Encontrar la luz cuando todo va de mal en peor

¡Qué mal llevo cuando las cosas salen del revés! Y más aún si algo que parece bueno, por más que lo pida, no sale adelante. Miro al Cielo enfadada y grito: «¿Qué pasa?, ¿por qué permites esto?» Nos hace sufrir y no entiendo por qué si puede no lo soluciona… 

Estos días de Adviento, como os dije, estoy profundizando en la Navidad. Esta mañana he imaginado a José, obligado a viajar a Belén con su mujer embarazadísima…¡estaba de 39 semanas! ¿Os imagináis el percal? Y era el primer hijo…, que ya sabéis que ¡todo cuidado con el primero parece poco! Vaya contratiempo pensarían…

Les veo caminando muchas horas (¡eran cerca de 150km!), y a José agobiado pensando dónde dormirían, si les daría tiempo a llegar antes de que se pusiera de parto o si sería allí en mitad de la nada, qué cenarían y mil incertidumbres más; y una vez en Belén, comenzaría la preocupación al ver que nadie les acogía. Sólo les ofrecieron un viejo pesebre, frío, sucio, sin cama ni cocina, sin apenas luz, con un par de animales ahí en medio… 

¿¿Os imagináis la escena?? ¡Peor no podía salir! ¿Cómo iba a nacer ahí el Hijo de Dios? ¡No tenía ningún sentido! Si yo fuera José os aseguro que estaría desesperada…, me enfadaría muchísimo; sin embargo ellos estaban tranquilos. Confiaban en que Dios les protegía y que sería Él quien escogiera el «mejor» sitio para su Hijo. Tenían una fe tan grande que les llenaba de paz.

Y aunque para nosotros, si nos ponemos en la situación, aquello no tenía ningún sentido; nos damos cuenta ahora de que aquella catástrofe tenía todo el sentido del mundo. Si hubiera nacido donde le correspondía, en un palacio rodeado de sirvientes, oro y lujo, no nos atraería ni de lejos. 

Se hizo pobre, vino sin nada, para que nosotros ahora entendamos y nos sintamos comprendidos. Para enseñarnos a amar incluso cuando lo imprescindible falta

Y muchas veces a mí me pasa lo mismo. No veo el sentido de las cosas que me pasan, a mí o a quiénes conozco. Una enfermedad, necesidades económicas, un terremoto, una persona joven que fallece…y me indigno. No soy capaz de ver más allá, y aceptar que a veces las cosas aunque parezcan horribles no lo son porque detrás de ellas hay un plan divino que yo no veo. ¡Ojalá pudiera confiar como la Virgen y San José!

Por eso, siento que el Señor hoy me dice que cuando todo parezca ir mal, confíe. Que Él tiene planes a más largo plazo, sólo necesita que me fíe de Él y le deje llevar las riendas de mi vida (¡esas que me encanta controlar yo sola!). 

Que tenga paciencia, que ponga amor en lo que me toque en ese momento y confíe, y que entonces todo tendrá sentido. Yo lo voy a intentar, y os animo a vosotros a hacer lo mismo, porque si miro atrás no veo en mi vida nada que no se haya solucionado con el tiempo, veo su mano protegiéndonos.

¿Cómo afrontáis vosotros esos momentos en los que no se ve luz al final del tunel? 

¿Para qué sirve el dolor? Algunas cosas buenas…

Desde hace unos meses vengo padeciendo dolores de espalda bastante fuertes. Son agotadores, me ponen de muy mal humor y me incapacitan de tal manera que la impotencia se apodera de mí y me pongo insoportable. Sin embargo, he descubierto algunas cosas buenas que no habría experimentado de no pasar por esta situación.

La primera es la empatía. Cuando sufres, abres los ojos al dolor ajeno. Te das cuenta de lo ciega que estás cuando no te duele nada y de que quienes sufren se sienten solos aunque tengan mucha gente a su alrededor. Sé que en cuanto se me pase el dolor, porque soy humana, volverá mi ceguera pero te diré, como una amiga me dijo una vez: ¡SI NECESITAS ALGO: GRÍTAME! Porque querré ayudarte, solo que no me daré cuenta… Cuando estamos bien nos cuesta pillar las señales de auxilio por eso no hay que temer el llamar a una amiga y decirle: no puedo más, de verdad, te necesito, ven por favor. Y por supuesto, intentar estar más pendiente también, por si alguien no sabe gritar…; que doy fe que a veces cuesta y mucho hacerlo.

La segunda ventaja del dolor es que reordena tu vida. La reunión del trabajo que esa semana era el centro del universo deja de ser importante y pasa al lugar que le corresponde; y tu familia, la salud, los amigos pasan al plano que merecen. Somos tan cazurricos que o nos meten en la cama de un hospital o no paramos…

Y la tercera ventaja es que nos recuerda nuestra condición de seres humanos… No sé a vosotros, pero a mí durante muchos años me ha dado la impresión de que llegaba a todo lo que me proponía en la vida. Y ahora, postrada en esta cama de hospital, miro atrás y sólo puedo dar gracias a Dios. Porque claramente, todo lo que ha ido bien en mi vida, ha sido gracias a Él, que me acompañaba; e incluso ahora me sale un gracias porque solo ha sido un susto y parece que pronto volveré a la vida normal. Y todo gracias a Él, así que ya veis que el dolor también tiene su cara positiva!

Pd.

Tiene gracia, porque nunca pensé que mi tercer post sería desde este lugar, ni sobre este tema, así que está claro quién lleva el timón, jaja! ¿Qué nos deparará el futuro? Pronto lo sabremos. Un abrazo grande a cada uno!