Mamá, ¿podemos ver la tele?

Los niños suelen ser muy insistentes cuando quieren algo y la experiencia nos dice que hay que ser firmes con los límites establecidos en casa. Pero a veces, es bueno ser flexibles y dar prioridad al disfrute que a las normas.

Son las diez y media de la mañana. Último día de vacaciones para mis niños. Llevan desde las ocho preguntándome sin parar si podían ver la tele (creo que si contara las veces rondaría la centena…).

Y normalmente me enfado. ¡Me molesta horrores tener que repetir mil veces lo mismo! Si he dicho que no, ¿por qué seguís y seguís preguntando? ¡Que no y punto! Es bien sencillo (o eso me parece a mí, jeje).

Ahora son las 11.30h, y contra todo pronóstico: están viendo una peli.

Y no ha sido porque me haya hartado, ni porque quisiera aprovechar este rato para hacer cosas ni porque sea super blanda y les consienta todo.

Va a ser que no. Ha sido algo mucho más fuerte lo que me ha hecho cambiar de opinión: hoy he sido consciente de lo que significa en el Evangelio “pedid y se os dará“; ese pedir como niños… porque yo pido, ¡pero no suelo ser taaaan pesada, jaja!

Hoy el Señor ha querido mostrarme a través de mis hijos a qué se refiere cuando nos dice que pidamos, que seamos importunos, ¡cansinos como niños!

Porque cuando pedimos mucho, Dios se apiada de nosotros. Y hoy me ha pedido que hiciera yo lo mismo… Los niños se han levantado, se han duchado, vestido, hecho las camas, desayunado, recogido, … TODO: sin estar yo detrás de ellos.

Entre medias iban preguntando eso de “¿podemos ver la tele mami?”; y yo, que soy muy determinante con esto de cuándo y qué rato se dedica a las pantallas, he dicho que no las cien veces (si no han sido más). Con mucha calma, tampoco me he alterado, pero muy firme, eso sí.

Y es que oír la voz del Señor en mi corazón con esa fuerza tan arrasadora, diciéndome “ten tú también misericordia con tus hijos” ha sido irresistible.

Porque soy muy exigente con ellos, no cedo ni media; y algo me dice que no es eso lo que Jesús nos enseña en el Evangelio. Debemos educar, claramente; y poner unos límites. Pero también ser flexibles cuando se lo merecen y disfrutar de la dicha de tenerles.

(Ya son las 13h y ahora estamos en el parque). Está siendo un último día de vacaciones muy tranquilo y ordenado -dentro del caos que supone una familia, jeje- porque gracias a Dios estamos disfrutando de tener este tiempo para nosotros.

Mañana será otro día.

Y ahora (20h) por fin consigo dedicaros otro ratito para contaros que hoy he sido muy consciente de lo distinta que es la vida cuando dejamos que Dios reine en ella.

Si voy sola: las normas son tajantes. Si le escucho… Él me dice cuándo soltar un poco esa cuerda y disfrutar. Me recuerda que la vida nos la regala para vivirla felices; no haciendo siempre siempre siempre lo que HAY QUE HACER.

Ese hacer que -por otro lado- nos hemos inventado para amargarnos la existencia.

En fin, ya son las 20.50h y mañana empieza un nuevo curso. Os invito a acompañarme en la aventura de mirar al cielo con las cosas más cotidianas, las de cada día; para ver si Dios tiene algo que decirnos y alegrarnos el día.

Dejar que nos muestre cómo tiene Él pensado para mí este día a día extraordinario. Porque sólo Él puede hacer de nuestra vida una verdadera aventura maravillosa.

Hoy lo mandaría todo a tomar viento

Estoy cansada, eso es una realidad. Y cuando lo estoy mi paciencia baja del menos veinte al menos dos mil. ¿Que si es culpa mía? Pues supongo que sí, ¡siempre que le doy un par de vueltas a las cosas llego a esa conclusión!

Dicho esto y siendo evidente -una vez más- que yo no soy mejor que nadie sino que muy probablemente esté en la cola de las mujeres virtuosas y maravillosas que hay y habrá sobre la faz de la tierra: hoy no puedo más.

Lo he intentado todo: he contado hasta 10 (varias veces; despacio, respirando hondamente), he procurado la técnica del “por aquí me entra y por aquí me sale”, le he mirado al Sagrado Corazón que tengo en mi cuarto en plan “a ver qué pasa” y tampoco, así que después de enfadarme con el mundo me meto en mi cuarto a escribir.

¡Mamá! ¿Cómo se sobrevive a la preadolescencia, adolescencia, postadolescencia, loca juventud y ese largo etcétera de fases por las que pasan los hijos?

En serio, que hoy no puedo daros ningún consejo. Estoy perdidísima y no sé por dónde cogerlo. ¡¡¡NECESITO AYUDA!!!

Debe de ser culpa de las vacaciones, que asilvestra a los niños y ahora no hay quien los frene. No sé lo que es pero estoy agotada de hablar para la pared, de que discutan constantemente por bobadas, que todos tengan que opinar sobre lo del resto y que nos den siempre las mil porque aquí no se va ni Blas a dormir.

Y comparto este post tan poco positivo hoy porque quiero pensar que estamos todos así y que leer que alguien pasa por lo mismo que tú, a veces alivia; y que además, aquí hablamos de familia y en las familias de carne y hueso hay días que no sabes por dónde cogerlos.

Sólo tengo una esperanza: que a pesar de todo, soy la mejor madre que les podía tocar. Ah! Esa, y que mañana nos levantaremos y aquí no ha pasado nada, ¡ja,ja! Porque así somos las familias, nos queremos como somos (incluso en días como hoy, jeje!).

Bueno, ya me he desahogado y, aunque seguiré metida en mi habitación para no gritar a nadie, quiero deciros que a pesar de todo, confío en que Dios tiene sus planes y si Jesús llegó a decirle a su Padre “¿por qué me has abandonado?”, aquí una no puede ser más que su Maestro.

Así que como yo no entiendo nada, también grito hoy al Cielo; pero ahí los dejo, en la confianza de que todo es para bien y que Él se ocupa de todo (con mi santo marido, que tiene una paciencia de oro).

Pero por favor, decidme que no soy la única a la que sus hijos la toman por el pito de un sereno!!! (aunque tengáis que mentirme…: ¡¡decidme que vuestra casa también es una jaula de grillos, por favor!! ja,ja,ja!).

¿Son vuestras familias perfectas o en todos sitios cuecen habas???