¿Por qué no debería comprarme lo que me dé la gana si tengo dinero para hacerlo?

Mis hijos me preguntan a menudo a ver si somos pobres porque cuando piden caprichos, grandes o pequeños, o cosas innecesarias normalmente no accedemos.

Nuestra respuesta para ellos es siempre la misma: no somos pobres, tenemos un techo, comida, calor, ropa, un colegio, un coche,… cosas que muchas otras personas no tienen. No nos parece justo gastar dinero en algo superfluo con lo que podemos ayudar a otros.

No hacen más preguntas. De hecho, están tan concienciados que el otro día quise comprarle unos zapatos nuevos a uno de ellos y se negó rotundamente porque él “ya tenía muchos zapatos” (¡tiene 3!)

No somos para nada ejemplares en esto. Es cierto que la teoría la sabemos y hay ciertas cosas que hacemos en casa por vivir esa pobreza de la que nos habla Jesús en el evangelio pero a menudo resbalamos como todos.

Un par de ideas para vivir la pobreza y la sobriedad en casa:

LA ROPA. Donar la ropa que está en buen estado y recibir la que otros puedan facilitarnos. Lo primero es sencillo, lo segundo cuesta más. Todos preferimos elegir la ropa de nuestros niños, ¡claro que sí! pero si tiene diez vestidos que le han pasado entre primas y amigas… no tiene sentido.

Mucha gente ve la ropa de segunda mano como algo de lo que avergonzarse, pero hay muchos motivos para empezar a hacerlo: por ecología, por sobriedad, por educarles en cuidar las cosas para que otros puedan también usarlas después, por justicia social…

Tengo dinero para comprarles varios modelitos a cada uno y que tengan zapatos a juego con cada estilo, pero en conciencia YO, creo que no tengo derecho a hacerlo.

Tenemos la suerte de tener un sueldo y un poder adquisitivo medio pero eso no quita que no debamos ajustarnos el cinturón para que, quien esté pasando necesidad, pueda recibir algo de nosotros y salir adelante.

Sé que es un tema muy personal -y por eso he dicho que YO en conciencia no debo. Pero al mismo tiempo creo que alguien debe abrirnos los ojos y recordarnos que al qué mucho se le dio mucho se le exigirá.

CAPRICHOS. Ahora me refiero a los de los adultos. Salir todos los días a tomar un café, una caña, hoy con pincho, hoy doblete… ¿y las VACACIONES? No te digo que no te las merezcas, esto es algo muy personal, pero cada vez se ven más fotos en Instagram de los sitios más paradisiacos del mundo. Es bueno pensar que si un año en vez de ir a todo tren hago unas vacaciones sencillas, puedo donar lo que no me he gastado en que alguien pueda comer durante diez años … ES PARA DARLE UNA VUELTA.

COMIDA. Tendemos a darles -por comodidad- bollería, chuches, comida rápida (Burguers, pizzas, pollo frito,…) gastándonos una fortuna en comida basura, enseñando a nuestros hijos que comer así es lo “normal”, quitándoles la posibilidad de asombrarse por cosas pequeñas.

Hace unos meses vino una amiga a vernos y a modo de detalle con los peques les trajo un huevo de chocolate para cada uno. Estaban felices con la sorpresa y me alegré mucho de que todavía con algo tan simple disfrutaran porque no es lo normal.

Muchos niños comen huevos kinder, pantera rosa o galletas de chocolate todos los días. Y eso, ademas de ser horrible para su salud es perjudicial para su sensibilidad y desarrollo.

¿Qué vas a regalar a ese niño cuando quieras sorprenderle? Tendrá que ser algo desorbitado porque si no será incapaz de apreciarlo.

Aunque no es ese el fundamento de la sobriedad creo que también es importante tenerlo en cuenta. Enseñarles a gastar menos para poder compartir más con quien lo necesite. Es de justicia. No somos nosotros los que merecemos este mundo y otros una vida de pobreza, nos ha tocado así para que unos cuidemos de otros.

Es el ser humano quien ha generado ese desequilibrio y tiene que ser él mismo -cada uno con lo que pueda- quien contribuya en la igualdad social.

Alguien tiene que decir BASTA YA y ¿quién mejor que cada uno de nosotros en nuestros hogares? Gasta lo que necesites, cuida lo que tienes y ahorra para compartir con quienes tienen peor suerte.

Autor: inesita

Mujer, comunicadora y mamá de 4 angelitos. Apasionada del DIY, repostería, craft,... y bloggera desde hace nada. La familia y Dios son los pilares de mi vida. Creo firmemente que mi felicidad depende al 100% de mi relación con ambos así que dedico parte de mi día a cuidarlos, conocerlos y quererlos. ¡Y disfruto mucho compartiendo mis reflexiones con vosotros!

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