Qué gran lección de inicio de año! La escena os resultará muy familiar:

1 de enero. Casa de los abuelos paternos (en mi caso, suegros). 19.30h de la tarde. Mantita y peli (la segunda de la tarde 😬), tirada en el sofá y más a gusto que un arbusto.

Teníamos que volver a casa después de comer pero mi marido había tenido que salir a un tema importante y llevaba desde las 16h fuera, así que yo, que me gusta llegar pronto para deshacer maletas, etc, adopté el modo off y me dije: “ya no salimos pronto así que relájate y disfruta”.

No estaba enfadada ni mucho menos, había surgido un imprevisto y yo me adaptaba (bien contenta, dado que estábamos viendo Aladdin “en persona” -como dicen mis hijas- y me apetecía mucho verla).

El problema llegó cuando mi querido esposo, cansado de las gestiones, apareció en casa. Yo ya estaba enganchada a la segunda peli y ¡era muy chula! Tranquilicé mi conciencia para no levantarme:

A ver, las maletas las he dejado cerraditas esta mañana y además no estoy bien de salud, me canso rápido, la espalda se resiente,…; encima a Jorge le gusta organizar él solito el maletero porque hay que hacer un auténtico Tetris para que todo entre; así que realmente no sirve de nada que yo me levante del sofá”

Pues sí. Ahí me quedé. Yo, mi, me, conmigo y con mi ombliguito una vez más. ¡Qué le vamos a hacer! Y no penséis que hubo bronca…, ¡qué va! Si es que mi marido es un santo varón. Bajó las maletas encantado y colocó todo en su sitio.

Luego revisó las habitaciones, el salón, la cocina, los baños,… ya estaba casi todo a punto cuando ¡apareció mi suegra!

Es un amor de mujer y llevaba ya un buen rato mordiéndose la lengua pero no aguantó más (y no me extraña): Oye, ¿igual hay que mirar a ver si Jorge necesita algo, no?

Algo tan obvio, evidente y de cajón de madera de pino ¡me sentó como un puñetazo en el estómago!

“¡Joe! Que yo no he parado toda la mañana con las maletas, duchas, etc; y por la tarde viendo la peli con las niñas, no veas tú la peque cómo estaba -¡no ha parado quieta!- Y encima, que de salud no me conviene darme palizas; suegra, que tú no lo sabes, pero yo ando muy justita…”

Eso pensaba hacia mis adentros pero en el fondo veía claro que menuda patada en el orgullo que me había dado mi suegra! Y con toda la razón del mundo, las cosas como son. Porque sí, claro que ando regular de salud, pero echar un vistazo a los cuartos podía haberlo hecho sin problema.

Y recoger un poco las camas con los niños, que así quedaba todo más recogido también; pero yo estaba a lo mío: a mi película y a mi momento de tranquilidad.

Y es que mi vanidad me cegó por completo. ¡Vaya rebote que me pillé!

“¡Es culpa de mi suegra, que ha hablado sin saber y punto!”– me dije tratando de relajarme.

Rectificar es de sabios

Por eso doy gracias a Dios. Porque no me dejó ni dos minutos engañarme a mí misma con mi sermón de víctima. Puso las cartas sobre la mesa bien rápido y me dio mucha paz para reconocer mi error y mover el culo del sofá.

Cuando nos metimos en el coche, me excusé con mi marido vagamente: “cari, oye, que antes no me he levantado porque como te gusta meter todo tú en el coche…”.

Y él, con cara de cansado y una sonrisa me contestó que sí, que no pasaba nada, que quizá un poco de ayuda para revisar le habría gustado pero que lo entendía.

Entonces me di cuenta de lo buenísimo que había sido él y lo mala pécora que había sido yo, y le pedí perdón. Porque aunque no se había enfadado conmigo yo había sido muy egoísta quedándome en el sofá, y muy injusta con mi suegra quejándome en mi cabecita como lo hice.

Podía ayudar pero me había dejado vencer por la pereza.

Mi suegra no sabe todo lo que yo pensé en ese momento… (gracias a Dios), pero en el fondo le estoy muy agradecida porque me ayudó a descubrir esa paja en el ojo propio que a veces nosotros mismos somos incapaces de ver (espero que no le importe que comparta estos rifirrafes en los que tantas familias se encuentran y muy pocas saben solucionar).

Y yo sé, no por méritos propios, sino porque tengo un Ayudante excepcional en mi matrimonio que me va avisando y dando luz nueva a las situaciones, para que sea capaz de recomenzar una y mil veces con su ayuda.

Espero que os haya ayudado al menos a pedir ayuda al Espíritu Santo con las riñas familiares, y a ver con ojos renovados algunas situaciones en las que el otro era siempre el culpable de todo.

Porque a veces lo son, aquí todos nos equivocamos, pero te aseguro que la mayoría de las veces la vanidad y la soberbia nos ciegan para ver la realidad distorsionada de tal manera que nosotros siempre tengamos la razón.

Sabiendo esto, ¡ya tenemos tarea para el nuevo año! Cuando haya discusiones… abrir el corazón y ver si no hemos tenido algo de culpa en ellas. Rectificar, pedir perdón y volver a empezar.

¡A por ello!

Los posts más leídos en 2019

Último día del año y toca hacer balance… como imagino que los números os dan igual, he pensado que quizá sí os interese saber qué posts han tenido mejor acogida durante este año.

Aprovecho esta entrada, la última de 2019, para daros las gracias de corazón a todos los que me seguís, leéis lo que escribo, me escribís, me escucháis cuando estoy más petarda, …

¡Gracias!, porque sin vosotros no existiría @familiaymas, que además de ayudarme a poner lo importante de la vida en su sitio, también me ha facilitado teneros cerca a cada uno.

¡Incluso me ha regalado nuevas amistades!

Por eso gracias. Por todas las veces que has escrito un comentario (público o privado) porque me ha llenado de alegría saber que te ha servido. También gracias por las críticas positivas, por las ideas para nuevos posts, por compartirlo con vuestros familiares y amigos.

Porque esta familia va creciendo y, con ella, confío en que también crezca la esperanza en la familia, en el matrimonio, en la importancia de los valores, de la educación, del respeto y la autocrítica.

Y por supuesto, os deseo de corazón que cada una de las palabras que escribo os acerquen a Dios porque es el mayor de mis tesoros y sería muy egoísta si no lo compartiera con vosotros. Mi Dios, mi Jesús y mi todo.

Ha habido días en los que escribir salía sólo y otros en los que parecía misión imposible, pero con vosotros y por vosotros: ¡ha merecido la pena! Gracias de corazón por todo vuestro cariño y apoyo, tanto con el blog como con el comentario de cada día en el grupo de whatsapp #quenosdicehoyjesús

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Y ahí va la lista de los mejores posts de 2019, los post más leídos de este año:

1. Diez preguntas que pondrán a prueba tu generosidad

2. Gracias Iñaki por acercarnos el cielo a la tierra

3. Las relaciones sexuales, un problema para muchos matrimonios

4. Dios nos ha escuchado

5. Hoy lo mandaría todo a tomar viento

6. Cómo ofrecer a Dios el dolor y el sufrimiento

7. 5 ideas para vivir el Adviento en familia

8. Mírate con mis ojos. Amor del bueno

9. La puta a la que pagas se siente violada

10. Semana Santa: un detalle que te gustará

Y a ti, ¿cuál ha sido el post que más te ha gustado durante el 2019? ¿Hay algún tema que te preocupe? ¿Algo sobre lo que quieras que escriba?

¡Es momento de escribir tu carta a los Reyes Magos!

Y de compartir todo lo que durante este año te haya ayudado a ser mejor persona.

¡Feliz 2020!

5 ideas para vivir el Adviento en familia

Los que me seguís en Instagram (@familiaymas) ya sabéis que hace unos días lancé un sorteo del libro “Calendario de Adviento” de Mar Dorrio. Era mi primer sorteo y me hizo mucha ilusión hacer un regalo a alguien que no conozco.

Un regalo tan especial, porque este libro me ha enamorado… Es tan real, tan mi vida, la de cualquier familia, que es precioso leerlo.

El caso es que con la “excusa” pregunté a otras familias a ver cómo preparaban en sus casas la llegada de la Navidad, el Adviento, y salieron ideas tan bonitas que merece la pena inmortalizarlas y compartirlas con vosotros. ¡GRACIAS A TODOS LOS QUE COMPARTISTEIS VUESTRAS EXPERIENCIAS!

(Las dos últimas no tienen autor porque son ideas que se repitieron así que he hecho un mix con todas ellas).

Espero que os gusten estas 5 ideas para vivir el Adviento en familia y que os sirvan para esperar con mayor ilusión y preparación al Niño Dios.

Tradiciones familiares en Adviento

1/ Ponemos la cunita del Niño Jesús vacía y un cuenco con pajitas al lado. Por cada cosa buena que hacemos por los demás -ayudar en casa, a los hermanos, ser amables con todos, rezar, etc- metemos una pajita en la cuna. Cuantas más cosas buenas hagamos, más pajitas habrá en la cuna para que cuando nazca el Niño Jesús, tenga una cunita blandita y calentita; hecha con amor. Idea de @lorena_m.d.c

También hay quien lo hace con hebras de hilo para ir haciendo los pañales, las sabanitas, patucos para el Niño… ¡es precioso @_carmelilla_!

2/ Poner el calendario de Adviento con sus chocolatitos y añadir en cada bolsita un papelito (con el nombre de la Virgen y 24 santos). Cada día le toca a uno abrir el saquito: reza una oración al Espíritu Santo para que abra nuestro corazón, coge su papelito y le pide al santo que le toque que le ayude a prepararse muy bien para la Navidad. Después se come el chocolate. Así cuando llega Navidad, 24 santos y la Virgen los han acompañado durante el Adviento hasta Belén. @lady.poplar

3- Dedicar una tarde, el primer fin de semana de Adviento, a decorar la casa. Ponemos el árbol, el Belén, hacemos chocolate caliente y ponemos villancicos. ¡Y no puede faltar el Belén de juguete para que desde bien pequeñitos aprendan a hablar con Jesús jugando con él!Cada año le toca a uno poner la estrella en lo alto del árbol. Después, cada domingo, encendemos las velas correspondientes y leemos el Evangelio juntos. Idea de @et_sub

4- Ponemos un Calendario de Adviento con un pequeño propósito para cada día. Es una forma de pedirle a Jesús que nos agrande el corazón y de decirle que queremos preparar el alma para que la encuentre limpia y llena de amor cuando nazca. El chocolatito hay que comérselo siempre, aunque no se consiga, ¡porque lo importante es la intención!

5- Poner la Corona de Adviento en un lugar destacado de la casa y, junto a ella, la cuna del Niño Jesús vacía. Es una forma preciosa de aumentar el deseo de que nazca el Niño Dios. ¡Mirar la cuna vacía me cuesta tanto, que cuento los minutos para que llegue el gran día!

Esta semana os contaré también el Calendario de Adviento que hemos hecho en casa con los niños. Muy DIY, muy familiar, muy infantil, muy fácil y divertidísimo ¡ha quedado precioso!

Y por si os habéis quedado con ganas de más… rescatamos hoy el post del año pasado: 5 ideas para hacer con niños en Adviento

Que el mérito no sea tuyo no quita para que te sientas orgulloso de quien eres

Hace unos meses conocí a una chica que -tras varios días de conversaciones- me dijo (porque no le quedó otro remedio) que era sobrina de un santo.

Yo flipé. ¡Tu tío está en los altares!, ¿qué pasada no? ¡Eres familia de un hombre que ha pasado a la historia de la Iglesia! Me parecía brutal. Estaba fascinada: para mí era como para muchos conocer a un primo de Maradona o de Ronaldo.

Curiosamente ella ¡no tenía ninguna intención de contármelo!

¿Pero a ti que te pasa? ¡Si es una pasada! De primeras no entendí tanto “secretismo”; probablemente eso fuera lo más interesante de su vida y, sin embargo, ¿¡procuraba que nadie se enterara!?

Tras preguntárselo, me explicó que no le gustaba decirlo porque ella no tenía ningún mérito y no le parecía bien sentirse especial por eso. Le daba pudor ser “más” sin haber hecho ella nada.

El caso es, que esta anécdota que había olvidado por completo, el Señor hoy la puesto en mi corazón para recordarme que yo también tengo el honor de ser familia de alguien muy grande, aún más grande que un santo, un famoso o un gran artista: ¡soy hija del mismísimo Dios!

Y es que a mí me pasa lo mismo que a esta chica: me siento indigna de ser hija de Dios porque no es mérito mío. No me lo merezco.

De hecho, llevaba un tiempo sintiéndome muy indigna de tanto amor y atenciones por parte del Señor y, aunque sabía que a Jesús no le gustaba verme así, era incapaz de entenderlo, de cambiar ese sentir.

Cada vez que iba a misa y repetía las palabras del centurión: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme, mi sentimiento de indignidad crecía y se confirmaba.

Pero es que el centurión no era hijo de Dios porque Cristo no había muerto y resucitado todavía por él. Su siervo se curó por la palabra de Jesús, mi indignidad para recibir a Dios, para tratarle, para merecer su amor: desapareció cuando Jesús resucitó de entre los muertos por mí.

Por eso hoy, al recordar a mi amiga, me he dado cuenta de que ¡da igual que el mérito no sea mío!

Ser familia, amigos, vecinos,… de alguien importante que deja huella a su alrededor, aunque no haya sido gracias a nosotros, nos honra.

Dios me llama hoy a sentirme digna de Él, digna de su amor, de sus dones, de su maravillosa protección y cariño: porque soy su hija. Y eso me da derecho a todo eso ¡aunque yo sea un desastre!

Si Dios ha querido honrarme con su grandeza, ¿quién soy yo para avergonzarme de ello?

Igual que los hijos tienen derecho a ser amados por sus padres sin ellos haber hecho nada para ganárselo (a veces más bien lo contrario, jaja); tú y yo hacemos bien creyéndonos dignos del amor que Dios nos tiene.

Porque Él ha querido que sea así. Claro que no es mérito nuestro… (¡mal andaríamos!) pero es un regalo que Dios nos hace y no debemos rechazarlo.

Hoy no lo entiendo tampoco pero ha calado más en mí ese poder sentirme orgullosa de ser quien soy. De mirarme con la misma admiración (o mayor) que la que me invadió cuando mi amiga me dijo que era familia, ¡sobrina!, de un santo.

Quizá tú y yo no tengamos a nadie importante cerca, pero no lo necesitamos ¡Dios es nuestro Padre! ¡Mi padre! ¿Puede haber mayor honor que ese?

Pd. Como estamos en octubre os reenvío la iniciativa de otros años, aunque estemos a mediados aún puedes unirte a la fiesta

Las relaciones sexuales, un problema para muchos matrimonios

No eres rara si te acuestas día tras día agobiada porque crees que él espera que esa noche intiméis y tú te sientes tan cansada que lo único que quieres es dormir y que llegue mañana.

Te sientes culpable, crees que eres una mala esposa y que quizá deberías “ceder”: pero no puedes con tu alma.

Y él, siente que te alejas. No sabe por qué pero hace tiempo que no tenéis relaciones y se muere de ganas de besarte de los pies a la cabeza, de decirte que te quiere y poder demostrártelo.

No sois raros: simplemente os falta comunicación.

Comunicación y conocer las diferencias entre hombres y mujeres. Porque sí, hay excepciones, pero en general las cosas son como son.

Si crees que tu marido sólo piensa en sexo cuándo se acuesta a tu lado y eso te agobia: pregúntaselo.

Te sorprenderás.

Vivimos las relaciones sexuales de forma muy distinta y hablar es fundamental para no distanciarse.

Perdona que sea tan directa pero creo que hay temas en los que los rodeos no hacen más que complicar las cosas.

Tu marido quiere acostarse contigo porque te quiere: ¿es eso raro?; o peor aún: ¿egoísta?

Si has elegido bien a tu pareja, lo normal será que veas cómo te demuestra que te quiere cada día dándose generosamente, cuidando de ti, buscando siempre y en todo tu felicidad (o al menos intentándolo).

Porque para él, decirte que estás preciosa, ir a cenar o comprarte unas rosas son detalles de cariño hacia ti; pero no demuestran lo muchísimo que te quiere. Para eso necesita abrazarte, sentirte cerca, unir su cuerpo al tuyo.

Y esto no es egoísmo ni un instinto animal, es amor.

Nosotras necesitamos hablar, sentirnos queridas, comprendidas, amadas,… y sólo cuando nos sentimos así nos entra la necesidad imperiosa de demostrar todo nuestro amor con el cuerpo.

Si no tenéis relaciones es más probable que sea porque está agotada y con la cabeza llena de preocupaciones que porque no te quiera, pero ¡pregúntaselo!

Tú necesitas hablar y él hacer el amor

Salvando las distancias, esto ayuda a entenderles: ¿Cómo te sentirías si tu marido no te dejara hablar, si día tras día te dijera que lo siente pero que está cansado y que por favor no le cuentes tu vida? Pensarías que no te quiere.

Eso mismo piensa él cuando le “rechazas” noche tras noche si no habláis nunca del tema. Y así, el muro entre vosotros crece y crece.

No es culpa de nadie que seamos distintos, más bien lo contrario. Pero es importante tener en cuenta estas diferencias y hablar de ello entre los esposos.

La sexualidad no es una carga, es un regalo. Y es importante que el matrimonio vaya a una ¡también en esto! Hablando se entiende la gente así que decir lo que cada uno siente es fundamental para comprenderse y amarse cada día más y mejor.

Hoy lo mandaría todo a tomar viento

Estoy cansada, eso es una realidad. Y cuando lo estoy mi paciencia baja del menos veinte al menos dos mil. ¿Que si es culpa mía? Pues supongo que sí, ¡siempre que le doy un par de vueltas a las cosas llego a esa conclusión!

Dicho esto y siendo evidente -una vez más- que yo no soy mejor que nadie sino que muy probablemente esté en la cola de las mujeres virtuosas y maravillosas que hay y habrá sobre la faz de la tierra: hoy no puedo más.

Lo he intentado todo: he contado hasta 10 (varias veces; despacio, respirando hondamente), he procurado la técnica del “por aquí me entra y por aquí me sale”, le he mirado al Sagrado Corazón que tengo en mi cuarto en plan “a ver qué pasa” y tampoco, así que después de enfadarme con el mundo me meto en mi cuarto a escribir.

¡Mamá! ¿Cómo se sobrevive a la preadolescencia, adolescencia, postadolescencia, loca juventud y ese largo etcétera de fases por las que pasan los hijos?

En serio, que hoy no puedo daros ningún consejo. Estoy perdidísima y no sé por dónde cogerlo. ¡¡¡NECESITO AYUDA!!!

Debe de ser culpa de las vacaciones, que asilvestra a los niños y ahora no hay quien los frene. No sé lo que es pero estoy agotada de hablar para la pared, de que discutan constantemente por bobadas, que todos tengan que opinar sobre lo del resto y que nos den siempre las mil porque aquí no se va ni Blas a dormir.

Y comparto este post tan poco positivo hoy porque quiero pensar que estamos todos así y que leer que alguien pasa por lo mismo que tú, a veces alivia; y que además, aquí hablamos de familia y en las familias de carne y hueso hay días que no sabes por dónde cogerlos.

Sólo tengo una esperanza: que a pesar de todo, soy la mejor madre que les podía tocar. Ah! Esa, y que mañana nos levantaremos y aquí no ha pasado nada, ¡ja,ja! Porque así somos las familias, nos queremos como somos (incluso en días como hoy, jeje!).

Bueno, ya me he desahogado y, aunque seguiré metida en mi habitación para no gritar a nadie, quiero deciros que a pesar de todo, confío en que Dios tiene sus planes y si Jesús llegó a decirle a su Padre “¿por qué me has abandonado?”, aquí una no puede ser más que su Maestro.

Así que como yo no entiendo nada, también grito hoy al Cielo; pero ahí los dejo, en la confianza de que todo es para bien y que Él se ocupa de todo (con mi santo marido, que tiene una paciencia de oro).

Pero por favor, decidme que no soy la única a la que sus hijos la toman por el pito de un sereno!!! (aunque tengáis que mentirme…: ¡¡decidme que vuestra casa también es una jaula de grillos, por favor!! ja,ja,ja!).

¿Son vuestras familias perfectas o en todos sitios cuecen habas???