¿Habla la moda de cómo somos o nos dicta cómo debemos ser?

Lanzo la pregunta al aire y ojalá alguno de vosotros -lectores-, os animéis a responderla. Hoy por hoy quiero dejaros una reflexión entorno a este tema que, por otra parte, me parece de vital importancia.

Hace poco estuve en Inglaterra visitando a unos amigos; nos encontrábamos en una ciudad de mediano tamaño y, paseando por sus calles, me fijé en las personas con las que nos cruzábamos.

Conozco un poco este país y soy consciente de lo distinto que es a lo que vemos en España pero, aún así, me dio mucho que pensar: absolutamente nadie vestía/peinaba sin llamar la atención.

Y soy muy fan de la autenticidad, de ser tú mismo sin importarte las modas o lo que puedan decir los demás pero ¿realmente es lo que hacemos?

¿Puede ser que las calles se estén convirtiendo en un circo, en una competición para ver quién es más original o estrambótico?

A mí eso no me parece tener personalidad sino todo lo contrario. Es no poder ser tú mismo, estar a todas horas pendiente de tu imagen: de si tu pelo, tu maquillaje, tus zapatos o tus calcetines son los más llamativos en veinte kilómetros a la redonda.

Veo la autenticidad más relacionada con perder el miedo al ridículo: vivir siendo quien soy realmente sin importarme lo que los demás puedan pensar, ni lo que el mundo me invite a ser.

Me supera la simplicidad del “todos iguales”: con el mismo corte de pelo o similar estilo en el vestir; pero quizá ha llegado el momento de parar un poco esta espiral que no lleva a ninguna parte mas que a ser “piezas de museo” en una calle convertida en pasarela.

Y es una pena. O así lo veo yo. Estar tan pendiente de uno mismo no nos deja tiempo para pensar en los demás, para darnos cuenta de si el de enfrente necesita de nosotros; y al mismo tiempo, puede hacer que ni nosotros mismos sepamos en realidad quiénes somos.

¿Dónde ha quedado el mostrar quiénes somos a través de las prendas y accesorios que llevamos? Todo tiene un límite y creo que quizá deberíamos plantearnos si no nos lo hemos pasado ya.

  • La moda debe de estar al servicio de los hombres, no al revés; del mismo modo que la moda debe reflejar quiénes somos, no dictarnos quiénes debemos ser.

  • ¿Qué dice de nosotros que un año nos encante una chaqueta y al año siguiente nos horrorice? A mí no me dice “moda” sino falta de personalidad. Nos tiene que dar igual lo que piensen los demás, vestir como nos guste, como nos sintamos mejor y más seguros sin necesidad de estar a “la última” para salir de casa.

  • Os animo a pensar un poco sobre ello y también sobre lo que lleva consigo ser tan “modernos”. Me vienen a la cabeza estas palabras: consumismo, exceso de auto-exigencia, insatisfacción, egocentrismo, frenetismo, extremismo, falta de estilo, residuos, …
  • Es un tema extenso y ¡¡me interesan mucho vuestras opiniones!! Así que anímense 😉
  • No puedes levantarte si no sabes que te has caído

    Todavía me estoy riendo de la situación. Llegamos a la piscina -a clases de natación de la tercera- y una mamá estaba en el vestuario cambiando a su niña. Terminó de colocarle el gorrito y se dispuso a ponerle las chancletas pero ¡no estaban en la mochila!

    Cuando la profesora apareció para recoger a los niños, se acercó a explicarle porqué la niña iba descalza, a lo que ella le contestó que no pasaba nada pero que, por favor, no volviera a pasar. La madre, avergonzada, respondió rápidamente y sin titubeos: “no volverá a pasar, ¡ha sido mi marido!”.

    Me partía de risa. No creo que a la profesora de natación le importara lo más mínimo si el problema había sido del padre, de la madre, del primo o de la abuela; lo que era fundamental es que no volviera a suceder.

    Y también está claro que, aunque esa vez el despiste había sido del marido, podría haberle pasado a cualquiera. Pero me hizo gracia por lo identificada que me sentí y lo iguales que somos todos en este sentido:

    Llevamos impreso en el ADN el quedar bien a toda costa, dejar claro que la “culpa” ha sido de otro, aunque esa persona sea alguien a quien queremos mucho: en ese momento lo que nos importa es el yo.

    Y digo impreso porque con los peques me pasa lo mismo: si pregunto que porqué los deberes no están hechos la culpa es de fulanita porque me distrae; y si menganita no encuentra sus zapatos, jura y perjura que ella los dejó en su sitio y que “alguien” los habrá cogido.

    Y aunque es natural que queramos quedar bien ante los demás, es bueno que les vayamos enseñando a los niños -de palabra y con obras- que cada uno es responsable de sus actos, para que no se crean sus propias excusas y descubran lo importante que es en la vida asumir los propios errores.

    Aprenderlo será de vital importancia para que se vayan conociendo, para que el día de mañana sean personas honestas consigo mismas, capaces de identificar sus virtudes y sus limitaciones; de reconocer sus errores, de corregirlos, de pedir perdón y de recomenzar.

    Porque para ponernos medallas todos aprendemos desde bien pequeños; seguro que os resulta familiar la frase angelical, en el momento “oportuno” (cuando el hermanito la está liando):

    “¿A que yo me estoy portando muy bien?, ¿a que sí mami?, ¿a que estás contenta conmigo?”

    Aunque no estará de más reforzar lo que vayan haciendo bien, como ya comentamos en uno de los últimos posts: Cuántas veces le dices a tu pareja que lo está haciendo muy bien, también es bueno que aprendan a compartir los éxitos, a ser conscientes de que para lograrlos casi siempre habrá sido gracias al apoyo recibido de otros compañeros.

    Llegarán incluso a cubrir las espaldas al colega que cae; a asumir responsabilidades por otros si en un momento dado lo necesitan, porque también eso es querer al prójimo.

    En definitiva, en nuestras manos está el ir corrigiéndoles con cariño cuando se equivocan, mostrándoles que es natural fallar una y mil veces y que lo importante en esta vida es reconocerlo para poder rectificar; que conozcan su verdadero yo, para que no se asusten al caer, y sepan perdonar cuando es otro el que tropieza.

    ¿Alguna vez te has visto justificándote sin sentido para no quedar mal?, ¿o te has puesto medallas sin que fueran del todo tuyas?