Santísima Trinidad: ¡no te quedes sólo con el nombre!

¿Has oído alguna vez hablar de la “Santísima Trinidad“? Quizá el nombre te resulte pomposo y poco comprensible pero es como se llama al misterio de que Dios sea tres personas y un solo Dios: Padre, Hijo (Jesús) y Espíritu Santo.

Y es que mañana celebramos el día dedicado a la Santísima Trinidad, y he pensado que es buen momento para hablar de las tres Personas Divinas.

Y antes de nada: la película de “La cabaña”, me ha ayudado una pasada a imaginar mejor cómo es eso de la Trinidad así que no os la perdáis (la tenéis en Netflix!!!).

Voy a intentar enviaros un post con algunas pinceladas de cada una en estos días aunque quizá no lo consiga (es junio y estoy agotada, jeje), pero os animo mucho a ver la película: es muy chula, de verdad, os gustará.

Dios Espíritu Santo.

El Espíritu Santo para mí es como una brisa suave y delicada que transforma todo cuanto toca en bello y maravilloso. Es el Amor de Dios que, cuando se lo permitimos, sana las heridas de nuestro corazón, nos va dando sus dones para que seamos más felices y podamos conocer cada día más a Dios.

Por ejemplo, con esto del dolor. Muchas amigas me dicen que soy una campeona y que hay que ver cómo lo llevo. La realidad es que siempre he sido muy quejica: “mamá me ha salido aquí un puntito…”, “cari, me he cortado con un folio y me duele muchísimo”, y no pasaría nada si fuera un simple comentario pero lo repito como mil veces al día, jaja!

Pero el dolor de espalda, está siendo obra del Espíritu Santo, creedme. Desde que lo dejé en sus manos me invadió una paz absoluta. Tengo momentos de bajón (sigo siendo humana y tal) pero enseguida me recuerda que si Él lo está permitiendo es porque hay algo muy grande detrás.

Me llena de paz, me hace entender cosas que antes no veía ni de lejos, ¡este blog! Él es mi inspiración, yo ¡¡suspendía lengua en el cole!! Escribir nunca ha sido mi fuerte, os lo garantizo.

Hay semanas que cuando lanzo el blog, siento que no me emociona el post y, de repente, un mensaje de alguien diciéndome que le ha ayudad mucho. Ahí está el Espíritu Santo, haciendo que cada uno, leyendo las mismas palabras, éstas nos digan cosas distintas que nos ayudan individualmente.

Él es quien guia los pasos de mi vida. Si algo se tuerce, veo su mano cariñosa detrás protegiéndome de algo que yo aún no puedo ver, y que me iba a doler aún más que ese contratiempo, y es una suerte porque hace que no me preocupe en exceso de las cosas de la vida.

Bueno, y como no quiero alargarme más os animo a releer los posts antiguos sobre el Espíritu Santo y sus dones.

Hasta pronto, y ¡no olvides compartir si te ha gustado!