¡Cómo cambia esta casa cuando tú estás en ella!

Qué curioso que hasta que mi marido no me dijo “cariño, ¡no sabes cómo cambia esta casa cuando tú estás ten ella!” al volver del hospital, yo no era para nada consciente de lo importante que es que una madre esté presente, que se le vea en casa, disponible, incluso cuando no puedes hacer nada porque estás enferma.

A los niños les brillan los ojos de felicidad y su sonrisa se vuelve plena; incluso su actitud cambia a mejor cuando te ven aparecer por la puerta.

Oír esto impresiona, sobre todo cuando estás pasando una depresión que te dice que no vales nada y que todo sería mejor sin ti; que sólo molestas.

Pero la verdad es que una madre, aunque no haga nada, hace mucho. Su presencia lo cambia todo. Es mejor que esté, aunque sea enferma, que qué no esté. Suena a perogrullada pero yo no lo veía así, más bien al contrario: me veía como un estorbo.

Y gracias a mi marido -y a mi director espiritual , que llevaba meses diciéndomelo y yo no me enteraba- hoy soy consciente de lo importante que soy en mi familia, ¡que Dios quiere hacer cosas muy grandes a través de mí en mi marido y en mis hijos!

Realmente no tiene ningún sentido que no lo viera. Veo cristalina la acción del Espíritu Santo cuando escribo, cuando hablo con amigas, a través del blog, en Instagram, con el dolor,… pero ¿en mi casa? NADA. Como si no estuviera.

¡No se puede estar más ciega! ¡Cómo no va a actuar el Señor a través de ti en tu familia si ellos son el camino de tu santidad! Dios te ha llamado a la vocación matrimonial y es ahí donde más sentido tiene tu vida, ¡para lo que Dios te creó desde toda la eternidad!

Ahora por fin lo veo. Y, aunque sé que me va a costar mucho porque sigo con dolores, cansada, …etc, etc, etc y voy a sentirme “inútil” por no poder echar una mano con los peques o recogiendo la cocina no me siento sola y sé que ahí sentadita, Dios está santificando a mi familia.

Es una gozada saber que no voy sola, que cuento con la ayuda de Dios. Que va a ser Él quien me haga ser de verdad la mejor madre de mis hijos y la mejor esposa de mi marido (lo pongo al final porque querer a mi marido no me cuesta nada, pero la paciencia con los peques MUCHO, jeje).

Hace muy poquito volví a recordar ese apoyarme en Cristo; no quedarme en la desesperación de que los niños me superan, de que no sé manejarles, de que me torean cosa fina y pierdo los nervios enseguida.

Se nos olvida muy fácil que en esta tarea no estamos solas (ese es el demonio que quiere hundirnos en la desesperación y hacernos sentir que no valemos para ser madres).

La vocación Cristiana, nuestra obligación de educar a nuestros hijos amándoles y cuidándoles sin medida no es algo que podamos hacer solos: necesitamos la ayuda De Dios.

¡No estoy sola! Y tú tampoco. Jesús está deseando que abandonemos nuestra labor de madres/padres en Él y que volvamos a sonreír porque Él hará lo que nosotros no podamos. No es una varita mágica ni mucho menos pero es confiar, desahogarnos con Él y decirle “Jesús te toca, que también son tuyos”.

Y no olvidemos nunca esto: ¡CÓMO CAMBIA LA CASA CUANDO TÚ NO ESTÁS!

Porque cuando mamá está en casa todo cambia

4 claves para superar con éxito la vuelta al cole

Nunca me imaginé escribiendo sobre la “vuelta al cole” porque soy bastante desorganizada: todo para el último momento, tanto buscar la mejor oferta en zapatos me quedo sin talla y empiezan el curso sin zapatos, los libros no llegan, la falda es muy larga… y podría seguir horas, jeje!

Y a este curso 2020-21 se le suma la pandemia y su incertidumbre en torno al efecto que tendrá en las clases, los horarios, extraescolares, materiales… y a tantas otras cosas. Si septiembre siempre es una locura, este curso el agobio es aún mayor.

El viernes en Pamplona salió la noticia de que los centros navarros a partir de octubre tendrán jornada continua.

Os podéis imaginar qué fue lo siguiente: estado de shock absoluto; empezó a palpitarme el corazón a mil por hora, presión en el pecho, falta de aire,… ¡y todo eso sin siquiera pensar en el tema en cuestión!

Necesitaba salir de casa. Calmarme. Me tomé la medicación prescrita para momentos de crisis y como justo daban las ocho, entré en una iglesia cercana en la que empezaba la celebración de la Santa misa. Al terminar la celebración estaba mucho más tranquila y además el evangelio del día me ayudó muchísimo.

Una voz fuerte en mi interior me dijo:

¿En serio no sabes cómo vas a sobrevivir a este inicio del curso? Yo no entendía muy bien por dónde iban los tiros, pero enseguida llegó la respuesta: Igual que siempre. Igual que lo hiciste cuando comenzó el confinamiento, cuando los peques “teletrabajaban” y los padres intentábamos hacer lo mismo; igual que cuando la depresión llegó a tu vida y tantas otras veces que siempre se solucionaron ¿Ya se te ha olvidado?

Aquellos momentos fueron de pánico absoluto. De un estrés brutal. Pero salimos adelante. Y es verdad, nos infravaloramos. ¡Date la enhorabuena por superarlos!

CLAVES PARA SUPERAR EL INICIO DEL CURSO SIN AGOBIARTE:
1. TRANQUILIDAD. La situación no será fácil pero podremos con ella porque ¡SIEMPRE HEMOS SUPERADO LOS OBSTÁCULOS!

Yo he tomado la decisión de no agobiarme e ir viendo -dejarme llevar en función de los acontecimientos. Sin agobios, poco a poco. ¿Que no hay cole por el Covid?, ¡pues ya veremos entonces las soluciones posibles!, pero hasta entonces alegría y paz.

Voy a gastar “poco” en zapatos y material escolar porque pinta que igual los usarán poco (y si luego necesitan más: ¡pues ya compraremos!).

2. CONFIANZA. No precisamente en las autoridades (lo siento pero hace mucho que no pongo mi futuro ni mi vida en sus manos). Confiar en el Señor. No sé de ninguna crisis de la que no haya sacado cosas maravillosas, así que, démosle sentido a esta locura ofreciéndosela a Dios por alguna intención concreta (os propongo hacerlo por mi amigo Miki, que está muy malito y necesita mucho apoyo)

3. PRESENTE. Echa la vista atrás: ¿no te parece que siempre hemos salido adelante? ¿Cuántas veces nos hemos agobiado por muchas cosas que luego no sucedieron? ¡No te estreses antes de que llegue el problema y disfruta del hoy y ahora.

4. AUTOESTIMA. ¿Cuando ha ido todo tan mal que no ha tenido arreglo? La vida está llena de retos, de crisis, que nos hacen crecer y aprender. Aprovechemos esta nueva normalidad escolar para llevarla con optimismo; que nuestros hijos vean que no se acaba el mundo porque cambie el modo de enseñanza. Estoy segura de que ya lo has hecho otras muchas veces sólo que en esta puedes adelantarte y ahorrarte el agobio previo.

En fin, no sé si he ayudado a alguien. A mí me ayuda, jaja! A ver si lo consigo, que luego siempre viene Paco con las rebajas y me pongo nerviosilla, pero al menos lo voy a intentar y de momento hoy tengo un modo zen que no os podéis imaginar (y eso que además la nevera está vacía y no hay nada de nada para comer).

Bueno, resumiendo: que saldremos de esta como de todas, con tranquilidad y poniendo todo de nuestra parte en casa y en el cole, en el trabajo y con mucha paciencia. Y el que quiera, dándole un sentido sobrenatural haciéndolo con alegría por mi amigo Miki.

Mucho ánimo en este inicio de curso tan incierto y lo dicho: ¡que no cunda en pánico que siempre salimos adelante!

Pd. También darás ejemplo a tus hijos si no pones a parir al cole, a los profes, o a quien sea delante de ellos, es muy tentador pero no les hace ningún bien.

Hoy lo mandaría todo a tomar viento

Estoy cansada, eso es una realidad. Y cuando lo estoy mi paciencia baja del menos veinte al menos dos mil. ¿Que si es culpa mía? Pues supongo que sí, ¡siempre que le doy un par de vueltas a las cosas llego a esa conclusión!

Dicho esto y siendo evidente -una vez más- que yo no soy mejor que nadie sino que muy probablemente esté en la cola de las mujeres virtuosas y maravillosas que hay y habrá sobre la faz de la tierra: hoy no puedo más.

Lo he intentado todo: he contado hasta 10 (varias veces; despacio, respirando hondamente), he procurado la técnica del “por aquí me entra y por aquí me sale”, le he mirado al Sagrado Corazón que tengo en mi cuarto en plan “a ver qué pasa” y tampoco, así que después de enfadarme con el mundo me meto en mi cuarto a escribir.

¡Mamá! ¿Cómo se sobrevive a la preadolescencia, adolescencia, postadolescencia, loca juventud y ese largo etcétera de fases por las que pasan los hijos?

En serio, que hoy no puedo daros ningún consejo. Estoy perdidísima y no sé por dónde cogerlo. ¡¡¡NECESITO AYUDA!!!

Debe de ser culpa de las vacaciones, que asilvestra a los niños y ahora no hay quien los frene. No sé lo que es pero estoy agotada de hablar para la pared, de que discutan constantemente por bobadas, que todos tengan que opinar sobre lo del resto y que nos den siempre las mil porque aquí no se va ni Blas a dormir.

Y comparto este post tan poco positivo hoy porque quiero pensar que estamos todos así y que leer que alguien pasa por lo mismo que tú, a veces alivia; y que además, aquí hablamos de familia y en las familias de carne y hueso hay días que no sabes por dónde cogerlos.

Sólo tengo una esperanza: que a pesar de todo, soy la mejor madre que les podía tocar. Ah! Esa, y que mañana nos levantaremos y aquí no ha pasado nada, ¡ja,ja! Porque así somos las familias, nos queremos como somos (incluso en días como hoy, jeje!).

Bueno, ya me he desahogado y, aunque seguiré metida en mi habitación para no gritar a nadie, quiero deciros que a pesar de todo, confío en que Dios tiene sus planes y si Jesús llegó a decirle a su Padre “¿por qué me has abandonado?”, aquí una no puede ser más que su Maestro.

Así que como yo no entiendo nada, también grito hoy al Cielo; pero ahí los dejo, en la confianza de que todo es para bien y que Él se ocupa de todo (con mi santo marido, que tiene una paciencia de oro).

Pero por favor, decidme que no soy la única a la que sus hijos la toman por el pito de un sereno!!! (aunque tengáis que mentirme…: ¡¡decidme que vuestra casa también es una jaula de grillos, por favor!! ja,ja,ja!).

¿Son vuestras familias perfectas o en todos sitios cuecen habas???