No hay Pascua sin Resurrección: ¡no lo olvides!

¡Qué Domingo de Ramos más impresionante! No hemos podido ir a la Parroquia a celebrarlo, ni procesionar con las Palmas antes de la misa pero Jesús no nos deja abandonados y nos habla hoy más que nunca al corazón.

Hemos preparado nuestros ramos, algo sencillo pero lleno de amor, y nos hemos puesto guapos para ver la Santa Misa por televisión (se han portado como siempre, no creáis que el estar en casa apacigua las bestias, jaja!) no hemos parado pero nos hemos unido a todos nuestros hermanos en la fe.

Y lo más impresionante: meditar la Pasión del Señor. El Evangelio de hoy, con su comentario de quenosdicehoyjesús se me ha quedado corto. ¡Habría seguido horas!

Estoy muy removida por dentro. Hoy soy algo más consciente de que la Semana Santa es nuestra propia vida -la tuya y la mía- ¿quién no tiene sufrimientos, preocupaciones, inquietudes por el futuro…? Y más que otras veces en este tiempo de cuarentena por el Covid…

Jesús el Domingo de Ramos sabía que empezaba lo más duro de su vida, y su Padre desde el Cielo lo sufría con Él. ¡Qué difícil tiene que ser para un Padre, poder detener la Pasión de su Hijo y no hacerlo por amor a nosotros! No le quitó nada, ni un respiro en el camino. Todo era necesario para que tú y yo nos salváramos.

Y ahora pienso en el confinamiento, en el cansancio de los sanitarios, de las familias que cuidan de sus hijos como pueden mientras teletrabajan, de los enfermos, de los fallecidos… TODO parece no tener ningún sentido (como cuando leemos tu Pasión y se nos desgarra el alma).

Pero sí lo tenía. Después de tu muerte ¡llegó la Resurrección! Una semana horrorosa frente a la salvación de nuestras almas. Una vida llena de sufrimientos a cambio de la Vida Eterna.

Yo elijo confiar en el Padre, como hizo Jesús. Saber que Él llora conmigo cuando no puedo despedirme de quien más quiero, cuando el agotamiento agarrota mis músculos, cuando el miedo me invade por completo, cuando la incertidumbre lo llena todo, cuando mis hijos me superan en energía y desorden.

En esta Semana Santa me abrazo a Ti, y quiero sufrir contigo todo lo que tu Padre -también mío- considere necesario para nuestra salvación y la del mundo entero. De nada nos sirve pasar por este mundo como si un jardín de flores se tratara si con eso perdemos el alma.

Aquí pasamos 30, 40, 50, 70, 90, 120 años… ¿qué es eso comparado con la Resurrección de la Vida? ¡Qué ganas tengo de ver tu rostro Señor! Estos días, muéstrame tu sufrimiento para que pueda unirme a Ti: ¡conviérteme y me convertiré!

Feliz y -sobre todo- SANTA Semana Santa. En unos días estamos en el Domingo de Pascua y celebraremos la gran Pascua de Resurrección, porque vana es nuestra esperanza y nuestro sufrimiento si no vemos a Cristo Glorificado en el Cielo.

Dios aprieta pero no ahoga. Recursos para la cuarentena

Y cuando creía que la cosa no podía empeorar, llegó el Coronavirus a nuestra ciudad y, con ella, el cierre de colegios y los niños en casa, jajaja! (Me río por no llorar)

Alguno puede pensar, ¡qué suerte que te pille de baja!, pero la realidad es que estoy de baja porque no puedo con mi alma… así que estos días atrás me he agobiado bastante sólo con pensar en tener a los peques encerrados conmigo en casa con lo mal que me encontraba.

Hasta que esta mañana, gracias a Dios, después de una semana en cama y sin fuerzas casi ni para ducharme, me he despertado mejor. Estoy tranquila y con una paz infinita. Viviendo cada momento y enseñándoles a los niños la importancia del hoy y ahora.

«Mamá, ¿y podré decirle a Pablo que venga otro día?», ¿y cuántos días estaremos sin ir al cole? ¿Pero tendremos las clases por internet? ¿Y las mismas horas o menos? ¿Y podré hablar con mis amigas por teléfono? Las voy a echar mucho de menos; y, y, y…»

¡¡¡Ay que agotamiento con tanta pregunta!!! Estaba ya cansada y sus preguntas empezaban a superarme así que les he explicado lo importante que es vivir el HOY y AHORA.

«No sabemos cuántos días serán, ni cómo daremos las clases -el lunes empezamos- nos lo explicarán en un email desde el cole y haremos lo que podamos. No os agobiéis porque no sabemos nada. Dejemos que los acontecimientos de cada día nos vayan mostrando el camino», les he dicho.

Por supuesto no se han calmado, jaja, pero yo sí. He repetido tantas veces «hoy y ahora» que creo que ha calado un poco más en mí y me ha llenado de paciencia.

No sé cómo será el lunes, no sé cómo me levantaré yo ni qué nos pedirán desde el colegio que hagamos: pero tengo MUCHA PAZ. Estoy completamente abandonada a la Providencia de Dios. Tengo la absoluta certeza de que esta locura tendrá su repercusión positiva porque cuando Dios permite algo: siempre saca abundancia de bien.

Así que viendo el panorama veo fundamental organizarnos para no volvernos locos. Soy bastante despistada y con la fatiga me cuesta mucho pensar así que este fin de semana va a ser el del hacer un plan de acción familiar.

Concretaremos un horario que se ajuste a nosotros, con sus ratos de clases, de música, de manualidades, de cocina,… un poco de tele, lectura, deporte. Os iré contando cómo va y ¡no dejéis de compartir vuestros tips para sobrevivir!

No lo tenemos fácil, es una situación que nunca antes hemos vivido así que vamos a buscar el lado positivo de las cosas: vamos a tener mucho tiempo para estar con los peques, para conocerles mejor, escucharles, discutir y pedirnos perdón, rezar juntos, jugar, …

Os comparto algunas ideas que me han llegado por redes y que pienso aprovechar al organizar nuestro planning:

Coronavirus: un caso práctico para educar en valores (El miedo y la prudencia)

El otro día charlando con una amiga le comenté lo único para lo que nos está siendo práctico el Coronavirus en casa: para educar en valores.

Las situaciones de pánico en los supermercados, la crisis de las mascarillas, el racismo intolerable, … son sucesos que no podemos cambiar pero sí podemos aprovecharlos para educar en valores a nuestros hijos partiendo de la vida misma.

Para un niño, es mucho más fácil entender un concepto si tiene un ejemplo cercano, que si le explicamos el término de manera teórica.

Así que estos días os voy a contar lo que hemos ido hablado en casa con los peques a raíz del Coronavirus:

El miedo y la prudencia

– Mamá, ¿por qué se han gastado todas las mascarillas del mundo?

Pues verás, los seres humanos tenemos un sentimiento muy práctico que nos avisa ante los peligros, se llama «miedo«: es, por ejemplo, eso que sientes cuando se oyen ruidos por la noche y no sabes de dónde vienen.

El miedo es bueno, nos protege, pero a veces se equivoca y saltan todas las alarmas por cosas que no merecen esa atención: los globos, los bichos, la oscuridad, (el Coronavirus), entre otros.

Gracias a Dios, los seres humanos además de sentimientos tenemos inteligencia y voluntad. Cuando sentimos miedo es importante que pensemos si es lógico sentirlo o no y actuar en consecuencia.

¿Qué pasa si nos dejamos llevar por el miedo?

Bueno, dejarse llevar por el miedo lleva a situaciones que pueden no ser un problema grave: gritar por la noche o al ver una araña no va a ningún sitio, pero también puede tener consecuencias muy graves: que al ver una avispa salgas corriendo a la carretera presa del pánico y te atropelle un coche.

Es importante racionalizar los sentimientos. Utilizar la prudencia para ver si el miedo que siento tiene sentido o no para actuar en consecuencia.

En el caso del Coronavirus parece que es una gripe como otra cualquiera y que debe preocuparnos en la medida en la que seamos «personas de riesgo», que no es el caso.

A muchas personas lo que les ha pasado es que se han dejado llevar por ese primer impulso: miedo a lo desconocido; al no racionalizarlo, se ha convertido en pánico. Y cuando el pánico llega a tu cabeza, ésta deja de pensar: se vuelve loca.

Y entonces se suceden situaciones realmente trágicas como que no haya comida en los supermercados, se agoten las mascarillas, el racismo se dispare, la economía caiga en picado…

¿Cómo podemos prevenir las situaciones de pánico? Sin ser ninguna experta, la experiencia me dice que ejercitar la prudencia en situaciones cotidianas ayuda: aprender a dormir solo, oír ruidos y buscar su origen, acercarse a un globo para ver que no pasa nada, jugar con bichos para familiarizarse con ellos, …

Si nuestra cabeza se acostumbra al proceso miedo-prudencia-acción podremos evitar situaciones trágicas en el futuro: nos saldrá de manera natural el razonar antes de volvernos presas del pánico.

¿Cómo ha afectado el Coronavirus en vuestras familias? ¿Habéis podido conversar con los niños sobre este tema?

Pd. Próximamente: Coronavirus. Un caso práctico para educar en valores (intolerancia al racismo)

Así es tu vida cuando vives amargada

Me he dado cuenta últimamente de que no sé disfrutar de la vida. Creo que ya os lo he dejado caer en algún post anterior pero como ya no me acuerdo pues espero no repetirme mucho.

Hoy he leído una frase que me ha llevado a pensar qué cosas de mi día a día hacen que Jesús esté presente en ellas. No me refiero a las propiamente «pías», tipo la Misa o el Rosario, sino a mi vida normal, lo de cada día.

Y aunque no os lo creáis me cuesta descubrirlos. Estoy segura de que está, porque es el centro de mi vida, ¡es mi mejor Amigo!, pero ¿por qué no veo a Jesús en lo más ordinario?

Probablemente porque estoy tan enfrascada en los deberes de los peques, hacer comidas, que la cesta de la ropa no sobresalga en exceso, el orden, etc que no me queda tiempo para ver su mano amorosa, de amigo, sorprendiéndome y saliendo a mi encuentro.

Me imagino la típica peli en la que el chico no deja de cruzarse con la chica para llamar su atención, le hace mil favores sin que ella tan siquiera lo note… porque está con el corazón en «sus cosas», más amargada que un pepinillo en vinagre.

Y sólo pensar que yo soy ese pepinillo y que te tengo a Ti, ¡Jesús de mi vida!, tratando de sacarme una sonrisa a todas horas, llenando mi día de detalles y sorpresas cariñosas para que me relaje y disfrute… y que yo no me entero, ¡es que se me cae la cara de vergüenza!

¡Cómo puedo ser tan lerda!

Oye, y que es la pura realidad… Esta mañana sin ir más lejos me he levantado con un careto de chiste y por mucho empeño que he puesto en arreglar aquello no he encontrado la manera. Pues según salía de casa una vecina me ha dicho alegremente «¡qué buena cara tienes hoy!»

Estoy segura de que era Jesús de mis amores hablándome a través de ella, pero en el momento ni lo he pensado… más bien ha salido de mi corazón un «ponte gafas colega porque mi geto de hoy no hay por dónde cogerlo». Aissssss….

Después, he ido a desayunar a un sitio y curiosamente tenían leche fría, de nevera, ¡como a mí me gusta! No es lo normal, pero la tenían y a la vista para que yo la viera… también estaba ahí Jesusito mimándome como a la que más.

Y luego me han dado una mala noticia: el fallecimiento de Jorge Sampere. No le conocía pero he rezado tanto por él y hay tantas personas de mi entorno de Instagram que eran amigas suyas que me ha dolido mucho su marcha al Cielo.

Enseguida he sentido a Jesús consolándome, recordándome que su vida ha dejado una huella imborrable en muchos corazones (¡incluso en los de quienes no le conocimos!). Jorge tiene la suerte de disfrutar ya contigo, Jesús. Y no hay nada más grande que saber que un ser querido está en el Cielo.

Seguro que en lo que queda de día tiene mil detalles más así que me he propuesto abrir bien los ojos y esforzarme únicamente en ver a Jesús en las cosas que me pasen hoy, incluso en las más insignificantes como la leche fría.

Porque sé que eso te gusta, Jesús, y los amigos estamos para eso: ¡para cuidarnos! Yo también intentaré tener detalles de amor contigo, aún no sé cómo así que Espíritu Santo… ¡en vos confío!

Pd. Este post lo escribí hace tiempo…pero vale para hoy también y me ha conmovido al releerlo. ¡Os espero en los comentarios! Abrazos

¡Nadie te ha pedido que lo hagas!

Empatizo mucho en las discusiones con quien recibe como respuesta en mitad de la pelea: «nadie te ha pedido que lo hagas». Siempre me sale de forma automática un reproche hacia quien la dice porque me resulta poco agradecida, ¡encima de que lo ha hecho!

Pero hoy he descubierto que me equivocaba. Son muchas las veces que por intentar hacer el bien sobrepasamos los límites de la libertad y el espacio de los demás.

Ha sido leyendo el Evangelio (Marcos 6, 53-56). He visualizado perfectamente la escena: Jesús está cansado, ¡lleva meses predicando! y la gente no deja de agolparse a su alrededor para tocarle el manto y quedar sanos.

A mí la escena me agobia. No me gustan las multitudes y mi afán de ayudar me lleva a ponerme cual sargento a organizar a la gente; a mantener una fila ordenada, en la que Jesús tenga algo de espacio, un rato para que pueda comer y descansar… (lo que yo querría para mí, vamos).

Pero de repente me doy cuenta de que se me ha olvidado un pequeño detalle: yo no soy Jesús. Y al mirarle veo que tiene una sonrisa de oreja a oreja, que Él disfruta con cada una de esas personas y las va llamando por sus nombres; las mira con cariño y se deshace en ternura.

Y entonces veo que me mira a mí. Y su mirada desprende compasión. Me ve agobiada, intentando que no le atosiguen, que le dejen un rato en paz pero Él no quiere eso, ¡nadie me ha pedido que haga eso! Jesús quiere que yo disfrute junto a Él, pero yo estoy a lo mío.

Y entonces, ha dicho también mi nombre. Quiere que cante de alegría con los que ya se han curado, que alce mi voz y grite: «Gloria a Dios». Que me una a la fiesta.

Ahora me doy cuenta de que es exactamente lo que me pasa cada día de mi vida aquí en la tierra. Que me enfado con esta hija porque deja la mochila tirada, y con el otro porque no se mete en la ducha o no hace la tarea, …

Y Jesús me mira y me dice: ¡disfrútalos, que crecen muy deprisa!

51efb8ee-b0d6-48b6-b0bd-e699f5a59f92

Qué razón tienes… ahora sólo quiero sonreír, dar gloria a Dios porque han llegado del colegio y puedo estar con ellos un día más. Y les corrijo con cariño mientras les acompaño y me cuentan las cosas que han pasado hoy en el cole.

Ahora el desorden me da igual, y si no da tiempo a limpiar, tampoco importa porque la sonrisa que tienen de que en casa haya alegría no tiene precio.

Y termina el día, y estoy cansada; cansada pero feliz porque me he centrado en lo que Tú, Jesús, querías para mí: que DISFRUTARA de la fiesta, de esta vida que me has regalado.

Pero como la cabra siempre tira al monte… hoy me pongo a tus pies, Jesús, y te pido con todo mi corazón, con toda mi alma y con todo mi ser, que me enseñes a disfrutar, a vivir la vida como Tú la pensaste y no como yo me empeño en (mal)vivirla.

¿Os ha pasado alguna vez algo del estilo? ¿Qué cosas o trucos os han ayudado a superarlo?

¡Qué ilusión me haría quedarme embarazada!

Jajaja! Sé de más de uno -¡pero sobre todo de UNO, jeje!- que debe estar flipando con el título del post de hoy. ¡Que no me he vuelto loca!

Tengo cuatro hijos, ya lo sé, pero es que me flipan tanto cada uno de ellos que si pudiera, tendría mil. No porque me gusten los niños, ni porque sean una monada, ni porque haga colección de hijos, ni por la foto de Navidad todos ideales, ni porque mi fe me obligue… ni por nada de eso, no van por ahí los tiros.

Cada uno de mis hijos me parece un milagro, un regalo impagable que Dios nos ha dado a mi marido y a mí porque sí. Un tesoro que conlleva una gran responsabilidad y, al mismo tiempo, un gran desprendimiento.

Porque los hijos, mientras son niños, son más o menos «tuyos» (o eso llegamos a pensar), pero la realidad es que sobre todo son hijos de Dios. Nosotros somos meros intercesores, encargados de amarles, cuidarles y educarles en nombre de Dios hasta que maduren.

Para que cuando crezcan, sean personas responsables, buenas, cariñosas, honestas, … santas. Porque, ¿quién a sus treinta, cuarenta o cincuenta años sigue siendo «hijo de sus padres»? A ver, que sí lo somos, pero no es como cuando éramos pequeños y dependíamos de ellos.

Cada vida, cada hijo, se convierte con los años en una persona libre e independiente (en un tú y yo actuales) y en ese momento, los padres, tenemos ya muy poco que decir.

Por eso el hecho de tener ya otros hijos no quita para querer tener más, porque no es un querer de coleccionista (¡pero si ya tienes cuatro! -me dice mucha gente), es un querer a cada uno de esos hijos de forma independiente y única.

Que hayan nacido ya otros hermanos no debería afectar al derecho a existir que tenemos todos. No sé si me explico. ¿Qué culpa tendrá mi marido de ser el quinto? ¿Tenía más derecho a la vida su hermana, por ser la primera en esa familia?

Con lo evidente que es cuando somos adultos (nadie se cuestiona qué número de hermano eres o si tus padres deberían o no haberte tenido), -te quieren por ser quien eres y punto- es curioso lo que nos ciega el materialismo cuando todavía son niños.

Vemos a los hijos como un derecho de los padres, por eso con la parejita, con tres y no digamos ya ¡con cuatro!, vas servido. ¿¡No se te ocurrirá ir a por el quinto!?

Pues yo tengo hijos fruto del amor de mi matrimonio, porque me alucina que de nuestra unión se creen vidas; que de nuestro «sí» o nuestro «no», si Dios quiere, alguien tenga la oportunidad de existir.

¿Y sabes qué? No me perdonaría nunca que Dios tuviera pensado desde toda la eternidad regalarme una de sus criaturas, y que esta no viviera por mi pereza por volver a los pañales o mi egoísmo por vivir más holgadamente.

Lo que también tengo muy claro es que a veces, la ilusión que nos haría tener familia no siempre se cumple, bien porque no vengan, bien porque no convenga.

Cada uno ante Dios debe discernir junto a su cónyuge si es momento de evitar el embarazo o de buscarlo.

Y tan duro es lo uno como lo otro. Y nadie debe juzgar lo que pasa en nuestros hogares. Si deberíamos buscar un nuevo nacimiento en la familia es una cuestión de tres: tu pareja, tú y Dios. Todo lo demás, debe darnos igual.

Por eso, por lo milagrosa y maravillosa que es la vida, ¡nada me haría más ilusión que poder hacer ese regalo a un hijo mío!

Y hasta aquí la reflexión de hoy. ¿Qué os lleva a vosotros a acoger una nueva vida?, ¿cómo veis a vuestros hijos?, ¿habláis a menudo con vuestros esposos/esposas sobre este tema? ¿Y con Dios?

Espero vuestras aportaciones!! Gracias y feliz semana 😉

Cuando tu suegra te corrige ¡y encima tiene razón!

¡Qué gran lección de inicio de año! La escena os resultará muy familiar:

1 de enero. Casa de los abuelos paternos (en mi caso, suegros). 19.30h de la tarde. Mantita y peli (la segunda de la tarde 😬), tirada en el sofá y más a gusto que un arbusto.

Teníamos que volver a casa después de comer pero mi marido había tenido que salir a un tema importante y llevaba desde las 16h fuera, así que yo, que me gusta llegar pronto para deshacer maletas, etc, adopté el modo off y me dije: «ya no salimos pronto así que relájate y disfruta».

No estaba enfadada ni mucho menos, había surgido un imprevisto y yo me adaptaba (bien contenta, dado que estábamos viendo Aladdin «en persona» -como dicen mis hijas- y me apetecía mucho verla).

El problema llegó cuando mi querido esposo, cansado de las gestiones, apareció en casa. Yo ya estaba enganchada a la segunda peli y ¡era muy chula! Tranquilicé mi conciencia para no levantarme:

«A ver, las maletas las he dejado cerraditas esta mañana y además no estoy bien de salud, me canso rápido, la espalda se resiente,…; encima a Jorge le gusta organizar él solito el maletero porque hay que hacer un auténtico Tetris para que todo entre; así que realmente no sirve de nada que yo me levante del sofá»

Pues sí. Ahí me quedé. Yo, mi, me, conmigo y con mi ombliguito una vez más. ¡Qué le vamos a hacer! Y no penséis que hubo bronca…, ¡qué va! Si es que mi marido es un santo varón. Bajó las maletas encantado y colocó todo en su sitio.

Luego revisó las habitaciones, el salón, la cocina, los baños,… ya estaba casi todo a punto cuando ¡apareció mi suegra!

Es un amor de mujer y llevaba ya un buen rato mordiéndose la lengua pero no aguantó más (y no me extraña): Oye, ¿igual hay que mirar a ver si Jorge necesita algo, no?

Algo tan obvio, evidente y de cajón de madera de pino ¡me sentó como un puñetazo en el estómago!

«¡Joe! Que yo no he parado toda la mañana con las maletas, duchas, etc; y por la tarde viendo la peli con las niñas, no veas tú la peque cómo estaba -¡no ha parado quieta!- Y encima, que de salud no me conviene darme palizas; suegra, que tú no lo sabes, pero yo ando muy justita…»

Eso pensaba hacia mis adentros pero en el fondo veía claro que menuda patada en el orgullo que me había dado mi suegra! Y con toda la razón del mundo, las cosas como son. Porque sí, claro que ando regular de salud, pero echar un vistazo a los cuartos podía haberlo hecho sin problema.

Y recoger un poco las camas con los niños, que así quedaba todo más recogido también; pero yo estaba a lo mío: a mi película y a mi momento de tranquilidad.

Y es que mi vanidad me cegó por completo. ¡Vaya rebote que me pillé!

«¡Es culpa de mi suegra, que ha hablado sin saber y punto!»– me dije tratando de relajarme.

Rectificar es de sabios

Por eso doy gracias a Dios. Porque no me dejó ni dos minutos engañarme a mí misma con mi sermón de víctima. Puso las cartas sobre la mesa bien rápido y me dio mucha paz para reconocer mi error y mover el culo del sofá.

Cuando nos metimos en el coche, me excusé con mi marido vagamente: «cari, oye, que antes no me he levantado porque como te gusta meter todo tú en el coche…».

Y él, con cara de cansado y una sonrisa me contestó que sí, que no pasaba nada, que quizá un poco de ayuda para revisar le habría gustado pero que lo entendía.

Entonces me di cuenta de lo buenísimo que había sido él y lo mala pécora que había sido yo, y le pedí perdón. Porque aunque no se había enfadado conmigo yo había sido muy egoísta quedándome en el sofá, y muy injusta con mi suegra quejándome en mi cabecita como lo hice.

Podía ayudar pero me había dejado vencer por la pereza.

Mi suegra no sabe todo lo que yo pensé en ese momento… (gracias a Dios), pero en el fondo le estoy muy agradecida porque me ayudó a descubrir esa paja en el ojo propio que a veces nosotros mismos somos incapaces de ver (espero que no le importe que comparta estos rifirrafes en los que tantas familias se encuentran y muy pocas saben solucionar).

Y yo sé, no por méritos propios, sino porque tengo un Ayudante excepcional en mi matrimonio que me va avisando y dando luz nueva a las situaciones, para que sea capaz de recomenzar una y mil veces con su ayuda.

Espero que os haya ayudado al menos a pedir ayuda al Espíritu Santo con las riñas familiares, y a ver con ojos renovados algunas situaciones en las que el otro era siempre el culpable de todo.

Porque a veces lo son, aquí todos nos equivocamos, pero te aseguro que la mayoría de las veces la vanidad y la soberbia nos ciegan para ver la realidad distorsionada de tal manera que nosotros siempre tengamos la razón.

Sabiendo esto, ¡ya tenemos tarea para el nuevo año! Cuando haya discusiones… abrir el corazón y ver si no hemos tenido algo de culpa en ellas. Rectificar, pedir perdón y volver a empezar.

¡A por ello!

Los posts más leídos en 2019

Último día del año y toca hacer balance… como imagino que los números os dan igual, he pensado que quizá sí os interese saber qué posts han tenido mejor acogida durante este año.

Aprovecho esta entrada, la última de 2019, para daros las gracias de corazón a todos los que me seguís, leéis lo que escribo, me escribís, me escucháis cuando estoy más petarda, …

¡Gracias!, porque sin vosotros no existiría @familiaymas, que además de ayudarme a poner lo importante de la vida en su sitio, también me ha facilitado teneros cerca a cada uno.

¡Incluso me ha regalado nuevas amistades!

Por eso gracias. Por todas las veces que has escrito un comentario (público o privado) porque me ha llenado de alegría saber que te ha servido. También gracias por las críticas positivas, por las ideas para nuevos posts, por compartirlo con vuestros familiares y amigos.

Porque esta familia va creciendo y, con ella, confío en que también crezca la esperanza en la familia, en el matrimonio, en la importancia de los valores, de la educación, del respeto y la autocrítica.

Y por supuesto, os deseo de corazón que cada una de las palabras que escribo os acerquen a Dios porque es el mayor de mis tesoros y sería muy egoísta si no lo compartiera con vosotros. Mi Dios, mi Jesús y mi todo.

Ha habido días en los que escribir salía sólo y otros en los que parecía misión imposible, pero con vosotros y por vosotros: ¡ha merecido la pena! Gracias de corazón por todo vuestro cariño y apoyo, tanto con el blog como con el comentario de cada día en el grupo de whatsapp #quenosdicehoyjesús

Enlace para unirse al grupo de whatsapp quenosdicehoyjesúsSi quieres unirte, ¡haz clic en la imagen!

Y ahí va la lista de los mejores posts de 2019, los post más leídos de este año:

1. Diez preguntas que pondrán a prueba tu generosidad

2. Gracias Iñaki por acercarnos el cielo a la tierra

3. Las relaciones sexuales, un problema para muchos matrimonios

4. Dios nos ha escuchado

5. Hoy lo mandaría todo a tomar viento

6. Cómo ofrecer a Dios el dolor y el sufrimiento

7. 5 ideas para vivir el Adviento en familia

8. Mírate con mis ojos. Amor del bueno

9. La puta a la que pagas se siente violada

10. Semana Santa: un detalle que te gustará

Y a ti, ¿cuál ha sido el post que más te ha gustado durante el 2019? ¿Hay algún tema que te preocupe? ¿Algo sobre lo que quieras que escriba?

¡Es momento de escribir tu carta a los Reyes Magos!

Y de compartir todo lo que durante este año te haya ayudado a ser mejor persona.

¡Feliz 2020!

Enamórate de tu vida

Párate un segundo. Sí, tú: hoy es el día para hacerlo. Vete al baño, date un paseo o sal al balcón pero date 5 minutos para mirar tu vida y pensar de veras si tienes o no motivos de sobra para ser feliz, porque seguro que los tienes.

Probablemente tengas razón al quejarte de tu falta de salud, de lo pesados que son los peques ahora, del trabajo tan duro que tienes o de que no terminan de hacerse realidad tus sueños.

La vida NUNCA será perfecta si no te enamoras de ella.

Te centras tanto en lo que no tienes que olvidas disfrutar y agradecer lo que forma parte de tu vida, lo que SÍ eres.

Quizá no puedas abrazar a esos niños que siempre soñaste tener; tal vez tengas menos (o más) hijos de los que tú planeaste, tengas menos salud de la que a tu edad otros tienen o tus padres se hayan ido antes de lo esperado.

Efectivamente, la vida nunca es lo que nosotros habíamos imaginado pero si la miramos bien veremos que en realidad es mucho mejor de lo que jamás habríamos soñado.

Y es que rara vez la vida que nos ha tocado nos parece ideal. Todos queremos más. Es así. Pero… ¡sólo tenemos una oportunidad para vivir y es esta, tu vida tal y como es hoy, la que Dios te regala para que seas feliz! Así que, dale la vuelta a la tortilla y fíjate sobre todo en lo que has recibido hasta hoy.

Y date cuenta de esto: Dios lo puede todo, si tus sueños fueran mejores para ti que los suyos, los habría cumplido hace ya mucho tiempo. Pero Él sabe más, tiene para ti un presente mucho mejor: ¡atrévete a descubrirlo!

Tienes dos opciones ante tu vida: vivirla esperando o disfrutarla en cada momento. Ver cómo pasa sin enterarte -esperando el cambio- o ser protagonista de cada uno de sus días.

La vida da mil vueltas, de eso ya nos hemos enterado, y los milagros existen. Hay mujeres estériles que tienen hijos y enfermos que se curan pero, ¿vas a dejar tu felicidad en manos de un milagro que no sabes cuándo llegará (si lo hace)?

¿Tenemos que esperar amargados, deprimidos, ansiosos hasta que eso que queríamos suceda?

¡Sé feliz hoy con quién eres, con lo que tienes, y mañana Dios dirá! Sé que es fácil decirlo pero realmente nuestra felicidad depende en mucho de nuestra actitud ante la vida.

De disfrutar de cada época con lo que venga. Si son hijos, con la maternidad/paternidad; si es en la soltería con los amigos, la carrera profesional, los hobbies o el voluntariado. En la jubilación, en cuidar de tu cónyuge, viajar, lo que sea; … y así con todo.

Cada uno ha de buscar su sitio en lo que es y tiene en cada momento. No esperes a alcanzar la felicidad cuando tu vida cambie porque Dios nos llama a ser felices en nuestras circunstancias actuales: el hoy y ahora.

Si no estás casado, está claro que de momento no te llama al matrimonio. ¡Busca tu sitio! Haces mucha falta en algún lugar, con tus dones y talentos; búscalo y serás feliz.

Si estás casado y no vienen hijos, ¡enamórate de tu marido/mujer! Disfrutad juntos cada minuto y explotad al máximo vuestras cualidades poniéndolas al servicio de los demás.

Si tus hijos son pequeños, es probable que Dios no te pida ser el número uno de tu empresa tanto como ser el mejor padre o madre para tus hijos. Replantéate algunas cosas si ves que no llegas a todo y ten claro que el único sitio en el que eres irreemplazable es tu casa.

Encuentra el sentido de tu vida tal y como es hoy

¡No te quedes esperando el milagro o que todo pase! Cada día es único y no volverá jamás. Tanto si lo pasas en la cama de un hospital como si lo dedicas a trabajar como un loco.

Lo más importante es aprender a buscar y encontrar la chispa, el sentido, a lo que traiga cada día. Tu situación hoy no va a cambiar, de ti depende vivirla alegre o amargándote.

Eso no quita para no perder la esperanza. ¡Claro que sí! Y buscar los medios para seguir adelante! Pero sabiendo disfrutar del presente, que es lo único que tenemos asegurado.

¿Nos unimos para ser felices en el 2020? Lucha por tus sueños, pero no pierdas la felicidad en el camino porque la vida es un sueño en sí mismo.

¡Feliz año nuevo a todos!

pd. sé que lo que propongo no es fácil, yo soy la primera en quejarme y esperar a que la salud vuelva y con ella la energía y todo lo demás; por eso yo me pongo de rodillas hoy ante el Niño Dios y le pido con humildad que sea mi guía en el camino. Sólo Él puede enderezar lo que ya se dobla.

5 ideas para que tu familia no discuta (tanto) estas Navidades

No queda nada para las tan esperadas fiestas de Navidad y todos deseamos ardientemente juntarnos en familia, ¡volver a casa por Navidad! y celebrar juntos estas fechas tan señaladas.

Los anuncios y escaparates infunden una alegría especial, parece que en Navidad todo es perfecto… ¡hasta que llegamos a casa y nos juntamos todos, jaja!

No conozco ninguna familia que consiga sobrevivir a estas fiestas sin alguna que otra disputa entre hermanos, suegros o cuñados.

Es lógico y normal. Somos familia y nos queremos peero… ¡somos taaan distintos todos!, que convivir es tarea complicada, y más si encima estamos metidos con calzador porque la familia crece pero la casa no.

Y como esta Navidad me gustaría que fuera diferente os voy a proponer 5 tips que ayudarán a mantener por más tiempo la paz familiar.

5 ideas para no enfadarse con la familia en Navidad

1/ Organización. Reparto de tareas. En Navidad nos juntamos muchos y hay que organizar miles de cosas. Desde los menús, hasta recoger los desayunos, poner la mesa, lavadoras, decoración, regalos,…

El que tenga mejores dotes organizativas que haga el reparto; no hay una sola fórmula, yo os propongo que cada día cocine uno de los hermanos (con su pareja si sois bastantes o con ayuda de los padres/hijos/sobris). Y ese día la cocina es vuestra. Pensáis el menú, compráis lo necesario y preparáis todo con cariño para los demás.

A otro le puede tocar recoger la cocina después de las comidas (importante hacerlo justo al terminar, para evitar el desorden y facilitar la convivencia), la siesta puede ir después.

Y así con todo lo demás que cada casa es un mundo y ya sabéis por dónde van los tiros 😉

2/ RESPETO. Habla con cariño y responde aún con más. Quizá no te lleves bien con tu suegra/hermano/cuñao: bueno, pues antes de ceder el paso a la crítica en tu cabeza, imagina que el comentario/gesto/pregunta que te ha molestado la hubiera hecho alguien a quien quieres y aprecias mucho. Tu reacción será mucho más justa y educada, ¿a que sí? ¡Pues a por ello!

3/ Orden. Esto es fundamental. Una casa con mucha gente y todo patas arriba invita al caos. Y aquí dos cosas: HORARIO (de desayunos, comidas y cenas), y ORDEN MATERIAL (Ponte como objetivo llevar a su sitio cada día al menos 10 cosas). Así entre todos conseguiréis que vuestro hogar esté más habitable.

4/ Pantallas. Las Navidades son para pasarlas en familia. No hay peor escena que la de todos en el salón mirando cada uno su pantalla. Pongamos un horario para ver peli (cada día que elija uno distinto, procurando que sea del gusto de todos); horario para estar con ordenadores y tiempos para disfrute del móvil. El resto: cartas, juegos de mesa, tertulias y charletas. ¡Aprovechemos el tiempo que otras épocas no nos permite disfrutar juntos!

5/ Planes fuera de casa. Es imprescindible airearse un poco cada día. Desde ir al cine o tomar un chocolate con churros, hasta pasear por el monte o correr la san Silvestre. Planes con los niños o sin ellos; visitar belenes, ver la cabalgata de Reyes, disfrutar de la feria navideña o salir al parque y correr un rato. Lo que sea, ¡pero hay que salir de casa!

Sin dramatizar

Y si a pesar de todo hay broncas en casa por Navidad, no nos volvamos locos, ni tu familia es la peor ni es insoportable. Es la situación la que nos lleva a verla así en ese momento…

Lo que sí, un último consejo: Una vez que pase el enfado, no olvidemos pedir perdón (sobre todo si no ha sido culpa nuestra); y así el mal rato servirá para unirnos más.

Espero que os sirva de ayuda y si a pesar de todo no hay manera… echad una miradica al portal y ¡Él os sacará una sonrisa! Porque hasta en las mejores familias, con la mejor intención, hay discusiones.

¿Se os ocurren más ideas para evitar los enfrentamientos familiares en estas fiestas tan entrañables?