Cómo puedo ayudar yo en la guerra de Ucrania

Veo las noticias sobre la guerra en Ucrania y cada día son más desgarradoras; se me saltan las lágrimas viendo la injusticia y el sufrimiento de esas personas, nadie les ha preguntado qué quieren, les han echado de sus hogares, separado de sus familiares. Siento de corazón que no podemos quedarnos indiferentes, ¡nos necesitan!

Yo no tengo mucho dinero, ni tampoco puedo dejar a mi familia para unirme a una ONG de acción humanitaria y viajar allí; puede que ni siquiera tenga opción de acoger a una familia y tal vez tu situación sea similar a la mía.

¿Entonces cómo puedo ayudar a todas esas familias que huyen del país desesperadamente?

Por supuesto rezando cada día por la paz, para que lleguen a un acuerdo cuanto antes, para que paren las armas y no haya más víctimas; ni militares ni civiles. Todos tienen seres queridos y la lucha armada nunca es la solución.

Pero mientras rezaba ayer el Rosario, ¡el “arma” más poderosa sobre la faz de la tierra!, me vino un pensamiento del Cielo que me recordó que yo puedo hacer muchísimo por todas las personas que están sufriendo las consecuencias de la guerra.

Estaba olvidándome de la Comunión de los Santos, ese gran regalo que nos dejó Jesús con el Espíritu Santo. Todo, absolutamente todo lo que hago a lo largo de la jornada puede ser NADA (simplemente trabajo, contratiempos, dolor, cansancio, alegría,…) o ¡puede ser la mejor de las ayudas para mis hermanos de Ucrania!

¿Y cómo se ayuda en la guerra desde la distancia?

Primero con oración, la Virgen nos ha insistido siempre en la fuerza del Santo Rosario para lograr la paz, y lo hemos visto en otras ocasiones. En segundo lugar, con donativos, si podemos aportar económicamente con nuestro granito de arena seamos generosos; pero sobre todo, con cada momento de nuestra vida.

Con nuestro día a día es como podremos convertir el odio de la guerra en Amor

Ayer tuve un día MUY difícil, estaba muy cansada y me dolía todo el cuerpo con más intensidad que en muchas otras ocasiones. El instinto más primario y humano me gritaba que mandara todo a paseo y me fuera a la cama, pero casi a la vez visualicé a esas familias que llevan días caminando, asustadas, cansadas, con el corazón roto. Y pensé:

Jesús, gracias por este día tan duro porque ahora puedo ofrecértelo por las familias más necesitadas de tu ayuda en estos momentos. Y si con más días como estos puedo aliviar a muchas más personas, envíame los que quieras, que con tu ayuda podré vivirlos con alegría por amor a todas ellas”.

Esta mañana diluviaba. No había cogido paraguas, iba cargada, me he perdido, seguía reventada… todo apuntaba a estar de morros y antipática; pero el Espíritu Santo me lo ha recordado: “si quieres, abraza con amor este momento y vívelo con alegría por quienes sufren la guerra de Ucrania. Y así he hecho.

Mi día ha seguido siendo complicado, objetivamente nada ha cambiado, pero sobrenaturalmente, mi día terrible ha pasado a ser perfecto porque ha reconfortado a mucha gente. No tengo ninguna duda. Dios nunca abandona

Después he ido a ver a mi abuelo (aprovecho para pediros oraciones por él, que está bastante malito) y justo cuando he llegado ¡se lo llevaban a hacer unas pruebas!, ¡con lo que me había costado salir de casa! Estaba yo tan a gusto charlando en casa con mi abuela tranquilamente…

Y de nuevo la luz. Pero si te hubieras quedado en casa no podrías abrazar la “cruz” que tienes ahora entre tus brazos: vas a estar incómoda, con frío, en la cafetería del hospital y comiendo cualquier cosa; pero con eso, ¡vas a cambiar la vida de muchas personas!

¡Qué cierto! ¡Y con qué alegría lo hago! Igual que cualquier madre se quedaría feliz toda la noche cuidando de un hijo enfermo. ¿Es sacrificio? ¡Sin duda! Pero pesa mucho más el bienestar del pequeño que el cansancio de los padres porque el amor nos saca de nosotros mismos. Pues esto es igual

Y tú puedes hacer lo mismo. Quizá te cueste horrores estudiar, ir a clase, terminar un informe tedioso, archivar papeles, escuchar a la clienta de turno, preparar la comida, jugar con tus hijos, estar en cama enferma o con dolores, … cada uno lo suyo.

¡Aprovéchalo! Todo vale si lo haces por amor, queriendo abrazar desde la distancia a todos los que sufren la guerra. Dios lo puede todo. Y os aseguro que las oraciones, sacrificios, el día a día ofrecido por amor LLEGA AL NECESITADO, porque yo lo vivo en mis carnes cada día.

Ahora estoy feliz de que el Espíritu Santo vaya ayudándome a acompañar, colaborar con mi vida en el bienestar de tantas familias inmersas en una pesadilla que no deberían estar sufriendo.

El inicio de la Cuaresma no ha sido como imaginaba pero tengo muy claro que ayudar a nuestros hermanos nos acerca al Señor, ¡y de eso se trata!

¿Se te ocurre alguna otra forma de ayudar en la conquista de la paz o en el soporte a las víctimas de la guerra? ¡Compártela en los comentarios!

A mí llévame en brazos

Os he hablado en varias ocasiones de la película “La cabaña” porque tiene muchos detalles impresionantes que me ayudan a vivir con más presencia de Dios.

En concreto (siento el spoiler pero no revelo nada esencial), hay una escena que a mí me marcó mucho y que tengo muy presente a menudo, sobre todo en los momentos difíciles de la vida, y como ahora estoy atravesando un puente que no sé a dónde me lleva me está costando mucho aceptarlo.

Por eso, cuando siento que todo se viene abajo me acuerdo muy bien del momento en el que el protagonista está subido en una barquita y de repente ésta empieza a hundirse; y el agua, que era hermosa y clara, se convierte en una masa negra que le tira hacia abajo.

Y entonces aparece su amigo y le dice algo así: mírame a los ojos, tú mírame a los ojos, todo lo que estás sufriendo y el pánico que te ha entrado es fruto de tu imaginación: no está pasando, NO EXISTE, sólo pasa en tu cabeza; si me miras a mí y confías todo volverá a la calma, y así fue.

No podéis imaginar la de veces que yo me siento en esa barca que se hunde y busco los ojos del amigo, de Dios, porque al final es muy cierto que todo lo que me atormenta, me agobia, me entristece está sólo en mi cabeza: son cosas que creo que van a pasar por las circunstancias en las que me encuentro pero que en realidad aún no han pasado y puede que nunca pasen.

Así que le miro a los ojos. A veces con eso basta. Enseguida recuerdo que estoy en manos de mi Padre y que nada pasa en mi vida sin que Él lo consienta, y cuando lo hace es porque quiere contar conmigo para evitar una guerra, un divorcio, dar la fe a alguien… ¡sólo El sabe dónde se necesita más apoyo!

Y me calmo. Me siento feliz y agradecida y me repito muchas veces ese “todo es para bien”.

Pero ahora empiezo a tocar fondo (os pido que recéis por mí), los síntomas de la depresión van a más y sólo pensarlo me supera; así que hoy he vuelto a mirarle a los ojos a Jesús, muchas veces, le he pedido mil veces que me ayudara a salir de esa barca, pero no había forma, estaba demasiado asustada.

Así que le he dicho que igual al protagonista de la peli con mirarle a los ojos le bastaba pero que yo sola no puedo y que necesito que me coja en brazos y me lleve Él a la orilla, porque sólo así podré olvidar lo que no existe y dejar de sufrir en vano. Y me ha escuchado. Hoy estoy más tranquila pero no voy a dejaros ahí mirando sin pediros oraciones, esta enfermedad sin duda es muy dura pero no necesito tanto que me cure como que me mantenga la mirada en sus ojos, en el cielo, en la eternidad.

Y allí nos reuniremos todos y veremos los frutos de nuestro sufrimiento y seremos muy felices al ver la cantidad de almas que conocieron a Jesús y se bautizaron, o se acercaron de nuevo a la Fe con una confesión que les cambió la vida, o esa guerra que nunca se dio gracias a nuestra docilidad.

Cuento con vosotros. Yo rezo mucho por cada uno de los que me seguís, por los que me leéis y por los que, aunque quisieran leerme, no les da la vida (por los que comentáis rezo el doble 😜).

Hace tiempo que no os lo pido pero ahora os necesito. Acudid a la Virgen por mí. Hoy celebramos la Fiesta de la Virgen de Lourdes, Ella me cubre con su manto y sé que os escuchará enseguida. Un Avemaría, un Acordaos, un Rosario, una visita a la Virgen… todo vale para conmover a una Madre. Cada uno lo que pueda.

Seguro que entre todos me sacáis de este fango del que yo sola no puedo salir. ¡¡¡GRACIAS!!!