Tu familia no es un obstáculo para tu felicidad

¿Has oído alguna vez eso de que cuando te casas se acabó lo que se daba? ¿Ese tópico de que una vez que tienes hijos desapareces del mapa y tu vida deja de ser tuya?

Pues es falso.

Cuando formas una familia, el corazón se ensancha a una velocidad inimaginable, por eso quienes lo juzgan desde fuera piensan que no merece la pena (¡pero es porque no pueden ver nuestra vida desde el ángulo bueno!).

A veces, cuando estoy cansada, me viene la tentación de pensar en lo bien que estaría yo a mi bola, con mi marido pero sin niños que contesten o que no oigan lo que se les dice…

¡Incluso en mi camino al Cielo he llegado a pensar que eran un estorbo porque sacan lo peor de mí, y me roban todo el tiempo! Es imposible pensar en Dios y gritar al mismo tiempo, jeje!

El patas sabe muy bien deformar la realidad para que nos entre la desesperación y nos desviemos del camino. De NUESTRO camino. Porque cada senda es única y sólo nosotros podemos recorrerla.

Es tan astuto que se mete en forma de «bondad», cuando no es mas que mentira, para que piquemos, ¡así que ojo!

A mí me ha llegado a decir: «Si no tuvieras hijos, podrías ir más a misa, estarías más tranquila y organizada para rezar, para tener presencia de Dios… podrías casi tocar el cielo sin tanta distracción».

Y claro que sería así, pero no es eso lo que Dios quiere de mí. Él me quiere en mi familia más tiempo que en la Iglesia.

Tengo muy claro que esos pensamientos son tentaciones del demonio, pero si no frecuentamos los Sacramentos, si no buscamos a Dios cada día y dejamos que alguien desde fuera nos guíe (dirección espiritual), podemos no darnos cuenta de que hay una pequeña infiltración en nuestro corazón que con el tiempo puede destrozarlo todo.

Mis hijos, mi marido, MI FAMILIA ES MI VOCACIÓN. El camino que Dios ha elegido para mí, desde toda la eternidad, para que yo sea santa.

¿Qué sentido tiene que piense que son ellos precisamente los que me alejan de Dios?

La vocación matrimonial es eso, una llamada de Dios para que le encuentre en el abrazo de mi marido, en los mimos y las protestas de mis hijos. Que Jesús pueda reflejar su amor misericordioso a través de mí en mi hogar.

En sus rabietas, en sus egoísmos, en sus contestaciones; en sus caídas y en sus triunfos. Que siempre encuentren los brazos abiertos; que puedan descubrir a Dios a través de mi vida.

¿Y cómo se hace esto? (Siendo sincera la primera respuesta que viene a mi cabeza es: ¡ni idea!, jaja! Menos mal que luego Dios me habla al corazón porque si por mí fuera…).

Se hace estando muy cerca de Jesús. Mimetizándonos con él; esto es, pegándonos tanto a su persona que se nos pegue ese «buen olor de Cristo».

Acudiendo a Él desde que nos despertamos, con una oración al Espíritu Santo, a su Madre, a quien nos de la gana: pero una oración con la que abandonemos nuestra vida en manos de Jesús.

Y luego, ¡buscándole! Cuanto más le conozcas más ganas tendrás de estar con Él (te lo digo por propia experiencia). Y ¡pidiéndoselo!, siendo muy plasta -más o menos como tus hijos cuando quieren jugar con la Nintendo.

Pídele que te aumente la fe, la esperanza y la caridad. Que aumente tu sed de estar junto a Él. Al principio cuesta, porque el demonio mete pereza por doquier, no quiere que seas amig@ de Jesús, pero no hagas caso.

Dios SIEMPRE ESCUCHA. Y si tú quieres que sea el Rey de tu vida, ¡lo será! Y es una pasada ver cómo Jesús actúa a través de ti, a pesar de ti.

En Adviento hay doblete de gracias así os invito a vivir conmigo este pequeño propósito: hacer UNA cosa al día con amor, ofrecida a Dios por tu marido/mujer. Algo pequeño: levantarte rápido de la cama, ponerte guap@, poner la mesa del desayuno o hacer la cama: lo que tú quieras y veas fácil, asequible. Y luego le miras a Jesús y le dices: ¡así quiero que sea todo mi día!

Y como luego empieza la vorágine y no hay quien ponga la cabeza ni el corazón en nada… al menos ya habremos hecho una cosa con amor y con presencia de Dios. Él irá haciendo, con nuestra perseverancia, que todo nuestro día acabe siendo con el tiempo una obra de amor.

¡Y verás qué distinto vivimos la preparación de la Navidad diciéndole al Niño Dios que queremos que reine en nuestras vidas! ¡A por ello!

Mírate con mis ojos. Amor del bueno

Hace poco, mientras charlaba un rato con Jesús, me pidió con cariño que me callara porque tenía algo importante que decirme. Asentí y sus palabras me hicieron tocar el Cielo. Son muy personales pero te las comparto, porque quizá tú también necesites oírlas.

Me haces sufrir. Te veo comparándote con tus amigas, con tus hermanas, con tus compañeras; sintiendo siempre que no estás a la altura. Ellas son más listas, más guapas, mejores madres, más pacientes… ¡más todo!

Y yo te miro y lloro. Porque tú eres la obra de mis manos. Mi joya preciosa, la niña de mis ojos. Y por más que te lo digo, no me escuchas. Te empeñas en escuchar a otros.

A otros que no te conocen, que no han vivido a tu lado desde el mismísimo momento de tu concepción. Que no te han creado pensando y deleitándose en cada una de tus pecas, virtudes y defectos.

Porque eso a lo que tú llamas defectos, yo los escogí para ti. ¡Son dones! Sólo tienes que mirarlos desde mi perspectiva. Verás que no sobran, que enriquecen tu personalidad, tu alma, tu todo.

Te digo esto y sigues ahí impasible. Tu corazón está cerrado. Tienes miedo al amor, a disfrutar, a vivir. A verte tan perfecta como yo te veo.

Y verte así me conmueve.

No apartes tu mirada de mí porque poco a poco la cercanía hará que puedas verte desde aquí.

¡Pero qué sufrimiento hasta que llegues! Saber que eres la flor más bella del jardín y que tú te veas como la mala hierba me deshace por dentro.

¡Mírame a mí! Quizá con vislumbrar tu reflejo en mis ojos sea suficiente para convencerte de lo mucho que te quiero, de lo perfecta que eres.

No imagináis lo que lloré

¡A ver quien se resiste a un amor tan profundo! ¡Qué cosas más bonitas me dices, Dios mío!

Y te las dice a ti también. Quizá estos días estés desanimado, cansado o como yo en plan negativo; ya ves que Jesús no nos deja solos, está siempre a nuestro lado y tira de nosotros cuando más lo necesitamos.

Hoy lloro de emoción porque aunque mi corazón no es capaz aún de acoger un amor tan grande me emocionan de nuevo sus palabras. Palabras de un Dios creador que me quiere tanto como para dar su vida por mí.

Y justo por eso no puedo negarme a sus palabras. No puedo dudar de su amor por mí. No puedo seguir pensando que no valgo, que no puedo, que no merezco. Porque Él ha pagado un alto precio por mí: ¡hasta la última gota de su sangre!

Gracias Jesús por quererme tanto. Por hablarme al corazón. Por estar siempre a mi lado. También yo quiero quererte, quiero hablarte y quiero acompañarte hoy y siempre.

Víctima o protagonista de tu vida. En tus manos está

Estoy derrotada. Cansada, desanimada, dolorida, triste, … este cuerpo tira de mí para abajo como nunca antes lo había hecho.

Y veo a mi alrededor personas como Cristina, de la que os hablé hace poco en este post, y me sorprendo. Porque a pesar del dolor sus sonrisas permanecen. Pelean cada día como si la enfermedad o el sufrimiento no estuvieran en sus vidas y me admira.

Laura, Cristina, Raquel, Luisa, Lola, Jorge, Daniel, Lucía, Marions&Luis, Carmen, Esther, Mónica, Elisa, Rocío, María, Arancha, Teresa, Jorge, Miguel, … ¡son tantos!

Soy consciente de que la fuerza de estas personas viene de Dios. Es sobrehumano sentir lo que sentimos al despertar y ser capaz de sonreír, salir a la calle, jugar con los niños o ir a la pelu. Yo no tengo ganas (ni fuerzas) para nada.

Pero también es verdad que los meses pasan y veo cómo mis hijos van creciendo y la de horas que me estoy perdiendo sin ellos, y no me gusta. No sólo por ellos, tampoco por mí. ¡Quiero verles crecer y disfrutar con ellos!

Así que he pensado que voy a centrarme en cambiar mi actitud más que en solucionar un dolor que no se va, que hace lo que le da la gana y que por más que me empeñe no tiene solución.

Y le pido ayuda a Dios porque yo sola no puedo. Me siento INCAPAZ.

Quiero darle la vuelta a esto. Dejar de ser víctima para ser protagonista de mi vida. Ser capaz de disfrutar con lo que tengo y con lo que soy, aunque no sea lo que yo había soñado.

Porque no quiero perderme ni un minuto más de deberes, de torres con cubos, de dibujos, de arcoiris.

Es verdad que no puedo hacer lo que hacía, que no puedo trabajar (¡cómo me cuesta no hacerlo!) pero puedo sonreír, seguro que sí. Quiero creer que sí porque ver que otros pueden me llena de esperanza, así que #whynot?

Para los que, como a mí, os ha tocado una enfermedad crónica que parece estar robándonos la vida hoy os digo (y me lo digo a mí la primera).

Céntrate en el hoy y el ahora, pelea por estar ese rato que no quieres perderte, haz los deberes o lee en la cama con tus peques; pero no tires la toalla.

Un poco cada día, no somos superwomen ni queremos serlo. Queremos simplemente volver a ser dueñas de nuestras vidas.

Y porque me siento incapaz de hacerlo sola, porque este cuerpo tira y mucho para abajo, os pido una oración por mí y por quienes después de leerme también quieran cambiar.

¿Qué tal un acordaos? para que la Virgen interceda y me -nos- permita disfrutar mi vida tal y como es. Sin cambiar nada, sin frustración, felices con lo que somos y tenemos.

GRACIAS

¿Qué es la confianza en el matrimonio?

«Confianza es cerrar los ojos y dejarte caer sabiendo que la otra persona siempre estará ahí para recogerte». Eso pensaba yo cuando me casé.

Ya llevamos doce años juntos y veo que el concepto ha ido cambiando: ¿Por qué dejarse caer? ¿No será cuando me caiga? Y si es el otro quién tropieza, ¿estaré yo para recogerle? ¿Hablamos sólo de fidelidad o la confianza engloba a la persona?

Lo que está claro es que la confianza entre los esposos es la base de un matrimonio feliz.

«Confianza es cerrar los ojos y dejarte caer sabiendo que la otra persona siempre estará ahí para recogerte». Eso pensaba yo cuando me casé.

¿Y qué pasa si un día te dejas caer y le pillas ocupado? ¿Ya no podrás confiar en él?

¡Uy! ¡Pues anda que no habrá veces en las que eso pase! Y no significará que no puedas confiar en él o en ella nunca más, simplemente será que vuestras vidas están ajetreadas y que en ese momento no estaba ahí.

Que quizá ya no seáis dos y ahora haya hijos, padres, amigos, vecinos, …; o tal vez el problema esté en que tu concepto de la confianza no estaba del todo bien entendido.

Quiero decir:

Dejarse caer… demuestra poca confianza. Otra cosa es que cuando caigas el otro esté a tu lado, o que si no lo está, podáis hablarlo para que sepa que te has caído y le necesitas para levantarte (a veces no lo vemos por mucho que amemos a nuestro cónyuge).

Confianza es saber que al cerrar los ojos la otra persona seguirá ahí, quizá no físicamente pero siempre con su corazón. Que tú serás siempre su prioridad, aunque a veces no pueda demostrártelo tanto como quisiera.

Confianza es saber que si el otro tarda, no es por fastidiar, sino porque no sabe -o no ha podido-hacerlo más rápido. O que si no se levanta por las noches, cuando llora el peque, lo hace porque no se entera, o porque se siente incapaz de moverse de la cama.

Y ¡claro que esa pereza no es buena en sí misma!; si se repite a menudo y crees que debería esforzarse más es bueno que se lo digas, pero no con reproche sino con cariño. No pensando en tu beneficio sino en el nosotros.

Confianza es no dudar cuando tu pareja se va de viaje por trabajo o llega tarde por las noches. Si todo lo demás está en orden, ¡no está siendo infiel!

Confianza es saber que la otra persona hace lo que puede. ¿Que quizá podría hacerlo mejor? ¡También tú! Aquí perfectos no somos ninguno.

Confianza es poder hablar de todo y de nada. Sin miedo, sin vergüenza, sin ofender, sin juzgar.

Confianza es no poner a prueba al otro para ver si da la talla. No necesitar saberlo todo (con quién está o con quién habla, qué hace o dónde está) porque sabes que si no te lo cuenta es porque no es relevante.

Confianza es poder compartir una preocupación, una situación, una enfermedad, … y encontrar apoyo, comprensión y cariño en la otra persona.

Confianza es también saber que cuando me equivoque, quien me quiere me corregirá con cariño, me abrirá los ojos y no me juzgará.

Confianza es conocimiento, es amor, es abandono.

Un matrimonio sin confianza es como un árbol sin raíces: no tiene dónde sostenerse y acaba rompiéndose.

Por eso los novios deben plantearse si conocen y confían en el otro hasta el punto de estar dispuestos a poner la mano en el fuego por ellos. Sabiendo que errarán, una y mil veces, pero que siempre será con buena voluntad y buscando querer al otro con un amor más pleno.

Que se esforzarán día tras día en conocer y comprender al otro, aunque a veces no se entiendan; en definitiva: que desean con todo su corazón un «nosotros», más que un «yo».

¿Qué es para ti la confianza?

Las relaciones sexuales, un problema para muchos matrimonios

No eres rara si te acuestas día tras día agobiada porque crees que él espera que esa noche intiméis y tú te sientes tan cansada que lo único que quieres es dormir y que llegue mañana.

Te sientes culpable, crees que eres una mala esposa y que quizá deberías «ceder»: pero no puedes con tu alma.

Y él, siente que te alejas. No sabe por qué pero hace tiempo que no tenéis relaciones y se muere de ganas de besarte de los pies a la cabeza, de decirte que te quiere y poder demostrártelo.

No sois raros: simplemente os falta comunicación.

Comunicación y conocer las diferencias entre hombres y mujeres. Porque sí, hay excepciones, pero en general las cosas son como son.

Si crees que tu marido sólo piensa en sexo cuándo se acuesta a tu lado y eso te agobia: pregúntaselo.

Te sorprenderás.

Vivimos las relaciones sexuales de forma muy distinta y hablar es fundamental para no distanciarse.

Perdona que sea tan directa pero creo que hay temas en los que los rodeos no hacen más que complicar las cosas.

Tu marido quiere acostarse contigo porque te quiere: ¿es eso raro?; o peor aún: ¿egoísta?

Si has elegido bien a tu pareja, lo normal será que veas cómo te demuestra que te quiere cada día dándose generosamente, cuidando de ti, buscando siempre y en todo tu felicidad (o al menos intentándolo).

Porque para él, decirte que estás preciosa, ir a cenar o comprarte unas rosas son detalles de cariño hacia ti; pero no demuestran lo muchísimo que te quiere. Para eso necesita abrazarte, sentirte cerca, unir su cuerpo al tuyo.

Y esto no es egoísmo ni un instinto animal, es amor.

Nosotras necesitamos hablar, sentirnos queridas, comprendidas, amadas,… y sólo cuando nos sentimos así nos entra la necesidad imperiosa de demostrar todo nuestro amor con el cuerpo.

Si no tenéis relaciones es más probable que sea porque está agotada y con la cabeza llena de preocupaciones que porque no te quiera, pero ¡pregúntaselo!

Tú necesitas hablar y él hacer el amor

Salvando las distancias, esto ayuda a entenderles: ¿Cómo te sentirías si tu marido no te dejara hablar, si día tras día te dijera que lo siente pero que está cansado y que por favor no le cuentes tu vida? Pensarías que no te quiere.

Eso mismo piensa él cuando le «rechazas» noche tras noche si no habláis nunca del tema. Y así, el muro entre vosotros crece y crece.

No es culpa de nadie que seamos distintos, más bien lo contrario. Pero es importante tener en cuenta estas diferencias y hablar de ello entre los esposos.

La sexualidad no es una carga, es un regalo. Y es importante que el matrimonio vaya a una ¡también en esto! Hablando se entiende la gente así que decir lo que cada uno siente es fundamental para comprenderse y amarse cada día más y mejor.

«Eres la mejor madre que tus hijos podían tener»

Esta semana -como pasa muchas otras veces- una de mis princesas gritaba a la otra una lindeza de esas que yo les suelto a ellos cuando la paciencia se agota y se me va de las manos.

No creáis que le dijo nada del otro jueves, fueron más las formas que el contenido lo que me entristeció muchísimo. Porque me vi totalmente reflejada en mis momentos de agotamiento.

Y entonces una voz me susurró al oído que si yo no estuviera con ellos, si no fuera su madre, se hablarían con más ternura porque yo les daba muy mal ejemplo; que incluso estarían mejor sin mí.

Soy muy consciente de que eso no es cierto, pero el «patas» (es una expresión para citar al demonio que aprendí hace nada de una amiga y que me hizo mucha gracia) utiliza nuestros puntos más débiles para meter cizaña y hundirnos así que conmigo atacó por ahí.

El caso es que por la tarde, aprovechando que el confesionario estaba libre, y que ya necesitaba un buen repaso, pasé a charlar con el cura y limpiar mi alma.

No le mencioné nada de lo que había pasado, sin embargo, dijo estas palabras que estoy segura las decía Jesús a través de él (no las recuerdo literalmente pero era algo así 😅):

Eres la mejor madre que tus hijos podían tener. Dios pensó en ti como su mejor madre desde toda la eternidad. Y te hizo perfecta para ellos, con tus limitaciones, pero idónea para el puesto de madre de tus hijos.

También me hizo perfecta para ser la mejor esposa de mi marido, amiga de mis amigos, hermana, vecina, compañera,… y un largo etcétera. Y a ti también.

Nos cuesta creerlo porque la vida a veces nos da muchos palos y llegamos a pensar que no valemos nada, porque nos equivocamos a menudo; pero yo te aseguro que es así.

Porque Dios te ha creado, nos ha creado, con todo su corazón, con un amor infinito que lo puede todo. ¿Crees que Dios, pudiendo hacerte perfecto, te haría peor de lo que podías ser con todo lo que te quiere? ¡Pero si murió clavado en una Cruz por ti! Por salvarte de ese «patas» que enreda a todas horas.

No sé a vosotros pero a mí me ha reconfortado. Me llena de paz cuando me equivoco con mis hijos, saber que soy la mejor madre para ellos (entre otras cosas porque son una pasada y se merecen la mejor madre del mundo: ¡que resulta que soy yo!).

Así que ojalá mi experiencia os sirva para flipar con vosotros mismos; y daros cuenta al ver a vuestros hijos, a tu cónyuge, a tus padres, hermanos, amigos,… (todos tan buenos y maravillosos) que tú, ¡tal y como eres! ERES PERFECTO PARA ELLOS.

Cómo vivir la fe cuando no te da la vida ni para tu familia

No soy monja -es evidente- ni tampoco religiosa ni misionera: soy esposa y madre de familia, y esa es mi vocación. Pero desde que descubrí que Dios me quiere, que es mi Padre, y ¡con todo lo que Jesús me cuenta cada día a través del Evangelio!, quiero dedicar mi vida a Dios.

Pero, ¿cómo vas a vivir por y para Dios si con cuatro hijos no te queda ni un minuto libre para ti?

Pues precisamente ahí. Sí, sí, ahí: con esos cuatro hijos, mi marido, el trabajo, los amigos,…; esa es mi vida y ahí es donde a Dios le gusta encontrarse conmigo.

Es ahí, en medio de los deberes de mis hijos, de las cenas, las reuniones (porque también trabajo fuera de casa), las cenas con amigos, las riñas y las risas donde Dios quiere estar conmigo, y yo con Él.

Quizá suene un poco raro poder estar rezando mientras preparo un informe o hago la colada pero ¿no rezaban también la Virgen y San José? Ellos, como tú y como yo, eran padres de familia ocupados y era ahí donde estaban con Jesús.

Y no es tan difícil, de verdad. Dios es AMOR, el amor en todas sus dimensiones. Jesús está en mí y yo en Él cada vez que hago algo por los demás: una lavadora, comprar un regalo, rezar un avemaría, darle una vuelta a un email que suena borde y puede doler al remitente;

Cada vez que abrazo a mi marido, cada vez que les digo a mis hijos que les quiero, cada vez que voy con una amiga a tomar una cerveza o que descanso leyendo un libro.

No hace falta que sean cosas que nos cuestan para que Dios las disfrute con nosotros: Jesús quiere mi vida tal y como es, con sus momentos buenos -para celebrarlos conmigo- y con los malos, acercando su hombro para consolarme y transformar ese dolor en algo grande y con sentido.

Momentos especiales como una boda, una celebración o un retiro también le encantan pero sobre todo disfruta con mi día a día.

Y aunque es lo que quiero, a veces me vengo arriba y me pongo a hacerlo todo yo solita -sin Dios- y, entonces, me ahogo.

La «superwoman» se carga con la mochila de media humanidad y acaba estrellada.

Por eso, desde hace un tiempo, empiezo cada día con Jesús, con una oración que pone todo mi día en sus manos. Y así, aunque a ratos me despiste, poco a poco voy descubriéndole en los demás, en las cosas que me pasan, en mi día a día que es lo que yo quiero darle.

Hoy te animo a probarlo. Hay muchas oraciones: oh Señora Mía!, Sagrado Corazón de Jesús, «Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía, ayudadme a ser bueno en este día»,… y seguro que hay muchas más

No sólo santificarás tu día sino que además, poco a poco, irás notando su presencia en las cosas más cotidianas y ¡Dios es tan bueno, que con tu vida compartida con Él, hará grandes milagros!

¿Sabías que Dios te busca sobre todo ahí, en tu sitio? No quiere que te retires, ni que seas cura ni misionero: quiere que unas el cielo en la tierra dentro de tu corazón, en tu vida ordinaria.

Si no quieres discutir este verano: cambia de actitud

Cuando cierro los ojos y pienso en la palabra «vacaciones» vienen a mi cabeza el mar, la hamaca, la arena, el silencio, una cervecita (bien fría), mi amore, risas, buen tiempo, un libro, música, amigos, felicidad … mmm… ¡me lo imagino perfectamente!

Pero ahora vuelvo a mirar la escena sin música y con un poco de sentido común y ¿sabéis qué pienso?, ¡que a ver de qué árbol me he caído! No digo que un fin de semana así no pueda ser agradable pero ¿22 días?, ¡no se lo compro a nadie!

¡En serio! A mí me hace feliz estar con mi marido y con mis hijos. En la playa, en la piscina o en el parque; con los primos, amigos, abuelos o solos en casa, cada año lo que se pueda y procurando que todos disfrutemos mucho.

Despertar por las mañanas cuando Dios quiera, tomar helados sin que haya un motivo especial, jugar al parchís, salir a pasear por las noches… y olvidarnos de las normas y horarios exigentes que todos tenemos durante el curso.

Ese es mi verano ideal y, aún así, ¡me han vendido la moto! Porque es lo que inconscientemente viene a mi mente sin ser, ni de lejos, lo que yo querría en unas vacaciones perfectas.

Así que, empiezo a darme cuenta de que algo hago mal para tener tan deformada mi propia imaginación. Y pienso que algo puede influir el hecho de escuchar en todas partes lo merecido que tengo el mirarme el ombligo en vacaciones y el derecho que me he ganado a poder disfrutar de mi descanso.

Se suele decir que discutimos precisamente porque pasamos más horas juntos pero no creo yo que sea ese el mayor problema sino que quizá ambos estamos en actitud de descansar, no pensar y relajarnos olvidándonos del mundo.

Y eso, que es muy bueno, no lo es si va de la mano del egoísmo; de encerrarnos en nosotros mismos, en «mis necesidades», «mi descanso», «mis vacaciones de cuento»; pasando de los que nos rodean y sus necesidades.

Las vacaciones son tiempo para descansar, claro está, pero sobre todo es un tiempo para romper con la rutina y disfrutar de la familia.

Es un tiempo perfecto para dedicarnos más a los demás, a cuidar y mimar a nuestra familia, que son quienes más sufren las jornadas laborales y el estrés ordinario del curso.

Pero es bien cierto que no es lo que «está de moda», no oímos a mucha gente hablar de las vacaciones para hacer más amable y bonita la vida de los demás -quizá algún universitario que se va de voluntariado- pero, entre adultos, no es lo que más se lleve.

A veces, llegamos a las vacaciones con una actitud demasiado de «a mí que me sirvan, que vengo a descansar» y por eso chocamos. Porque si tú descansas, yo tengo más «trabajo» y viceversa.

Llegamos a poner a nuestra pareja en la posición del enemigo, cuando en realidad, es el amor de nuestra vida.

Y como lo vemos como el enemigo, es muy probable que el conflicto surja en algún momento. A menudo, incluso estamos en plan ojo avizor a ver cuándo «interrumpe mi paz» para aumentar la lista de agravios y confirmar que es nocivo para nosotros.

No sé muy bien a dónde voy con este post, la verdad, porque yo soy la primera que voy con esa actitud y que además no sé muy bien cómo cambiarla. Pero la reflexión me ha servido para darme cuenta de que nuestra disposición tiene mucho que decir en este tema.

Hoy me propongo disfrutar de cada minuto de las vacaciones, tal y como vengan; con buen o mal tiempo, mejores o peores planes: pero en familia, con sentido del humor ante las contrariedades y mucha mentalidad despreocupada para pasarlo en grande con los míos.

¿Quién se apunta????

Gracias Iñaki por acercarnos el cielo a la tierra.

Tal día como hoy, hace sólo un añito, llegaba a nuestra familia Iñaki. Un angelito divino que cambiaría nuestra perspectiva sobre el valor de la vida y la grandeza del amor (y también la de muchas más personas) en tan sólo ocho mesecitos.

Hoy quiero contaros su historia. Bueno, más bien quiero que os la cuente su papá, porque mejor que él no lo sabe hacer nadie. Y he esperado a hoy porque el tiempo puede hacer que la tristeza de no tenerle cerca desfigure el gran regalo que ha supuesto -y supone- su corta pero maravillosa vida en nosotros.

Os transcribo hoy (lo mejor que pueda) las palabras que el Espíritu Santo inspiró a mi hermano el día de la Misa de Ángeles que celebramos para despedir a Iñaki y dar gracias a Dios por hacernos partícipes de tan gran regalo:

Hace 18 meses Dios tenía en su mente a un niño al que quería mucho. Le quería tanto, tanto, tanto, que le pidió a su Madre María -a la Virgen- que encontrase una familia donde pudiese estar poquito tiempo, porque lo quería pronto con Él.

Nosotros entonces participamos en una oración mundial en Lourdes por los niños abortados, por los niños que estaban siendo abortados en clínicas. Y me acuerdo que rezamos y pedimos:

Madre, si alguno de estos niños que nadie quiere, nos lo quieres enviar, nosotros lo acogeremos y le querremos.

Un mes más tarde supimos que estábamos embarazados de un niño que, en un 99% de los casos, nadie quiere. Nos lo dijeron los médicos. Como sabéis, tenía una cardiopatía bastante severa de corazón, le faltaba un riñón y tenía un 60% de probabilidades de tener un síndrome asociado.

Lo primero que nos dijeron fue si queríamos abortar pero nosotros dijimos que no, que era nuestro hijo y que lo queríamos todo el tiempo que fuera.

Al final Iñaki nació muy bien, sin síndromes, y pudimos tenerlo muy bien. Han sido ocho meses increíbles, llenos de la alegría de vivir. Confiábamos en que las cosas fueran bien pero está claro que Dios tenía otros planes.

El 11 de febrero, es el día de la Virgen de Lourdes, nosotros le tenemos mucha devoción (luego sabréis por qué) ese día Iñaki enfermó. Cogió un catarro, que aparentemente no era grave pero que luego se complicó, con un virus gastrointestinal que se fue complicando hasta acelerarlo todo.

Tuvimos que ir al hospital y estando allí rezábamos mucho; intentaron operarlo de urgencia pero no salió bien, sufrió una parada cardiaca y el resto ya lo conocéis.

Me acuerdo que estando allí le pedíamos con fuerza a la Virgen que hiciera un milagro. Y yo le dije interiormente:

Madre, mi vida por la suya. Y recuerdo escuchar una voz muy fuerte dentro de mí que me decía: «pero es que tu vida no la quiero ahora».

Poco después nos dijeron que tenía muerte cerebral, y cuando le desenchufaron nos quedamos Mariona y yo solos con él, para acompañarle. Y cuando se nos iba, sentimos un vuelco, una paz, un calor inhumanos. No se pueden describir.

Mariona me miraba preguntándome: ¿estás sintiendo lo mismo que yo? Es incomprensible, os aseguro que en ese momento tenía un dolor en el corazón, que Dios lo llenó de paz.

Mariona me decía: ahora no tengo miedo a morir, sé que Iñaki está en el cielo». Esa calma, ese sosiego, está claro que Dios prepara a las almas ante sufrimientos así.

Mi conversión empezó hace tres años en un retiro de Emaús. Ahí sentí de una manera brutal el amor de Dios que durante todo este tiempo, dentro del dolor, hemos sentido también: una paz que nos acompaña.

Yo cada día sólo puedo darle gracias a Dios por haber tenido a Iñaki, por la inmensa suerte de haber tenido a Iñaki. Y le doy las gracias a Iñaki porque nos ha acercado el cielo a la tierra.

Yo antes pensaba en el cielo como en algo muy lejano. Ahora he hecho un pacto con la Virgen y le he dicho: «Madre, yo lo que tenga que vivir en esta tierra, pero de aquí directo al cielo, que quiero darle un abrazo a mi hijo»

Y tengo esa certeza. Unos días después de irse Iñaki, nos fuimos a Lourdes a darle gracias a la Virgen y, estando allí, para que veáis cómo hace las cosas Dios, terminamos de rezar en una de las capillas y al salir me dice Mariona: «estoy embarazada».

Y yo le dije que ya lo sabía porque a la Virgen cuando se le pide siempre da. A los pocos días nos confirmaron que estábamos embarazados de diez semanas. Es algo incomprensible pero tenemos esa gran alegría que nos viene en medio del dolor por la pérdida de Iñaki.

(Después entonó una canción preciosa, en honor a Iñaki Jon, que desde entonces está muy presente en nuestras vidas y nos llena de paz en los momentos de tristeza: ¡un gran regalo del cielo!)

¡FELICIDADES CAMPEÓN, CUÍDANOS DESDE EL CIELO!

Cómo evitar conflictos entre hermanos de diferentes edades

¿Te ha pasado alguna vez que el hermano mayor no pueda oír la palabra «parque» y que la pequeña sólo quiera subirse a los columpios?

Bueno, pues parece que los míos van creciendo y empiezan a aparecer los conflictos propios entre hermanos de diferentes edades, que hasta ahora no notábamos.

Os cuento esto porque el otro día estaba agotada -y las niñas también-, así que cuando dije que nos íbamos al parque se montó la de san Quintín en mi casa, ja,ja! Era incapaz de pensar en una solución que preservara la paz familiar.

Y lo peor es ¡que las dos tenían razón! Es lógico con dos añitos te vuelvan loca los columpios y que con diez te aburran soberanamente… pero claro, estaba yo sola y ¡no puedo dividirme!

Y es que yo lo de los gritos y berrinches no lo llevo nada bien, así que -gracias a Dios- antes de dar rienda suelta a mi ira se encendió una bombillita por ahí y me acordé de: ¡las super mamis de Instagram!

Para los que no sabéis de qué estoy hablando, Instagram, además de ser una red social en la que compartir fotos, es un sitio ideal para compartir experiencias, conocer gente maravillosa y aprender las mejores lecciones de vida y todo a través de una pantalla.

Así que allá que fui. Me metí en los stories y lancé la pregunta -rogando al cielo que alguien contestara para no comerme a mis hijas:

SOS: ¿qué hago si la mayor no quiere parque y la peque no pide otra cosa?

Oye: ¡cuestión de segundos!, ¡qué maravilla!!! Mira que critico veces el peligro que tienen -por el mal uso que les damos- las redes sociales… pues he de reconocer que esta vez: de quitarse el sombrero.

Todas dieron en el clavo: pongo la mano en el fuego de que ¡voilà!, ¡funcionó! Os prometo que no me lo creía…

Tenía a la peque gritando cual bestia parda en mi oreja desde hacía más de veinte minutos, leí el comentario y con muy pocas esperanzas lo apliqué: MANO DE SANTO

En serio, era para haberlo grabado: dejó de gritar y todo le pareció estupendo. Se puso a jugar y a otra cosa mariposa ¡y tiene dos años!

Así que hoy os voy a compartir los super consejos de las instamamis más guays del universo, porque no tengo forma más grande para hacerles llegar lo agradecidísima que estoy de que me contestaran y me ayudaran tanto:

@miyoymitu: «Yo lo plantearía como un “juego”. Hoy escoges tú y mañana la otra. Así es la excusa perfecta para educarles en el saber ceder, y en saber gestionar la frustración. Si al acabar el plan la que no estaba en su salsa recibe una felicitación por tu parte se sentirá orgullosa y feliz de ver que ha sido capaz de divertirse y de hacer feliz a su hermana!

De verdad los niños nos sorprenden y verás que rápido cogen el ritmo de aprender que a veces toca ceder y no pasa nada.»

MANO DE SANTO. A mis niñas les encantó y cesaron los lloros y gritos en cuestión de segundos.

@nazagprada: «Búscale una amiga a la mayor y bajarán al parque tan a gusto, o cada día a un sitio»

@lorena_m.d.c: «Jajajaja ir a un parque en el que haya una heladería. Invitas a la mayor a helado mientras la peque juega. Así aprovechas y habláis de vuestras cosas 😉.

Si no hay heladería, unas chuches. Yo le llamo plan de chicas y les encanta. Así sin querer, mientras hacéis plan de chicas, pasas por un parque y lo que surja 😂»

@et_sub: «Llevarlas al parque. La mayor con un libro… 😉»

@elmundodowndematias: «Intentamos hacerles entender que hay que ir a sitios para todos aunque no les guste, es difícil, pero al final llegan a entenderlo y pasárselo bien.»

GRACIAS DE TODO CORAZÓN a todas las que me contestasteis porque sin daros cuenta, sólo con responder, animasteis a esta mami que no podía con su alma. Y pondré todos los consejos en práctica porque me parecieron geniales (y el verano es muuy largo, jeje).

Moraleja: aunque creas que tu consejo de poco vale, no lo dejes pasar y arrima el hombro, sonríe o dale a me gusta a esa frase que te ha conmovido.

Porque somos humanos y es en los detalles pequeños donde logramos sacar lo mejor de los demás, ¡sobre todo en los momentos más difíciles!