¿Tú también imaginas a Dios Padre sentado en un trono juzgando tu vida?

Soy tan limitada que tiendo a imaginarme a Dios Padre como un ser lejano, sentado en su trono y ordenándonos lo que debemos o no hacer para salvarnos.

Recordándonos a cada paso que damos que Él hizo un sacrificio muy grande por nosotros -enviar a su único hijo a la cruz- y que, lo menos que podemos hacer nosotros es mortificarnos y desvivirnos por Él para poder ir al Cielo.

Sé que es una barbaridad pensar así, además de injusto -¡y más con la experiencia tan maravillosa que yo tengo con Él!- soy muy consciente pero mi errónea y triste percepción no la puedo negar, por mucho que me avergüence.

Por alguna razón Dios ha permitido que su imagen calara en mí así de deformada, porque aunque no deja de decirme que estoy equivocada, mi cabeza vuelve a la raíz…

¿Habéis visto ya la peli de “la cabaña”? Que vais a flipar, hacedme caso. Y fijaros en este detalle que una amiga me hizo descubrir: “Dios Padre no miraba, también tiene las manos atravesadas por los clavos“.

Ese pequeño detalle cambió por completo mi percepción de la Trinidad: aunque nosotros sólo viéramos a Jesús, también el Padre y el Espíritu Santo se entregaban por nosotros en la Cruz, son UN SOLO DIOS por lo que nos aman tanto como Jesús: hasta darlo todo.

Y os diré más, porque sigo flipando con tanto descubrimiento. El otro día leí estas palabras del Papa que tocaron de lleno mi alma:

Dios no se reveló al mundo para que nos enterásemos de que existe, sino que -lo que de verdad le importaba- es que sepamos que está ahí para nosotros y que nos quiere con locura.

A ver, que claro que sé que Dios existe y que me quiere, y que nos ha salvado,… (imagino que con la chapa que os doy, vosotros también lo sabéis, jaja); pero de ahí a hacerse humano para que no nos sintamos jamás solos o abandonados; para que le tengamos siempre cerca, a nuestra disposición, para que podamos acudir a Él … ¡hay un trecho!

Os parecerá absurdo que me flipe tanto ese detalle pero es que lo cambia todo… al menos para mí. Me pareció tan impresionante que Dios sea tan delicado con nosotros… ¡es tan grande su amor!

Alucinad: estaba escribiendo este post cuando, al levantar la mirada, he leído esta frase en el calendario de las Dominicas de Lerma, a las que tanto quiero: “el amor no lleva cuentas del mal”.

¡Y me he dado cuenta de que es ahí donde está la clave! Dios no es un ser rencoroso que nunca olvidará todo lo que le ofendemos: ¡si es la bondad infinita!

Es que no guarda rencor por ninguno de mis pecados, ni tampoco por el pecado original. Porque Dios es mi Padre, ¡soy la niña de sus ojos! Y un padre hace lo que sea por sus hijos, sin echárselo en cara nunca.

No tiene sentido que Dios nos mire con ojos justicieros siendo Él pura misericordia. Solo falta que seamos capaces de reconocerle en los pequeños detalles de cada día.

Su amor es tan puro e infinito que solo puede desvivirse por nosotros; no nos exige nada para salvarnos, ¡Él lo hace todo! Tú y yo sólo tenemos que querer quererle.

¡FELIZ DÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD!