“Eres la mejor madre que tus hijos podían tener”

Esta semana -como pasa muchas otras veces- una de mis princesas gritaba a la otra una lindeza de esas que yo les suelto a ellos cuando la paciencia se agota y se me va de las manos.

No creáis que le dijo nada del otro jueves, fueron más las formas que el contenido lo que me entristeció muchísimo. Porque me vi totalmente reflejada en mis momentos de agotamiento.

Y entonces una voz me susurró al oído que si yo no estuviera con ellos, si no fuera su madre, se hablarían con más ternura porque yo les daba muy mal ejemplo; que incluso estarían mejor sin mí.

Soy muy consciente de que eso no es cierto, pero el “patas” (es una expresión para citar al demonio que aprendí hace nada de una amiga y que me hizo mucha gracia) utiliza nuestros puntos más débiles para meter cizaña y hundirnos así que conmigo atacó por ahí.

El caso es que por la tarde, aprovechando que el confesionario estaba libre, y que ya necesitaba un buen repaso, pasé a charlar con el cura y limpiar mi alma.

No le mencioné nada de lo que había pasado, sin embargo, dijo estas palabras que estoy segura las decía Jesús a través de él (no las recuerdo literalmente pero era algo así 😅):

Eres la mejor madre que tus hijos podían tener. Dios pensó en ti como su mejor madre desde toda la eternidad. Y te hizo perfecta para ellos, con tus limitaciones, pero idónea para el puesto de madre de tus hijos.

También me hizo perfecta para ser la mejor esposa de mi marido, amiga de mis amigos, hermana, vecina, compañera,… y un largo etcétera. Y a ti también.

Nos cuesta creerlo porque la vida a veces nos da muchos palos y llegamos a pensar que no valemos nada, porque nos equivocamos a menudo; pero yo te aseguro que es así.

Porque Dios te ha creado, nos ha creado, con todo su corazón, con un amor infinito que lo puede todo. ¿Crees que Dios, pudiendo hacerte perfecto, te haría peor de lo que podías ser con todo lo que te quiere? ¡Pero si murió clavado en una Cruz por ti! Por salvarte de ese “patas” que enreda a todas horas.

No sé a vosotros pero a mí me ha reconfortado. Me llena de paz cuando me equivoco con mis hijos, saber que soy la mejor madre para ellos (entre otras cosas porque son una pasada y se merecen la mejor madre del mundo: ¡que resulta que soy yo!).

Así que ojalá mi experiencia os sirva para flipar con vosotros mismos; y daros cuenta al ver a vuestros hijos, a tu cónyuge, a tus padres, hermanos, amigos,… (todos tan buenos y maravillosos) que tú, ¡tal y como eres! ERES PERFECTO PARA ELLOS.

Si no quieres discutir este verano: cambia de actitud

Cuando cierro los ojos y pienso en la palabra “vacaciones” vienen a mi cabeza el mar, la hamaca, la arena, el silencio, una cervecita (bien fría), mi amore, risas, buen tiempo, un libro, música, amigos, felicidad … mmm… ¡me lo imagino perfectamente!

Pero ahora vuelvo a mirar la escena sin música y con un poco de sentido común y ¿sabéis qué pienso?, ¡que a ver de qué árbol me he caído! No digo que un fin de semana así no pueda ser agradable pero ¿22 días?, ¡no se lo compro a nadie!

¡En serio! A mí me hace feliz estar con mi marido y con mis hijos. En la playa, en la piscina o en el parque; con los primos, amigos, abuelos o solos en casa, cada año lo que se pueda y procurando que todos disfrutemos mucho.

Despertar por las mañanas cuando Dios quiera, tomar helados sin que haya un motivo especial, jugar al parchís, salir a pasear por las noches… y olvidarnos de las normas y horarios exigentes que todos tenemos durante el curso.

Ese es mi verano ideal y, aún así, ¡me han vendido la moto! Porque es lo que inconscientemente viene a mi mente sin ser, ni de lejos, lo que yo querría en unas vacaciones perfectas.

Así que, empiezo a darme cuenta de que algo hago mal para tener tan deformada mi propia imaginación. Y pienso que algo puede influir el hecho de escuchar en todas partes lo merecido que tengo el mirarme el ombligo en vacaciones y el derecho que me he ganado a poder disfrutar de mi descanso.

Se suele decir que discutimos precisamente porque pasamos más horas juntos pero no creo yo que sea ese el mayor problema sino que quizá ambos estamos en actitud de descansar, no pensar y relajarnos olvidándonos del mundo.

Y eso, que es muy bueno, no lo es si va de la mano del egoísmo; de encerrarnos en nosotros mismos, en “mis necesidades”, “mi descanso”, “mis vacaciones de cuento”; pasando de los que nos rodean y sus necesidades.

Las vacaciones son tiempo para descansar, claro está, pero sobre todo es un tiempo para romper con la rutina y disfrutar de la familia.

Es un tiempo perfecto para dedicarnos más a los demás, a cuidar y mimar a nuestra familia, que son quienes más sufren las jornadas laborales y el estrés ordinario del curso.

Pero es bien cierto que no es lo que “está de moda”, no oímos a mucha gente hablar de las vacaciones para hacer más amable y bonita la vida de los demás -quizá algún universitario que se va de voluntariado- pero, entre adultos, no es lo que más se lleve.

A veces, llegamos a las vacaciones con una actitud demasiado de “a mí que me sirvan, que vengo a descansar” y por eso chocamos. Porque si tú descansas, yo tengo más “trabajo” y viceversa.

Llegamos a poner a nuestra pareja en la posición del enemigo, cuando en realidad, es el amor de nuestra vida.

Y como lo vemos como el enemigo, es muy probable que el conflicto surja en algún momento. A menudo, incluso estamos en plan ojo avizor a ver cuándo “interrumpe mi paz” para aumentar la lista de agravios y confirmar que es nocivo para nosotros.

No sé muy bien a dónde voy con este post, la verdad, porque yo soy la primera que voy con esa actitud y que además no sé muy bien cómo cambiarla. Pero la reflexión me ha servido para darme cuenta de que nuestra disposición tiene mucho que decir en este tema.

Hoy me propongo disfrutar de cada minuto de las vacaciones, tal y como vengan; con buen o mal tiempo, mejores o peores planes: pero en familia, con sentido del humor ante las contrariedades y mucha mentalidad despreocupada para pasarlo en grande con los míos.

¿Quién se apunta????