Qué tiene esa cajita que tanto te engancha

Imagino que muchos pensaréis que estoy loca, que me he vuelto una friki de Dios o algo por el estilo (es lo que yo pensaría de mí si no fuera yo, jaja!). Básicamente porque ¿quién pasa tantas horas hablando de Dios y deseando ir a una iglesia (que no sean curas o monjas)?

Y es cierto que estoy “enganchada”. Sí, sí, así como lo oyes: enganchada. Enganchadísima al amor de Dios pero en cuanto os lo explique, veréis que en el fondo es pura supervivencia 😅

¡No había pasado tantas horas delante de Jesús Sacramentado en mi vida! Y eso que ya entonces era la “religiosa” del grupo, jeje!

Pero lo de ahora es muy distinto, necesito estar junto a Dios porque sólo en Él encuentro fuerzas para seguir.

Estoy desbordadísima y el inicio del curso está rematándome y, como en mi cabeza resuena sin parar esta frase: “venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”, pues eso hago: voy, vuelvo y voy otra vez siempre que puedo (¡¡y me gustaría que fueran más veces!!).

A mí esta mochila me pesa demasiado y soy muy consciente de que yo sola no puedo con ella. Estoy cansada, agobiada, enfadada, quejica, quisquillosa, dolorida, …. uff… hasta que llego a la capilla de la Adoración perpetua y Le miro.

No hablamos mucho, sólo a veces, pero junto a Él mi alma se llena de paz. Me olvido de todo y sólo siento una alegría inmensa. Soy muy consciente de la fuerza que tiene su sola presencia así que cuántas más horas pase con Él, ¡mayor será el regalo!

Y no es una cuestión de egoísmo sino de absoluta conciencia de mi pequeñez, de lo muchísimo que Le necesito. Él me sostiene y me ayuda -porque yo no sé hacerlo sola- a abandonarlo todo en sus brazos. Él es mi fuerza para seguir adelante, para vivir sin perder de vista el “foco” (como diría mi amiga de instagram @cambiando_el_foco).

¿Y cuál es el foco para mí?

Tener muy presente qué es lo importante en esta vida. Porque lo que pase en ella, aquí se quedará. Lo único que prevalecera es el amor.

Levantar la mirada y ver a Dios detrás de las personas a las que quiero. Saber que Él está a mi lado siempre y que lo ÚNICO importante es hacerlo todo por amor (y es que con el jaleo de la vida se me olvida y ¡me ahogo en un vaso de agua!)

Así que voy a la Iglesia porque necesito ayuda, porque sola no puedo!! Y cuanto más pesa la carga, o más débil está uno para llevarla, más necesita acercarse a Dios para recibir su gracia.

No necesitan de médico los sanos sino los enfermos“, así que ahora ya sabéis porqué paso tantas horas con Jesús: Él es mi refugio, mi fortaleza, mi descanso, mi alivio y mi esperanza.

Si en algún momento os sentís como yo, probad a acercaros a Jesús -como nos invita Él mismo en el Evangelio- y ya hablaremos entonces de quién es la “friki“… je,je… os aseguro que no defrauda. Cada minuto junto a Dios es una hora del Cielo en la tierra.

Mamá, ¿podemos ver la tele?

Los niños suelen ser muy insistentes cuando quieren algo y la experiencia nos dice que hay que ser firmes con los límites establecidos en casa. Pero a veces, es bueno ser flexibles y dar prioridad al disfrute que a las normas.

Son las diez y media de la mañana. Último día de vacaciones para mis niños. Llevan desde las ocho preguntándome sin parar si podían ver la tele (creo que si contara las veces rondaría la centena…).

Y normalmente me enfado. ¡Me molesta horrores tener que repetir mil veces lo mismo! Si he dicho que no, ¿por qué seguís y seguís preguntando? ¡Que no y punto! Es bien sencillo (o eso me parece a mí, jeje).

Ahora son las 11.30h, y contra todo pronóstico: están viendo una peli.

Y no ha sido porque me haya hartado, ni porque quisiera aprovechar este rato para hacer cosas ni porque sea super blanda y les consienta todo.

Va a ser que no. Ha sido algo mucho más fuerte lo que me ha hecho cambiar de opinión: hoy he sido consciente de lo que significa en el Evangelio “pedid y se os dará“; ese pedir como niños… porque yo pido, ¡pero no suelo ser taaaan pesada, jaja!

Hoy el Señor ha querido mostrarme a través de mis hijos a qué se refiere cuando nos dice que pidamos, que seamos importunos, ¡cansinos como niños!

Porque cuando pedimos mucho, Dios se apiada de nosotros. Y hoy me ha pedido que hiciera yo lo mismo… Los niños se han levantado, se han duchado, vestido, hecho las camas, desayunado, recogido, … TODO: sin estar yo detrás de ellos.

Entre medias iban preguntando eso de “¿podemos ver la tele mami?”; y yo, que soy muy determinante con esto de cuándo y qué rato se dedica a las pantallas, he dicho que no las cien veces (si no han sido más). Con mucha calma, tampoco me he alterado, pero muy firme, eso sí.

Y es que oír la voz del Señor en mi corazón con esa fuerza tan arrasadora, diciéndome “ten tú también misericordia con tus hijos” ha sido irresistible.

Porque soy muy exigente con ellos, no cedo ni media; y algo me dice que no es eso lo que Jesús nos enseña en el Evangelio. Debemos educar, claramente; y poner unos límites. Pero también ser flexibles cuando se lo merecen y disfrutar de la dicha de tenerles.

(Ya son las 13h y ahora estamos en el parque). Está siendo un último día de vacaciones muy tranquilo y ordenado -dentro del caos que supone una familia, jeje- porque gracias a Dios estamos disfrutando de tener este tiempo para nosotros.

Mañana será otro día.

Y ahora (20h) por fin consigo dedicaros otro ratito para contaros que hoy he sido muy consciente de lo distinta que es la vida cuando dejamos que Dios reine en ella.

Si voy sola: las normas son tajantes. Si le escucho… Él me dice cuándo soltar un poco esa cuerda y disfrutar. Me recuerda que la vida nos la regala para vivirla felices; no haciendo siempre siempre siempre lo que HAY QUE HACER.

Ese hacer que -por otro lado- nos hemos inventado para amargarnos la existencia.

En fin, ya son las 20.50h y mañana empieza un nuevo curso. Os invito a acompañarme en la aventura de mirar al cielo con las cosas más cotidianas, las de cada día; para ver si Dios tiene algo que decirnos y alegrarnos el día.

Dejar que nos muestre cómo tiene Él pensado para mí este día a día extraordinario. Porque sólo Él puede hacer de nuestra vida una verdadera aventura maravillosa.

Hoy lo mandaría todo a tomar viento

Estoy cansada, eso es una realidad. Y cuando lo estoy mi paciencia baja del menos veinte al menos dos mil. ¿Que si es culpa mía? Pues supongo que sí, ¡siempre que le doy un par de vueltas a las cosas llego a esa conclusión!

Dicho esto y siendo evidente -una vez más- que yo no soy mejor que nadie sino que muy probablemente esté en la cola de las mujeres virtuosas y maravillosas que hay y habrá sobre la faz de la tierra: hoy no puedo más.

Lo he intentado todo: he contado hasta 10 (varias veces; despacio, respirando hondamente), he procurado la técnica del “por aquí me entra y por aquí me sale”, le he mirado al Sagrado Corazón que tengo en mi cuarto en plan “a ver qué pasa” y tampoco, así que después de enfadarme con el mundo me meto en mi cuarto a escribir.

¡Mamá! ¿Cómo se sobrevive a la preadolescencia, adolescencia, postadolescencia, loca juventud y ese largo etcétera de fases por las que pasan los hijos?

En serio, que hoy no puedo daros ningún consejo. Estoy perdidísima y no sé por dónde cogerlo. ¡¡¡NECESITO AYUDA!!!

Debe de ser culpa de las vacaciones, que asilvestra a los niños y ahora no hay quien los frene. No sé lo que es pero estoy agotada de hablar para la pared, de que discutan constantemente por bobadas, que todos tengan que opinar sobre lo del resto y que nos den siempre las mil porque aquí no se va ni Blas a dormir.

Y comparto este post tan poco positivo hoy porque quiero pensar que estamos todos así y que leer que alguien pasa por lo mismo que tú, a veces alivia; y que además, aquí hablamos de familia y en las familias de carne y hueso hay días que no sabes por dónde cogerlos.

Sólo tengo una esperanza: que a pesar de todo, soy la mejor madre que les podía tocar. Ah! Esa, y que mañana nos levantaremos y aquí no ha pasado nada, ¡ja,ja! Porque así somos las familias, nos queremos como somos (incluso en días como hoy, jeje!).

Bueno, ya me he desahogado y, aunque seguiré metida en mi habitación para no gritar a nadie, quiero deciros que a pesar de todo, confío en que Dios tiene sus planes y si Jesús llegó a decirle a su Padre “¿por qué me has abandonado?”, aquí una no puede ser más que su Maestro.

Así que como yo no entiendo nada, también grito hoy al Cielo; pero ahí los dejo, en la confianza de que todo es para bien y que Él se ocupa de todo (con mi santo marido, que tiene una paciencia de oro).

Pero por favor, decidme que no soy la única a la que sus hijos la toman por el pito de un sereno!!! (aunque tengáis que mentirme…: ¡¡decidme que vuestra casa también es una jaula de grillos, por favor!! ja,ja,ja!).

¿Son vuestras familias perfectas o en todos sitios cuecen habas???

“Eres la mejor madre que tus hijos podían tener”

Esta semana -como pasa muchas otras veces- una de mis princesas gritaba a la otra una lindeza de esas que yo les suelto a ellos cuando la paciencia se agota y se me va de las manos.

No creáis que le dijo nada del otro jueves, fueron más las formas que el contenido lo que me entristeció muchísimo. Porque me vi totalmente reflejada en mis momentos de agotamiento.

Y entonces una voz me susurró al oído que si yo no estuviera con ellos, si no fuera su madre, se hablarían con más ternura porque yo les daba muy mal ejemplo; que incluso estarían mejor sin mí.

Soy muy consciente de que eso no es cierto, pero el “patas” (es una expresión para citar al demonio que aprendí hace nada de una amiga y que me hizo mucha gracia) utiliza nuestros puntos más débiles para meter cizaña y hundirnos así que conmigo atacó por ahí.

El caso es que por la tarde, aprovechando que el confesionario estaba libre, y que ya necesitaba un buen repaso, pasé a charlar con el cura y limpiar mi alma.

No le mencioné nada de lo que había pasado, sin embargo, dijo estas palabras que estoy segura las decía Jesús a través de él (no las recuerdo literalmente pero era algo así 😅):

Eres la mejor madre que tus hijos podían tener. Dios pensó en ti como su mejor madre desde toda la eternidad. Y te hizo perfecta para ellos, con tus limitaciones, pero idónea para el puesto de madre de tus hijos.

También me hizo perfecta para ser la mejor esposa de mi marido, amiga de mis amigos, hermana, vecina, compañera,… y un largo etcétera. Y a ti también.

Nos cuesta creerlo porque la vida a veces nos da muchos palos y llegamos a pensar que no valemos nada, porque nos equivocamos a menudo; pero yo te aseguro que es así.

Porque Dios te ha creado, nos ha creado, con todo su corazón, con un amor infinito que lo puede todo. ¿Crees que Dios, pudiendo hacerte perfecto, te haría peor de lo que podías ser con todo lo que te quiere? ¡Pero si murió clavado en una Cruz por ti! Por salvarte de ese “patas” que enreda a todas horas.

No sé a vosotros pero a mí me ha reconfortado. Me llena de paz cuando me equivoco con mis hijos, saber que soy la mejor madre para ellos (entre otras cosas porque son una pasada y se merecen la mejor madre del mundo: ¡que resulta que soy yo!).

Así que ojalá mi experiencia os sirva para flipar con vosotros mismos; y daros cuenta al ver a vuestros hijos, a tu cónyuge, a tus padres, hermanos, amigos,… (todos tan buenos y maravillosos) que tú, ¡tal y como eres! ERES PERFECTO PARA ELLOS.

Si no te quieres a ti mismo, ¿cómo puedes querer a los demás?

De niña pensaba que tenía que amar a Dios y al prójimo por encima de todo; que yo debía quedar en último lugar, hasta tal punto que debía despreciar cualquier manifestación de amor propio.

Sin embargo, con el tiempo he aprendido que esta interpretación queda muy lejos de lo que Jesús nos enseña ya que para “amar al prójimo como a uno mismo” es fundamental que yo me quiera.

Amar es darse. Dar lo que yo soy a los demás, pero si no me gusta quien soy, si no me quiero tal y como soy, ¿cómo dar a los demás lo que ni yo misma quiero?

Para amar, es imprescindible amarse a uno mismo primero. Por eso es importante dedicar un tiempo al cuidado personal: a quererte a ti.

Sí, sí, no me he vuelto loca: somos tantos los padres y madres de familia que nos olvidamos de nosotros mismos que acabamos “haciendo lo que hay que hacer” más por obligación que por amor. Nos volvemos incapaces de amar porque nuestro yo queda completamente olvidado.

No pretendo que nadie se vuelva egoísta o vanidoso pero sí que te quieras como eres y que te pongas manos a la obra para cambiar lo que crees que podría ser mejor.

Mírate al espejo y piensa si te gusta lo que ves, si eres la mejor versión de ti mismo. ¿Estás orgulloso de lo que eres hoy?, ¿quieres darte así a los demás o puedes mejorarlo?

Cuando amamos nos damos: ¡pues demos lo mejor! Si no te gusta lo que ves, intenta cambiarlo: un corte de pelo, un tinte, un afeitado, otra ropa, un poco de maquillaje,… sé que puede costar -no sólo dinero sino sobre todo esfuerzo- pero ese esfuerzo hecho por amor a ti y a los demás es el mejor invertido.

Cuida tu salud. No es sólo tuya, eres tú; y si tú enfermas preocuparás a los demás. Intenta moverte, caminar, hacer deporte, comer sano, … cada uno lo que necesite. Sin obsesionarnos pero sin olvidar que lo necesitamos para ser felices y dar esa felicidad a los demás.

Si lo que necesita una limpieza es tu pasado, si llevas sobre tus hombros el peso de muchos errores que no te perdonas ni tú mismo: acércate a una Iglesia, habla con un sacerdote y limpia tu alma, Él te ayudará.

Verte mejor a ti mismo, reconocer tus limitaciones, perdonarte y esforzarte en ser más tú mismo te ayudará a querer mejor a los que te rodean: a tu familia, a tus amigos, al vecino o a la suegra. Y serás feliz porque te estarás entregando con gusto.

Un billete de 500€ sigue siéndolo cuando está sucio y arrugado, vale tanto o más que recién sacado del banco, nadie lo desprecia por no estar “perfecto”; al revés, a veces tiene su historia, su pasado y éste le dota de mayor valor.

Pues así te quiere Dios, simplemente por ser tú, así que disfruta de la vida, ¡quiérete y querrás más a los que te rodean! ¡Feliz verano!

Cómo vivir la fe cuando no te da la vida ni para tu familia

No soy monja -es evidente- ni tampoco religiosa ni misionera: soy esposa y madre de familia, y esa es mi vocación. Pero desde que descubrí que Dios me quiere, que es mi Padre, y ¡con todo lo que Jesús me cuenta cada día a través del Evangelio!, quiero dedicar mi vida a Dios.

Pero, ¿cómo vas a vivir por y para Dios si con cuatro hijos no te queda ni un minuto libre para ti?

Pues precisamente ahí. Sí, sí, ahí: con esos cuatro hijos, mi marido, el trabajo, los amigos,…; esa es mi vida y ahí es donde a Dios le gusta encontrarse conmigo.

Es ahí, en medio de los deberes de mis hijos, de las cenas, las reuniones (porque también trabajo fuera de casa), las cenas con amigos, las riñas y las risas donde Dios quiere estar conmigo, y yo con Él.

Quizá suene un poco raro poder estar rezando mientras preparo un informe o hago la colada pero ¿no rezaban también la Virgen y San José? Ellos, como tú y como yo, eran padres de familia ocupados y era ahí donde estaban con Jesús.

Y no es tan difícil, de verdad. Dios es AMOR, el amor en todas sus dimensiones. Jesús está en mí y yo en Él cada vez que hago algo por los demás: una lavadora, comprar un regalo, rezar un avemaría, darle una vuelta a un email que suena borde y puede doler al remitente;

Cada vez que abrazo a mi marido, cada vez que les digo a mis hijos que les quiero, cada vez que voy con una amiga a tomar una cerveza o que descanso leyendo un libro.

No hace falta que sean cosas que nos cuestan para que Dios las disfrute con nosotros: Jesús quiere mi vida tal y como es, con sus momentos buenos -para celebrarlos conmigo- y con los malos, acercando su hombro para consolarme y transformar ese dolor en algo grande y con sentido.

Momentos especiales como una boda, una celebración o un retiro también le encantan pero sobre todo disfruta con mi día a día.

Y aunque es lo que quiero, a veces me vengo arriba y me pongo a hacerlo todo yo solita -sin Dios- y, entonces, me ahogo.

La “superwoman” se carga con la mochila de media humanidad y acaba estrellada.

Por eso, desde hace un tiempo, empiezo cada día con Jesús, con una oración que pone todo mi día en sus manos. Y así, aunque a ratos me despiste, poco a poco voy descubriéndole en los demás, en las cosas que me pasan, en mi día a día que es lo que yo quiero darle.

Hoy te animo a probarlo. Hay muchas oraciones: oh Señora Mía!, Sagrado Corazón de Jesús, “Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía, ayudadme a ser bueno en este día”,… y seguro que hay muchas más

No sólo santificarás tu día sino que además, poco a poco, irás notando su presencia en las cosas más cotidianas y ¡Dios es tan bueno, que con tu vida compartida con Él, hará grandes milagros!

¿Sabías que Dios te busca sobre todo ahí, en tu sitio? No quiere que te retires, ni que seas cura ni misionero: quiere que unas el cielo en la tierra dentro de tu corazón, en tu vida ordinaria.

Si no quieres discutir este verano: cambia de actitud

Cuando cierro los ojos y pienso en la palabra “vacaciones” vienen a mi cabeza el mar, la hamaca, la arena, el silencio, una cervecita (bien fría), mi amore, risas, buen tiempo, un libro, música, amigos, felicidad … mmm… ¡me lo imagino perfectamente!

Pero ahora vuelvo a mirar la escena sin música y con un poco de sentido común y ¿sabéis qué pienso?, ¡que a ver de qué árbol me he caído! No digo que un fin de semana así no pueda ser agradable pero ¿22 días?, ¡no se lo compro a nadie!

¡En serio! A mí me hace feliz estar con mi marido y con mis hijos. En la playa, en la piscina o en el parque; con los primos, amigos, abuelos o solos en casa, cada año lo que se pueda y procurando que todos disfrutemos mucho.

Despertar por las mañanas cuando Dios quiera, tomar helados sin que haya un motivo especial, jugar al parchís, salir a pasear por las noches… y olvidarnos de las normas y horarios exigentes que todos tenemos durante el curso.

Ese es mi verano ideal y, aún así, ¡me han vendido la moto! Porque es lo que inconscientemente viene a mi mente sin ser, ni de lejos, lo que yo querría en unas vacaciones perfectas.

Así que, empiezo a darme cuenta de que algo hago mal para tener tan deformada mi propia imaginación. Y pienso que algo puede influir el hecho de escuchar en todas partes lo merecido que tengo el mirarme el ombligo en vacaciones y el derecho que me he ganado a poder disfrutar de mi descanso.

Se suele decir que discutimos precisamente porque pasamos más horas juntos pero no creo yo que sea ese el mayor problema sino que quizá ambos estamos en actitud de descansar, no pensar y relajarnos olvidándonos del mundo.

Y eso, que es muy bueno, no lo es si va de la mano del egoísmo; de encerrarnos en nosotros mismos, en “mis necesidades”, “mi descanso”, “mis vacaciones de cuento”; pasando de los que nos rodean y sus necesidades.

Las vacaciones son tiempo para descansar, claro está, pero sobre todo es un tiempo para romper con la rutina y disfrutar de la familia.

Es un tiempo perfecto para dedicarnos más a los demás, a cuidar y mimar a nuestra familia, que son quienes más sufren las jornadas laborales y el estrés ordinario del curso.

Pero es bien cierto que no es lo que “está de moda”, no oímos a mucha gente hablar de las vacaciones para hacer más amable y bonita la vida de los demás -quizá algún universitario que se va de voluntariado- pero, entre adultos, no es lo que más se lleve.

A veces, llegamos a las vacaciones con una actitud demasiado de “a mí que me sirvan, que vengo a descansar” y por eso chocamos. Porque si tú descansas, yo tengo más “trabajo” y viceversa.

Llegamos a poner a nuestra pareja en la posición del enemigo, cuando en realidad, es el amor de nuestra vida.

Y como lo vemos como el enemigo, es muy probable que el conflicto surja en algún momento. A menudo, incluso estamos en plan ojo avizor a ver cuándo “interrumpe mi paz” para aumentar la lista de agravios y confirmar que es nocivo para nosotros.

No sé muy bien a dónde voy con este post, la verdad, porque yo soy la primera que voy con esa actitud y que además no sé muy bien cómo cambiarla. Pero la reflexión me ha servido para darme cuenta de que nuestra disposición tiene mucho que decir en este tema.

Hoy me propongo disfrutar de cada minuto de las vacaciones, tal y como vengan; con buen o mal tiempo, mejores o peores planes: pero en familia, con sentido del humor ante las contrariedades y mucha mentalidad despreocupada para pasarlo en grande con los míos.

¿Quién se apunta????