Conociendo santos: Santa Faustina Kowalska

Hoy es su fiesta y aunque es tarde no me resisto porque para mí, Santa Faustina Kowalska, es una de mis santas favoritas pero si me hubierais preguntado por ella hace dos años os diría que ni idea de quién era. Tengo la sensación de que Dios quería que me cruzara con ella porque no ha parado de enviarme mensajeros ¡desde hace años!

El primer recuerdo que tengo es de cuando mi abuela paterna estaba agonizando en el Hospital. Coincidió que una amiga estaba ese día en la misma ciudad y, cosas de la vida me llamó para ver qué tal estaba.

Al contarle la situación no dudó en acercarse (el hospital en concreto está a tomar viento de todo), y me dio un papelito, un tríptico con un Jesús de portada, para que rezáramos una oración a los pies de mi abuela: “la Coronilla de la Misericordia”.

Y así lo hicimos. Esa noche mi abuela se fue al Cielo directa porque -además de por sus méritos- Jesús le prometió a Santa Faustina que quien rezara la coronilla ante un moribundo “Yo le defenderé como mi propia gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte o cuando los demás la recen junto al agonizante“.

Me quedé con una paz indescriptible. Volvimos a casa y el papelito se perdió entre libros y papeles (soy un poco caótica). Me olvidé por completo de la Coronilla y de Santa Faustina.

Tiempo después otra amiga me preguntó si yo rezaba la Coronilla de la Misericordia y le dije que había oído algo pero que no terminaba de entender cómo se rezaba. A los meses me puse a ello pero lo hice mal: rezaba la Coronilla después de cada misterio del Rosario y aquello se me hacía eterno.

El año pasado llegó a mis manos por casualidad un libro con algunas frases que Jesús transmitió a la Santa. Aluciné. Tanto que compré un montón de libros para regalar porque hablaba tan sumamente bien de la Misericordia de Dios que me llegó al alma (aún tengo alguno por si alguien quiere uno).

Como veis no os estoy hablando de la vida de Santa Faustina sino de la Divina Misericordia y es que Jesús la eligió a ella para recordarnos a todos los cristianos el Rostro Misericordioso de Dios y que debemos dirigirnos al Padre solicitándosela; para que con nuestras súplicas se apiade de quienes más lo necesiten.

Ayer precisamente fuimos al Cine a ver su película. Nos emocionó. Todavía estáis a tiempo de verla. También existe un libro (debe de ser el bueno) que yo aún no me he leído que es su Diario.

Qué no os pase como a mí, que me he tirado años sin enterarme de la fiesta. Vete al cine, lee, busca, y haz lo que Jesús le pidió a Santa Faustina Kowalska y nos dice hoy a ti y a mí.

Enlace para saber cómo rezar la Coronilla de la Divina Misericordia

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Necesito a tu madre

Estoy en el Santuario de Fátima y descubro aquí, gracias a Ella, que para llegar más rápido y mejor a lo más profundo de mi alma ¡necesito a tu Madre, a la Santísima Virgen!

Es muy cierto que le tengo devoción e intento rezar el Rosario cada día, pero no puedo negar que cada vez más me digo a mí misma: “¿para qué ir a ver a la Virgen si tengo aquí al mismísimo Dios en la Eucaristía?”

Imagino que no me equivoco al pensar que Dios, Cristo en la Eucaristía, es más importante; y por qué no, también más grande y atractivo que una mujer (sin mancha original), pero al fin y al cabo una mujer de carne y hueso, como yo.

Donde hoy descubro que cojea mi actitud, mi pensamiento, mi sentir es en que María es la Madre de Dios y también Madre mía. Que Ella derrocha Misericordia y ternura como buena madre; enseguida se lanza a mis brazos cuando tropiezo y si le pido algo, no tardará en hacer todo lo posible para interceder ante su Hijo.

Cuando tengo estos flechazos no sé si soy capaz de transmitiros cómo late mi corazón al descubrir que aún hay más, porque Dios es infinito -inabarcable-. Es como quien cree haber entendido cómo funciona una máquina y ¡resulta que sólo ha visto una parte de la fachada!

En este lugar santo, agradecida por haber podido venir con mi familia, siento a la Virgen llamándonos con fuerza a rezar por la purificación de los corazones. A mortificarnos, a sufrir los dolores de la enfermedad, del cansancio o de la soledad (los que sean) junto a Jesús y ¡a través de María!

Que no falte nunca en tu boca un Avemaría y en tu bolsillo un Rosario para agarrarte con fuerza a él si la tentación de mandar a paseo a alguien se asoma, o las ganas de comer demasiado, o de criticar, o de gritar a los peques “¡que ya está bien!”, o… (pon tú lo que a ti te cueste) y verás como Ella te lleva en brazos junto a su Hijo.

Que tus Rosarios no sean palabras vacías, la Virgen nos llama con insistencia a la Purificación, a la penitencia. ¡Cada Avemaría debe salir de las entrañas de tu corazón pidiendo piedad por ti, por tus pecados y por los de toda la humanidad!

A mí Jesús me enamora en la Eucaristía y cuanto más tiempo paso ante el Santísimo Sacramento más quiero volver; la Virgen sin embargo, es a quien acudo cuando algo malo pasa, para pedir por alguien enfermo, o por un trabajo, una amiga,… y es que María tiene ese punto maternal que no tiene Jesús, por eso cuando ante el peligro, cuando me caigo, voy a sus brazos.

Pero Ella quiere más. Nos lo ha pedido en Fatima, en Lourdes, en Guadalupe,… SIEMPRE nos dice lo mismo: ¡rezad el Santo Rosario! ¿A qué esperamos? A rezarlo y a ponernos bajo su manto y dedicarle miradas de afecto durante el día cuando entramos en una habitación y la vemos ahí colgada en la pared. ¡María quiere tu corazón y el mío enamorados como una niña de su madre!

Y los quiere (nuestros corazones) para purificarlos y llevarlos a su Hijo. No le hagamos esperar y llenemos nuestro día de jaculatorias, piropos, miradas y avemarías!

No os voy a negar que este sitio es especial y que una vez más, el Señor ha estado muy grande conmigo (con nosotros). Espero haberos tocado el corazón como la Virgen lo ha hecho conmigo.

¡Dios os bendiga!

Tú y yo

Esta mañana andaba yo con mucho sueño, me dormía de pie literalmente en misa, así que al salir me he tomado un buen café y, como cada día, me he acercado a Adora (te pongo enlace por si no sabes lo que es) para estar con Jesús un ratito.

Tenía taaaanto sueño que he cerrado los ojos y le he dicho: “aquí estamos, Jesús, un día más, tú y yo”. “Tú-y-yo” me he repetido pensativa. Qué tres palabras más sencillas y comunes pero ¡qué fuerte que las esté usando con Dios mismo!

A ver, decirnos “tú y yo” es ponernos al mismo nivel, cómo si fuéramos dos iguales y obviamente no lo somos. ¡Que es Dios quien está ahí expuesto en la Custodia!
Y pensar que nunca me había parado en este detalle…

A un rey le diríamos “su alteza” o “eminencia” u otros términos que se utilizan para destacar que la persona que tenemos delante merece nuestro respeto y consideración porque es mucho más importante que nosotros.

Pero Jesús, siendo Dios mismo, no quiere que le tratemos con unos títulos tan rimbombantes que lo que pretenden es marcar las diferencias entre el “mundano” y el de la “alta sociedad”. Porque Él se hizo hombre entre los mundanos precisamente para que pudiéramos acercarnos a Él.

Así que vuelvo a mi ratito de oración con Jesús y -tras lanzarle una sonrisa pícara- le he dado las gracias por dejarme estar con Él cuando quiera, por esconderse en un trocito de pan que por sí mismo no vale nada. Y por descubrirme estos detalles, como el de “tú y yo”, qué me enamoran aún más de Ti.

¡Cómo te gusta sorprenderme con detalles como este! Llevo hablando contigo años de tú a tú y nunca me he dado cuenta del trasfondo que tenían, ¡que tienen! Porque sigues ahí en el altar para que yo pueda estar contigo.

Soy consciente de que es una bobada, un matiz, pero los detalles de los amigos siempre hacen una ilusión tremenda y este descubrimiento para mí es un regalo que Jesús me hace hoy porque le da la gana: recordarme que Él siendo Dios, se ha hecho como yo porque me quiere con locura. Me chifla.

Y yo, como amiga tuya, también quiero darte una sorpresa. Consiste en pronunciar el “tú” qué se refiere a ti con mayúsculas “TÚ”. Porque te lo mereces TODO aunque no quieras nada. Hoy te llamo Rey, Soberano, Altísimo, … porque lo eres. Tú te despojaste de ese rango por mí y hoy yo quiero elevarte de nuevo al sitio que te corresponde, aunque sigamos siendo amigos de tú a tú.

Y por eso al marcharme haré una genuflexión ante ti, me arrodillaré despacio y te diré con el corazón que eres el más grande y que yo también te quiero un montón. Que tú lo sabes todo y yo nada de nada que soy más pequeña que ningún otro pero que de tú mano: hasta el infinito y vuelta.

Gracias Jesús. ¡Hasta mañana!

Conociendo santos: San Josemaría

San Josemaría. Probablemente el santo español más criticado del siglo XX, incluso a mí -que conozco el Opus Dei desde niña- me caía mal.

Hasta que hace unas semanas me animé a leer una biografía suya que me ha cambiado la perspectiva completamente. Si tenéis ocasión de leerlo os animo mucho: “El hombre de Villa Tevere“, de Pilar Urbano. Fácil de leer y super interesante (sin fechas y datos históricos 😅).

Hace tiempo que quiero presentaros a las personas (santos y santas) que van ayudándome en mi camino de fe. Cómo hoy es 26 de Junio, fiesta de San Josemaria, voy a empezar por él: un niño de un pueblito de Huesca al que Dios le encomendó la tarea de fundar la primera Prelatura Personal de la Iglesia: el Opus Dei.

¿Qué es lo que más me ha impresionado de san Josemaría?

Os contaré tres anécdotas del libro, y así os hacéis una idea de cómo era en realidad este buen hombre, y por qué claramente es un gran santo al que podemos acudir con las cosas más cotidianas.

1. Generosidad . Después de más de treinta años sin dinero suficiente para poner colchas en las camas, se decidió que se haría un desembolso paulatino para que fuera posible comprarlas. A san Josemaría le pareció muy bien, pero pidió que primero tuvieran colchas las mujeres que atendían su casa, después los estudiantes, y en último lugar él.

Quizá parezca una bobada pero a mí me dio una gran lección. Era un hombre enfermo -padecía diabetes- con una gran responsabilidad, podría haber hecho como yo con mi sofá: el mejor para mí que estoy delicada. Pero no, a lo largo del libro se ve cómo en todo él siempre era el último.

2. Ejemplo. Un día alguien les regaló una caja de bombones y la llevó a casa de unas hijas suyas del Opus Dei. Al ofrecer los bombones, dejó en el último lugar a la directora del Centro, explicándole que en la Obra, los directores son los últimos en todo: están para servir a los demás.

Me encanta que enseñara a sus hijos con el ejemplo de su vida a darse a los demás, y que les mostrara con ejemplos tan sencillos como este que en la jerarquía del Opus Dei, los de “arriba” han de servir a los demás más que el resto.

3. Humildad. Tras la guerra civil española san Josemaría fue uno de los primeros sacerdotes en llegar a Madrid. Iba vestido de sotana por lo que todos los católicos se acercaban a él para besar sus manos dando gracias a Dios por el fin de la contienda. San Josemaría no quería ser protagonista de nada, y sacando un crucifijo de su bolsillo lo daba a besar en lugar de sus manos.

Quizá para ti no tenga importancia el detalle, pero para mí es un acto de amor a Dios brutal. En un momento de tanta emoción él sólo piensa en Cristo, y en acercar a esas almas dolidas y cansadas a Él.

¿De qué otros santos queréis que os hable? Tengo varios en mente que también me han tocado la fibra pero estoy abierta a sugerencias. Y si queréis aportar algo sobre el santo de hoy, dejadlo en los comentarios que será un placer leeros.

La Consagración en la Misa, mucho más que un milagro

“La parte más importante de la misa -me decía mi madre siempre, con toda la razón- es la Consagración. El momento en el que el sacerdote, con sus pobres manos humanas y pecadoras, hace de instrumento para que Jesús convierta el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre.

El cura pone sus manos a disposición de Dios y mediante la efusión del Espíritu Santo sobre el pan y el vino, éstos se convierten en su Cuerpo y en su Sangre.

Efusión viene a ser, para que nos entendamos, como un chorro de agua que cae sobre lo que se “efusiona”, pero en vez de agua cae Gracia de Dios. Una fuerza que empapa y transforma todo lo que toca.

Este signo, que no podemos ver pero que creemos firmemente porque Jesús mismo nos lo dijo ¡y con los años lo hemos comprobado!, no es sólo un milagro, no lo hace Jesús para que veamos su poder, para que admiremos su capacidad de hacer cosas increíbles; este momento, que repite cada día y en cada misa, es un acto de amor, de entrega.

Él se hace pequeño para que recibiéndole pueda verme con sus ojos, pueda transformar mi corazones y asemejarlo al suyo; para que pueda también yo entregarme a Dios a través de los demás. Hacer que mi vida sea también para la redención de las almas, para que todas puedan conocer su Amor.

Hoy en misa, cuando ha llegado el momento de la Consagración y el sacerdote ha dicho “que por la efusión de tu Espíritu se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo”, mi corazón se unía al de Jesús y con Él yo repetía en mi interior sus palabras pero haciendo referencia a mi vida.

Normalmente estoy concentrada en esos momentos para recibir a Jesús con un gracias, con palabras de cariño que le hagan sentir el amor que le tengo (o que querría tenerle) o con una jaculatoria tipo “Señor mío y Dios mío”.

Pero hoy repetía con mucha intensidad sus mismas palabras, muy consciente de que esa misma efusión del Espíritu Santo caía no sólo sobre el pan sino también sobre mí misma.

He visto tan claro que la Consagración también era aplicable a mi vida -más humana y terrenal que ninguna-, para convertirla en una vida santa. Para que con Él, pueda yo también entregarme completamente a los demás y participar con Jesús en la salvación del mundo.

Y aunque quizá esté diciendo una barbaridad, o una obviedad para quien ya lo supiera, siento un calor tan intenso en mi pecho que no soy capaz de gestionar. Mi cabeza está queriendo explicarme que cuando el sacerdote consagra el pan, también nos consagra a nosotros.

Que por eso hablábamos hace unos meses de esa gota de agua que a mí me fascina. Pero es que ahora lo entiendo mejor y es que es una pasada… Recibimos esa efusión que transforma nuestras almas y las hace dignas de recibirle. Y recibiendo a Cristo en ese trocito que parece pan, Él nos vuelve a transformar para que toda nuestra vida sea grata a Dios.

Escrito pierde mucho, por no decir que pierde su sentido, pero es que no hay palabras para expresar lo mucho que nos quiere Jesús, a ti en primer lugar.

Ha sido un momento muy especial que os comparto porque quizá os ayude a vivir mejor la Santa Misa. Lo veo como un gran regalo del Cielo y no puedo por menos que compartirlo con vosotros.

Que alguien me corrija si no es así, por favor. Y que me explique cómo es esto posible porque ¡me parece impresionante!

¡Feliz día de la Santísima Trinidad (os invito a releer las reflexiones del año pasado: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo)

¡Gracias por seguir ahí! Vuestro cariño y apoyo me animan mucho. Pronto os contaré novedades sobre mi salud.

Pd. Por cierto, al buscar la imagen de la efusión he descubierto que cuando el sacerdote pone las manos sobre el pan y el vino, e invoca al Espíritu Santo, se llama “epíclesis”. Por culturilla general, jeje!

Descubriendo Pentecostés

¡Feliz fiesta de Pentecostés!!!!

Hoy quiero compartiros algo que ha resonado con fuerza en mi corazón todo el día: la misión unificadora del Espíritu Santo. Pero empezaré por el principio…

La Pentecostés es el día que Jesús envía el Espíritu Santo a sus discípulos. El Espíritu Santo, ese que nos dejó un poco perplejos cuando Jesús nos dijo “conviene que yo me vaya, así vendrá a vosotros el Paráclito”. ¿Qué puede haber más grande que estar junto a Ti, Jesús?

Pero ciertamente ¡merecía la pena! Tenemos a Jesús en la Eucaristía bien cerquita de nosotros y el Espíritu Santo no ha dejado de venir sobre cada uno de nosotros desde el día en que nos bautizamos.

Ahora os explico el descubrimiento, o profundización porque lo he oído mil veces y nunca antes me había calado tanto. Acostumbro a invocar al Espíritu Santo de forma “individual”: pedirle que venga y me transforme, que me de paciencia con los peques, fe para estar cada día más cerca de Jesús; y también para pedir por las necesidades de los demás, pero siempre es un diálogo entre Él y yo.

Sin embargo, el Espíritu Santo es UNO y desciende sobre cada bautizado encomendándole su misión en la Iglesia. Y no lo abandona, se queda en su corazón para guiarle, acompañarle, consolarle y llenarle de sus dones para poder llevar a la plenitud su vocación (sin Él no podríamos hacer nada, ¡no hay más que ver lo torpes que somos!).

Es Él quien reparte los dones y frutos sobre cada alma, a cada uno lo suyo según le parece. ¿No es impresionante? TODOS absolutamente todos somos necesarios para que la Iglesia sea lo que Jesús quería que fuera.

Yo solía pasar por alto su misión unificadora: es un mismo Espíritu que nos une a los bautizados bajo el manto de la Iglesia: el Cuerpo Místico De Dios. Cada cristiano irá descubriendo a lo largo de su vida el lugar en el que Dios quiere que esté para poder ser santo él y santificar a toda la Iglesia.

Por eso la Iglesia es Universal, donde caben todos independientemente de su forma de vestir, sus talentos, capacidades o poder adquisitivo. Somos la familia de Dios y cada uno somos IMPRESCINDIBLES.

¡Ya lo creo! No hay nada más bonito que asistir a una JMJ para abrir los ojos y el corazón y descubrir que la Iglesia no son sólo los curas y monjas, gente de bien o enfermos y ancianos. Jóvenes del mundo entero, todas las razas, colores, estilos, rezos y música distinto. BRUTAL.

Eres único e irreemplazable

Cada uno en SU SITIO tirando con su vida de la Iglesia con el resto de los cristianos. Y sólo tú puedes saber dónde te quiere Dios, cuál es tu sitio en el mundo. Nadie más te lo puede decir, del mismo modo que sólo tú puedes llevarlo a cabo; si no lo haces el eslabón se rompe.

Y lo más importante: QUERER A TODOS NUESTROS HERMANOS EN LA FE, sin criticar, sin juzgar o condenar. Dios sabe bien cómo hace su Iglesia y no nosotros. ¿Y a ti qué? Que le decía Jesús a Juan. Pues lo mismo nos dice hoy a cada uno.

Los carismas son distintos, las vocaciones también y sólo quién está llamado a ese camino puede entenderlo. Los demás, ¡a buscar el nuestro!

¡Buenas noches!

Había una vez… un sacerdote bueno

¡Cuánto bien y cuánto mal se puede hacer siendo sacerdote! Por eso los católicos deberiamos rezar siempre por ellos, para que sean muy santos y no se dejen seducir por las riquezas de este mundo.

Son hombres normales y corrientes, pecadores como los demás, solo que su responsabilidad -y la repercusión de sus actos- es aún mayor que la de cualquier feligrés.

Tengo que reconocer que a mí el Señor me ha llevado siempre de su mano con sacerdotes muy buenos y santos. Humildes, siervos de Cristo. Muy pegados al Señor y a su Palabra. Obedientes, dejando siempre que sea Jesús quien hable a través de ellos.

Mi experiencia es tan buena que siento la obligación de alzar la voz puesto que, a menudo, sólo se eleva aquella que critíca y hace relucir los defectos y pecados imperdonables de algunos (los menos) sacerdotes -a los que por supuesto no defiendo ni pretendo exculpar de nada.

Por eso hoy quiero que este post sea colaborativo, que no se quede sólo en mis palabras sino en la de todos los que formamos @familiaymas. OS INVITO A LEVANTAR LA VOZ TODOS JUNTOS, con toda la iglesia.
¿Cómo? Compartiendo vuestra experiencia, dando gracias a los curas que han pasado por vuestras vidas entregándose generosamente cada día. Esto no lo publican en los medios y el mundo tiene derecho a saberlo.

Son tantas las personas que no pueden confiar en los sacerdotes, que han vivido en sus carnes los errores de curas concretos, de comunidades equivocadas, que la herida es tan grande que nada puede hacerles cambiar de opinión.

Por ellos, hoy quisiera que a través de nuestras palabras al menos una de esas víctimas pudiera acercarse de nuevo a un sacerdote y descubrir en esa persona el rostro de Cristo, el Corazón Misericordioso de Jesús. ¡Merecen más que nadie ese regalo!

Porque es uno de los mayores tesoros que nos dejó Jesús y todos los católicos deberíamos tener la oportunidad ¡el derecho! de conocer a alguien que nos guíe en este camino -un tanto complejo- que es la vida.

Yo sólo puedo decir que los años en los que he encontrado, porque así lo ha dispuesto el Señor, un sacerdote que me entendiera como Cristo mismo lo hace, que me hablara dejándose inspirar por el Señor: mi vida ha dado un giro de 180°, porque me he sentido siempre como los discípulos de Emaus, acompañada por el Corazón Dulcísimo de Jesús en cada paso que daba.

Y no soy yo mucho de cursilerías pero es que es tal el regalazo que tenemos con los sacerdotes en la Iglesia que siento verdadera tristeza de corazón cuando una amiga, un hermano, un familiar rehuye a abrir su alma de par en par por miedo a ser herido, por temor a ser traicionado (de nuevo, injustamente).

Porque, de verdad, independientemente de lo torpe o santo que sea el pobre hombre que te escucha al otro lado del confesionario, del teléfono, del café, es Jesús mismo quien te abraza como Padre, quien perdona tus faltas y sana tus heridas. Y la mayoría son muy buenos, sólo has tenido mala suerte.

La Gracia que se derrama cuando abres tu corazón es tan grande que ni siquiera el sacerdote es consciente de la obra maravillosa que Dios hace a través de sus manos.

Yo no puedo hacer más que dar mi testimonio. Son muchas las veces que he estado en un pozo sin fondo, sintiendo que me ahogaba, y ha sido siempre y sólo a través de la confesión y la dirección espiritual que he renacido a la vida y he vuelto a ser feliz.

Por eso, para que no sea sólo mi experiencia sino la de muchas personas, os invito a dejar en los comentarios una palabra, un amén, un emoji, una vivencia personal, lo que os nazca del corazón: algo que agradezca y aplauda la bondad de cientos de miles de santos sacerdotes.

Ojalá entre todos podamos hacer relucir la preciosa labor de los curas en las almas de millones de cristianos y que quien lea estas palabras se sienta con fuerzas e ilusión para volver a confiar. ¡MERECE LA PENA!

Pd. Dejo también esta dirección donde se puede contactar directamente con sacerdotes. En cualquiera de ellos encontrarás seguro el precioso consuelo del Señor y su corazón amabilísimo. Estoy segura de que son todos ellos muy santos por lo cerca de Dios que se les nota en sus audios.

CONFÍA, ¡NO TE ARREPENTIRÁS!

Pd. Si no sabes aún dónde estaba la Iglesia durante la Pandemia. Os animo a ver y difundir este vídeo: Héroes de capa negra, by de Malaga al Cielo, ¡buenísimo!)

Dame otra oportunidad

Este miércoles empieza la Cuaresma y ¿sabes qué?, voy a pedirte un favor: que por primera vez en mucho tiempo, la vivas confiando en lo que el Papa Francisco propone pide a los católicos sin plantearte si te convence o no, si podría ser de otra manera o si te parece una chorrada el ayunar, rezar y dar limosna.

Y después de Semana Santa me encantaría que me escribieras (comentario o por privado) y me contaras si algo ha cambiado, si Dios ha tocado tu corazón o todo sigue siendo una bobada que no tiene ni pies ni cabeza.

Porque es muy fácil criticar, quejarse, juzgar, … desde fuera: Que si a mi esto no me cuadra, que si eso de ir a misa los domingos a ver por qué, que por qué carne y no pescado, que vaya bobada la abstinencia y el ayuno; y lo de la ropa de los curas, y, y, y,… últimamente ¡sólo ves peros!

Y lo comprendo: Desde fuera, el amor no se entiende. Los hijos se ven como estorbos, casarse es una estupidez y no digamos ya ¡ser cura o monja! Y es que el amor juzgado desde fuera no tiene ningún sentido.

Porque el amor es cosa de dos. Las pegas que podamos ver desde fuera se disuelven cuando estamos dentro porque la mirada cambia y lo único que nos importa es que somos felices y eso nos basta.

Y con Dios pasa lo mismo. Si no quieres tener una relación personal con Jesucristo, mostrarle tus flaquezas y dejar que Él sane tus heridas y te muestre la vida que tiene pensada para ti desde toda la eternidad para que seas feliz, sólo te queda quejarte, ponerte a la defensiva y en modo susceptible.

¡Porque te quedas en lo secundario!, en las normas y obligaciones, en lo prohibido o desaconsejado, y no eres capaz de ver lo mejor de ser cristianos.

¡En el amor sobran los argumentos!, y al igual que en el amor humano, tampoco con Dios caben terceras personas:

es una relación de tú a Tú con quien no hay secretos, con quien te comprende, te acompaña y te quiere en todos y cada uno de los minutos de tu existencia.

Cuando la liaste parda y cuando fuiste ejemplo para otros. Da igual. Lo único que Él miraba en ambas situaciones era tu corazón, tu intención de hacer las cosas bien, aunque luego salieran del revés.

En fin, que me encantaría que este año lo pensaras un poco, sin dejarte llevar por el ambiente ni por experiencias del pasado. Hoy es un gran día para pensar en cómo quieres que sea tu vida de ahora en adelante, si quieres volver a darle una oportunidad al Amor o seguir agarrándote a los prejuicios desde fuera.

Ojalá supiera expresar lo que llevo en mi corazón para que todos quisierais disfrutarlo también. Porque el Amor de Dios no es sólo para unos pocos privilegiados: ¡es para todos!

Estoy segura de que Jesús quiere cruzarse de nuevo en nuestras vidas en esta Cuaresma y no soy quién para deciros cómo. Sólo tú sabes en qué punto estás, y sólo tú puedes tomar las riendas de tu fe y acercarte a Jesús para ver lo que tiene para ti.

Lo que tengo muy claro es que si te fías de Él y le dejas hacer: no quedarás defraudado. ¡Lo sé por propia experiencia!

Yo me dispongo a recomenzar, a dejarme sorprender por Cristo, a meditar su Pasión, Muerte y Resurrección.

Y tú, ¿qué plan tienes para esta Cuaresma? ¿Dónde crees que quiere Jesús encontrarse contigo?

Qué pasa con los solteros en la Iglesia, ¿no tenemos vocación?

El matrimonio es una vocación, el sacerdocio también, la vida consagrada lo mismo,… pero: ¿qué pasa con los solteros que no sentimos esa llamada al celibato ni nos casamos?

Hace ya unos meses que una amiga me planteaba esta cuestión -muy acertada por otra parte- porque cada vez son más los católicos que no se casan.

Algunos porque no encuentran a alguien con quien merezca la pena hacerlo, otros porque no se sienten llamados al matrimonio, otros porque están muy ocupados y la vida no les da para mucho más…

La cuestión es: ¿dónde está nuestro sitio en la Iglesia?, ¿cómo podemos ser santos los solteros?

Y la respuesta es sencilla: igual que los demás. La vocación cristiana es la misma para todos. Cada uno debe buscar el modo, el camino que encaja en su vida para ir al Cielo pero todos estamos llamados a buscar a Cristo en nuestras vidas y en las personas que nos rodean.

El sacerdote, el párroco, deberá darse a sus feligreses. El marido a su esposa y a los hijos que lleguen, si Dios así lo quiere (y viceversa). El soltero a quien tenga a su lado. En definitiva: cada uno en su vida.

Si tu vida está en casa de tus padres, cuidando de ellos con paciencia y caridad; trabajando por y para Dios. Poniendo tus dones al servicio de los demás y desgastándote por ellos cada día de tu vida.

Más que por ellos, a través de ellos, por Dios. Correspondiendo a ese amor que Jesús te tiene. Dando lo que eres y tienes a los demás. Con generosidad -no me refiero a la parte económica, que cada uno verá sus posibilidades- sino en el tiempo y la oración.

Dedicar tiempo a conocer a Cristo como lo hacen el resto de cristianos y buscar su voluntad en lo que ahora mismo tienes entre manos. Abandonándote a su Voluntad, aunque a veces no la entiendas.

Amándola con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser y viviendo siempre con la mirada puesta en Cristo. Quizá, el estar sin compromisos familiares, te facilite dar catequesis, cantar en el coro de la iglesia o colaborar en otras necesidades de tu diócesis.

Sal de ti mismo. Es muy fácil y tentador centrarse en uno mismo cuando nadie depende de ti, cuando puedes hacer “lo que te de la gana”. Siente a la Iglesia como tu familia y comprométete en serio con ella. Como si tu santidad dependiera de ello.

Haz lo que Dios vaya dictando en tu corazón, que es exactamente lo mismo que hacemos los casados: dejarnos llevar por Cristo y acoger con un abrazo las cruces y alegrías que nos vayan llegando, confiar en Él.

No eres diferente por ser soltero, o soltera, eres tan hijo de Dios como cualquier otro. Y Dios te necesita exactamente donde estás, sólo queda que Le encuentres en tu realidad presente, sin esperar a que algo cambie, sin aguardar a otras circunstancias.

Quizá en ocasiones te sientas apartado, excluido, menospreciado y juzgado. Te diré algo: TODOS NOS SENTIMOS ASÍ.

Busca por encima de todo al Señor y, cuando llegue la cruz, abrázate a ella y acompaña a Jesús. También él era soltero, también él se sintió abandonado y despreciado ¡por sus mejores amigos!

No es el estado civil lo que nos define y nos capacita para la santidad sino cómo lo vivimos de acuerdo a nuestra fe, cómo dejamos que sea Cristo quien viva en nosotros.

Mira tu vida, la de ahora, y pregúntale a Dios qué quiere de ti hoy. Estoy segura de que no te dejará sin respuesta.

Y como aconsejan los últimos Papas, busca un grupo en el que estés a gusto, que tire de ti para arriba y te lleve a Cristo: hay mil opciones. Deja que el Señor te lleve.

Y sobre todo: reza. Pégate bien a Jesús y enamórate cada día más de Él y sólo de Él. Agárrate a sus brazos: nunca te soltará, nunca te faltará el Amor.

Es fácil verlo desde fuera, desde una vocación definida (en mi caso el matrimonio), pero realmente la santidad es personal. Cada uno debe dejar que Cristo le santifique en sus circunstancias presentes y a través de ellas.

¿Qué es la santidad sino identificación con Jesús? Dejarnos querer por Él, corresponder a su amor y con Él crecer en virtudes: para eso no es requisito estar casado ni ser cura.

¿Qué le dirías tú a un amigo soltero que quiere ser santo?, ¿te has sentido alguna vez fuera de lugar por tu estado civil? Ayuda a otros a encontrar a Cristo en las cosas cotidianas con tu testimonio. ¡Gracias!

Esta Navidad puede ser TU NAVIDAD

Empieza la cuenta atrás… ¡Es acercarse la Navidad y mi corazón se pone a mil! Sé que va a ser una Navidad especial, cada año lo es. Una Navidad única e irrepetible en la que Dios tocará mi corazón y lo llenará de su paz. ¡Estoy tan impaciente!

¡Cómo me gustaría que tú la vivieras igual! Que por un rato miraras al Niño Dios y te dejaras ver con sus ojos, que te dejaras querer por él.

Porque fliparías tanto… que todo lo demás te daría igual. El amor lo puede todo, y el amor de Dios todavía más! Sí, sí, de Dios; el mismo que creó el universo y estos atardeceres maravillosos, y el milagro de la vida y la belleza del Otoño.

Ese Dios que se ha hecho un niño, ¡pudiendo vivir como Dios!, para que nos atrevamos a hablarle, a acariciarle sin miedo, sin rencores… porque ¿quién se asusta ante un bebé? ¡Son tan adorables, tan inofensivos!

¡Acércate! ¡Achuchale! Te está esperando!! Espera TU abrazo.

Este año el mío va cargado de agradecimiento porque cada año me parece más brutal el misterio de la Navidad.

Gracias por hacerte uno de nosotros y elevar así nuestra condición humana a la divina. Gracias por pasar frío en Belén, por esa cuna de paja, por elegir un sitio pobre en el que todos nos atrevemos a entrar.

Desde los pastores hasta los tres reyes magos. Todos sentimos que somos bien recibidos en Belén. Nadie sobra. En un castillo habría sido distinto… (al menos yo, me sentiría fuera de lugar). Pero en Belén, ¡ahí no se puede estar mejor!

¿Y tú quieres quedarte fuera?

¡¡Te echaremos tanto de menos!! Sobre todo Jesús, que ve tu corazón y desea ardientemente abrazarte y llenarte de Paz. Sabe lo que quieres, lo que necesitas, …

¿A qué esperas? ¡Coge tu regalo! ¡Claro que no te lo has ganado! (Los de los Reyes tampoco y bien que los abres, je,je!). No te agobies que aquí todos somos igual de indignos pero el amor no entiende de justicia. Sólo busca el bien del amado y Dios te quiere tanto… que quiere darte el mejor de los regalos: su amor, su ternura, su perdón, su salvación.

Y si no sabes por dónde empezar, ¡yo te ayudo!

Lo primero es que seas tú. Quítate esa máscara de autosuficiencia, de inteligencia, de belleza, de víctima, (de lo que sea) y cierra los ojos. Piensa en Jesús y cógelo en brazos (como lo harías con tu sobrino, con tu hijo o con tu hermano). Y después, abre tu corazón y deja que ahora sea Él quien te abrace.

¿Sientes como yo que con Jesús no hay barreras? No hacen falta palabras. Sabe todo lo que has sufrido, lo que has vivido, lo que has padecido injustamente… porque lo ha vivido contigo.

Por eso en esta Navidad viene a consolarte a ti, sólo a ti. A sanar las heridas de tu corazón porque sabe que estás cansado, que necesitas de su amor y Él está deseando dártelo.

Ojalá hoy hayas podido abrir tu corazón y puedas disfrutar en pocos días del gran regalo que supone que Dios nazca en tu corazón.

Último domingo de Adviento… queda mucho por preparar pero aún hay tiempo. Pon a punto tu alma, que es lo más importante, y deja que esta Navidad sea TU NAVIDAD.