
¿Por qué en misa nos levantamos y nos sentamos tantas veces?, ¿cuándo hay que arrodillarse?, ¿es diferente dependiendo de la parroquia a la que vaya o qué influye en los movimientos?
Durante muchos años -lo confieso- he ido a misa y he copiado literalmente a la gente que tenía alrededor sin plantearme el porqué o el cuándo nos levantábamos y sentábamos.
Sin embargo, hace unos meses empecé a notar algunos cambios: gente que se levantaba cuando otras veces nos quedábamos sentados y otros que se arrodillaban más allá de la Consagración.
Así que opté por preguntarle a un amigo sacerdote. En concreto quería saber cuándo hay que ponerse de pie en Misa después del ofertorio.
Llevamos toda la vida poniéndonos de pie con el “levantemos el corazón”, “lo tenemos levantado hacia el Señor” -le expliqué- y, de repente, ahora algunos se levantan antes, en “Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro…”. ¿Da igual?, ¿de qué depende?
Mi amigo se partía de risa pero muy pacientemente me explicó que no depende de la iglesia ni del cura, todo está escrito en un documento que se llama Instrucción General del Misal Romano aprobado por la Conferencia Episcopal y por el Vaticano. (¿Qué tal? ¿Primera vez que lo oyes? Yo sí, jaja, ¡nunca es tarde si la dicha es buena!)
La idea es que haya unidad. Que todos los que participamos en la Santa Misa, seamos un solo cuerpo y un solo espíritu; una sola voz (todos decimos lo mismo) y un solo cuerpo (de pie, sentados o de rodillas).
Expresamos con el cuerpo lo que nuestro corazón desea vivir:
- Nos ponemos de pie cuando nuestra actitud es de escucha, de disposición; le decimos al Señor: “aquí estoy para escucharte y responder; despierto, atento”.
- Cuando nos sentamos queremos escuchar con calma, pensar; dejar que las palabras entren y calen.
- De rodillas reconocemos que estamos ante algo santo, muy grande; adoramos con humildad y reverencia desde el amor y el agradecimiento.
Al mismo tiempo, el hecho de levantarnos y sentarnos en diferentes momentos nos ayuda a estar activos, mantener la atención (a veces la cabeza se va, ¡por mucho que nos esforcemos!, pero con el cuerpo seguimos diciendo que queremos estar ahí).
Puede sonar a falta de libertad pero en realidad es más parecido a un coro que canta, suena precioso si están coordinados y peor si cada uno hace lo que le parece.
El Papá Francisco lo explicaba muy bien en la Carta apostólica «Desiderio desideravi«: “Realizar todos juntos el mismo gesto, hablar todos a la vez, transmite a los individuos la fuerza de toda la asamblea. Es una uniformidad que no sólo no mortifica, sino que, por el contrario, educa a cada fiel a descubrir la auténtica singularidad de su personalidad, no con actitudes individualistas, sino siendo conscientes de ser un solo cuerpo.”
¿Conocías la Instrucción General del Misal Romano?, ¿hay alguna cosa de la Misa que te gustaría saber?, ¿te interesaría un post que resumiera cuándo sentarse, levantarse y arrodillarse? ¡Cuéntame en los comentarios!