Semana Santa: un detalle que te gustará

Hace unos meses me llego este vídeo y, me impresionó tanto, que lo guardé para compartirlo con vosotros en algún momento. Y, “casualmente” hoy me lo han recordado y he pensado ¡qué mejor momento para verlo que al inicio de la Semana Santa! Así que ahí os lo dejo, y si os parece en los comentarios hacemos “cine forum”.

Después de este “breve” preámbulo, hoy quiero contaros una cosa sobre la Semana Santa que a mí me flipó cuando me la contaron: del Jueves Santo al Domingo de Resurrección celebramos UNA única Liturgia. Una sola Celebración, LA MISA central de todo el año, que se alarga durante tres días.

No me he vuelto loca, no; y ya sé que “oficios” hay dos, más la Vigilia Pascual: tres. Pero es que, si os fijáis, en los tres días: sólo hay UN SALUDO (es al inicio de la misa, “En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”), que sólo pasa el Jueves Santo.

Y UNA DESPEDIDA (“podéis ir en paz”), al final de la Misa, el Domingo de Resurrección, en la Vigilia Pascual. El Jueves Santo no hay despedida, el sacerdote lleva a Jesús Sacramentado (el copón con las Hostias Consagradas) al Monumento o altar reservado, y de ahí se retira.

El Viernes Santo no hay saludo, y tampoco hay despedida, de hecho no hay ni misa porque no hay consagración. Y en la Vigilia Pascual del Sábado Santo por la noche, empezamos con el Rito del Fuego, se enciende el Cirio Pascual -sin “bienvenida”- y las velitas de todos y de seguido se pasa a las lecturas de la Santa Misa.

Y esto pasa porque celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús: Las tres cosas son inseparables. No celebramos que Dios muera, ni tampoco sólo que Jesucristo resucita: rememoramos todo junto. No hay Salvación sólo con una de ellas.

Sé que es un detalle pequeño, pero a mí me encantó conocerlo porque saber el por qué de las cosas ayuda a entenderlas y a vivirlas con más intensidad, poniendo no sólo el corazón sino también la inteligencia.

Me pareció tan bonito que el centro de la vida de los católicos, que es la Santa Misa, se alargue durante toda la Pasión de manera que estemos en una misa constante…, ¡justo cuando Jesús está padeciendo tanto por nosotros!, me parece de una suerte increíble, ¡un detallazo! y me acerca aún más a su presencia estos días.

No sé. Igual os parece una bobada pero a mí ¡me chifló! Os contaría mil cosas más pero vendrán en otros posts porque la Semana Santa da para mucho (lo que no sé es si será este año, que tampoco quiero saturaros).

Y volviendo al vídeo del inicio, que resume muy bien lo que vamos a vivir en Semana Santa, me sale un “GRACIAS Dios mío” con mayúsculas, que no me cabe en el pecho. Porque, si con un amigo que me hace un favor grande me siento en deuda toda la vida, ¿cómo no voy a volverme loca por Ti que entregas a tu único Hijo por mí?

¿Qué os ha parecido a vosotros? ¿Y el “detalle” de una sola celebración en tres días??

No es voluntad de Dios que todo te vaya tan mal

Qué razón tiene este buen hombre…, ¡cómo nos gusta echarle la culpa a Dios de todo lo que nos pasa! Mucha gente me ha dicho que Dios envía las peores pruebas a quienes más quiere, pero ahora no lo veo tan claro.

Hace ya unos meses me preguntaba “por qué Dios me hace esto“, y os compartía un vídeo que me había ayudado mucho a darle la vuelta.

Bueno, pues el mini vídeo de hoy completa de forma magistral aquella reflexión. No es Dios quien me envía los males a mi vida, es esta vida en sí misma la que conlleva desgracias, enfermedades, tristezas y muerte.

Lo que Dios hace es acercarse a ti y a mí y ofrecerse a llevar ese peso por nosotros. Podemos llevarlo solos y amargarnos profundamente, o podemos abrazarnos a Él, que ya ha pasado por esta penuria, y sentirnos comprendidos, acompañados y amados.

Doy fe, porque como sabéis me está tocando vivirlo, de que cuando la enfermedad llega a tu vida, si te arrimas a Dios él lleva el peso, te sientes liberado, feliz, muy amado.

Desde que estoy en esta situación sólo he recibido paz por parte del Señor, me ha hecho comprender el sentido del dolor, me ha mostrado la parte positiva del sufrimiento, y todo gracias a vuestros rezos, que me mantienen muy cerquita de Jesús.

Por eso hoy quiero pediros que sigáis rezando por mí, ¡es egoísta pero no veo otra forma de llevar con tanta paz y alegría esta temporada!; y también que si estáis pasando por un mal momento os acerquéis a Dios con humildad y le digáis: ¡me fío de ti, Jesús!

Y que tengáis paciencia, porque la ayuda llega y de manera brutal así que confiad en Jesús, de verdad. (A mí me ayudó mucho esta oración de abandono a la Divina Misericordia, ¡espero que a vosotros también!). Un abrazo y feliz semana