La Cuaresma: tiempo de alegría y Gracia

Hoy es miércoles de ceniza (por si alguno anda despistado) y la verdad es que este año me ha pillado por sorpresa. No me enteré de que empezaba la Cuaresma hasta este domingo.

Y, como siempre, esta hija de Dios más ignorante que ninguna otra volvió a la queja de siempre: “joe…¿otra vez Cuaresma?, a mortificarme, ayunar, dar limosna, no comer carne,… ¡pero qué perezaaaa!!!

Veía la Cuaresma como un tiempo oscuro, de sufrimiento, de preparación para la Semana Santa, para la pasión y muerte de Jesús; un camino para unirme así a la Cruz de Cristo, a su sufrimiento y acompañarle en su dolor, que está muy bien pero de primeras el cuerpo tira para abajo.

Los sacerdotes celebran la misa revestidos de morado y este tiempo tiene sus “restricciones” (que son una bobada pero como son “impuestas desde fuera, desde la Iglesia” pues molestan más). Supongo que no seré la única que la asociaba siempre a tiempo de oscuridad.

Pero resulta que no. ¡Que no, que no, de verdad que no! Estaba muy equivocada.

La Cuaresma es un tiempo de GRACIA, de ALEGRÍA

es decir, un tiempo en el que si de normal cuando rezabas un rato ante el sagrario, Jesús, por tu sola presencia, te llenaba de Gracia pues ahora se derrama el doble, hay un 2X1 para entendernos.
¿A quién no le gustan las rebajas? En la Cuaresma se nos invita a rezar más para que nuestra alma se llene de Gracia doblemente, nos llama al ayuno para que -vaciándonos- de nosotros mismos, Cristo pueda habitar en nosotros a lo grande. Y nos anima a dar limosna para pensar más en los demás que en nosotros mismos.

Porque una vez que pasa la Cuaresma, llega la Semana Santa; esos días el corazón se nos encoge y avergonzados damos las gracias a Jesús por inmolarse por nosotros, por pagar él la “cárcel”, la pena que tendríamos que pagar por nuestras ofensas a Dios.

Y ciertamente son días muy intensos pero ¡no terminan en la muerte! Nos preparamos toda la Cuaresma para lo que viene después: ¡la Pascua de Resurrección! Porque vana es nuestra fe en Jesucristo sin su resurrección, porque con su Resurrección pasamos de ser humanos, criaturas de este mundo, a hijos De Dios.

No sé vosotros pero yo quiero llegar a ese momento lo mejor que pueda y celebrarlo a lo grande con el alma totalmente convertida por la Gracia de Dios: ayunar de la queja, de los enfados, de la soberbia de querer llevar siempre la razón; voy a dar limosna, -el dinero que pueda porque este año hay muchas familias sufriendo-, pero sobre todo limosna de mi tiempo; jugar con mis hijos, dedicar tiempo a mi marido y a mis amigas, estar pendiente de los demás: ser más generosa.

Y oración. Ahora que el Señor se va a derramar por duplicado voy a aprovechar para estar cada día un ratito con Él y ahondar en el fondo de mi alma qué cosas me separan de Él, qué le gusta y cómo puedo servirle mejor en el futuro; pero también voy a pedirle que en este tiempo me dé la Gracia para vivir mi vida, cada segundo de ella, en oración continua.

Así que empiezo animada, ahora en vez de ver un túnel negro que lleva a la Cruz, veo la Cuaresma como una senda llena de luz deseando iluminar nuestros corazones, limpiarlos y prepararlos para la fiesta más grande de los cristianos: la Resurrección de Jesucristo.

Y tú, ¿vas a dejar que el Señor te inunde con su fuerza o vas a pasar del regalo que quiere hacerte?

Semana Santa: un detalle que te gustará

Hace unos meses me llego este vídeo y, me impresionó tanto, que lo guardé para compartirlo con vosotros en algún momento. Y, “casualmente” hoy me lo han recordado y he pensado ¡qué mejor momento para verlo que al inicio de la Semana Santa! Así que ahí os lo dejo, y si os parece en los comentarios hacemos “cine forum”.

Después de este “breve” preámbulo, hoy quiero contaros una cosa sobre la Semana Santa que a mí me flipó cuando me la contaron: del Jueves Santo al Domingo de Resurrección celebramos UNA única Liturgia. Una sola Celebración, LA MISA central de todo el año, que se alarga durante tres días.

No me he vuelto loca, no; y ya sé que “oficios” hay dos, más la Vigilia Pascual: tres. Pero es que, si os fijáis, en los tres días: sólo hay UN SALUDO (es al inicio de la misa, “En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”), que sólo pasa el Jueves Santo.

Y UNA DESPEDIDA (“podéis ir en paz”), al final de la Misa, el Domingo de Resurrección, en la Vigilia Pascual. El Jueves Santo no hay despedida, el sacerdote lleva a Jesús Sacramentado (el copón con las Hostias Consagradas) al Monumento o altar reservado, y de ahí se retira.

El Viernes Santo no hay saludo, y tampoco hay despedida, de hecho no hay ni misa porque no hay consagración. Y en la Vigilia Pascual del Sábado Santo por la noche, empezamos con el Rito del Fuego, se enciende el Cirio Pascual -sin “bienvenida”- y las velitas de todos y de seguido se pasa a las lecturas de la Santa Misa.

Y esto pasa porque celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús: Las tres cosas son inseparables. No celebramos que Dios muera, ni tampoco sólo que Jesucristo resucita: rememoramos todo junto. No hay Salvación sólo con una de ellas.

Sé que es un detalle pequeño, pero a mí me encantó conocerlo porque saber el por qué de las cosas ayuda a entenderlas y a vivirlas con más intensidad, poniendo no sólo el corazón sino también la inteligencia.

Me pareció tan bonito que el centro de la vida de los católicos, que es la Santa Misa, se alargue durante toda la Pasión de manera que estemos en una misa constante…, ¡justo cuando Jesús está padeciendo tanto por nosotros!, me parece de una suerte increíble, ¡un detallazo! y me acerca aún más a su presencia estos días.

No sé. Igual os parece una bobada pero a mí ¡me chifló! Os contaría mil cosas más pero vendrán en otros posts porque la Semana Santa da para mucho (lo que no sé es si será este año, que tampoco quiero saturaros).

Y volviendo al vídeo del inicio, que resume muy bien lo que vamos a vivir en Semana Santa, me sale un “GRACIAS Dios mío” con mayúsculas, que no me cabe en el pecho. Porque, si con un amigo que me hace un favor grande me siento en deuda toda la vida, ¿cómo no voy a volverme loca por Ti que entregas a tu único Hijo por mí?

¿Qué os ha parecido a vosotros? ¿Y el “detalle” de una sola celebración en tres días??

¿Qué más puedo hacer por ti?

Antes de nada: ¡Felices Pascuas a todos! Acabamos de pasar la Semana Santa y aún estoy conmocionada. Han sido unos días muy especiales, en familia y acompañando lo máximo posible a Cristo: ¡muy recomendable!

El caso es que encontraba el otro día pidiendo por un familiar que está pachuchillo y me entró un poco de impaciencia, hasta el punto de que le solté al Señor que no me parecía de recibo que permitiera esto. A lo que enseguida una voz dulce y calmada me respondió:

“He dado mi vida por él, ¿qué más quieres que haga?”.

Me quedé muda. Tenía toda la razón. ¿Qué más se puede hacer que dar la vida por alguien? Me sentí avergonzada, Él había hecho ya mucho más que yo por esa persona y todavía me creía con derecho a reprocharle que no se curara…

Estoy en el camino de aprender a confiar en Dios, en creer de verdad que estamos aquí de paso y que lo único importante es que pronto estaremos todos juntos en el Cielo.

El reencuentro

Ayer imaginé la emoción de los apóstoles, los amigos de Jesús, al verle de nuevo tras la Resurrección. Qué paz sentirían Lázaro, Marta y María al verle llegar. Cómo sería el reencuentro entre quiénes se quieren, entre quiénes han sufrido (Cristo en la cruz, y los otros en la soledad, en la incomprensión). ¡Solo con una mirada se dirían tantas cosas!

Y el abrazo. Yo ayer sólo quería abrazar a Cristo, darle la bienvenida. Él sabe que no me creía del todo que fuera a resucitar, pero es tan bueno que no se enfada, ni me dice: ¡Te lo dije! Me quiere, y se alegra conmigo del reencuentro porque ahora las puertas del cielo están abiertas también para nosotros y pronto iremos todos juntos a la Vida eterna.

Es un abrazo de agradecimiento, de amor, de cariño, de comprensión, de apoyo; es el abrazo entre dos amigos que han sufrido mucho por la Pasión y por fin pueden consolarse y alegrarse porque todo ha pasado ya.

¿Cómo puedo desconfiar de Él con todo lo que hemos pasado juntos?

Ya no queda nada por hacer, sólo queda disfrutar y esperar a la vida definitiva. ¿Cómo ha sido tu reencuentro con Cristo?