10 ideas para un matrimonio feliz

Todos nos casamos enamorados, recordamos el día de nuestra boda como uno de los más bonitos de nuestra vida; nos queremos y nuestro amor es tan grande que puede con todo.

Y así es, y precisamente por ser tan grande es muy frágil. Está formado por personas; seres humanos que se equivocan, de cansan, son egoístas, …; por eso hay que cuidarlo cada día porque si nos confiamos “porque nos queremos un montón”, “a nosotros eso no nos pasa”: llegará un día en el que miraremos al otro y diremos: ¿qué nos ha pasado?

Porque la vida nos lleva: el trabajo, la casa, los niños, los abuelos, los amigos, los vecinos; planear las vacaciones, con quién dejamos al perro, los deberes, la multa sin pagar, el grifo gotea.. NADIE LLEGA A TODO. ¿Y quién tiene la culpa?

EL OTRO. Pero ¿por qué?, ¿ya no es tan perfecto?, ¿no era maravilloso? Ya te digo yo que sigue siéndolo pero vamos pasados de rosca y no hay quien pare esto (sólo nosotros). El exceso de responsabilidades nos hacen desbordar y pensar que la única persona que puede cambiar algo en la ecuación es tu cónyuge.

Porque podría hacer más y quitarte así presión, ¡pero nada! le miras y está ahí, tan tranquilo. Ni un ápice de estrés, jugueteando con el móvil…, Y eso revienta a cualquiera.

Pero no es el otro cónyuge el problema

Podría narraros miles de discusiones a grito pelao por un rollo de papel higiénico, unos zapatos en el salón o la tapa del inodoro sin subir. Desde fuera no parecen problemas muy graves, ¿verdad? Pero cuando estás saturado, la mínima bobada te desquicia.

Y AHÍ ES CUANDO DEBES RECORDAR QUE NO SON COSAS DE TU MARIDO O DE TU MUJER: PASA EN TODOS LOS MATRIMONIOS.

Por eso, es FUNDAMENTAL que a esas pequeñas diferencias les demos poca importancia con detalles de amor, con acciones que demuestran al otro que le queremos y que cada día que pasa le queremos más y riéndonos mucho juntos de nuestras diferencias porque son bobadas que convertimos en montañas.

Confieso desde ya que la mayoría de estas ideas no son mías pero son detalles de cariño que he ido viendo en otros matrimonios y que me han llamado la atención por lo sencillos que son y lo mucho que unen:

10 IDEAS PARA QUE TU MATRIMONIO FUNCIONE

1- Decirle muchas veces al día que le quieres y además hacerlo desde el corazón. Con un WhatsApp basta y no lleva ni medio minuto pero alegra la mañana al otro.

2- Dejar papelitos cariñosos en la nevera, en la puerta de la calle o en el espejo del baño: “buenos días mi vida”, “que te vaya muy bien la reunión”, … (no sólo: ¡BAJA LA BASURA!)

3- Gracias. En esos mismas papelitos puedes poner un “gracias por tirar ayer la basura” o “qué bien dejaste la cocina anoche”, “gracias por atender al peque porque yo estaba agotado”, …

4-Sorpresas. Una llamadita de vez en cuando solo para ver qué tal está y decirle que le quieres; organizar una escapada sorpresa al menos una vez al año (para oxigenar el amor); un día cualquiera enviar flores (y si es a la oficina, ¡mucho mejor!) o coger una canguro y salir al cine o a cenar. Salir de la rutina

5- Corregir con cariño, desde el “yo”, no desde el “tú”: “Amore, ya sé que es manía mia pero ¿podrías bajar la tapa cuando vayas al baño? Lo siento pero me molesta horrores“; prohibido usar el NUNCA ni el SIEMPRE. Y procurar empezar la frase con: “cuando ha pasado esto me he sentido así”.

6- Fijarse cada día en una o dos cosas buenas que haya hecho el otro y decírselo; y si es algo grande, las palabras “ESTOY ORGULLOSA DE TI”, multiplican por diez el amor.

7- Si las tareas del hogar son motivo de discusión: contratad a alguien unas horas y asunto arreglado. ¡Vale más vuestro matrimonio que un baño sucio!

8- Intimidad. Preparad una velada romántica con música, un baile, piropos, … cosas que hagan que (sobre todo) la mujer olvide todas sus preocupaciones y pueda centrarse en vuestra relación. La mujer necesita sentirse atractiva, sexy; el hombre no necesita mucho pero también decirle cosas bonitas le subirá el ego.

9- Paternidad responsable. Si llega un momento en la vida (que llegará) y por lo que sea no podéis quedaros embarazados: los métodos naturales son cosa de dos. Si el hombre no se implica, la mujer se sentirá cada vez más culpable de decir “no se puede”.

10. Poner a Dios en el centro de vuestro matrimonio. Lo dejo para el final pero es lo más importante : rezad juntos, compartid vuestros anhelos, sentimientos o reflexiones. Y tened siempre presente que todo lo que no sale como vosotros planeabais es que Dios tiene un plan mejor para vosotros.

¿Por qué ya no pintas?

Hoy me he dado cuenta de una cosa importante. Un defecto que se me pasaba totalmente pero que tiene su importancia porque, sin yo enterarme, ha ido condicionado mi vida muchos años.

No soy capaz de calcular su alcance así que os lo voy a contar en el contexto en el que yo lo he descubierto, para que luego cada uno consigo mismo pueda reflexionar si le pasa lo mismo que a mí en ese o en otros aspectos de la vida.

Os cuento: me gusta pintar desde que soy una niña y he ido a clases de pintura durante algunos años. Nada exigente, puro hobby, pero algo que me permitiera empezar un cuadro y disfrutar con cada detalle hasta terminarlo ¡sin ser obras de arte! Jaja!

Cuando llegué a la universidad no tenía tiempo de pintar. Me dedicaba a estudiar y trabajar para pagarme los estudios así que, poco a poco, fui olvidándome del mundo de los óleos; lo único que nunca dejé de pintar fueron figuras de la Virgen, Misterios, Iconos de la Sagrada Familia para regalos de bodas, comuniones y bautizos de amigos, pero nada más.

Y llegó el 2011, un año muy especial porque nos mudamos a Inglaterra por el trabajo de mi marido y nos organizábamos muy bien (a pesar de tener dos bebés en casa). Yo iba unos días a clases de pintura en la universidad y él tocaba la guitarra con un profesor otros días. Fue muy gratificante.

Retomé la pintura. Disfrutaba dibujando y deslizando los pinceles. Cada día nos enseñaban una técnica nueva y mi confianza subió al ver que los resultados no eran tan horribles, jaja!

Volvimos a España y no volví a coger un pincel. Diré en mi defensa que me aficioné a las tartas fondant para los peques, pero no es lo mismo.

Mi marido me animaba a volver a los pinceles, pero yo tenía un miedo atroz a que no saliera bien, a qué no me gustara el resultado: a no ser buena. A no cumplir las expectativas.

Y he ahí donde, después de muchos años, me doy cuenta de que la única razón que me impide pintar es la soberbia de querer quedar bien, de que todos se admiren con mis obras. ¿Se puede ser más orgullosa (además de imbécil)? Jaja!

Próximo proyecto

Los hobbies están para disfrutarlos, ¡el resultado es lo que menos importa! Nadie nos juzga (y si lo hacen, ¡qué más dará!?). Dejar el placer que supone plasmar un paisaje en un lienzo por miedo a que no guste es, sin duda, una de las mayores tonterías que he hecho. ¡Cómo he podido caer en la trampa!

Aunque no lo parezca, también aquí el culpable es el “patas”, nos mete la desesperanza para que no seamos felices, que no disfrutemos de la belleza de este mundo; ¿no os alucinan los mil colores de un sólo árbol en pleno otoño?

Porque esa belleza nos lleva a Dios, al menos a mí. ¿Acaso no es una obra de arte cada pequeño rincón de este planeta, seres vivos e inanimados?, ¡sólo por eso creería en un Dios todopoderoso y con muy buen gusto!

Bueno, pues descubierto el pastel volveré a dibujar, a pintar y a experimentar; y tanto si queda bien como si queda mal, lo compartiré con vosotros para humillarme un poco y aprender a ser un poco más humilde en esta vida.

¿Os ha pasado lo mismo a vosotros con algo? ¡Cuéntame que me encanta escucharos! Por cierto, y si os gusta el blog ayudadme a difundirlo para que muchos más lo disfruten 😉

Conociendo santos: Santa Faustina Kowalska

Hoy es su fiesta y aunque es tarde no me resisto porque para mí, Santa Faustina Kowalska, es una de mis santas favoritas pero si me hubierais preguntado por ella hace dos años os diría que ni idea de quién era. Tengo la sensación de que Dios quería que me cruzara con ella porque no ha parado de enviarme mensajeros ¡desde hace años!

El primer recuerdo que tengo es de cuando mi abuela paterna estaba agonizando en el Hospital. Coincidió que una amiga estaba ese día en la misma ciudad y, cosas de la vida me llamó para ver qué tal estaba.

Al contarle la situación no dudó en acercarse (el hospital en concreto está a tomar viento de todo), y me dio un papelito, un tríptico con un Jesús de portada, para que rezáramos una oración a los pies de mi abuela: “la Coronilla de la Misericordia”.

Y así lo hicimos. Esa noche mi abuela se fue al Cielo directa porque -además de por sus méritos- Jesús le prometió a Santa Faustina que quien rezara la coronilla ante un moribundo “Yo le defenderé como mi propia gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte o cuando los demás la recen junto al agonizante“.

Me quedé con una paz indescriptible. Volvimos a casa y el papelito se perdió entre libros y papeles (soy un poco caótica). Me olvidé por completo de la Coronilla y de Santa Faustina.

Tiempo después otra amiga me preguntó si yo rezaba la Coronilla de la Misericordia y le dije que había oído algo pero que no terminaba de entender cómo se rezaba. A los meses me puse a ello pero lo hice mal: rezaba la Coronilla después de cada misterio del Rosario y aquello se me hacía eterno.

El año pasado llegó a mis manos por casualidad un libro con algunas frases que Jesús transmitió a la Santa. Aluciné. Tanto que compré un montón de libros para regalar porque hablaba tan sumamente bien de la Misericordia de Dios que me llegó al alma (aún tengo alguno por si alguien quiere uno).

Como veis no os estoy hablando de la vida de Santa Faustina sino de la Divina Misericordia y es que Jesús la eligió a ella para recordarnos a todos los cristianos el Rostro Misericordioso de Dios y que debemos dirigirnos al Padre solicitándosela; para que con nuestras súplicas se apiade de quienes más lo necesiten.

Ayer precisamente fuimos al Cine a ver su película. Nos emocionó. Todavía estáis a tiempo de verla. También existe un libro (debe de ser el bueno) que yo aún no me he leído que es su Diario.

Qué no os pase como a mí, que me he tirado años sin enterarme de la fiesta. Vete al cine, lee, busca, y haz lo que Jesús le pidió a Santa Faustina Kowalska y nos dice hoy a ti y a mí.

Enlace para saber cómo rezar la Coronilla de la Divina Misericordia

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¡A una madre no se le grita!

¡Tengo a la pequeña de la casa totalmente desbocada! No sé si es por el confinamiento, por el inicio de las clases o un poco por todo. El caso es que lleva una racha de todo es “¡NO QUIERO!”, ¡pues no lo voy a hacer!, de chinchar a unos y otros sin parar,… ¡que ya nos tiene fuera de juego!

Sabemos que son llamadas de atención, hemos probado TODO y nada, no avanzamos.

Además nos pone nerviosos porque el peligro le da igual: golpes en la puerta de cristal, lanza un cojín a la mesa mientras comemos; es como si no tuviera límites (hasta el punto de soltarme gritando que “¡en esta casa mando yo!” -en esas me da la risa pero no dejo que me vea, claro, pero sus hermanos a carcajada limpia…).

Reconozco que la paciencia no es uno de mis fuertes pero tampoco es que no tenga nada y soy consciente de que Dios aprieta pero no ahoga, así que me bajo a su altura, le explico que tiene que recoger los juguetes para poder ver la tele -con una voz angelical que no sabía ni que tenía- pero su reacción es al suelo, a gritarme y ponerme cada vez más nerviosa.

Y entonces llegan los gritos: “mira bonita, ya te lo he explicado, ¡o recoges o no hay tele y punto!“A lo que ella, gritándome cual poseída me contesta: ¡ME DA IGUAL LO QUE ME DIGAS, voy a hacer lo que yo quiera! (Esto con 4 años!!!!!); Y yo, tonta de mí, entro al trapo- “¡YA VEREMOS LO QUE HACES, y que sea la última vez que gritas a mamá porque a una madre no se le grita nunca! ¿Respuesta de la canija? ¡PUES A UNA NIÑA TAMPOCO SE LE GRITA!

Y como en eso tenía razón se la di: “¡eso es verdad, a los niños no se les grita: “Lo siento” y me marché pensando soy la peor madre del mundo.

Cuando se le pasó el calentón recogió todo y vino a pedir ver la tele a lo que yo me negué rotundamente: “princesa, hoy no te has portado bien; se obedece, se recogen los juguetes, no se grita… así que hoy no hay tele “. Y por supuesto volvió el chantaje emocional… “pero mamiiii, que lo he recogido todo, y ahora me estoy portando bien. Porfis, ¿puedo ver la tele?” No cedí. Aquello se había ido de las manos y merecía su consecuencia.

Bueno, pues después de esta anécdota casera no vais a creer lo que el Señor me dejó ver en la oración:

“Tienes muy claro que cuando un niño pega o grita a sus progenitores merece su “castigo/consecuencia”, y lo mismo si no obedece, para que tenga claros los límites, aprenda a respetar y se de cuenta de que en casa la autoridad es de los padres”

Ahora traslada eso a tu relación con Dios. Desde niña has pataleado por no ir a misa los domingos, has desobedecido a tus padres, has pasado de Dios muchas, muchísimas veces y sin embargo Él no te ha dejado ni castigado nunca: sigue esperándote con los brazos abiertos cada día por si en vez de un insulto hoy quieres abrazarle.

Y, sinceramente, en proporción, que un niño grite a su padre está mal pero que un adulto desprecie, insulte, ignore,… ¡al Dios que le ha creado! es bastante más grave.

¿No te parece? No habría castigo ni pena suficiente para subsanar semejante barbaridad; sin embargo, no recibimos ningún castigo.

¿Sabes por qué? Porque Jesús te quiere tanto que para librarte de las consecuencias de tratar así a Dios, Jesús se ofreció para pagar la deuda que tenías con Él: murió en una cruz, voluntariamente, porque te quiere y desea tu libertad y tu salvación.

Ahora viene la segunda parte. ¿Qué haces tú para agradecérselo? ¿Sigues pasando de Él o quieres darle las gracias todos los días de tu vida?

A mí me sale de dentro la segunda opción y estoy segura de que a ti también. Lo cierto es que a veces no sabemos ni por dónde empezar… yo acudí a un sacerdote, fuimos hablando todas las semanas y poco a poco entendí lo que suponía ese agradecimiento: dar ahora yo mi vida por Él.

Eso es lo que debe mover a un cristiano: saberse amado sin límites por su Dios. Mirar a la Cruz ayuda bastante así que ten una cerca y verás como pronto lo sientes en tu corazón.

RETO: Dedicar un rato al día a no hacer nada productivo

¿Qué has hecho hoy? Es la pregunta que nos hacemos todos al final del día, sobre todo quienes no trabajan fuera de casa. ¿Y la respuesta -casi siempre- es “nada”.

Vivimos en una sociedad en la que si no produces, no haces nada, hasta el punto de que pasar un rato con los niños jugando al parchís nos supera porque nos parece que deberíamos estar poniendo lavadoras y haciendo cenas.

Pero resulta que nuestra felicidad está precisamente en la otra dirección: en lograr un equilibrio entre las responsabilidades y el ocio.

Por eso lanzo este reto: Tienen que ser actividades cero productivas, una cada día, durante una semana. ¿Te sientes capaz?

Hoy ver una película con los peques (en castellano,¡no vale en inglés!); dar un paseo con tu marido/mujer sin necesidad de hablar ni organizar nada; ver una serie de estas que entretienen y ya está, que no aportan demasiado al intelecto.

Suena fácil pero no lo es. Al menos para mí. Tengo tantas cosas en la cabeza pendientes de hacer que pasar unas horas en familia, comer relajados, escuchar las cosas del cole de este o aquel hijo me impacientan y acabo de mala gaita porque hay muchas cosas que hacer y llevamos casi una hora de sobremesa.

¿¿¿PERO QUÉ PUEDE HABER MÁS IMPORTANTE QUE PASAR TIEMPO EN FAMILIA???

Pues me temo que en muchos casos y sin quererlo: contestar e-mails del trabajo, gestionar los menús de la semana, estar encima de los niños para que jueguen a cosas educativas, hacer la compra, poner la colada, planchar, comprar cuadernos para la mayor y baberos para la peque, cambio de armario, organizar la costura o las herramientas … ¡Lo normal en cualquier familia, vamos! Una lista interminable.

LA IMPORTANCIA DE NO HACER NADA

A veces estoy cansada y me tiro toda la tarde viendo la tele. Cuando la apago tengo una sensación de culpabilidad que hace que me ponga de muy mala leche porque siento que he perdido el tiempo. Y no debería ser así.

No te digo todos los días pero si hoy me concedo el “lujo” de ver toda la tarde la tele, no debería sentirme culpable sino descansada; porque de eso se trata y dar gracias a Dios por ese rato para mí.

Antes de empezar la actividad del día que “no sirve para nada” vamos a respirar hondo y a convencernos de que ahora lo que toca en la lista de tareas es eso. Porque si no, los años irán pasando y verás que te has perdido lo mejor corriendo del curro a casa y de ahí al gym (si tienes suerte).

Necesitas tiempo para ti; olvidarte del mundo, de las preocupaciones, de la rutina, de la cadena del proceso, de la rueda de la vida. En serio, te lo mereces y lo necesitas (y tu familia también).

Cuéntame si lo consigues 😉 yo hoy he visto varios capítulos de una serie muy ñoña que me ha relajado y ayer pasé un rato haciendo sudokus.

¿Qué cosas de te ocurren a ti para hacer que no sean productivas y te hagan sentir bien?

Quiérete por quien eres, no por cómo eres

Como ya os conté hace unas semanas tengo depresión, una enfermedad mental bastante puñetera porque es muy difícil de aceptar incluso para el paciente (así que no digamos para sus familiares y amigos).

En aquella ocasión me centré más en los síntomas de la depresión, en lo que esta enfermedad provoca en la persona y “gracias” a las cuales se puede diagnosticar y tratar correctamente con la farmacología correspondiente.

Básicamente lo que serían unas placas de pus en la garganta para saber que tienes amigdalitis y necesitas tomar un antibiótico concreto.

Hoy me voy a centrar más en una de las consecuencias que conlleva el vivir con esta enfermedad. Sólo llevo un año con depresión (para algunos será una barbaridad, para otros seré una novata, es lo de menos).

La cuestión es que la depresión te cambia, no sólo psicológicamente sino también físicamente (o al menos a mí). Bueno, en realidad no es tanto la enfermedad como los efectos secundarios de la medicación, que al fin y al cabo para el paciente acaban siendo lo mismo.

Una de las cosas que más me están costando es el aspecto físico. Engordar diez kilos en un mes es algo que no me había pasado nunca y que además me preocupa porque me afecta al dolor de espalda y a la Fibromialgia. Pero siendo sinceros, me cuesta porque nunca me he visto tan potoli y no me gusta verme así.

Mi aspecto físico estaba empezando a desanimarme, a autorechazar en parte mi persona. Obviamente, cuando dejas de gustarte, el carácter se amarga y estaba muy irascible, súper impaciente con los peques y de muy mala leche a todas horas.

No sabía que era por eso. Lo achacaba más a no poder volver al trabajo como todo el mundo, a ver que la vida de quienes me rodean avanza y la mía lleva estancada cuatro años. Pero no. No era por eso.

Era porque la ropa que me compré en rebajas en julio para verme bien ya no me vale, porque me veo en el espejo del portal (tengo la mala suerte de que tooooda la pared del portal es un espejo) y me veo inmensa.

Porque el chubasquero que el año pasado me quedaba gigante, ahora no me abrocha. Y eso me cabrea y mucho. “¡Quiero volver a ser yo!”, le decía esta tarde a Jesús con un poco de reproche mientras charlábamos un rato en la capilla de la Adoración Perpetua, “¡casi no me reconozco!”, me quejaba.

Y entonces, una vez más me ha dejado verme con sus ojos:

“No te gustas porque te fijas en el exterior. Olvidas que lo mejor de ti está dentro de tu corazón y eso no ha cambiado con los kilos. Estás olvidando tu corazón, el inmenso corazón que Yo te he dado”.

¡Toma ya! ¡Qué razón más grande! Las personas no somos mejores o peores por nuestro aspecto sino por nuestro interior, solo que a veces se nos olvida porque -para qué engañarnos -a todos nos gusta vernos estupendos.

Después de mi ratito con Jesús mi perspectiva ha cambiado. Ahora veo que por alguna razón (que sólo Dios sabe) debo ser mejor instrumento para Él con estos michelines de más. Y realmente ya me ha servido para algo: para descubrir que debo quererme por quien soy, no por cómo soy.

Y esto vale para el sobrepeso pero también para cualquier parte de nuestro cuerpo que no nos guste: alopecia, granos, gafas, muletas, nariz, silla de ruedas o lo que sea: lo de fuera no es lo que nos define, nuestro ser está en el interior y sólo depende de nosotros que sea maravilloso o una megde pinchada en un palo.

Hoy me animo a mí y hago el propósito -mirando a Jesús, para que me eche una mano, porque sé que me va a costar- hago el firme propósito de centrarme en mi interior, en mis virtudes (para compartirlas con el mundo) y en mis defectos (para con la ayuda de Dios ir rectificándolos).

Estoy contenta, y por eso quería compartir con vosotros este momento difícil, porque quizá haya alguien que tampoco se vea bien, que no se guste externamente y no se haya dado cuenta como yo de que lo importante va por dentro.
Os puede parecer una chorrada pesar más o menos, pero a mí me afectaba; lo importante es que ahora tú busques qué hay en tu vida que te esclaviza y no te deja centrarte en quién eres, en lugar de en cómo eres.

Es el momento de pararse y pensar en lo mucho que vales y en qué o cómo puedes utilizar esos dones maravillosos que Dios te ha dado para servir a los demás y dejar de lado a “ese” que quiere ser el centro de tus pensamientos a toda costa…

¡A por ello! Apoyadme con vuestra oración y contad con la mía para cada uno de vosotros, vuestras preocupaciones y alegrías. ¡Hasta pronto!

4 claves para superar con éxito la vuelta al cole

Nunca me imaginé escribiendo sobre la “vuelta al cole” porque soy bastante desorganizada: todo para el último momento, tanto buscar la mejor oferta en zapatos me quedo sin talla y empiezan el curso sin zapatos, los libros no llegan, la falda es muy larga… y podría seguir horas, jeje!

Y a este curso 2020-21 se le suma la pandemia y su incertidumbre en torno al efecto que tendrá en las clases, los horarios, extraescolares, materiales… y a tantas otras cosas. Si septiembre siempre es una locura, este curso el agobio es aún mayor.

El viernes en Pamplona salió la noticia de que los centros navarros a partir de octubre tendrán jornada continua.

Os podéis imaginar qué fue lo siguiente: estado de shock absoluto; empezó a palpitarme el corazón a mil por hora, presión en el pecho, falta de aire,… ¡y todo eso sin siquiera pensar en el tema en cuestión!

Necesitaba salir de casa. Calmarme. Me tomé la medicación prescrita para momentos de crisis y como justo daban las ocho, entré en una iglesia cercana en la que empezaba la celebración de la Santa misa. Al terminar la celebración estaba mucho más tranquila y además el evangelio del día me ayudó muchísimo.

Una voz fuerte en mi interior me dijo:

¿En serio no sabes cómo vas a sobrevivir a este inicio del curso? Yo no entendía muy bien por dónde iban los tiros, pero enseguida llegó la respuesta: Igual que siempre. Igual que lo hiciste cuando comenzó el confinamiento, cuando los peques “teletrabajaban” y los padres intentábamos hacer lo mismo; igual que cuando la depresión llegó a tu vida y tantas otras veces que siempre se solucionaron ¿Ya se te ha olvidado?

Aquellos momentos fueron de pánico absoluto. De un estrés brutal. Pero salimos adelante. Y es verdad, nos infravaloramos. ¡Date la enhorabuena por superarlos!

CLAVES PARA SUPERAR EL INICIO DEL CURSO SIN AGOBIARTE:
1. TRANQUILIDAD. La situación no será fácil pero podremos con ella porque ¡SIEMPRE HEMOS SUPERADO LOS OBSTÁCULOS!

Yo he tomado la decisión de no agobiarme e ir viendo -dejarme llevar en función de los acontecimientos. Sin agobios, poco a poco. ¿Que no hay cole por el Covid?, ¡pues ya veremos entonces las soluciones posibles!, pero hasta entonces alegría y paz.

Voy a gastar “poco” en zapatos y material escolar porque pinta que igual los usarán poco (y si luego necesitan más: ¡pues ya compraremos!).

2. CONFIANZA. No precisamente en las autoridades (lo siento pero hace mucho que no pongo mi futuro ni mi vida en sus manos). Confiar en el Señor. No sé de ninguna crisis de la que no haya sacado cosas maravillosas, así que, démosle sentido a esta locura ofreciéndosela a Dios por alguna intención concreta (os propongo hacerlo por mi amigo Miki, que está muy malito y necesita mucho apoyo)

3. PRESENTE. Echa la vista atrás: ¿no te parece que siempre hemos salido adelante? ¿Cuántas veces nos hemos agobiado por muchas cosas que luego no sucedieron? ¡No te estreses antes de que llegue el problema y disfruta del hoy y ahora.

4. AUTOESTIMA. ¿Cuando ha ido todo tan mal que no ha tenido arreglo? La vida está llena de retos, de crisis, que nos hacen crecer y aprender. Aprovechemos esta nueva normalidad escolar para llevarla con optimismo; que nuestros hijos vean que no se acaba el mundo porque cambie el modo de enseñanza. Estoy segura de que ya lo has hecho otras muchas veces sólo que en esta puedes adelantarte y ahorrarte el agobio previo.

En fin, no sé si he ayudado a alguien. A mí me ayuda, jaja! A ver si lo consigo, que luego siempre viene Paco con las rebajas y me pongo nerviosilla, pero al menos lo voy a intentar y de momento hoy tengo un modo zen que no os podéis imaginar (y eso que además la nevera está vacía y no hay nada de nada para comer).

Bueno, resumiendo: que saldremos de esta como de todas, con tranquilidad y poniendo todo de nuestra parte en casa y en el cole, en el trabajo y con mucha paciencia. Y el que quiera, dándole un sentido sobrenatural haciéndolo con alegría por mi amigo Miki.

Mucho ánimo en este inicio de curso tan incierto y lo dicho: ¡que no cunda en pánico que siempre salimos adelante!

Pd. También darás ejemplo a tus hijos si no pones a parir al cole, a los profes, o a quien sea delante de ellos, es muy tentador pero no les hace ningún bien.

Necesito a tu madre

Estoy en el Santuario de Fátima y descubro aquí, gracias a Ella, que para llegar más rápido y mejor a lo más profundo de mi alma ¡necesito a tu Madre, a la Santísima Virgen!

Es muy cierto que le tengo devoción e intento rezar el Rosario cada día, pero no puedo negar que cada vez más me digo a mí misma: “¿para qué ir a ver a la Virgen si tengo aquí al mismísimo Dios en la Eucaristía?”

Imagino que no me equivoco al pensar que Dios, Cristo en la Eucaristía, es más importante; y por qué no, también más grande y atractivo que una mujer (sin mancha original), pero al fin y al cabo una mujer de carne y hueso, como yo.

Donde hoy descubro que cojea mi actitud, mi pensamiento, mi sentir es en que María es la Madre de Dios y también Madre mía. Que Ella derrocha Misericordia y ternura como buena madre; enseguida se lanza a mis brazos cuando tropiezo y si le pido algo, no tardará en hacer todo lo posible para interceder ante su Hijo.

Cuando tengo estos flechazos no sé si soy capaz de transmitiros cómo late mi corazón al descubrir que aún hay más, porque Dios es infinito -inabarcable-. Es como quien cree haber entendido cómo funciona una máquina y ¡resulta que sólo ha visto una parte de la fachada!

En este lugar santo, agradecida por haber podido venir con mi familia, siento a la Virgen llamándonos con fuerza a rezar por la purificación de los corazones. A mortificarnos, a sufrir los dolores de la enfermedad, del cansancio o de la soledad (los que sean) junto a Jesús y ¡a través de María!

Que no falte nunca en tu boca un Avemaría y en tu bolsillo un Rosario para agarrarte con fuerza a él si la tentación de mandar a paseo a alguien se asoma, o las ganas de comer demasiado, o de criticar, o de gritar a los peques “¡que ya está bien!”, o… (pon tú lo que a ti te cueste) y verás como Ella te lleva en brazos junto a su Hijo.

Que tus Rosarios no sean palabras vacías, la Virgen nos llama con insistencia a la Purificación, a la penitencia. ¡Cada Avemaría debe salir de las entrañas de tu corazón pidiendo piedad por ti, por tus pecados y por los de toda la humanidad!

A mí Jesús me enamora en la Eucaristía y cuanto más tiempo paso ante el Santísimo Sacramento más quiero volver; la Virgen sin embargo, es a quien acudo cuando algo malo pasa, para pedir por alguien enfermo, o por un trabajo, una amiga,… y es que María tiene ese punto maternal que no tiene Jesús, por eso cuando ante el peligro, cuando me caigo, voy a sus brazos.

Pero Ella quiere más. Nos lo ha pedido en Fatima, en Lourdes, en Guadalupe,… SIEMPRE nos dice lo mismo: ¡rezad el Santo Rosario! ¿A qué esperamos? A rezarlo y a ponernos bajo su manto y dedicarle miradas de afecto durante el día cuando entramos en una habitación y la vemos ahí colgada en la pared. ¡María quiere tu corazón y el mío enamorados como una niña de su madre!

Y los quiere (nuestros corazones) para purificarlos y llevarlos a su Hijo. No le hagamos esperar y llenemos nuestro día de jaculatorias, piropos, miradas y avemarías!

No os voy a negar que este sitio es especial y que una vez más, el Señor ha estado muy grande conmigo (con nosotros). Espero haberos tocado el corazón como la Virgen lo ha hecho conmigo.

¡Dios os bendiga!

La envidia: cómo gestionarla y aprender de ella

¡Cómo molestan las madres que a los dos días de dar a luz están estupendas! ¿Y el becario que sube como la espuma? ¿Y la que acaba de abrir su perfil de Instagram y ya te dobla en seguidores?

Tener envidia es una emoción que nos sale a todos de forma natural; cómo la gestionemos es lo realmente importante. Por eso os lanzo alguna idea sobre cómo gestionar la envidia:

  1. identificarla (qué cosas te molestan)
  2. enfocarla (no es oro todo lo que reluce)
  3. superarla: centrarte en tus objetivos y alegrarte por los éxitos de los demás.

Te propongo 5 aspectos de la envidia que te darán pistas sobre el grado de envidia que tienes:

  • 1. Cuando ves a esa persona que lo tiene todo: una familia ideal, un chalet, un marido/mujer guapísima, un trabajo, dinero, … ¿sientes que la vida es injusta contigo?, ¿sientes rechazo hacia esa persona?, ¿desearías en el fondo que algo le fuera mal?
  • 2. ¿Necesitas estar a la última? ¿Ser el primero en comprar el último iPhone, los mejores iPods, la mejor ropa? ¿Ser el centro de todas las miradas? ¿Hablar y hablar porque tienes mucho que decir?

    3. El hecho de que a un compañero le vaya mejor que a ti (un ascenso, por ejemplo), ¿te lleva sin darte cuenta a no querer tratar tanto con él? ¿Te sale inconscientemente evitar encontraros o incluso puedes llegar a romper la amistad sin saber muy bien el motivo?

    4. ¿Te molesta que tus amigos y conocidos hablen o comenten más el perfil de Instagram/ YouTube/etc de otro colega que el tuyo? ¿Sientes que nadie se acuerda de ti para apoyarte y ayudarte en tu difusión, en darte likes, comentar tus fotos…?

    5. ¿Criticas con frecuencia? ¿Tienes una necesidad imperiosa de comentarlo todo: cómo va esa o aquella vestida, los zapatos del otro, si juega a golf o si esquía; sí se ha hecho mechas o su rubio es peor que el tuyo; si sus logros son merecidos o por enchufe?

    Hasta aquí el test. ¿Qué tal te ha ido? He querido centrarme sólo en cinco aspectos de la envidia porque creo que son los más cotidianos en nuestras vidas.

    La realidad es que detrás de esa envidia escondida hay, casi siempre, un corazón un poco perdido y necesitado de amor. Una persona insatisfecha con su vida o que se siente inferior a los demás.

    La envidia es muy sutil y nos enreda para que no la veamos, pero si queremos ser felices necesitamos conocernos, ser sinceros con nosotros mismos, encararnos y coger fuerzas para hacer autoexamen y empezar el cambio. Ese cambio que sólo podemos hacer cada uno pero que nos llevará sin duda a ser más felices.

    ¿Quieres conocerte mejor? Habla con un amigo (de esos que te dan por saco cuando quieres una palmadita), alguien que te quiera de verdad; y si no, con un sacerdote, seguro que sabe guiarte. Y en última instancia aquí me tienes, (una servidora siempre dispuesta a echar un cable).

    Pero no lo dejes para más adelante. El jardín de enfrente es siempre más verde que el propio pero si nos pusiéramos en sus zapatos es probable que prefiriéramos nuestra vida a la de los demás.

    Por eso es fundamental hacer una lista de la cantidad de cosas, personas, virtudes, logros o incluso proyectos emprendidos -aunque no triunfaran- que has hecho en tu vida.

    Una vez que empieces a fijarte en tus zapatos y no en los del vecino dedicarás tus esfuerzos en ponerte objetivos para crecer tú, independientemente de cómo les vaya a los demás. Te olvidarás de su jardín, de lo ideales que son sus hijos y de lo arreglada que va siempre la vecina: ¡porque te dará igual!

    Espero haberos ayudado un poco y que entre todos ¡aportemos nuevas ideas!

    Y si lo compartes con amigos y familiares te lo agradeceré yo (y también ellos, jeje).

    ¿Qué es lo más importante del verano?

    Durante las vacaciones de verano es muy frecuente cambiar de domicilio, de rutinas, de compañía… En nuestro caso pasamos bastante tiempo con la familia por lo que hay que adaptarse a los horarios y ser flexibles con la falta de rutina.

    A mí esto no me supone ningún esfuerzo pero soy muy consciente de que tanto desorden consigue que no pueda ir a misa, pasar un ratito a solas con el Señor, rezar el Rosario… hacer en definitiva lo que en mi día a día me gusta hacer: estar con Dios y dejarme abrazar por Él.

    El caso es que ayer fui a charlar con mi director espiritual. Me había preparado bien algunas cosas que quería preguntarle y otras que quería pedirle, así que llegó el momento de la gran cuestión: ¿cómo hago para que Dios esté en mi vida este verano? ¿Podría rezar por mí para que no abandone al Señor en este tiempo?

    La respuesta del sacerdote me abrió los ojos: Inés, el verano está para que mimes a tu marido, para que tengas detalles con él. Tu cónyuge ha de ser lo primero en estas vacaciones porque en él está Cristo. Y tu vocación es amar a Dios a través de tu marido.

    ¡Vaya lección! Me dejó anonadada. ¡Qué razón tenía! Durante el curso, con los peques, el cole, el trabajo, extraescolares, amigos, compromisos,… apenas hay tiempo para que los esposos nos miremos, nos preocupemos por el otro como el centro de nuestra vida que son.

    Al menos yo pensé que tenía razón, que este verano era el mejor momento para volver a coquetear con él, para reírnos, leer juntos, disfrutar y pensar en el otro.

    ¿No os parece precioso? Tenemos una vocación tan grande que se manifiesta y crece en la medida en la que rezamos por el otro, en que buscamos su sonrisa, su rato de diversión: en la medida en la que le amamos.

    Ojalá este verano sirva para reconquistar corazones, para volver a empezar, para pedirnos perdón por los errores y querernos un poquito más. Os invito a la reconquista, al enamoramiento, a las mariposas…

    Es verdad que algunos matrimonios quizá llegan ya muy pasados de rosca después de este curso tan duro, después del confinamiento, etc, etc; también para ellos hay esperanza porque Dios lo puede todo y en medio de ese matrimonio está también el Señor queriendo sanar heridas, reconciliar corazones, sólo hace falta querer: Y MERECE LA PENA.

    Si es tu caso y no sabes por dónde empezar escríbeme por privado y te mostraré el camino. Amar es fácil si sabes cómo.

    Rezo por vosotros, para que este verano sea un tiempo para darnos a los demás (también para los no casados). Un tiempo en el que con la ayuda de Dios saquemos sonrisas y alegría en quienes nos rodean.

    Todos lo necesitamos. Ha sido un curso difícil y este verano toca disfrutar, olvidar y desconectar con quienes más queremos. ¡A por ello familias!