Fibromialgia y Fatiga crónica: ¿Y si nunca me recupero?

Desde que empecé a estar mal, hace ya cuatro años, siempre he pensado que esto sería un brote temporal y por eso no me ha preocupado mucho no comer o cenar en familia cuando estoy muy cansada; pasar la tarde viendo series para olvidarme del dolor en lugar de esforzarme por jugar con los niños o por ayudar a los mayores con su tarea.

Pero esta mañana una idea me ha rondado la cabeza y me ha dejado un poco tocadilla:

¿Y si siempre te quedas así? ¿Y si ya no vuelves a tener energía para nada, los dolores se mantienen, etc, etc ¿quieres que toda tu vida sea así?, ¿perderte tantos momentos únicos de tus hijos?

Es una pregunta difícil para alguien que se encuentra mal y requiere tiempo asimilar y mucho esfuerzo para llevarlo a cabo: un cambio radical en mi vida. Dejar de verme como una víctima, una impedida que necesita sus cuidados, su descanso, etc a ser la madre de mis hijos y la esposa de mi marido hasta que el cuerpo no dé más de sí.

Obviamente no será como antes de la enfermedad pero tengo que buscar el medio por el cual nuestra vida vuelva a ser «normal«, no quiero un paréntesis de X años. No sé la fórmula, porque las limitaciones ahí están y hay muchas cosas que antes hacía y ahora no puedo, pero después de pensarlo y repensarlo tengo muy clara una cosa: no quiero perderme nada más.

El otro día mi hija pequeña (4 años) me decía: “mami, ¿a qué eras mucho más guay cuando tenías la espalda bien?”. No es que me hundiera en la miseria -sobre todo porque ella ¡sólo me ha conocido en mi versión actual, jeje!- pero ahí quedó en mi cabeza, como algo que me gustaría cambiar.

A Dios gracias, esos días había hecho un poco más de esfuerzo por estar con ellos, así que le respondí haciéndole unas cosquillitas: ¡pero sí ayer estuvimos haciendo los puzzles y jugando con los palillos y fue súper divertido!, ¿ya se te ha olvidado?”

Su cara de felicidad me confirmó que no, me abrazo muy fuerte y me dijo “mami, te quiero mucho. Eres la mejor mamá del mundo” y se fue con una sonrisa de oreja a oreja.

¡Qué difícil es salir de uno mismo cuando se está enfermo! Tengo el firme propósito de no perderme nada pero también veo que va a ser MUY difícil. El agotamiento que tengo cuando llegan del cole es brutal y pasar de él no va a ser tarea fácil.

Tampoco pretendo estar toda la tarde con ellos sin parar pero sí quiero pasar un ratito con cada hijo, al menos una vez a la semana. Así notarán más mi presencia y yo podré conocerles y hablar o jugar con ellos sin perderme su vida y dándoles a entender que pueden contar conmigo para lo que necesiten.

Dicho esto, esta tendencia humana a lamernos las heridas y sentirnos víctimas de nuestra situación no me está ayudando nada así que he optado por una ayuda que nunca falla.

Le he pedido a Jesús que llegue él donde no llego yo y a mi madre del Cielo que me cubra con su manto para tener más fuerzas.

Sólo me queda confiar y dejar que sean ellos los que me guíen en este gran salto. No será fácil pero merecerá la pena y sé que con ellos no fracasaré porque cuidarán de mí siempre.

¿Has vivido o vives alguna situación similar? ¿Encontraste la forma de darle la vuelta? Déjame tu experiencia en los comentarios y si te ha gustado no olvides compartirlo 😉

La Cuaresma: tiempo de alegría y Gracia

Hoy es miércoles de ceniza (por si alguno anda despistado) y la verdad es que este año me ha pillado por sorpresa. No me enteré de que empezaba la Cuaresma hasta este domingo.

Y, como siempre, esta hija de Dios más ignorante que ninguna otra volvió a la queja de siempre: “joe…¿otra vez Cuaresma?, a mortificarme, ayunar, dar limosna, no comer carne,… ¡pero qué perezaaaa!!!

Veía la Cuaresma como un tiempo oscuro, de sufrimiento, de preparación para la Semana Santa, para la pasión y muerte de Jesús; un camino para unirme así a la Cruz de Cristo, a su sufrimiento y acompañarle en su dolor, que está muy bien pero de primeras el cuerpo tira para abajo.

Los sacerdotes celebran la misa revestidos de morado y este tiempo tiene sus “restricciones” (que son una bobada pero como son “impuestas desde fuera, desde la Iglesia” pues molestan más). Supongo que no seré la única que la asociaba siempre a tiempo de oscuridad.

Pero resulta que no. ¡Que no, que no, de verdad que no! Estaba muy equivocada.

La Cuaresma es un tiempo de GRACIA, de ALEGRÍA

es decir, un tiempo en el que si de normal cuando rezabas un rato ante el sagrario, Jesús, por tu sola presencia, te llenaba de Gracia pues ahora se derrama el doble, hay un 2X1 para entendernos.
¿A quién no le gustan las rebajas? En la Cuaresma se nos invita a rezar más para que nuestra alma se llene de Gracia doblemente, nos llama al ayuno para que -vaciándonos- de nosotros mismos, Cristo pueda habitar en nosotros a lo grande. Y nos anima a dar limosna para pensar más en los demás que en nosotros mismos.

Porque una vez que pasa la Cuaresma, llega la Semana Santa; esos días el corazón se nos encoge y avergonzados damos las gracias a Jesús por inmolarse por nosotros, por pagar él la “cárcel”, la pena que tendríamos que pagar por nuestras ofensas a Dios.

Y ciertamente son días muy intensos pero ¡no terminan en la muerte! Nos preparamos toda la Cuaresma para lo que viene después: ¡la Pascua de Resurrección! Porque vana es nuestra fe en Jesucristo sin su resurrección, porque con su Resurrección pasamos de ser humanos, criaturas de este mundo, a hijos De Dios.

No sé vosotros pero yo quiero llegar a ese momento lo mejor que pueda y celebrarlo a lo grande con el alma totalmente convertida por la Gracia de Dios: ayunar de la queja, de los enfados, de la soberbia de querer llevar siempre la razón; voy a dar limosna, -el dinero que pueda porque este año hay muchas familias sufriendo-, pero sobre todo limosna de mi tiempo; jugar con mis hijos, dedicar tiempo a mi marido y a mis amigas, estar pendiente de los demás: ser más generosa.

Y oración. Ahora que el Señor se va a derramar por duplicado voy a aprovechar para estar cada día un ratito con Él y ahondar en el fondo de mi alma qué cosas me separan de Él, qué le gusta y cómo puedo servirle mejor en el futuro; pero también voy a pedirle que en este tiempo me dé la Gracia para vivir mi vida, cada segundo de ella, en oración continua.

Así que empiezo animada, ahora en vez de ver un túnel negro que lleva a la Cruz, veo la Cuaresma como una senda llena de luz deseando iluminar nuestros corazones, limpiarlos y prepararlos para la fiesta más grande de los cristianos: la Resurrección de Jesucristo.

Y tú, ¿vas a dejar que el Señor te inunde con su fuerza o vas a pasar del regalo que quiere hacerte?

A mí llévame en brazos

Os he hablado en varias ocasiones de la película “La cabaña” porque tiene muchos detalles impresionantes que me ayudan a vivir con más presencia de Dios.

En concreto (siento el spoiler pero no revelo nada esencial), hay una escena que a mí me marcó mucho y que tengo muy presente a menudo, sobre todo en los momentos difíciles de la vida, y como ahora estoy atravesando un puente que no sé a dónde me lleva me está costando mucho aceptarlo.

Por eso, cuando siento que todo se viene abajo me acuerdo muy bien del momento en el que el protagonista está subido en una barquita y de repente ésta empieza a hundirse; y el agua, que era hermosa y clara, se convierte en una masa negra que le tira hacia abajo.

Y entonces aparece su amigo y le dice algo así: mírame a los ojos, tú mírame a los ojos, todo lo que estás sufriendo y el pánico que te ha entrado es fruto de tu imaginación: no está pasando, NO EXISTE, sólo pasa en tu cabeza; si me miras a mí y confías todo volverá a la calma, y así fue.

No podéis imaginar la de veces que yo me siento en esa barca que se hunde y busco los ojos del amigo, de Dios, porque al final es muy cierto que todo lo que me atormenta, me agobia, me entristece está sólo en mi cabeza: son cosas que creo que van a pasar por las circunstancias en las que me encuentro pero que en realidad aún no han pasado y puede que nunca pasen.

Así que le miro a los ojos. A veces con eso basta. Enseguida recuerdo que estoy en manos de mi Padre y que nada pasa en mi vida sin que Él lo consienta, y cuando lo hace es porque quiere contar conmigo para evitar una guerra, un divorcio, dar la fe a alguien… ¡sólo El sabe dónde se necesita más apoyo!

Y me calmo. Me siento feliz y agradecida y me repito muchas veces ese “todo es para bien”.

Pero ahora empiezo a tocar fondo (os pido que recéis por mí), los síntomas de la depresión van a más y sólo pensarlo me supera; así que hoy he vuelto a mirarle a los ojos a Jesús, muchas veces, le he pedido mil veces que me ayudara a salir de esa barca, pero no había forma, estaba demasiado asustada.

Así que le he dicho que igual al protagonista de la peli con mirarle a los ojos le bastaba pero que yo sola no puedo y que necesito que me coja en brazos y me lleve Él a la orilla, porque sólo así podré olvidar lo que no existe y dejar de sufrir en vano. Y me ha escuchado. Hoy estoy más tranquila pero no voy a dejaros ahí mirando sin pediros oraciones, esta enfermedad sin duda es muy dura pero no necesito tanto que me cure como que me mantenga la mirada en sus ojos, en el cielo, en la eternidad.

Y allí nos reuniremos todos y veremos los frutos de nuestro sufrimiento y seremos muy felices al ver la cantidad de almas que conocieron a Jesús y se bautizaron, o se acercaron de nuevo a la Fe con una confesión que les cambió la vida, o esa guerra que nunca se dio gracias a nuestra docilidad.

Cuento con vosotros. Yo rezo mucho por cada uno de los que me seguís, por los que me leéis y por los que, aunque quisieran leerme, no les da la vida (por los que comentáis rezo el doble 😜).

Hace tiempo que no os lo pido pero ahora os necesito. Acudid a la Virgen por mí. Hoy celebramos la Fiesta de la Virgen de Lourdes, Ella me cubre con su manto y sé que os escuchará enseguida. Un Avemaría, un Acordaos, un Rosario, una visita a la Virgen… todo vale para conmover a una Madre. Cada uno lo que pueda.

Seguro que entre todos me sacáis de este fango del que yo sola no puedo salir. ¡¡¡GRACIAS!!!