¿Por qué nos cuesta tanto dar las gracias?

Esta mañana le he pedido a mi hija de cuatro años que recogiera los cojines del salón, ya que los había llevado a su cuarto para jugar con ellos y allí los había olvidado.

El caso es que al rato he vuelto a entrar en el salón y, para mi sorpresa, los cojines no solo estaban encima del sofá sino que estaban perfectamente colocados, por lo que nada más verla me ha salido sin pensarlo un “¡gracias, princesa!, a lo que ella ha contestado muy sonriente, “no mami, gracias a ti, por decirme que los he puesto bien”.

Me ha dejado de piedra…¡qué sensibles somos de niños y que brutos nos hacemos de mayores! Si en vez de mi hija hubiera sido mi marido, no creo que le hubiera dado ni las gracias…; y si hubiera sido él quien me pidiera a mí que los colocara y me diera las gracias por hacerlo, probablemente me habría salido un “de nada” irónico en mi cabecita…

Tenemos que recuperar esos agradecimientos en la pareja. No dar por hecho que él tiene que hacer la cena o que yo tengo que tirar la basura. Yo hago todo lo que puedo por él, y él lo mismo por mí, por lo que lo normal sería que nos diéramos las gracias cada día muchas veces. 

Siempre agrada un “gracias” dicho de corazón; porque refleja que el otro es consciente de que le has dedicado tiempo a ese trabajo, no pasa desapercibido y anima a seguir esforzándonos.

Todos tenemos la experiencia de lo poco agradecido que es el trabajo del hogar. Cada día lo mismo, y en cuanto llegan los niños a casa todo vuelve a estar patas arriba: cubo de ropa sucia lleno, la comida terminada (por lo que ya hay que pensar en la de mañana), platos sucios, mesa asquerosa, … ¡qué os voy a contar que no sepáis! 

Pero oye, si tu marido o tu hijo, empiezan a comer y sueltan un “gracias mamá por la cena, ¡está deliciosa!”, en un momento se nos olvida el trabajo que ha llevado, nos llena de felicidad y se nos pone una sonrisa de oreja a oreja que no podemos controlar. Y siendo tan fácil hacer que el trabajo de los que nos rodean sea así placentero, ¿por qué nos cuesta tanto dar las gracias?

Leí hace tiempo una reflexión sobre los beneficios de ser agradecidos y, entre otras cosas, resaltaba que nos sitúa en nuestro sitio. Y pienso que en el matrimonio nos pasa eso, llega un momento en el que hay tanta confianza, que el día a día nos ciega.

Podemos llegar a pensar en ocasiones que con todo lo que nosotras hacemos, lo mínimo que debería hacer el otro es lo “poco” que se le ha pedido… Y llegamos incluso a creernos que no tenemos porqué darle las gracias ya que nos sentimos merecedoras de ese “poco”.

Pero no es así. Yo me doy gratuitamente, y él a mí también; por lo tanto, todo lo que recibo es porque él ha querido dármelo, no porque tenga que hacerlo; y yo por él lo mismo. Y al darnos las gracias mutuamente nos recordamos a nosotros mismos la suerte que tenemos de que nuestro cónyuge nos cuide tanto. 

Por último, creo que tenemos que ser conscientes de que lo que vemos, no es siempre todo lo que el otro hace. A veces, tendremos la tentación de pensar que yo hago mucho más que él, pero eso es porque vemos el 100% de lo que nosotras hacemos, y sólo una parte de lo que hace el otro así que lo mejor es no juzgar, y pensar sólo si nos estamos dando al otro al 100%, o si podríamos hacer más. 

Y tú, ¿por qué crees que nos cuesta tanto dar las gracias a quienes más queremos?

Autor: inesita

Mujer, comunicadora y mamá de 4 angelitos. Apasionada del DIY, repostería, craft,... y bloggera desde hace nada. La familia y Dios son los pilares de mi vida. Creo firmemente que mi felicidad depende al 100% de mi relación con ambos así que dedico parte de mi día a cuidarlos, conocerlos y quererlos. ¡Y disfruto mucho compartiendo mis reflexiones con vosotros!

16 comentarios en “¿Por qué nos cuesta tanto dar las gracias?”

  1. ¡Buenísima reflexión! El agradecimiento es un ingrediente esencial en la vida familiar. Como dices, a veces nos tomamos las acciones del otro como “debidas” y nos olvidamos del carácter de gratuidad. Gracias por recordárnoslo.

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  2. Creo que nos cuesta ser agradecidos y decirlo, porque solemos dar valor al propio esfuerzo y trabajo sin pensar que los demás también se esfuerzan tanto como nosotros… y más . O sea hay que mirarse menos a ‘uno mismo’ ; hay mucho bueno en lo que nos rodean. A veces, podemos ser mezquinos, hay sus romper esa inercia. ¡Sigue publicando, me gusta!!! Al final la vida son esas pequeñas ‘grandes’ cosas.

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    1. Gracias Conchi, qué buenísima aportación. Qué difícil nos resulta salir de nosotros mismos pero es fundamental si queremos ser felices. Me encantan las pequeñas “grandes” cosas! Gracias de nuevo

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  3. Yo me di cuenta de la importancia de dar las gracias en Londres, con 18 años: fui de au pair a casa de unos judios y todos los días después de cenar, empezando por el padre, uno a uno de los hijos, le decían: thank you mam, dinner ‘s very good ( y eso que todos los días era una triste berza con patata cocida sin más y un poco de carne…) me admiró. 😜🌺

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    1. Gracias Carmen. Admirable…son esos ejemplos los que nos ayudan a descubrir que en los pequeños detalles es donde está el amor. Yo lo aprendí de mi abuelo; cada día daba las gracias a mi abuela por la comida que había preparado. Ahora intento hacerlo yo también aunque a veces se me olvida 🙈

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  4. Gracias por estas reflexiones, es importante valorar el esfuerzo q hace la gente de nuestro alrededor q mejora y facilita nuestro día a día. Un gracias de corazón provoca una sonrisa en cualquier persona.

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