Descubriendo Pentecostés

¡Feliz fiesta de Pentecostés!!!!

Hoy quiero compartiros algo que ha resonado con fuerza en mi corazón todo el día: la misión unificadora del Espíritu Santo. Pero empezaré por el principio…

La Pentecostés es el día que Jesús envía el Espíritu Santo a sus discípulos. El Espíritu Santo, ese que nos dejó un poco perplejos cuando Jesús nos dijo “conviene que yo me vaya, así vendrá a vosotros el Paráclito”. ¿Qué puede haber más grande que estar junto a Ti, Jesús?

Pero ciertamente ¡merecía la pena! Tenemos a Jesús en la Eucaristía bien cerquita de nosotros y el Espíritu Santo no ha dejado de venir sobre cada uno de nosotros desde el día en que nos bautizamos.

Ahora os explico el descubrimiento, o profundización porque lo he oído mil veces y nunca antes me había calado tanto. Acostumbro a invocar al Espíritu Santo de forma “individual”: pedirle que venga y me transforme, que me de paciencia con los peques, fe para estar cada día más cerca de Jesús; y también para pedir por las necesidades de los demás, pero siempre es un diálogo entre Él y yo.

Sin embargo, el Espíritu Santo es UNO y desciende sobre cada bautizado encomendándole su misión en la Iglesia. Y no lo abandona, se queda en su corazón para guiarle, acompañarle, consolarle y llenarle de sus dones para poder llevar a la plenitud su vocación (sin Él no podríamos hacer nada, ¡no hay más que ver lo torpes que somos!).

Es Él quien reparte los dones y frutos sobre cada alma, a cada uno lo suyo según le parece. ¿No es impresionante? TODOS absolutamente todos somos necesarios para que la Iglesia sea lo que Jesús quería que fuera.

Yo solía pasar por alto su misión unificadora: es un mismo Espíritu que nos une a los bautizados bajo el manto de la Iglesia: el Cuerpo Místico De Dios. Cada cristiano irá descubriendo a lo largo de su vida el lugar en el que Dios quiere que esté para poder ser santo él y santificar a toda la Iglesia.

Por eso la Iglesia es Universal, donde caben todos independientemente de su forma de vestir, sus talentos, capacidades o poder adquisitivo. Somos la familia de Dios y cada uno somos IMPRESCINDIBLES.

¡Ya lo creo! No hay nada más bonito que asistir a una JMJ para abrir los ojos y el corazón y descubrir que la Iglesia no son sólo los curas y monjas, gente de bien o enfermos y ancianos. Jóvenes del mundo entero, todas las razas, colores, estilos, rezos y música distinto. BRUTAL.

Eres único e irreemplazable

Cada uno en SU SITIO tirando con su vida de la Iglesia con el resto de los cristianos. Y sólo tú puedes saber dónde te quiere Dios, cuál es tu sitio en el mundo. Nadie más te lo puede decir, del mismo modo que sólo tú puedes llevarlo a cabo; si no lo haces el eslabón se rompe.

Y lo más importante: QUERER A TODOS NUESTROS HERMANOS EN LA FE, sin criticar, sin juzgar o condenar. Dios sabe bien cómo hace su Iglesia y no nosotros. ¿Y a ti qué? Que le decía Jesús a Juan. Pues lo mismo nos dice hoy a cada uno.

Los carismas son distintos, las vocaciones también y sólo quién está llamado a ese camino puede entenderlo. Los demás, ¡a buscar el nuestro!

¡Buenas noches!