Qué tiene esa cajita que tanto te engancha

Imagino que muchos pensaréis que estoy loca, que me he vuelto una friki de Dios o algo por el estilo (es lo que yo pensaría de mí si no fuera yo, jaja!). Básicamente porque ¿quién pasa tantas horas hablando de Dios y deseando ir a una iglesia (que no sean curas o monjas)?

Y es cierto que estoy «enganchada». Sí, sí, así como lo oyes: enganchada. Enganchadísima al amor de Dios pero en cuanto os lo explique, veréis que tiene todo el sentido del mundo 😅

¡No había pasado tantas horas delante de Jesús Sacramentado en mi vida! Y eso que ya entonces era la «religiosa» entre mis amigas, jeje!

Pero lo de ahora es muy distinto, necesito estar junto a Dios porque he descubierto que sólo en Él encuentro fuerzas para seguir.

Estoy desbordadísima y el inicio del curso está rematándome y, como en mi cabeza resuena sin parar esta frase: «venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré», pues eso hago: voy, vuelvo y voy otra vez siempre que puedo (¡¡y me gustaría que fueran más veces!!).

A mí esta mochila me pesa demasiado y soy muy consciente de que yo sola no puedo con ella. Estoy cansada, agobiada, enfadada, quejica, quisquillosa, dolorida, …. uff… hasta que llego a la capilla de la Adoración perpetua y Le miro.

No hablamos mucho, sólo a veces, pero junto a Él mi alma se llena de paz. Me olvido de todo y sólo siento una alegría inmensa. Soy muy consciente -¡lo he experimentado!- de la fuerza que tiene su sola Presencia en el Sagrario así que procuro pasar muchas horas con Él, aunque a veces no sepa qué decir sé que le gusta mi visita y a mí estar con Él.

Y no es una cuestión de egoísmo sino de absoluta conciencia de mi pequeñez, de lo muchísimo que Le necesito. Él me sostiene y me ayuda -porque yo no sé hacerlo sola- a abandonarlo todo en sus brazos. Él es mi fuerza para seguir adelante, para vivir sin perder de vista el «foco» (como diría mi amiga de instagram @cambiando_el_foco).

¿Y cuál es el foco para mí?

Tener muy presente qué es lo importante en esta vida. Porque lo que pase en ella, aquí se quedará. Lo único que prevalecera es el amor.

Levantar la mirada y ver a Dios detrás de las personas a las que quiero. Saber que Él está a mi lado siempre y que lo ÚNICO importante es hacerlo todo por amor (y es que con el jaleo de la vida se me olvida y ¡me ahogo en un vaso de agua!)

Así que voy a la Iglesia porque necesito ayuda, porque sola no puedo!! Y cuanto más pesa la carga, o más débil está uno para llevarla, más necesita acercarse a Dios para recibir su gracia.

«No necesitan de médico los sanos sino los enfermos«, así que ahora ya sabéis porqué paso tantas horas con Jesús: Él es mi refugio, mi fortaleza, mi descanso, mi alivio y mi esperanza.

Si en algún momento os sentís como yo, probad a acercaros a Jesús -como nos invita Él mismo en el Evangelio- y ya hablaremos entonces de quién es la «friki«… je,je… os aseguro que no defrauda. Cada minuto junto a Dios es una hora del Cielo en la tierra.

Mamá, ¿podemos ver la tele?

Los niños suelen ser muy insistentes cuando quieren algo y la experiencia nos dice que hay que ser firmes con los límites establecidos en casa. Pero a veces, es bueno ser flexibles y dar prioridad al disfrute que a las normas.

Son las diez y media de la mañana. Último día de vacaciones para mis niños. Llevan desde las ocho preguntándome sin parar si podían ver la tele (creo que si contara las veces rondaría la centena…).

Y normalmente me enfado. ¡Me molesta horrores tener que repetir mil veces lo mismo! Si he dicho que no, ¿por qué seguís y seguís preguntando? ¡Que no y punto! Es bien sencillo (o eso me parece a mí, jeje).

Ahora son las 11.30h, y contra todo pronóstico: están viendo una peli.

Y no ha sido porque me haya hartado, ni porque quisiera aprovechar este rato para hacer cosas ni porque sea super blanda y les consienta todo.

Va a ser que no. Ha sido algo mucho más fuerte lo que me ha hecho cambiar de opinión: hoy he sido consciente de lo que significa en el Evangelio «pedid y se os dará«; ese pedir como niños… porque yo pido, ¡pero no suelo ser taaaan pesada, jaja!

Hoy el Señor ha querido mostrarme a través de mis hijos a qué se refiere cuando nos dice que pidamos, que seamos importunos, ¡cansinos como niños!

Porque cuando pedimos mucho, Dios se apiada de nosotros. Y hoy me ha pedido que hiciera yo lo mismo… Los niños se han levantado, se han duchado, vestido, hecho las camas, desayunado, recogido, … TODO: sin estar yo detrás de ellos.

Entre medias iban preguntando eso de «¿podemos ver la tele mami?»; y yo, que soy muy determinante con esto de cuándo y qué rato se dedica a las pantallas, he dicho que no las cien veces (si no han sido más). Con mucha calma, tampoco me he alterado, pero muy firme, eso sí.

Y es que oír la voz del Señor en mi corazón con esa fuerza tan arrasadora, diciéndome «ten tú también misericordia con tus hijos» ha sido irresistible.

Porque soy muy exigente con ellos, no cedo ni media; y algo me dice que no es eso lo que Jesús nos enseña en el Evangelio. Debemos educar, claramente; y poner unos límites. Pero también ser flexibles cuando se lo merecen y disfrutar de la dicha de tenerles.

(Ya son las 13h y ahora estamos en el parque). Está siendo un último día de vacaciones muy tranquilo y ordenado -dentro del caos que supone una familia, jeje- porque gracias a Dios estamos disfrutando de tener este tiempo para nosotros.

Mañana será otro día.

Y ahora (20h) por fin consigo dedicaros otro ratito para contaros que hoy he sido muy consciente de lo distinta que es la vida cuando dejamos que Dios reine en ella.

Si voy sola: las normas son tajantes. Si le escucho… Él me dice cuándo soltar un poco esa cuerda y disfrutar. Me recuerda que la vida nos la regala para vivirla felices; no haciendo siempre siempre siempre lo que HAY QUE HACER.

Ese hacer que -por otro lado- nos hemos inventado para amargarnos la existencia.

En fin, ya son las 20.50h y mañana empieza un nuevo curso. Os invito a acompañarme en la aventura de mirar al cielo con las cosas más cotidianas, las de cada día; para ver si Dios tiene algo que decirnos y alegrarnos el día.

Dejar que nos muestre cómo tiene Él pensado para mí este día a día extraordinario. Porque sólo Él puede hacer de nuestra vida una verdadera aventura maravillosa.

Hoy lo mandaría todo a tomar viento

Estoy cansada, eso es una realidad. Y cuando lo estoy mi paciencia baja del menos veinte al menos dos mil. ¿Que si es culpa mía? Pues supongo que sí, ¡siempre que le doy un par de vueltas a las cosas llego a esa conclusión!

Dicho esto y siendo evidente -una vez más- que yo no soy mejor que nadie sino que muy probablemente esté en la cola de las mujeres virtuosas y maravillosas que hay y habrá sobre la faz de la tierra: hoy no puedo más.

Lo he intentado todo: he contado hasta 10 (varias veces; despacio, respirando hondamente), he procurado la técnica del «por aquí me entra y por aquí me sale», le he mirado al Sagrado Corazón que tengo en mi cuarto en plan «a ver qué pasa» y tampoco, así que después de enfadarme con el mundo me meto en mi cuarto a escribir.

¡Mamá! ¿Cómo se sobrevive a la preadolescencia, adolescencia, postadolescencia, loca juventud y ese largo etcétera de fases por las que pasan los hijos?

En serio, que hoy no puedo daros ningún consejo. Estoy perdidísima y no sé por dónde cogerlo. ¡¡¡NECESITO AYUDA!!!

Debe de ser culpa de las vacaciones, que asilvestra a los niños y ahora no hay quien los frene. No sé lo que es pero estoy agotada de hablar para la pared, de que discutan constantemente por bobadas, que todos tengan que opinar sobre lo del resto y que nos den siempre las mil porque aquí no se va ni Blas a dormir.

Y comparto este post tan poco positivo hoy porque quiero pensar que estamos todos así y que leer que alguien pasa por lo mismo que tú, a veces alivia; y que además, aquí hablamos de familia y en las familias de carne y hueso hay días que no sabes por dónde cogerlos.

Sólo tengo una esperanza: que a pesar de todo, soy la mejor madre que les podía tocar. Ah! Esa, y que mañana nos levantaremos y aquí no ha pasado nada, ¡ja,ja! Porque así somos las familias, nos queremos como somos (incluso en días como hoy, jeje!).

Bueno, ya me he desahogado y, aunque seguiré metida en mi habitación para no gritar a nadie, quiero deciros que a pesar de todo, confío en que Dios tiene sus planes y si Jesús llegó a decirle a su Padre «¿por qué me has abandonado?», aquí una no puede ser más que su Maestro.

Así que como yo no entiendo nada, también grito hoy al Cielo; pero ahí los dejo, en la confianza de que todo es para bien y que Él se ocupa de todo (con mi santo marido, que tiene una paciencia de oro).

Pero por favor, decidme que no soy la única a la que sus hijos la toman por el pito de un sereno!!! (aunque tengáis que mentirme…: ¡¡decidme que vuestra casa también es una jaula de grillos, por favor!! ja,ja,ja!).

¿Son vuestras familias perfectas o en todos sitios cuecen habas???

«Eres la mejor madre que tus hijos podían tener»

Esta semana -como pasa muchas otras veces- una de mis princesas gritaba a la otra una lindeza de esas que yo les suelto a ellos cuando la paciencia se agota y se me va de las manos.

No creáis que le dijo nada del otro jueves, fueron más las formas que el contenido lo que me entristeció muchísimo. Porque me vi totalmente reflejada en mis momentos de agotamiento.

Y entonces una voz me susurró al oído que si yo no estuviera con ellos, si no fuera su madre, se hablarían con más ternura porque yo les daba muy mal ejemplo; que incluso estarían mejor sin mí.

Soy muy consciente de que eso no es cierto, pero el «patas» (es una expresión para citar al demonio que aprendí hace nada de una amiga y que me hizo mucha gracia) utiliza nuestros puntos más débiles para meter cizaña y hundirnos así que conmigo atacó por ahí.

El caso es que por la tarde, aprovechando que el confesionario estaba libre, y que ya necesitaba un buen repaso, pasé a charlar con el cura y limpiar mi alma.

No le mencioné nada de lo que había pasado, sin embargo, dijo estas palabras que estoy segura las decía Jesús a través de él (no las recuerdo literalmente pero era algo así 😅):

Eres la mejor madre que tus hijos podían tener. Dios pensó en ti como su mejor madre desde toda la eternidad. Y te hizo perfecta para ellos, con tus limitaciones, pero idónea para el puesto de madre de tus hijos.

También me hizo perfecta para ser la mejor esposa de mi marido, amiga de mis amigos, hermana, vecina, compañera,… y un largo etcétera. Y a ti también.

Nos cuesta creerlo porque la vida a veces nos da muchos palos y llegamos a pensar que no valemos nada, porque nos equivocamos a menudo; pero yo te aseguro que es así.

Porque Dios te ha creado, nos ha creado, con todo su corazón, con un amor infinito que lo puede todo. ¿Crees que Dios, pudiendo hacerte perfecto, te haría peor de lo que podías ser con todo lo que te quiere? ¡Pero si murió clavado en una Cruz por ti! Por salvarte de ese «patas» que enreda a todas horas.

No sé a vosotros pero a mí me ha reconfortado. Me llena de paz cuando me equivoco con mis hijos, saber que soy la mejor madre para ellos (entre otras cosas porque son una pasada y se merecen la mejor madre del mundo: ¡que resulta que soy yo!).

Así que ojalá mi experiencia os sirva para flipar con vosotros mismos; y daros cuenta al ver a vuestros hijos, a tu cónyuge, a tus padres, hermanos, amigos,… (todos tan buenos y maravillosos) que tú, ¡tal y como eres! ERES PERFECTO PARA ELLOS.

Si no te quieres a ti mismo, ¿cómo puedes querer a los demás?

De niña pensaba que tenía que amar a Dios y al prójimo por encima de todo; que yo debía quedar en último lugar, hasta tal punto que debía despreciar cualquier manifestación de amor propio.

Sin embargo, con el tiempo he aprendido que esta interpretación queda muy lejos de lo que Jesús nos enseña ya que para «amar al prójimo como a uno mismo» es fundamental que yo me quiera.

Amar es darse. Dar lo que yo soy a los demás, pero si no me gusta quien soy, si no me quiero tal y como soy, ¿cómo dar a los demás lo que ni yo misma quiero?

Para amar, es imprescindible amarse a uno mismo primero. Por eso es importante dedicar un tiempo al cuidado personal: a quererte a ti.

Sí, sí, no me he vuelto loca: somos tantos los padres y madres de familia que nos olvidamos de nosotros mismos que acabamos «haciendo lo que hay que hacer» más por obligación que por amor. Nos volvemos incapaces de amar porque nuestro yo queda completamente olvidado.

No pretendo que nadie se vuelva egoísta o vanidoso pero sí que te quieras como eres y que te pongas manos a la obra para cambiar lo que crees que podría ser mejor.

Mírate al espejo y piensa si te gusta lo que ves, si eres la mejor versión de ti mismo. ¿Estás orgulloso de lo que eres hoy?, ¿quieres darte así a los demás o puedes mejorarlo?

Cuando amamos nos damos: ¡pues demos lo mejor! Si no te gusta lo que ves, intenta cambiarlo: un corte de pelo, un tinte, un afeitado, otra ropa, un poco de maquillaje,… sé que puede costar -no sólo dinero sino sobre todo esfuerzo- pero ese esfuerzo hecho por amor a ti y a los demás es el mejor invertido.

Cuida tu salud. No es sólo tuya, eres tú; y si tú enfermas preocuparás a los demás. Intenta moverte, caminar, hacer deporte, comer sano, … cada uno lo que necesite. Sin obsesionarnos pero sin olvidar que lo necesitamos para ser felices y dar esa felicidad a los demás.

Si lo que necesita una limpieza es tu pasado, si llevas sobre tus hombros el peso de muchos errores que no te perdonas ni tú mismo: acércate a una Iglesia, habla con un sacerdote y limpia tu alma, Él te ayudará.

Verte mejor a ti mismo, reconocer tus limitaciones, perdonarte y esforzarte en ser más tú mismo te ayudará a querer mejor a los que te rodean: a tu familia, a tus amigos, al vecino o a la suegra. Y serás feliz porque te estarás entregando con gusto.

Un billete de 500€ sigue siéndolo cuando está sucio y arrugado, vale tanto o más que recién sacado del banco, nadie lo desprecia por no estar «perfecto»; al revés, a veces tiene su historia, su pasado y éste le dota de mayor valor.

Pues así te quiere Dios, simplemente por ser tú, así que disfruta de la vida, ¡quiérete y querrás más a los que te rodean! ¡Feliz verano!

Cómo vivir la fe cuando no te da la vida ni para tu familia

No soy monja -es evidente- ni tampoco religiosa ni misionera: soy esposa y madre de familia, y esa es mi vocación. Pero desde que descubrí que Dios me quiere, que es mi Padre, y ¡con todo lo que Jesús me cuenta cada día a través del Evangelio!, quiero dedicar mi vida a Dios.

Pero, ¿cómo vas a vivir por y para Dios si con cuatro hijos no te queda ni un minuto libre para ti?

Pues precisamente ahí. Sí, sí, ahí: con esos cuatro hijos, mi marido, el trabajo, los amigos,…; esa es mi vida y ahí es donde a Dios le gusta encontrarse conmigo.

Es ahí, en medio de los deberes de mis hijos, de las cenas, las reuniones (porque también trabajo fuera de casa), las cenas con amigos, las riñas y las risas donde Dios quiere estar conmigo, y yo con Él.

Quizá suene un poco raro poder estar rezando mientras preparo un informe o hago la colada pero ¿no rezaban también la Virgen y San José? Ellos, como tú y como yo, eran padres de familia ocupados y era ahí donde estaban con Jesús.

Y no es tan difícil, de verdad. Dios es AMOR, el amor en todas sus dimensiones. Jesús está en mí y yo en Él cada vez que hago algo por los demás: una lavadora, comprar un regalo, rezar un avemaría, darle una vuelta a un email que suena borde y puede doler al remitente;

Cada vez que abrazo a mi marido, cada vez que les digo a mis hijos que les quiero, cada vez que voy con una amiga a tomar una cerveza o que descanso leyendo un libro.

No hace falta que sean cosas que nos cuestan para que Dios las disfrute con nosotros: Jesús quiere mi vida tal y como es, con sus momentos buenos -para celebrarlos conmigo- y con los malos, acercando su hombro para consolarme y transformar ese dolor en algo grande y con sentido.

Momentos especiales como una boda, una celebración o un retiro también le encantan pero sobre todo disfruta con mi día a día.

Y aunque es lo que quiero, a veces me vengo arriba y me pongo a hacerlo todo yo solita -sin Dios- y, entonces, me ahogo.

La «superwoman» se carga con la mochila de media humanidad y acaba estrellada.

Por eso, desde hace un tiempo, empiezo cada día con Jesús, con una oración que pone todo mi día en sus manos. Y así, aunque a ratos me despiste, poco a poco voy descubriéndole en los demás, en las cosas que me pasan, en mi día a día que es lo que yo quiero darle.

Hoy te animo a probarlo. Hay muchas oraciones: oh Señora Mía!, Sagrado Corazón de Jesús, «Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía, ayudadme a ser bueno en este día»,… y seguro que hay muchas más

No sólo santificarás tu día sino que además, poco a poco, irás notando su presencia en las cosas más cotidianas y ¡Dios es tan bueno, que con tu vida compartida con Él, hará grandes milagros!

¿Sabías que Dios te busca sobre todo ahí, en tu sitio? No quiere que te retires, ni que seas cura ni misionero: quiere que unas el cielo en la tierra dentro de tu corazón, en tu vida ordinaria.

Si no quieres discutir este verano: cambia de actitud

Cuando cierro los ojos y pienso en la palabra «vacaciones» vienen a mi cabeza el mar, la hamaca, la arena, el silencio, una cervecita (bien fría), mi amore, risas, buen tiempo, un libro, música, amigos, felicidad … mmm… ¡me lo imagino perfectamente!

Pero ahora vuelvo a mirar la escena sin música y con un poco de sentido común y ¿sabéis qué pienso?, ¡que a ver de qué árbol me he caído! No digo que un fin de semana así no pueda ser agradable pero ¿22 días?, ¡no se lo compro a nadie!

¡En serio! A mí me hace feliz estar con mi marido y con mis hijos. En la playa, en la piscina o en el parque; con los primos, amigos, abuelos o solos en casa, cada año lo que se pueda y procurando que todos disfrutemos mucho.

Despertar por las mañanas cuando Dios quiera, tomar helados sin que haya un motivo especial, jugar al parchís, salir a pasear por las noches… y olvidarnos de las normas y horarios exigentes que todos tenemos durante el curso.

Ese es mi verano ideal y, aún así, ¡me han vendido la moto! Porque es lo que inconscientemente viene a mi mente sin ser, ni de lejos, lo que yo querría en unas vacaciones perfectas.

Así que, empiezo a darme cuenta de que algo hago mal para tener tan deformada mi propia imaginación. Y pienso que algo puede influir el hecho de escuchar en todas partes lo merecido que tengo el mirarme el ombligo en vacaciones y el derecho que me he ganado a poder disfrutar de mi descanso.

Se suele decir que discutimos precisamente porque pasamos más horas juntos pero no creo yo que sea ese el mayor problema sino que quizá ambos estamos en actitud de descansar, no pensar y relajarnos olvidándonos del mundo.

Y eso, que es muy bueno, no lo es si va de la mano del egoísmo; de encerrarnos en nosotros mismos, en «mis necesidades», «mi descanso», «mis vacaciones de cuento»; pasando de los que nos rodean y sus necesidades.

Las vacaciones son tiempo para descansar, claro está, pero sobre todo es un tiempo para romper con la rutina y disfrutar de la familia.

Es un tiempo perfecto para dedicarnos más a los demás, a cuidar y mimar a nuestra familia, que son quienes más sufren las jornadas laborales y el estrés ordinario del curso.

Pero es bien cierto que no es lo que «está de moda», no oímos a mucha gente hablar de las vacaciones para hacer más amable y bonita la vida de los demás -quizá algún universitario que se va de voluntariado- pero, entre adultos, no es lo que más se lleve.

A veces, llegamos a las vacaciones con una actitud demasiado de «a mí que me sirvan, que vengo a descansar» y por eso chocamos. Porque si tú descansas, yo tengo más «trabajo» y viceversa.

Llegamos a poner a nuestra pareja en la posición del enemigo, cuando en realidad, es el amor de nuestra vida.

Y como lo vemos como el enemigo, es muy probable que el conflicto surja en algún momento. A menudo, incluso estamos en plan ojo avizor a ver cuándo «interrumpe mi paz» para aumentar la lista de agravios y confirmar que es nocivo para nosotros.

No sé muy bien a dónde voy con este post, la verdad, porque yo soy la primera que voy con esa actitud y que además no sé muy bien cómo cambiarla. Pero la reflexión me ha servido para darme cuenta de que nuestra disposición tiene mucho que decir en este tema.

Hoy me propongo disfrutar de cada minuto de las vacaciones, tal y como vengan; con buen o mal tiempo, mejores o peores planes: pero en familia, con sentido del humor ante las contrariedades y mucha mentalidad despreocupada para pasarlo en grande con los míos.

¿Quién se apunta????

Gracias Iñaki por acercarnos el cielo a la tierra.

Tal día como hoy, hace sólo un añito, llegaba a nuestra familia Iñaki. Un angelito divino que cambiaría nuestra perspectiva sobre el valor de la vida y la grandeza del amor (y también la de muchas más personas) en tan sólo ocho mesecitos.

Hoy quiero contaros su historia. Bueno, más bien quiero que os la cuente su papá, porque mejor que él no lo sabe hacer nadie. Y he esperado a hoy porque el tiempo puede hacer que la tristeza de no tenerle cerca desfigure el gran regalo que ha supuesto -y supone- su corta pero maravillosa vida en nosotros.

Os transcribo hoy (lo mejor que pueda) las palabras que el Espíritu Santo inspiró a mi hermano el día de la Misa de Ángeles que celebramos para despedir a Iñaki y dar gracias a Dios por hacernos partícipes de tan gran regalo:

Hace 18 meses Dios tenía en su mente a un niño al que quería mucho. Le quería tanto, tanto, tanto, que le pidió a su Madre María -a la Virgen- que encontrase una familia donde pudiese estar poquito tiempo, porque lo quería pronto con Él.

Nosotros entonces participamos en una oración mundial en Lourdes por los niños abortados, por los niños que estaban siendo abortados en clínicas. Y me acuerdo que rezamos y pedimos:

Madre, si alguno de estos niños que nadie quiere, nos lo quieres enviar, nosotros lo acogeremos y le querremos.

Un mes más tarde supimos que estábamos embarazados de un niño que, en un 99% de los casos, nadie quiere. Nos lo dijeron los médicos. Como sabéis, tenía una cardiopatía bastante severa de corazón, le faltaba un riñón y tenía un 60% de probabilidades de tener un síndrome asociado.

Lo primero que nos dijeron fue si queríamos abortar pero nosotros dijimos que no, que era nuestro hijo y que lo queríamos todo el tiempo que fuera.

Al final Iñaki nació muy bien, sin síndromes, y pudimos tenerlo muy bien. Han sido ocho meses increíbles, llenos de la alegría de vivir. Confiábamos en que las cosas fueran bien pero está claro que Dios tenía otros planes.

El 11 de febrero, es el día de la Virgen de Lourdes, nosotros le tenemos mucha devoción (luego sabréis por qué) ese día Iñaki enfermó. Cogió un catarro, que aparentemente no era grave pero que luego se complicó, con un virus gastrointestinal que se fue complicando hasta acelerarlo todo.

Tuvimos que ir al hospital y estando allí rezábamos mucho; intentaron operarlo de urgencia pero no salió bien, sufrió una parada cardiaca y el resto ya lo conocéis.

Me acuerdo que estando allí le pedíamos con fuerza a la Virgen que hiciera un milagro. Y yo le dije interiormente:

Madre, mi vida por la suya. Y recuerdo escuchar una voz muy fuerte dentro de mí que me decía: «pero es que tu vida no la quiero ahora».

Poco después nos dijeron que tenía muerte cerebral, y cuando le desenchufaron nos quedamos Mariona y yo solos con él, para acompañarle. Y cuando se nos iba, sentimos un vuelco, una paz, un calor inhumanos. No se pueden describir.

Mariona me miraba preguntándome: ¿estás sintiendo lo mismo que yo? Es incomprensible, os aseguro que en ese momento tenía un dolor en el corazón, que Dios lo llenó de paz.

Mariona me decía: ahora no tengo miedo a morir, sé que Iñaki está en el cielo». Esa calma, ese sosiego, está claro que Dios prepara a las almas ante sufrimientos así.

Mi conversión empezó hace tres años en un retiro de Emaús. Ahí sentí de una manera brutal el amor de Dios que durante todo este tiempo, dentro del dolor, hemos sentido también: una paz que nos acompaña.

Yo cada día sólo puedo darle gracias a Dios por haber tenido a Iñaki, por la inmensa suerte de haber tenido a Iñaki. Y le doy las gracias a Iñaki porque nos ha acercado el cielo a la tierra.

Yo antes pensaba en el cielo como en algo muy lejano. Ahora he hecho un pacto con la Virgen y le he dicho: «Madre, yo lo que tenga que vivir en esta tierra, pero de aquí directo al cielo, que quiero darle un abrazo a mi hijo»

Y tengo esa certeza. Unos días después de irse Iñaki, nos fuimos a Lourdes a darle gracias a la Virgen y, estando allí, para que veáis cómo hace las cosas Dios, terminamos de rezar en una de las capillas y al salir me dice Mariona: «estoy embarazada».

Y yo le dije que ya lo sabía porque a la Virgen cuando se le pide siempre da. A los pocos días nos confirmaron que estábamos embarazados de diez semanas. Es algo incomprensible pero tenemos esa gran alegría que nos viene en medio del dolor por la pérdida de Iñaki.

(Después entonó una canción preciosa, en honor a Iñaki Jon, que desde entonces está muy presente en nuestras vidas y nos llena de paz en los momentos de tristeza: ¡un gran regalo del cielo!)

¡FELICIDADES CAMPEÓN, CUÍDANOS DESDE EL CIELO!

Cómo evitar conflictos entre hermanos de diferentes edades

¿Te ha pasado alguna vez que el hermano mayor no pueda oír la palabra «parque» y que la pequeña sólo quiera subirse a los columpios?

Bueno, pues parece que los míos van creciendo y empiezan a aparecer los conflictos propios entre hermanos de diferentes edades, que hasta ahora no notábamos.

Os cuento esto porque el otro día estaba agotada -y las niñas también-, así que cuando dije que nos íbamos al parque se montó la de san Quintín en mi casa, ja,ja! Era incapaz de pensar en una solución que preservara la paz familiar.

Y lo peor es ¡que las dos tenían razón! Es lógico con dos añitos te vuelvan loca los columpios y que con diez te aburran soberanamente… pero claro, estaba yo sola y ¡no puedo dividirme!

Y es que yo lo de los gritos y berrinches no lo llevo nada bien, así que -gracias a Dios- antes de dar rienda suelta a mi ira se encendió una bombillita por ahí y me acordé de: ¡las super mamis de Instagram!

Para los que no sabéis de qué estoy hablando, Instagram, además de ser una red social en la que compartir fotos, es un sitio ideal para compartir experiencias, conocer gente maravillosa y aprender las mejores lecciones de vida y todo a través de una pantalla.

Así que allá que fui. Me metí en los stories y lancé la pregunta -rogando al cielo que alguien contestara para no comerme a mis hijas:

SOS: ¿qué hago si la mayor no quiere parque y la peque no pide otra cosa?

Oye: ¡cuestión de segundos!, ¡qué maravilla!!! Mira que critico veces el peligro que tienen -por el mal uso que les damos- las redes sociales… pues he de reconocer que esta vez: de quitarse el sombrero.

Todas dieron en el clavo: pongo la mano en el fuego de que ¡voilà!, ¡funcionó! Os prometo que no me lo creía…

Tenía a la peque gritando cual bestia parda en mi oreja desde hacía más de veinte minutos, leí el comentario y con muy pocas esperanzas lo apliqué: MANO DE SANTO

En serio, era para haberlo grabado: dejó de gritar y todo le pareció estupendo. Se puso a jugar y a otra cosa mariposa ¡y tiene dos años!

Así que hoy os voy a compartir los super consejos de las instamamis más guays del universo, porque no tengo forma más grande para hacerles llegar lo agradecidísima que estoy de que me contestaran y me ayudaran tanto:

@miyoymitu: «Yo lo plantearía como un “juego”. Hoy escoges tú y mañana la otra. Así es la excusa perfecta para educarles en el saber ceder, y en saber gestionar la frustración. Si al acabar el plan la que no estaba en su salsa recibe una felicitación por tu parte se sentirá orgullosa y feliz de ver que ha sido capaz de divertirse y de hacer feliz a su hermana!

De verdad los niños nos sorprenden y verás que rápido cogen el ritmo de aprender que a veces toca ceder y no pasa nada.»

MANO DE SANTO. A mis niñas les encantó y cesaron los lloros y gritos en cuestión de segundos.

@nazagprada: «Búscale una amiga a la mayor y bajarán al parque tan a gusto, o cada día a un sitio»

@lorena_m.d.c: «Jajajaja ir a un parque en el que haya una heladería. Invitas a la mayor a helado mientras la peque juega. Así aprovechas y habláis de vuestras cosas 😉.

Si no hay heladería, unas chuches. Yo le llamo plan de chicas y les encanta. Así sin querer, mientras hacéis plan de chicas, pasas por un parque y lo que surja 😂»

@et_sub: «Llevarlas al parque. La mayor con un libro… 😉»

@elmundodowndematias: «Intentamos hacerles entender que hay que ir a sitios para todos aunque no les guste, es difícil, pero al final llegan a entenderlo y pasárselo bien.»

GRACIAS DE TODO CORAZÓN a todas las que me contestasteis porque sin daros cuenta, sólo con responder, animasteis a esta mami que no podía con su alma. Y pondré todos los consejos en práctica porque me parecieron geniales (y el verano es muuy largo, jeje).

Moraleja: aunque creas que tu consejo de poco vale, no lo dejes pasar y arrima el hombro, sonríe o dale a me gusta a esa frase que te ha conmovido.

Porque somos humanos y es en los detalles pequeños donde logramos sacar lo mejor de los demás, ¡sobre todo en los momentos más difíciles!

Libertad: ¿es real o una utopía?

Si os hubiera escrito este post hace una semana sería muy distinto. Me centraría quizá en lo fácil que me resulta a mí tratar a Dios Hijo: a Jesús. Pues al ser una persona de carne y hueso, como tú y como yo, en cuanto entro a una Iglesia y veo el sagrario, mi corazón se abre de par en par.

Le cuento mi vida, como buen amigo que es. Me escucha, le escucho; le consulto cosas, me da su punto de vista y, cuando no entiendo nada, lo dejo todo en sus manos y descanso abrazada a Él.

Pero esta semana escuché una charla que hoy al ponerme a teclear ha venido a mi memoria, así que pienso que será cosa del Espíritu Santo que quiere tocar alguna alma con esta reflexión (que a mí me encantó).

Por qué Jesús es el «libertador»

No creo que os suene extraño, porque aquí estamos todos hechos de la misma pasta, si os digo que muchas veces me veo haciendo cosas de las que no me siento para nada orgullosa y dejando de hacer muchas otras que me encantaría hacer desde hace tiempo pero no hay manera.

Viene a ser en palabras de San Pablo (y de mi hija mayor cuando era aún bien pequeña): «Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago»

Soy libre hasta cierto punto porque mi corazón está apresado por mí misma. Soy muy limitada: muchas veces me faltan fuerzas para hacer el bien, aunque muera de ganas por hacerlo.

Existen esas limitaciones, todos las hemos experimentado; solos no podemos: necesitamos que alguien nos saque de esa «cárcel interna» que no es otra cosa mas que el pecado (pereza, soberbia, egoísmo, vanidad,…).

Cuando Adán y Eva pecaron -perdonad que me remonte tanto, pero es el origen de esa incapacidad– nuestra condición de perfección se rompió y el pecado, con sus consecuencias, entró en nosotros.

Y alguno pensará: ¿pero no quedábamos en que Dios Padre no nos guarda rencor por nuestros pecados? Y así es. Como nos quiere tanto, pone los medios para que ese jarrón que se había roto y que no se podía arreglar, quede bien pegadito.

Jesús es ese pegamento, el liberador. Cristo muere en la Cruz pagando la pena de todos y cada uno de los pecados de toda la humanidad, y luego resucita y nos da el Bautismo para que podamos nacer a una vida nueva en la que Él haya arreglado el estropicio del pecado original.

Necesitamos que Jesús nos libere cada día del nuestras debilidades para poder descubrir nuestra verdadera identidad de hijos de Dios. De ahí la importancia de la confesión, que también inauguró Jesucristo.

Y la Eucaristía -¡por eso me chifla ir a misa a diario!- porque ahí me encuentro con Jesús; que escucha mi corazón, ve mis debilidades y modela mi vida, encamina mis pasos para ser libre con su ayuda.

Bueno, no sé si he aportado algo o he liado más la manta, espero que al menos a alguien le haya servido, jeje! Y si no, tampoco os agobiéis, ¡que quizá os sirvan otros! La intención es lo que cuenta y hemos celebrado por todo lo alto la fiesta de la Santísima Trinidad, y eso es lo importante, ¿no os parece?

¿Qué es lo que más te gusta a ti de Jesús? ¡Os espero en los comentarios!