¿Se puede estar alegre con dolor?

Siempre me ha resultado complicado estar alegre cuando algo me duele. De hecho el carácter se me amarga y me quejo todo el rato…, ¡aunque quiera no hacerlo! Sin embargo, paradójicamente, esta vez está siendo diferente, al menos por momentos.

Digo diferente porque a pesar del dolor, que suele ser fuerte, y que sólo a ratos consiguen aliviar, me siento más feliz y contenta que nunca. ¡Noto tanto que estáis todos rezando mucho por mí y que esa “energía” (la Gracia del Espíritu Santo) me invade por completo y tira de mí para arriba y me sostiene que solo me sale dar gracias a Dios por inventarla y a vosotros por provocarla con vuestros rezos.

Y pensaréis, ¿cómo puede estar tan contenta?

Todos llevamos en el corazón miles de preocupaciones que nos hacen sufrir por no poder hacer nada para facilitar que se resuelvan: enfermedades, necesidades laborales, económicas, problemas matrimoniales…no sé si me explico, vemos sufrir a quienes queremos y querríamos poder hacer algo más para ayudarles pero no vemos opción. “Solo” podemos rezar por ellos y vamos tan corriendo por la vida que hasta eso sentimos que hacemos mal…

Pero yo ahora, al verme en la cama con mi dolor, Dios me hizo ver la suerte que tenía. ¡Por fin podía ofrecer algo para sacar todas aquellas cosas adelante! Entendí la gran verdad de que los enfermos son quienes sacan adelante la Iglesia…

Me siento como el cirineo que ayudó a Jesús a llevar la Cruz. Serían solo unos metros, pero la satisfacción es brutal. ¡Soy muy afortunada!

Por supuesto, será El quién decida si mis intenciones son las más importantes, o quizá lleve mi ofrecimiento a otras personas que lo necesiten más pero me siento dichosa de saberme colaboradora suya.

También ahora me doy cuenta de que aunque en el día a día no soy tan consciente de ese poder que nos ha dado Dios de pedir por los demás ofreciendo nuestro dolor, de hecho, también se da en la vida ordinaria. Cuando contestamos con cariño a los demás aunque estemos cansados; o cuando lavamos los platos venciendo la pereza; nos esforzamos por hacer bien nuestro trabajo; nos quejamos menos del clima o pasamos rato con una amiga que lo necesita.

Ya veis, en resumen, que todo lo que hacemos durante nuestro día, si lo ofrecemos a Dios desde el fondo de nuestro corazón, mueve montañas. Y también el dolor, aunque a priori pueda parecer un sinsentido total…Porque Dios nos quiere tanto que nos regala ese poder aunque no lo merezcamos y saca el bien incluso del mal.

Pd. Aprovecho para deciros que voy mejorando y que no tengo nada importante, sólo dolor que ya pasará, para que no os preocupéis pero sigáis rezando 😉

¿Para qué sirve el dolor? Algunas cosas buenas…

Desde hace unos meses vengo padeciendo dolores de espalda bastante fuertes. Son agotadores, me ponen de muy mal humor y me incapacitan de tal manera que la impotencia se apodera de mí y me pongo insoportable. Sin embargo, he descubierto algunas cosas buenas que no habría experimentado de no pasar por esta situación.

La primera es la empatía. Cuando sufres, abres los ojos al dolor ajeno. Te das cuenta de lo ciega que estás cuando no te duele nada y de que quienes sufren se sienten solos aunque tengan mucha gente a su alrededor. Sé que en cuanto se me pase el dolor, porque soy humana, volverá mi ceguera pero te diré, como una amiga me dijo una vez: ¡SI NECESITAS ALGO: GRÍTAME! Porque querré ayudarte, solo que no me daré cuenta… Cuando estamos bien nos cuesta pillar las señales de auxilio por eso no hay que temer el llamar a una amiga y decirle: no puedo más, de verdad, te necesito, ven por favor. Y por supuesto, intentar estar más pendiente también, por si alguien no sabe gritar…; que doy fe que a veces cuesta y mucho hacerlo.

La segunda ventaja del dolor es que reordena tu vida. La reunión del trabajo que esa semana era el centro del universo deja de ser importante y pasa al lugar que le corresponde; y tu familia, la salud, los amigos pasan al plano que merecen. Somos tan cazurricos que o nos meten en la cama de un hospital o no paramos…

Y la tercera ventaja es que nos recuerda nuestra condición de seres humanos… No sé a vosotros, pero a mí durante muchos años me ha dado la impresión de que llegaba a todo lo que me proponía en la vida. Y ahora, postrada en esta cama de hospital, miro atrás y sólo puedo dar gracias a Dios. Porque claramente, todo lo que ha ido bien en mi vida, ha sido gracias a Él, que me acompañaba; e incluso ahora me sale un gracias porque solo ha sido un susto y parece que pronto volveré a la vida normal. Y todo gracias a Él, así que ya veis que el dolor también tiene su cara positiva!

Pd.

Tiene gracia, porque nunca pensé que mi tercer post sería desde este lugar, ni sobre este tema, así que está claro quién lleva el timón, jaja! ¿Qué nos deparará el futuro? Pronto lo sabremos. Un abrazo grande a cada uno!