¡A una madre no se le grita!

¡Tengo a la pequeña de la casa totalmente desbocada! No sé si es por el confinamiento, por el inicio de las clases o un poco por todo. El caso es que lleva una racha de todo es “¡NO QUIERO!”, ¡pues no lo voy a hacer!, de chinchar a unos y otros sin parar,… ¡que ya nos tiene fuera de juego!

Sabemos que son llamadas de atención, hemos probado TODO y nada, no avanzamos.

Además nos pone nerviosos porque el peligro le da igual: golpes en la puerta de cristal, lanza un cojín a la mesa mientras comemos; es como si no tuviera límites (hasta el punto de soltarme gritando que “¡en esta casa mando yo!” -en esas me da la risa pero no dejo que me vea, claro, pero sus hermanos a carcajada limpia…).

Reconozco que la paciencia no es uno de mis fuertes pero tampoco es que no tenga nada y soy consciente de que Dios aprieta pero no ahoga, así que me bajo a su altura, le explico que tiene que recoger los juguetes para poder ver la tele -con una voz angelical que no sabía ni que tenía- pero su reacción es al suelo, a gritarme y ponerme cada vez más nerviosa.

Y entonces llegan los gritos: “mira bonita, ya te lo he explicado, ¡o recoges o no hay tele y punto!“A lo que ella, gritándome cual poseída me contesta: ¡ME DA IGUAL LO QUE ME DIGAS, voy a hacer lo que yo quiera! (Esto con 4 años!!!!!); Y yo, tonta de mí, entro al trapo- “¡YA VEREMOS LO QUE HACES, y que sea la última vez que gritas a mamá porque a una madre no se le grita nunca! ¿Respuesta de la canija? ¡PUES A UNA NIÑA TAMPOCO SE LE GRITA!

Y como en eso tenía razón se la di: “¡eso es verdad, a los niños no se les grita: “Lo siento” y me marché pensando soy la peor madre del mundo.

Cuando se le pasó el calentón recogió todo y vino a pedir ver la tele a lo que yo me negué rotundamente: “princesa, hoy no te has portado bien; se obedece, se recogen los juguetes, no se grita… así que hoy no hay tele “. Y por supuesto volvió el chantaje emocional… “pero mamiiii, que lo he recogido todo, y ahora me estoy portando bien. Porfis, ¿puedo ver la tele?” No cedí. Aquello se había ido de las manos y merecía su consecuencia.

Bueno, pues después de esta anécdota casera no vais a creer lo que el Señor me dejó ver en la oración:

“Tienes muy claro que cuando un niño pega o grita a sus progenitores merece su “castigo/consecuencia”, y lo mismo si no obedece, para que tenga claros los límites, aprenda a respetar y se de cuenta de que en casa la autoridad es de los padres”

Ahora traslada eso a tu relación con Dios. Desde niña has pataleado por no ir a misa los domingos, has desobedecido a tus padres, has pasado de Dios muchas, muchísimas veces y sin embargo Él no te ha dejado ni castigado nunca: sigue esperándote con los brazos abiertos cada día por si en vez de un insulto hoy quieres abrazarle.

Y, sinceramente, en proporción, que un niño grite a su padre está mal pero que un adulto desprecie, insulte, ignore,… ¡al Dios que le ha creado! es bastante más grave.

¿No te parece? No habría castigo ni pena suficiente para subsanar semejante barbaridad; sin embargo, no recibimos ningún castigo.

¿Sabes por qué? Porque Jesús te quiere tanto que para librarte de las consecuencias de tratar así a Dios, Jesús se ofreció para pagar la deuda que tenías con Él: murió en una cruz, voluntariamente, porque te quiere y desea tu libertad y tu salvación.

Ahora viene la segunda parte. ¿Qué haces tú para agradecérselo? ¿Sigues pasando de Él o quieres darle las gracias todos los días de tu vida?

A mí me sale de dentro la segunda opción y estoy segura de que a ti también. Lo cierto es que a veces no sabemos ni por dónde empezar… yo acudí a un sacerdote, fuimos hablando todas las semanas y poco a poco entendí lo que suponía ese agradecimiento: dar ahora yo mi vida por Él.

Eso es lo que debe mover a un cristiano: saberse amado sin límites por su Dios. Mirar a la Cruz ayuda bastante así que ten una cerca y verás como pronto lo sientes en tu corazón.

Educar en positivo: juego de puntos

Hace unos días decidimos poner en marcha una idea que nos contaron unos amigos y que en su casa había funcionado muy bien toda la vida, con la intención de acabar para siempre con los gritos en casa.

Consiste en montar un juego en el que cada acción suma puntos y al final de la semana, estos puntos, son canjeables por cosas, actividades, etc

Ya veis cómo ha quedado nuestro plan de acción, es algo sencillo y rápido de hacer y, al menos de momento, están muy motivados y en casa se respira un ambiente más tranquilo.

Además, fuera de generar competitividad entre ellos he alucinado con cómo se preocupan unos de otros de que todos sumen puntos. Me ha emocionado ver lo buenos que son entre ellos.

Nuestras acciones a día de hoy son cosas que les cuesta más o menos hacer pero que, o tienen que hacer y no les apetece nunca, o puede ayudarles a hacerlo mejor, incluso a responsabilizarse y ser conscientes de las tareas en las que pueden colaborar ya en casa.

Por ejemplo, cosas que les cuestan y que tienen que hacer: sentarse a hacer los deberes, tocar el instrumento, dejar su ropa recogida, hacer su cama, estar callados en la cama,…

Hay otras cosas que hacían de vez en cuando pero que creemos que pueden hacer más a menudo y colaborar en el día a día familiar: poner la mesa, recoger su plato, meter en el lavaplatos, …

Y luego están las cosas que restan puntos (estas no les gustan nada, jaja), son las que no contribuyen a la armonía familiar: gritar, pegar, ser caprichoso, decir que “no”,…

Ya veis que la puntuación va en función de lo que sabemos que les supone más o menos esfuerzo hacerlo, ¡y hay que ser generosos!; al final del día los sumamos y van aumentando su puntuación a lo largo de la semana.

Hay otro panel en el que ponemos “el precio” de cada cosa:

Una chuche (25 puntos); un chicle o chupachus (50 puntos); un cromo, stack o pegatina (50 puntos); 30 minutos de TV (100 puntos); 30 minutos para jugar en pantallas (200 puntos); aperitivo el domingo (300 puntos); comer fuera (700 puntos); invitar a un amigo a casa (1000 puntos); ir a casa de un amigo a jugar (2000 puntos); pizza cena (1000 puntos); elegir peli (300 puntos); ir al cine (5000); un libro nuevo (300 puntos), …

Y lo bueno que tiene es que pueden sumar puntos entre todos para hacer un plan familiar (véase un cine, una excursión, comer por ahí,…). Ya iré ajustando las puntuaciones si veo que lo consiguen todo, jaja; pero en el fondo se trata de echarles una mano en las “obligaciones” cotidianas; seguirán teniendo más o menos lo mismo solo que habrán contribuido a conseguirlo.

¿Qué os parece?, ¿os animáis a hacerlo en vuestras casas? ¿Alguna recomendación? Gracias y ¡feliz semana!