¿Por qué discuten los matrimonios? La trinchera

¿Sabías que en toda pareja existe una cosa que se llama “trinchera”? Es un estado o cosa que en sí mismo es bueno, pero que en exceso puede llevar a que una pareja termine su relación; una forma muy sutil de separarnos con el paso del tiempo sin ser conscientes de ello.
¿Te atreves a descubrirlo?

Ya sabéis que para mí la familia es uno de los pilares de mi vida y, por eso, procuro aprender y dejarme aconsejar por otros para identificar -y rectificar cuanto antes- si la crisis matrimonial se acerca o saber cómo salir de ella cuando ya estamos dentro.

El caso es que hemos empezado un curso sobre matrimonio que imparte un experto en familia y estoy impresionada. Os iré contando cosillas porque nos está gustando mucho.

En la sesión del otro día, enumeró las 10 razones por las que más discuten los matrimonios, y una de ellas era la que os voy a contar hoy, empiezo con esta porque creo que es la que más fácilmente puede pasarnos desapercibida a cualquiera de nosotros.

Las relaciones son como un campo de batalla. Cuando estamos cara a cara, los roces complican la convivencia y es fácil que salgan chispas (a veces incluso auténticos incendios): hay que tomar decisiones juntos, ceder, estar pendiente de los demás,…

Pero, por suerte, también tenemos “trincheras”: esos ratos o cosas de la vida que hacemos sólo nosotros y que nos relajan. Puede ser desde leer, hasta el trabajo, los amigos, el deporte, …

Son cosas que no son malas en sí mismas. Esas trincheras, nos permiten desahogarnos un rato, ahondar en nosotros mismos, estar a “nuestra bola”, descansar, …

Entonces, ¿dónde está el problema?

Pues viene a aparecer cuando estamos tan a gustito en la trinchera, que apenas salimos al “campo de batalla”. Y entonces, nos vamos separando de nuestra pareja porque esa trinchera se hace cada vez más y más honda.

De manera que puede que un día no tengamos ya ni fuerzas para salir porque, entre otras cosas, apenas conoceremos al que está ahí arriba.

Cuando las conversaciones son siempre en torno a los hijos, la logística, los vecinos o las facturas: alerta. Cuando las relaciones sexuales se distancian en el tiempo sin motivo: ojo. Cuando estamos a gusto, nos llevamos bien, pero no hay intimidad, caricias, detalles con el otro: cuidado. Cuando pasamos mucho tiempo con el móvil, el ordenador, la tablet, la tv,…: atentos.

Y es que es taaaan fácil meterse uno en la trinchera y no salir nunca… Porque, ¡claro que quieres a tu marido o a tu mujer!, pero nos queremos más a nosotros mismos y ahí metiditos se hace siempre lo que a nosotros nos da la gana, sin tener que consensuar ni discutir, ni dar explicaciones a nadie por nada.

Y, lo creamos o no, ahí dentro no vamos a ser felices, porque querernos -aunque canse- es maravilloso. Y cuidarnos entre todos, es precioso, aunque también canse. Porque es lo que nosotros libremente hemos elegido: lo que queremos para nuestras vidas, una familia.

Así que os invito a hacer examen, -yo la primera-, y ver si nuestra trinchera tiene el tamaño correcto o estamos cada vez más tiempo en ella. Porque sólo si aprendemos a detectar los problemas, podremos ponerles soluciones. Y así, mantener nuestro matrimonio fuerte y sano.

¿Eras consciente de que existía esa trinchera? ¡Yo estoy flipando! ¿No os parece muy sutil la forma de alejarnos entre nosotros, sin apenas darnos cuenta? Realmente el amor es más frágil de lo que pensamos, y si no se aviva cada día acaba muriendo, ¿qué os parece?

¿Por qué no se puede comer carne en Cuaresma?

Imagino que todos alguna vez nos hemos planteado el porqué los católicos no podemos comer carne los viernes de Cuaresma. De hecho, las dudas suelen ir acompañadas de motivos más que razonables para no hacerlo: “el pescado es más caro”, “si tengo sobras de carne no está bien tirar la comida”, “si me invitan a comer no voy a andar molestando”,…

Entonces, ¿por qué la Iglesia nos obliga?

Tendemos a ver a la Iglesia como una dictadora que impone normas y preceptos a sus fieles, y olvidamos que la Iglesia ¡es Madre! ¡¡Es tu Madre y la mía!! Y como Madre, quiere a sus hijos y trata por todos los medios de ayudarles a llegar al Cielo.

Y en ese acompañarnos al Cielo, la Iglesia sabe que hay unos “mínimos”, por decirlo de alguna manera, sin los cuales resultaría muy difícil mantener el trato con el Señor, ser capaces de recomenzar, aprender a perdonar, a amar y a sabernos amados por Cristo.

Que levante la mano quien haría ayuno voluntario en Cuaresma si no fuera obligatorio…

Como una madre obliga a sus hijos a comer, hacer los deberes, llegar a cierta hora por las noches, etc; la Iglesia establece ciertas “normas”, para asegurarse de que los católicos hagamos algo de penitencia, como animó Jesús en el Sermón de la montaña, a la vez que nos facilita el cumplir la obligación.

¿Y por qué carne y no pescado?

Dejamos de comer carne los viernes, no porque sea barata, mejor o peor que otros alimentos, sino sobre todo por tradición cristiana. Somos una familia: la familia de los hijos de Dios; y el hecho de unirnos todos, en una penitencia común, hace que nos apoyemos unos a otros, que vivamos una misma Cuaresma. ¡Unidos es más fácil llegar a la meta!

Claro que, no nos serviría de mucho, si ese acto no nos llevara a elevar el corazón a Dios, a recordar que Él es nuestro Padre, que dio su vida por mí en la Cruz porque me quiere; a darle gracias y querer de corazón volver a Él.

¿Qué madre le diría a su hijo, en su cumpleaños, que para comer hay “sobras” porque si no se estropean?

Cuando ponemos amor, nos organizamos para que no haya sobras, para comer arroz a la cubana -que es bien barato- y para hacerlo alegres, sabiendo que vamos todos juntos hacia la casa del Cielo.

Extras:

¿Cómo nació el precepto de abstenerse de carne en los Viernes de Cuaresma?

10 ideas para vivir la Cuaresma en familia