La Cuaresma: tiempo de alegría y Gracia

Hoy es miércoles de ceniza (por si alguno anda despistado) y la verdad es que este año me ha pillado por sorpresa. No me enteré de que empezaba la Cuaresma hasta este domingo.

Y, como siempre, esta hija de Dios más ignorante que ninguna otra volvió a la queja de siempre: “joe…¿otra vez Cuaresma?, a mortificarme, ayunar, dar limosna, no comer carne,… ¡pero qué perezaaaa!!!

Veía la Cuaresma como un tiempo oscuro, de sufrimiento, de preparación para la Semana Santa, para la pasión y muerte de Jesús; un camino para unirme así a la Cruz de Cristo, a su sufrimiento y acompañarle en su dolor, que está muy bien pero de primeras el cuerpo tira para abajo.

Los sacerdotes celebran la misa revestidos de morado y este tiempo tiene sus “restricciones” (que son una bobada pero como son “impuestas desde fuera, desde la Iglesia” pues molestan más). Supongo que no seré la única que la asociaba siempre a tiempo de oscuridad.

Pero resulta que no. ¡Que no, que no, de verdad que no! Estaba muy equivocada.

La Cuaresma es un tiempo de GRACIA, de ALEGRÍA

es decir, un tiempo en el que si de normal cuando rezabas un rato ante el sagrario, Jesús, por tu sola presencia, te llenaba de Gracia pues ahora se derrama el doble, hay un 2X1 para entendernos.
¿A quién no le gustan las rebajas? En la Cuaresma se nos invita a rezar más para que nuestra alma se llene de Gracia doblemente, nos llama al ayuno para que -vaciándonos- de nosotros mismos, Cristo pueda habitar en nosotros a lo grande. Y nos anima a dar limosna para pensar más en los demás que en nosotros mismos.

Porque una vez que pasa la Cuaresma, llega la Semana Santa; esos días el corazón se nos encoge y avergonzados damos las gracias a Jesús por inmolarse por nosotros, por pagar él la “cárcel”, la pena que tendríamos que pagar por nuestras ofensas a Dios.

Y ciertamente son días muy intensos pero ¡no terminan en la muerte! Nos preparamos toda la Cuaresma para lo que viene después: ¡la Pascua de Resurrección! Porque vana es nuestra fe en Jesucristo sin su resurrección, porque con su Resurrección pasamos de ser humanos, criaturas de este mundo, a hijos De Dios.

No sé vosotros pero yo quiero llegar a ese momento lo mejor que pueda y celebrarlo a lo grande con el alma totalmente convertida por la Gracia de Dios: ayunar de la queja, de los enfados, de la soberbia de querer llevar siempre la razón; voy a dar limosna, -el dinero que pueda porque este año hay muchas familias sufriendo-, pero sobre todo limosna de mi tiempo; jugar con mis hijos, dedicar tiempo a mi marido y a mis amigas, estar pendiente de los demás: ser más generosa.

Y oración. Ahora que el Señor se va a derramar por duplicado voy a aprovechar para estar cada día un ratito con Él y ahondar en el fondo de mi alma qué cosas me separan de Él, qué le gusta y cómo puedo servirle mejor en el futuro; pero también voy a pedirle que en este tiempo me dé la Gracia para vivir mi vida, cada segundo de ella, en oración continua.

Así que empiezo animada, ahora en vez de ver un túnel negro que lleva a la Cruz, veo la Cuaresma como una senda llena de luz deseando iluminar nuestros corazones, limpiarlos y prepararlos para la fiesta más grande de los cristianos: la Resurrección de Jesucristo.

Y tú, ¿vas a dejar que el Señor te inunde con su fuerza o vas a pasar del regalo que quiere hacerte?

A mí llévame en brazos

Os he hablado en varias ocasiones de la película “La cabaña” porque tiene muchos detalles impresionantes que me ayudan a vivir con más presencia de Dios.

En concreto (siento el spoiler pero no revelo nada esencial), hay una escena que a mí me marcó mucho y que tengo muy presente a menudo, sobre todo en los momentos difíciles de la vida, y como ahora estoy atravesando un puente que no sé a dónde me lleva me está costando mucho aceptarlo.

Por eso, cuando siento que todo se viene abajo me acuerdo muy bien del momento en el que el protagonista está subido en una barquita y de repente ésta empieza a hundirse; y el agua, que era hermosa y clara, se convierte en una masa negra que le tira hacia abajo.

Y entonces aparece su amigo y le dice algo así: mírame a los ojos, tú mírame a los ojos, todo lo que estás sufriendo y el pánico que te ha entrado es fruto de tu imaginación: no está pasando, NO EXISTE, sólo pasa en tu cabeza; si me miras a mí y confías todo volverá a la calma, y así fue.

No podéis imaginar la de veces que yo me siento en esa barca que se hunde y busco los ojos del amigo, de Dios, porque al final es muy cierto que todo lo que me atormenta, me agobia, me entristece está sólo en mi cabeza: son cosas que creo que van a pasar por las circunstancias en las que me encuentro pero que en realidad aún no han pasado y puede que nunca pasen.

Así que le miro a los ojos. A veces con eso basta. Enseguida recuerdo que estoy en manos de mi Padre y que nada pasa en mi vida sin que Él lo consienta, y cuando lo hace es porque quiere contar conmigo para evitar una guerra, un divorcio, dar la fe a alguien… ¡sólo El sabe dónde se necesita más apoyo!

Y me calmo. Me siento feliz y agradecida y me repito muchas veces ese “todo es para bien”.

Pero ahora empiezo a tocar fondo (os pido que recéis por mí), los síntomas de la depresión van a más y sólo pensarlo me supera; así que hoy he vuelto a mirarle a los ojos a Jesús, muchas veces, le he pedido mil veces que me ayudara a salir de esa barca, pero no había forma, estaba demasiado asustada.

Así que le he dicho que igual al protagonista de la peli con mirarle a los ojos le bastaba pero que yo sola no puedo y que necesito que me coja en brazos y me lleve Él a la orilla, porque sólo así podré olvidar lo que no existe y dejar de sufrir en vano. Y me ha escuchado. Hoy estoy más tranquila pero no voy a dejaros ahí mirando sin pediros oraciones, esta enfermedad sin duda es muy dura pero no necesito tanto que me cure como que me mantenga la mirada en sus ojos, en el cielo, en la eternidad.

Y allí nos reuniremos todos y veremos los frutos de nuestro sufrimiento y seremos muy felices al ver la cantidad de almas que conocieron a Jesús y se bautizaron, o se acercaron de nuevo a la Fe con una confesión que les cambió la vida, o esa guerra que nunca se dio gracias a nuestra docilidad.

Cuento con vosotros. Yo rezo mucho por cada uno de los que me seguís, por los que me leéis y por los que, aunque quisieran leerme, no les da la vida (por los que comentáis rezo el doble 😜).

Hace tiempo que no os lo pido pero ahora os necesito. Acudid a la Virgen por mí. Hoy celebramos la Fiesta de la Virgen de Lourdes, Ella me cubre con su manto y sé que os escuchará enseguida. Un Avemaría, un Acordaos, un Rosario, una visita a la Virgen… todo vale para conmover a una Madre. Cada uno lo que pueda.

Seguro que entre todos me sacáis de este fango del que yo sola no puedo salir. ¡¡¡GRACIAS!!!

Esta Navidad algo ha cambiado

Esta Navidad algo ha cambiado. No sólo por las restricciones del Covid o por celebrarlas en casa, en vez de en el pueblo con los abuelos y los primos. Ese cambio lo hemos notado todos o al menos la mayoría.

Tampoco me refiero a quienes por desgracia han tenido que celebrarla en la soledad de sus hogares, hospitales, residencias o con la ausencia de un familiar fallecido recientemente.

Mi Navidad cambió pocas semanas antes del 25 de diciembre cuando una amiga me enseñó el dibujo que su sobrino había hecho bajo el lema “Feliz Navidad”.

Era un dibujo del calvario: Jesús crucificado entre los dos ladrones. Me quedé petrificada: no hombre no, ¡eso es la Semana Santa!, pensé yo; ahora toca alegría porque ha nacido El Niño Dios, el Mesías, el Señor. Y toca cantar villancicos y estar alegres, comer polvorones y turrón y visitar belenes.

Pero enseguida pensé, ¿qué le habrá llevado a este niño a dibujar esto en vez de un portal con la Estrella, los pastorcillos, Jesús, María y José… ¡lo que hacen el resto de niños, vamos!? No tardó en llegar la respuesta a mi corazón.

Celebramos que Jesús ha nacido porque es Dios mismo que se hace hombre para salvarnos. El nacimiento de Jesucristo tiene sentido unido a su muerte y Resurrección

Jesús nos eleva al rango divino al hacerse hombre, pero no es hasta en la última cena -en la que se entrega voluntariamente por nosotros- y en su muerte (en la Cruz, dándolo todo por su amor a ti y a mí) que pasamos a ser hijos de Dios con su Resurrección y Jesús nos salva de la condena eterna, ¡gracias a la Resurrección podemos ir al cielo!

Por eso tiene mucho sentido unir la pobreza del nacimiento de Cristo a su resurrección, sin ella nuestra fe no tiene sentido. Jesús vino a salvarnos.

De hecho, seguro que los más mayores os acordáis; hasta hace muy poco, la Navidad se felicitaba con un “felices Pascuas”, porque el nacimiento de Jesús es el inicio de lo importante, lo que vendrá después: la Pascua de Resurrección.

Ahora bien, me alucina que un niño de 9 años pueda ver esto. ¡Cuántas cosas podemos aprender de esa infancia espiritual de la que nos habla Jesús! Hacernos como niños para entrar en el Reino de los Cielos.

A ver, esto son deducciones de una inculta así que por favor, ¡si no tiene ningún sentido os ruego que me corrija alguien con mucha paz!

¿Alguien sabría aclararme si la Corona de espinas y la corona de Adviento tienen alguna relación? Se parecen mucho pero no sé si es casualidad o si la primera llevo a la segunda.

¡Feliz Navidad a todos y mis mejores deseos para el 2021!

El mejor regalo para tus hijos

Se acerca la Navidad y esta semana hablamos mucho del nacimiento de Jesús, de su sentido y de porqué debemos estarle muy agradecidos.

Ayer tuvimos el bautizo del hijo de unos amigos y cuanto más avanzaba la ceremonia más consciente era de lo que allí estaba pasando y del regalo que supone bautizar a nuestros hijos. Lo creáis o no, me di cuenta de que el día del bautizo es más importante de su vida (aunque quizá no lo sepa nunca -yo me enteré hace bien poco de todo lo que pasa con el Sacramento del Bautismo).

El bautismo no es sólo un rito de la Iglesia para dar la bienvenida a un nuevo miembro o acoger una nueva vida en la comunidad de manera simbólica.

Cuando un bebé nace es una criatura humana, terrenal, que pertenece a este mundo -con un principio y un final. Ese era nuestro destino después de que Adán y Eva rompieran toda relación con Dios. Nos lo ganamos a pulso queriendo ser dioses.

Pero al nacer Jesús, en el seno de una familia, en el vientre de una mujer, desde la primera célula hasta su nacimiento; su infancia, su juventud: como cualquier otro humano, sin ahorrarse nada: Jesús cambió nuestro destino.

Nos elevó a la categoría de Dios regalándonos una dignidad que antes no poseíamos. Pero es aún más alucinante: con su muerte, al bajar al infierno (donde iban todos los difuntos al morir hasta entonces pues el cielo estaba cerrado para nosotros por el pecado original) y salir de él, nos abrió las puertas del cielo, haciéndonos hijos suyos.

En el bautismo lo que hacemos es morir a esta vida terrena para volver a nacer a la Vida de Dios; una Vida que nunca termina. Pasamos a ser ciudadanos del cielo.

A los primeros cristianos se les sumergía en el agua completamente como signo de ese nuevo renacer a una nueva Vida. Con el agua del bautismo se nos limpia el pecado original y nacemos de nuevo, pero esta vez divinizados, siendo hijos de Dios por el Bautismo.

De ahí que Juan el Bautista bautizara con agua y anunciara la llegada de Jesús, quien nos bautizaría con el Espíritu Santo, como así fue. La tercera persona de la Santísima Trinidad habita en cada bautizado: nos diviniza, nos hace partícipes de su condición divina.

Es alucinante (y una pena que mucha gente piense que es sólo una fiesta o celebración de bienvenida). Lo que sucede en esa media hora es para volverse loco de amor por Jesucristo; sin su muerte y Resurrección no tendríamos opción de entrar en el Reino de los Cielos. Seguiría cerrado para nosotros, por la gravedad del pecado cometido por nuestros padres.

Y después de sufrir un calvario insoportable por ti y por mí, y morir en la Cruz: ¡nos da libertad para decidir si queremos formar parte de su familia, de la familia de Dios o no!

Me da mucha pena la cantidad de padres que deciden pasar del Sacramento del Bautismo para sus hijos. “Ya elegirán de mayores”, me dicen. Es la ignorancia, en muchos casos, de no saber cómo de impresionante es lo que pasa en el bautismo. El regalo que supone abrir las puertas del cielo a tu hijo.

Se acerca la Navidad, tiempo de agradecimiento, de contemplación; de mirar al Niño y darle gracias por sufrir lo insufrible para reparar la herida del pecado original. Ese Niño nace para salvarte a ti y a mí. Aprovechemos estos últimos días para pensar en ello.

¿Dónde estabas cuando más te necesité?

Esta es una de las preguntas que más a menudo nos hacemos los católicos cuando algo malo sucede en nuestras vidas o en las de quienes nos rodean: ¿dónde estás, Jesús? ¿No ves el sufrimiento que nos genera esto?

La respuesta es sólo una: estoy en la Cruz dando mi vida por ti, para que ese dolor que sientes tenga sentido, para que sepas cuánto te quiero, que en los momentos más duros no te dejo, al revés, los sufro contigo.

Meter a Dios en tu vida supone dejar que sea Él quien lleve el timón, lo que no significa que vaya a tirarte por una cascada para que sufras sino que cuando lleguen, -porque la vida está llena de cascadas, rápidos y troncos cruzados- sabrá ayudarte a manejar la situación para que no te hundas.

Es una cuestión de confianza, precisamente por esto, porque muchas veces vivimos con Dios “por tradición”: procuramos ir a misa, llevarles a un colegio católico, que recen por la noche o antes de empezar las comidas…, y eso está genial. Pero todo eso no tiene sentido si de fondo no está lo más importante: la amistad con Jesús.

NECESITAS UN CAMBIO

Por eso es el momento de cerrar los ojos y soltar las riendas de verdad. Pero de verdad de la buena:

¡Deja que sea Él quien se ocupe, sin miedo, tú no puedes hacer nada más y Él lo puede todo: ahora te toca confiar!
¡Dios está sufriendo contigo!, ayudándote a llevar lo mejor posible esa situación y sacando el máximo BIEN de tu dolor, para que éste tenga sentido.

Porque es ahí, en esas circunstancias en las que no entendemos nada, cuando la confianza se pone a prueba. Es cuando más necesitamos a ese mejor amigo (¡el mismo al que nos sale culparle si las cosas no salen como esperábamos!). Pero es que hay tanto detrás de esa situación, que nosotros desconocemos, pero que Él sí ve y por eso lo permite, que nos toca confiar como niños.

CONFIANZA

Como decía antes, enseguida culpamos a Jesús porque no hace lo que queremos pero ¿somos conscientes de lo mal amigos que somos nosotros con Él a veces?

Le damos plantón porque nos complicamos la vida, el trabajo, los niños, los amigos, la compra… y al final del día: “Dios, lo siento pero hoy no me ha dado tiempo ni de saludarte”

Pero Dios NO SE ENFADA CONTIGO NUNCA, ni tampoco se pone en plan “es que no te importo”, “pasas de mí descaradamente”, “yo te esperaba y no has venido”… NO. Jesús te abraza, te comprende y te consuela; porque ve la sinceridad de tu corazón.
Te conoce mejor que tú a ti mismo y ese conocimiento hace que te perdone un día y otro durante toda la vida.

Y eso, ¡aún sabiendo que no has ido a verle porque no te apetecía, porque te ha llamado alguien para quedar y el plan molaba o simplemente porque te has quedado en el sofá, con la mantita viendo la tele! Sabe perfectamente que no ha sido nada importante lo que te ha impedido ir a verle, pero te quiere como eres y sabe que te gustaría hacerlo mejor. ¿Se puede ser mejor amigo? ¡Apóyate en Él y aligera tu carga!

Existe la alternativa de cabrearte con Dios y amargarte el resto de tu vida, puedes vivir así, eres libre de hacerlo.

Pero te digo por experiencia que cuando dejas que Dios forme parte de tu vida, entra de lleno en ella llenándola de luz; la vida tiene otro color, otra dimensión, otra perspectiva mucho más apacible e impresionante. El estrés desaparece porque Dios es mi amigo, mi Padre, Quien más me quiere y está siempre velando por mí. No tengo nada que temer.

¿Has vivido tú alguna vez una situación difícil? ¿Cómo reaccionaste? ¿Te acercó o te alejó De Dios?

El resto de madres no son mejores que tú, son diferentes

¡Cómo nos fastidia a las mujeres que haya una, que después de dar a luz, siga estupenda; o esa que siempre llega a todo súper puntual, con sus niños estupendos y ella impecable. Y el colmo de los colmos: la que siempre tiene bizcocho o repostería casera en la cocina!

Nos fastidia porque nos comparamos y nos sentimos muy inútiles porque llegamos siempre tarde, dejando la casa patas arriba y con varios hijos sin peinar. Es frustrante pero sólo si te comparas de tú a tú como si las dos, por el hecho de ser madres, debierais llegar a lo mismo. Y no es así.

¡Somos todas diferentes! Y a cada una de nosotras nos pensó Dios con nuestros talentos y defectos; compararnos con el resto sólo hace que nos sintamos inferiores al ver sus dones, que no son los tuyos.

Pero lo que no ves tú son sus defectos; igual que ella pensará que tú eres la madre más guay porque saltas a la comba con tus hijos, jugáis a pillar o salís a la montaña todos los fines de semana.

Somos tontas. Ya lo siento pero es así. Jesús nos ha creado a cada una diferentes para que, poniendo nuestros talentos al servicio de los demás, la comunidad sea más rica y nos complementemos.

Quizá desde el inicio del curso, con tanto caos de los horarios de colegios, normativas en el trabajo, la incertidumbre… no has tenido tiempo de pararte y pensar, y esto es algo que TODOS DEBERÍAMOS HACER.

Puede ser en septiembre, en enero o cuando a ti te de la gana pero haz una lista de 20 cosas buenas de tu vida. Cuando termines, piensa en cuáles puedes compartir con los demás y ayudarles con tus talentos.

Es una gozada de ejercicio porque muchas veces creemos que somos lo peor y, cómo ya dijimos una vez, “Eres la mejor madre que tus hijos podían tener”. Necesitas esos dones y no otros para llevar a tu marido y a tus hijos al cielo, y por supuesto a ti misma.

Así que fuera comparaciones, aceptemos con alegría que todos somos y diferentes y tenemos mucho que aportar. Somos imprescindibles en nuestra familia y en la sociedad tal como somos.

¡Cómo cambia esta casa cuando tú estás en ella!

Qué curioso que hasta que mi marido no me dijo “cariño, ¡no sabes cómo cambia esta casa cuando tú estás ten ella!” al volver del hospital, yo no era para nada consciente de lo importante que es que una madre esté presente, que se le vea en casa, disponible, incluso cuando no puedes hacer nada porque estás enferma.

A los niños les brillan los ojos de felicidad y su sonrisa se vuelve plena; incluso su actitud cambia a mejor cuando te ven aparecer por la puerta.

Oír esto impresiona, sobre todo cuando estás pasando una depresión que te dice que no vales nada y que todo sería mejor sin ti; que sólo molestas.

Pero la verdad es que una madre, aunque no haga nada, hace mucho. Su presencia lo cambia todo. Es mejor que esté, aunque sea enferma, que qué no esté. Suena a perogrullada pero yo no lo veía así, más bien al contrario: me veía como un estorbo.

Y gracias a mi marido -y a mi director espiritual , que llevaba meses diciéndomelo y yo no me enteraba- hoy soy consciente de lo importante que soy en mi familia, ¡que Dios quiere hacer cosas muy grandes a través de mí en mi marido y en mis hijos!

Realmente no tiene ningún sentido que no lo viera. Veo cristalina la acción del Espíritu Santo cuando escribo, cuando hablo con amigas, a través del blog, en Instagram, con el dolor,… pero ¿en mi casa? NADA. Como si no estuviera.

¡No se puede estar más ciega! ¡Cómo no va a actuar el Señor a través de ti en tu familia si ellos son el camino de tu santidad! Dios te ha llamado a la vocación matrimonial y es ahí donde más sentido tiene tu vida, ¡para lo que Dios te creó desde toda la eternidad!

Ahora por fin lo veo. Y, aunque sé que me va a costar mucho porque sigo con dolores, cansada, …etc, etc, etc y voy a sentirme “inútil” por no poder echar una mano con los peques o recogiendo la cocina no me siento sola y sé que ahí sentadita, Dios está santificando a mi familia.

Es una gozada saber que no voy sola, que cuento con la ayuda de Dios. Que va a ser Él quien me haga ser de verdad la mejor madre de mis hijos y la mejor esposa de mi marido (lo pongo al final porque querer a mi marido no me cuesta nada, pero la paciencia con los peques MUCHO, jeje).

Hace muy poquito volví a recordar ese apoyarme en Cristo; no quedarme en la desesperación de que los niños me superan, de que no sé manejarles, de que me torean cosa fina y pierdo los nervios enseguida.

Se nos olvida muy fácil que en esta tarea no estamos solas (ese es el demonio que quiere hundirnos en la desesperación y hacernos sentir que no valemos para ser madres).

La vocación Cristiana, nuestra obligación de educar a nuestros hijos amándoles y cuidándoles sin medida no es algo que podamos hacer solos: necesitamos la ayuda De Dios.

¡No estoy sola! Y tú tampoco. Jesús está deseando que abandonemos nuestra labor de madres/padres en Él y que volvamos a sonreír porque Él hará lo que nosotros no podamos. No es una varita mágica ni mucho menos pero es confiar, desahogarnos con Él y decirle “Jesús te toca, que también son tuyos”.

Y no olvidemos nunca esto: ¡CÓMO CAMBIA LA CASA CUANDO TÚ NO ESTÁS!

Porque cuando mamá está en casa todo cambia

Los Santos NO son cosa del pasado (ni de curas y monjas)

No sé si a vosotros os pasará o no pero yo cuando oigo o leo la palabra “santo” la imagen que viene a mi cabeza es la de un monje mirando al cielo, un cura muy serio, una monja, … por supuesto todos ellos de hace más de 100 años y cuyas vidas nada tienen que ver con la mía.

Así que yo me pregunto, si yo -que he crecido en una familia católica y tengo fe desde niña- tengo esa imagen de los Santos de la Iglesia, ¿qué se imaginarán quienes nunca han oído hablar de santidad ni de Dios ni de nada?

Y los que sí conocemos un poco del tema, creemos que los Santos son personas perfectas: buenas, dulces, amables, muy en presencia De Dios,… vamos, que nunca cometían errores. Pero tenemos que salir de ese error!!!!

Nada más lejos de la realidad): los Santos tenían mala leche, desobedecían, reñían y eran incluso bordes; en definitiva: tan pecadores como tú y cómo yo.

Para ser santos lo único que hace falta es querer y dejar que Dios haga lo demás

Todos hemos nacido con el pecado original y por eso somos así de torpes pero nuestra flaqueza no es lo que nos lleva al infierno ¡si no aquí no se libraba nadie! Entonces, ¿qué hace que una persona sea santa y otra no?

Uff… aquí he tenido yo muchos dilemas a lo largo de mi vida, no sé si por malas explicaciones o por mi falta de entendimiento; la cuestión es que yo había escuchado y leído muchas veces eso de que “era un hombre/mujer santa, heroica en las virtudes humanas”.

Claro, yo oigo esto a los diez, a los quince y a los veinticinco y ¿qué pienso? Para ser santos hay que trabajar las virtudes, en plan “yo me lo guiso yo me lo como”. Incluso me pongo propósitos cada semana para mejorar cada día más y agradar así a Dios para que me cuente entre sus elegidos para ir al cielo.

¿Os imagináis el resultado? No os preocupéis que ahora os digo lo que a mí personalmente me pasó. No puedo negar que mejorará en orden, en puntualidad e incluso en carácter pero no por mis méritos sino porque Jesus se apiadaba de mí como un padre de su hijo cuando este quiere impresionar a su padre y pone la mesa o barre la cocina (de aquella manera).

Pues así fue mi vida hasta los treinta y pico. Cada vez más voluntarismo y menos amor a Dios al ir a misa, rezar o incluso al ofrecerme para ayudar con algo. Me buscaba a mí y a mis virtudes. Eso era lo importante al fin y al cabo.

Así que, desde que me di cuenta de mi error el yugo es muuucho más llevadero. Me dejo llevar y es Dios quien va haciendo: sólo tenemos que decirle que sí, cuando nos gustan sus planes y cuando no: con confianza.

Ahora, Santo sólo es Dios, decía hace unos días un sacerdote en una homilía; lo que conocemos como “santos” son personas que participan de la santidad de Dios porque con su humildad y oración dejaron que Dios viviera en ellos.

Y como hoy es el día de Todos Los Santos os animo a compartir con nosotros personas santas del siglo XX-XXI, que llevaron una vida como la nuestra (no religiosos o sacerdotes) y que sabemos con certeza que gozan de la Gloria Celestial.

ilustración: https://instagram.com/trazodemami

Yo empiezo con mi sobrino Iñaki (a los 8 meses no hay duda de que está en el cielo ❤️), el beato Carlo Acutis, Santa Gianna Beretta Molla, Chiara Corbella, Giulia Gabrieli, Matteo Farina, Eduardo Ortiz de Landazuri y su esposa Laura Busca, Guadalupe Ortiz de Landazuri, Alexia … ¿me ayudáis completar la lista??? *no puedo mencionar al creador de la ilustración porque no sé de quién es pero GRACIAS y ¡si alguien lo sabe qué me diga! ¿Me hacéis el favor de compartir para llegar a más gente? Gracias!!!

¿Cómo puede ser que la mayoría de los matrimonios no duren más de 11 años?

Novia radiante, preciosa. Es maravillosa, guapa, irradia una felicidad indescriptible; está enamorada y quiere a su futuro esposo más que a nadie en el mundo.

Él: elegante, bueno, cariñoso, siempre atento,…sólo tiene ojos para su amada y por eso está camino del altar, del “sí quiero”.

Llevan tiempo preparando cada detalle del día más bonito de sus vidas, quieren que sea un día muy especial porque van a unir sus vidas para siempre y desean que todo sea perfecto. Pasarán de un “tú y yo” a un “nosotros”. Van a formar una familia y todo es felicidad, en sus corazones no cabe más gozo.

Pero resulta que hay matrimonios que duran lo que dura su viaje de novios, otros se divorcian en los dos primeros años y la mayoría no llega a los 11 años. Las cifras deprimen un poco.

Y como esto puede desanimar a muchas parejas a comprometerse, porque parece que una vez que te casas todo va de mal en peor, quiero transmitirles esperanza y alguna idea para que su matrimonio sea no sólo para siempre sino la mejor decisión de sus vidas.

Casarse merece la pena y mucho pero hay que hacerlo bien. Ahí os dejo 4 ideas para saber si es el definitivo:
  • 1. ELIGE BIEN CON QUIÉN TE CASAS

  • No vale quererse o llevar muchos años juntos: hay que tener un mismo proyecto de vida, compartir los mismos principios, coincidir en temas esenciales como los hijos, el tipo de educación, y para mí esencial: creer que no existe en el mundo entero nadie mejor que la persona con la que te vas a casar.
  • No hay puntos intermedios: si crees que el marido/mujer de otros son unos benditos o son un “caso único”, y que tu novio “tiene sus cosillas pero ya cambiará…”: TE EQUIVOCAS. Nunca cambian, van a peor.
  • Todos los matrimonios son especiales.
  • Si ves a tu pareja como alguien a quien quieres pero no te entusiasma estar con ella, hablar hasta el amanecer o sorprenderle cada día; si te aburren sus conversaciones o crees que antepone el gym, los amigos o el fútbol a estar contigo: SAL CORRIENDO Y NO TE CASES.
  • 2. NO HAY PUERTA TRASERA

    Tened ambos muy claro que estáis de acuerdo en apostarlo todo. El matrimonio es una alianza en la que, pase lo que pase, luchareis juntos hasta el final de vuestros días porque os queréis con un amor tan grande que puede con todo.

    Y por eso vais a cuidaros cada día. Romper la rutina de vez en cuando, echaros piropos, sorprenderos, un fin de semana al año en un sitio romántico…

    Pero también no criticaros (ni siquiera pensar mal del otro), confiar siempre en que cada uno hace todo lo posible por hacer maravillosa la vida del otro, y cuando veamos que algo falla: hablar del tema. Lo que no se dice en alto y con cariño, el otro no puede saberlo ni lo intuirlo.

    3. LAS CRISIS MATRIMONIALES SON BUENAS

    No existe ningún matrimonio en este mundo que no haya pasado por un momento difícil, por una crisis matrimonial. No somos perfectos así que los motivos son infinitos, lo importante es identificarlos, hablarlos y buscar una solución juntos sabiendo que toda crisis TERMINA BIEN.

    Los dos queréis estar juntos y encontraréis la fórmula adecuada: es cuestión de tiempo, humildad, perdón, diálogo y ponerse en la piel del otro para entender su postura.

    No está de moda “aguantar*”. Por eso cuando llega una crisis y lo estás pasando realmente mal, las personas con las que te rodees serán decisivas para ayudarte en la reconciliación o para meter cizaña hasta que vuestra relación explote y termine. BUSCA BUENAS COMPAÑÍAS QUE TE AYUDEN.

    4. RESPETO MUTUO

    Siento decirte que sí en algún momento durante el noviazgo os habéis faltado al respeto: gritos, insultos, mentiras, medias verdades, celos exagerados, humillaciones, desprecio delante de otros, desconfianzas… ES MUY PROBABLE QUE TÚ MATRIMONIO NO FUNCIONE, TE MERECES A ALGUIEN MEJOR.Los hay que sí, pero para que el amor dure por siempre hay que querer al otro y en el amor no hay exigencias, ni desprecios ni gritos. Se quiere a la persona por quien es, también con sus defectos. Por eso debe haber comprensión, diálogo, dulzura, ternura,… vivir siempre buscando el bien del otro.

    Y ya lo dejo. Creo que estos cuatro puntos son esenciales. Podría meter más pero no quiero un post eterno 😉

    * No me refiero a aguantar malos tratos, sí los hay: NO SABE QUERERTE, ALÉJATE.

    10 ideas para un matrimonio feliz

    Todos nos casamos enamorados, recordamos el día de nuestra boda como uno de los más bonitos de nuestra vida; nos queremos y nuestro amor es tan grande que puede con todo.

    Y así es, y precisamente por ser tan grande es muy frágil. Está formado por personas; seres humanos que se equivocan, de cansan, son egoístas, …; por eso hay que cuidarlo cada día porque si nos confiamos “porque nos queremos un montón”, “a nosotros eso no nos pasa”: llegará un día en el que miraremos al otro y diremos: ¿qué nos ha pasado?

    Porque la vida nos lleva: el trabajo, la casa, los niños, los abuelos, los amigos, los vecinos; planear las vacaciones, con quién dejamos al perro, los deberes, la multa sin pagar, el grifo gotea.. NADIE LLEGA A TODO. ¿Y quién tiene la culpa?

    EL OTRO. Pero ¿por qué?, ¿ya no es tan perfecto?, ¿no era maravilloso? Ya te digo yo que sigue siéndolo pero vamos pasados de rosca y no hay quien pare esto (sólo nosotros). El exceso de responsabilidades nos hacen desbordar y pensar que la única persona que puede cambiar algo en la ecuación es tu cónyuge.

    Porque podría hacer más y quitarte así presión, ¡pero nada! le miras y está ahí, tan tranquilo. Ni un ápice de estrés, jugueteando con el móvil…, Y eso revienta a cualquiera.

    Pero no es el otro cónyuge el problema

    Podría narraros miles de discusiones a grito pelao por un rollo de papel higiénico, unos zapatos en el salón o la tapa del inodoro sin subir. Desde fuera no parecen problemas muy graves, ¿verdad? Pero cuando estás saturado, la mínima bobada te desquicia.

    Y AHÍ ES CUANDO DEBES RECORDAR QUE NO SON COSAS DE TU MARIDO O DE TU MUJER: PASA EN TODOS LOS MATRIMONIOS.

    Por eso, es FUNDAMENTAL que a esas pequeñas diferencias les demos poca importancia con detalles de amor, con acciones que demuestran al otro que le queremos y que cada día que pasa le queremos más y riéndonos mucho juntos de nuestras diferencias porque son bobadas que convertimos en montañas.

    Confieso desde ya que la mayoría de estas ideas no son mías pero son detalles de cariño que he ido viendo en otros matrimonios y que me han llamado la atención por lo sencillos que son y lo mucho que unen:

    10 IDEAS PARA QUE TU MATRIMONIO FUNCIONE

    1- Decirle muchas veces al día que le quieres y además hacerlo desde el corazón. Con un WhatsApp basta y no lleva ni medio minuto pero alegra la mañana al otro.

    2- Dejar papelitos cariñosos en la nevera, en la puerta de la calle o en el espejo del baño: “buenos días mi vida”, “que te vaya muy bien la reunión”, … (no sólo: ¡BAJA LA BASURA!)

    3- Gracias. En esos mismas papelitos puedes poner un “gracias por tirar ayer la basura” o “qué bien dejaste la cocina anoche”, “gracias por atender al peque porque yo estaba agotado”, …

    4-Sorpresas. Una llamadita de vez en cuando solo para ver qué tal está y decirle que le quieres; organizar una escapada sorpresa al menos una vez al año (para oxigenar el amor); un día cualquiera enviar flores (y si es a la oficina, ¡mucho mejor!) o coger una canguro y salir al cine o a cenar. Salir de la rutina

    5- Corregir con cariño, desde el “yo”, no desde el “tú”: “Amore, ya sé que es manía mia pero ¿podrías bajar la tapa cuando vayas al baño? Lo siento pero me molesta horrores“; prohibido usar el NUNCA ni el SIEMPRE. Y procurar empezar la frase con: “cuando ha pasado esto me he sentido así”.

    6- Fijarse cada día en una o dos cosas buenas que haya hecho el otro y decírselo; y si es algo grande, las palabras “ESTOY ORGULLOSA DE TI”, multiplican por diez el amor.

    7- Si las tareas del hogar son motivo de discusión: contratad a alguien unas horas y asunto arreglado. ¡Vale más vuestro matrimonio que un baño sucio!

    8- Intimidad. Preparad una velada romántica con música, un baile, piropos, … cosas que hagan que (sobre todo) la mujer olvide todas sus preocupaciones y pueda centrarse en vuestra relación. La mujer necesita sentirse atractiva, sexy; el hombre no necesita mucho pero también decirle cosas bonitas le subirá el ego.

    9- Paternidad responsable. Si llega un momento en la vida (que llegará) y por lo que sea no podéis quedaros embarazados: los métodos naturales son cosa de dos. Si el hombre no se implica, la mujer se sentirá cada vez más culpable de decir “no se puede”.

    10. Poner a Dios en el centro de vuestro matrimonio. Lo dejo para el final pero es lo más importante : rezad juntos, compartid vuestros anhelos, sentimientos o reflexiones. Y tened siempre presente que todo lo que no sale como vosotros planeabais es que Dios tiene un plan mejor para vosotros.