La Cuaresma no es sólo no comer carne

Empieza la Cuaresma y lo primero en lo que pienso es: “jolín, vuelta otra vez a no comer carne”. Soy así de limitada pero es la triste realidad. Luego enseguida miro en mi interior y me doy cuenta de lo cutre que soy, pero de primeras…, puff, ¡qué desastre!

El caso es que el mensaje del Papa para esta Cuaresma me ha resultado de lo más conmovedor y motivante. Sobre todo, las tres invitaciones que nos propone en Cuaresma: Oración, ayuno y limosna; yo siempre me centraba en el ayuno: el no comer carne, o -si estoy “de buenas”- incluso ponerme algo más, tipo no comer chocolate o no probar el pan en este tiempo.

Pero la cuaresma es mucho más que “mortificarse”; es un tiempo para crecer, es como si nos pusieran un ascensor para subir unos cuantos pisos en solo 40 días; claro que está en nuestra mano el darle al botón de subir o esperar a que suba sólo.

Yo veo claro empezar por una buena confesión, que engrase bien ese ascensor; y luego, día a día, quiero estar muy pendiente de Jesús: decirle mil veces gracias por querer sufrir ese calvario por mí; pedirle perdón por tantas veces que yo le digo que no; y abandonarme en sus brazos, y confiar en Él.

ORACIÓN, LIMOSNA Y AYUNO

Cuando rezamos Dios nos permite conocernos mejor a nosotros mismos y nos da fuerzas para luchar contra nuestras flaquezas, apoyándonos en Él, por eso la Iglesia insiste en que oremos.

La limosna nos abre los ojos. Al compartir nuestros bienes con quienes lo necesitan, nos recuerda que son hermanos nuestros, que nada de lo que tenemos nos pertenece. ¡Tenemos tanta suerte!

Por último el ayuno, que “nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable”; y nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo.

Esta cuaresma quiero que sea diferente; quiero de verdad pegarme bien a Cristo, conocerle más, sentir ese abrazo que lleva tiempo queriendo darme y que yo esquivo con tantas ocupaciones. Y me encantaría que también fuera para vosotros un tiempo de crecimiento.

¿Cómo vives tú la Cuaresma?

¿Y ahora qué?

Como ya sabéis uno de los pilares de mi vida es Dios. Conocí a Jesús de la mano de mis padres pero hasta los veintipocos, no tuve realmente un encuentro personal con Dios, y fue entonces cuando descubrí mi camino espiritual.

Sentí una atracción brutal por la vida oculta de Jesús. Esos años que en el Evangelio pasan muy desapercibidos, pero que ocuparon la mayor parte de su vida, brillaron con otra luz en mi corazón. “Pasó haciendo el bien”, “sirviendo a los demás”, “dando su vida por todos”.

Y, curiosamente, en una sociedad que nos invita a buscar la propia comodidad, a no sufrir, a “la vida fácil”; a mí me atraía ser “alfombra donde otros pisen blando”. Quería imitar a Jesús dándome a los demás, haciendo sus vidas más fáciles, más llevaderas.

La verdad es que según lo voy escribiendo pienso que estaba loca, jaja! Ya es bastante dura la vida como para agenciarnos los problemas de los demás ¡sólo para que a ellos les resulte más fácil su camino!

Pero si os soy sincera, aún a día de hoy, sigo teniendo muy claro mi camino; sigo queriendo imitar a Jesús. Repito: QUERIENDO, ¡que no consiguiendo!

Más de uno estará pensando, ¡qué más quisiera esta que parecerse siquiera un poquito a Jesús, jaja! Y lo sé…, ¡pero conste que lo intento!, y lo bueno de Dios es que con mi intentar sincero, se conmueve, y completa lo que yo apenas empiezo, acariciando las vidas de quienes más lo necesitan. Eso sí, o yo lo intento, o Él no mueve un dedo; porque respeta mi libertad, y no mueve ficha sin mi permiso.

¿Y ahora qué?

El caso es que desde que estoy así de “inútil” como que me sentía un poco perdida. Lo mío es la vida oculta, el trabajo, las amistades, la familia…, darme a Dios a través de mi día a día. Pero claro, con estos dolores ¡ya no hay día a día que valga!, me dedico más a pedir que a dar…, y de ahí mis tinieblas.

Bueno, pues este fin de semana ya ha llegado la luz. Tengo una paz inmensa en el alma. Dios me ha ido regalando pequeños momentos que me han hecho redescubrir mi camino. En pocas palabras, me ha venido a recordar que su vida acabó en una cruz…; así que no puedo sorprenderme de que ahora me toque sufrir un poquito, porque seguir a un crucificado, lo mires por donde lo mires, conlleva un poquito de sufrimiento.

Y no es que me guste tener dolor, ni mucho menos, pero me llena de paz saber que no es algo sin sentido, fruto del azar, que me ha tocado y que tengo que jorobarme y punto; sino que Dios lo quiere para mí porque es la forma de volver a Él, esta vez más unida al final de su vida, y de confiar en que igual que su muerte nos abrió las puertas del paraíso a ti y a mí, estos dolores y contrariedades también colaboran.

Así que solo me queda pediros que echéis una oración por mí, y por quieres puedan estar pasando por una situación similar, para que seamos capaces de confiar y abandonarnos en Dios como niños. Porque aunque se vea muy claro el sentido, somos humanos, y ¡el día a día cuesta mucho!

¡GRACIAS!

Una Navidad diferente

Hoy celebramos la Navidad. El día en que Dios, decide hacerse Niño para acercarse a nosotros.

¿Has pensado alguna vez cómo fue?

Hace muchos, muchos años, los hombres veían a Dios como un ser muy lejano, invisible, inalcanzable. Y Dios no paraba de enviar profetas para que vieran que se preocupaba de ellos, que les quería; pero los hombres no se enteraban…; así que, viéndoles tan perdiditos, pensó: me haré uno de ellos para que les sea más fácil conocerme, para que vean que les quiero, que me importan; que pueden hablarme y tratarme.

Imagino la cara que se le quedó cuando las puertas, a las que María y José llamaban aquella noche, no se abrían…; y la cara que se le quedará cuando, año a año, llama a mi puerta y yo estoy a mis cosas y tampoco abro…

Por eso esta Navidad quiero que sea diferente; quiero que se encuentre muchas puertas abiertas, con ganas de recibirle; probablemente afanados en preparar la comida, arreglar a los niños, recoger, etc, pero ilusionados porque el Niño Dios vuelve a nacer, pero esta vez en nuestros corazones.

Dios dejó en manos de María que Jesús naciera. Esperó a su “sí” o “no” para realizar obras grandes a traves de Él. Hoy me pregunta a mí (y a ti) si yo también quiero que actúe en mí, a través de mi vida; no quiere hacer nada sin mi permiso. De mi “sí” depende que Él continúe.

Quizá este año, como a mí, te resulte muy difícil decir que sí. ¿Cómo voy a decir que sí quiero estar enferma? Me siento incapaz…, pero después de mirar a María y ver lo que consiguió con su “sí”, he decidido confiar en Él, dejarle nacer en mi corazón para que continúe haciendo cosas grandes por nosotros.

Suena un poco fuerte que sea yo quien decida si puede seguir haciendo cosas por nosotros…¡pero es así! Dios nos quiere tanto que quiere que seamos protagonistas en esta aventura, no meros espectadores.

Ojalá que, a pesar de las dificultades que podamos vivir esta Navidad, sumemos entre todos un gran “SÍ”, que emocione a Jesús al encontrar tantos corazones felices de acogerle.

¡FELIZ NAVIDAD!

Encontrar la luz cuando todo va de mal en peor

¡Qué mal llevo cuando las cosas salen del revés! Y más aún si algo que parece bueno, por más que lo pida, no sale adelante. Miro al Cielo enfadada y grito: “¿Qué pasa?, ¿por qué permites esto?” Nos hace sufrir y no entiendo por qué si puede no lo soluciona… 

Estos días de Adviento, como os dije, estoy profundizando en la Navidad. Esta mañana he imaginado a José, obligado a viajar a Belén con su mujer embarazadísima…¡estaba de 39 semanas! ¿Os imagináis el percal? Y era el primer hijo…, que ya sabéis que ¡todo cuidado con el primero parece poco! Vaya contratiempo pensarían…

Les veo caminando muchas horas (¡eran cerca de 150km!), y a José agobiado pensando dónde dormirían, si les daría tiempo a llegar antes de que se pusiera de parto o si sería allí en mitad de la nada, qué cenarían y mil incertidumbres más; y una vez en Belén, comenzaría la preocupación al ver que nadie les acogía. Sólo les ofrecieron un viejo pesebre, frío, sucio, sin cama ni cocina, sin apenas luz, con un par de animales ahí en medio… 

¿¿Os imagináis la escena?? ¡Peor no podía salir! ¿Cómo iba a nacer ahí el Hijo de Dios? ¡No tenía ningún sentido! Si yo fuera José os aseguro que estaría desesperada…, me enfadaría muchísimo; sin embargo ellos estaban tranquilos. Confiaban en que Dios les protegía y que sería Él quien escogiera el “mejor” sitio para su Hijo. Tenían una fe tan grande que les llenaba de paz.

Y aunque para nosotros, si nos ponemos en la situación, aquello no tenía ningún sentido; nos damos cuenta ahora de que aquella catástrofe tenía todo el sentido del mundo. Si hubiera nacido donde le correspondía, en un palacio rodeado de sirvientes, oro y lujo, no nos atraería ni de lejos. 

Se hizo pobre, vino sin nada, para que nosotros ahora entendamos y nos sintamos comprendidos. Para enseñarnos a amar incluso cuando lo imprescindible falta

Y muchas veces a mí me pasa lo mismo. No veo el sentido de las cosas que me pasan, a mí o a quiénes conozco. Una enfermedad, necesidades económicas, un terremoto, una persona joven que fallece…y me indigno. No soy capaz de ver más allá, y aceptar que a veces las cosas aunque parezcan horribles no lo son porque detrás de ellas hay un plan divino que yo no veo. ¡Ojalá pudiera confiar como la Virgen y San José!

Por eso, siento que el Señor hoy me dice que cuando todo parezca ir mal, confíe. Que Él tiene planes a más largo plazo, sólo necesita que me fíe de Él y le deje llevar las riendas de mi vida (¡esas que me encanta controlar yo sola!). 

Que tenga paciencia, que ponga amor en lo que me toque en ese momento y confíe, y que entonces todo tendrá sentido. Yo lo voy a intentar, y os animo a vosotros a hacer lo mismo, porque si miro atrás no veo en mi vida nada que no se haya solucionado con el tiempo, veo su mano protegiéndonos.

¿Cómo afrontáis vosotros esos momentos en los que no se ve luz al final del tunel? 

5 cosas para hacer con niños en Adviento

Este domingo empieza el Adviento (¿quieres saber qué es el Adviento?), y no sé a vosotros pero para mí estas semanas transcurren casi sin enterarme. Normalmente estoy hasta arriba de trabajo, hay que pensar en los menús de Navidad, los regalos, la decoración…, y no me da la vida para mucho más…; pero este año me gustaría que fuera especial. Quiero pararme y pensar, e invitaros también a vosotros a hacerlo.

Me gustaría darle a este tiempo el sentido que tiene y preparar mi corazón, y el de mi familia, para que, cuando llegue el Niño Dios, tenga mucho espacio en él y se encuentre a gusto. Por supuesto, también decoraremos nuestra casita, ¡toda fiesta merece sus adornos! y, lo más importante, nuestras almas; cada uno a su medida. Yo profundizaré en lo que celebraremos y me prepararé para hacer una buena confesión. Así el alma quedará bien limpita para que Jesús la encuentre preparada para recibir todos los regalos que quiera darme (y creedme: son mejores que los que traen los Reyes Magos, jaja!).

He buscado algunas actividades para vivir en familia el Adviento que nos haga darnos cuenta, a los niños (y a nosotros), de que son fechas distintas y de que la Navidad está muy cerca. Como quien prepara la llegada de un nuevo hijo: que si la cuna, la ropita, la sillita de paseo… Ellos son mucho más sensibles con que nosotros y, si les prestamos atención, pueden ayudarnos mucho a vivir mejor el Adviento.

5 ideas para hacer con niños durante el adviento:

  1. Árbol de Navidad lleno de buenas acciones: lo primero es montar el árbol pero sin adornos; después, durante todo el Adviento, los niños (¡y mayores!) irán colocándolos en función de su buen comportamiento. Cada color (o cada adorno) refleja una acción: las bolas rojas el cariño (un abrazo, un beso, decir algo bonito a los padres/hermanos/hijos…).; las verdes mostrarán el servicio a los demás (recoger los juguetes, poner la mesa, hacer la cama o la comida…); las amarillas la alegría (ir a dormir alegres, hacer los deberes contentos o sonreir cuando algo no sale como esperaba) y por último la piedad, que estará en las bolas azules (un beso a la Virgen, un avemaría antes de dormir, bendecir la mesa, hablarle a Jesús de tus cosas…).
  2. Corona de adviento. Cada domingo al volver de misa encendemos una vela de la Corona de Adviento y leemos juntos un cuento de la Biblia infantil, un pasaje del Evangelio o rezamos juntos una oración sencilla.
  3. Poner el Belén con ellos, y si lo hacéis reciclando, con rollos de papel, envases de yogures, fieltro, huevos o plastilina ¡no lo olvidarán nunca!
  4. Calendario de chocolates: hay unos ideales que proponen una buena acción para cada día. Y si no, ¡inventárosla! Este tiempo es para agrandar el corazón, así que eso es lo más importante.
  5. Un Belén lleno de estrellas. Imprimimos un Belén, lo pegamos sobre una cartulina dejando mucho cielo por encima. Cada mañana elegimos un propósito que nos lleve a ser más agradecidos, sinceros, empáticos, cariñosos, ordenados, obedientes, piadosos, …; cada uno en su casa lo que más necesite.  Y al final del día examinamos y vamos poniendo pegatinas de estrellas por cada día que consigamos el objetivo y así cuando llegue Navidad ¡Jesús tendrá miles de estrellas!

Por supuesto no tienes por qué hacer todas ellas, con una o dos para empezar será suficiente. Verás como Jesús te llena de regalos incluso aunque no salga tan bonito como lo habías imaginado, porque para Él la intención es lo que más cuenta.

Comparte en los comentarios cómo vives en tu casa el Adviento, ¡toda idea será bienvenida! ¡¡Muchas gracias!!

Transmitir la fe en la familia. Cuando los hijos son pequeños


Hace poco me llegó por whatsapp esta imagen y creo que va muy en la línea del post de hoy. Cuando los hijos son aún pequeños para entender la misa o para empezar a rezar, el ejemplo que ven en nosotros es la mejor manera de darles a conocer a Jesús. Para lo cual, obviamente, es imprescindible que nuestra vida se parezca en algo a la suya, porque si no ¡poco podrán aprender!

Quizá sea una barbaridad decir esto pero lo imagino así: Igual que Dios Padre nos envió a su Hijo Jesucristo para mostrarnos el camino de la felicidad; así también nos envía a nosotros, los padres (¡también a los tíos y padrinos!), como “teloneros de Cristo“, para que a través de nuestro ejemplo vayan conociendo a Jesús hasta que sean capaces de seguirle ellos mismos.

Me parece bonito pensar que somos “teloneros de Dios”; torpes…, que nos equivocamos a menudo, pero al fin y al cabo ¡teloneros de Dios! ¿No es como para emocionarse?

La clave para cumplir bien esta misión está en pasar tiempo con ellos jugando, hablando…; que se sepan importantes y, sobre todo, queridos.

“La familia que reza unida permanece unida” S. Juan Pablo II

También creo que es bueno que desde pequeños vean que Jesús es uno más de la familia. Tratarle juntos de manera natural. Igual que llamamos a los abuelos y les pasamos el teléfono para que saluden, podemos enseñarles a tratar a Jesús con nosotros.

Quizá una breve oración por las noches, darle besos a una imagen de la Virgen o dar gracias antes de empezar a comer sea suficiente los primeros años.

Nosotros tenemos en casa algunas imágenes de la Virgen, y les encanta cuando nos ven lanzarle un beso o decirle un: “gracias Madre mía porque todo ha salido bien” (o un: “échame una mano que hoy me los como, jaja!) y casi siempre se unen a ese beso con uno suyo.

Pero sobre todo esforzarnos por darles buen ejemplo. Pedir ayuda al Espíritu Santo para ser pacientes y superar el cansancio de la jornada para escuchar sus pequeñas preocupaciones, películas e historietas (aunque a veces sean imposibles de seguir)

También es bueno respetar sus ideas aunque sean diferentes a las nuestras, pero siempre explicándoles el porqué de nuestro parecer, para que poco a poco sean capaces de elegir siempre el bien; ser serviciales, sinceros, ordenados, comprensivos, …

Y ya para terminar, a parte de animaros a releer este post de 2018 “Transmitir la Fe en la familia“, recordaros las claves fundamentales: mucho cariño, crecer nosotros para que puedan crecer ellos y tratar a Jesús juntos, como a un amigo más. Y una vez que ellos ya tienen una relación personal con Cristo, dejarles volar, que sigan a su corazón aunque quizá lo que vean no nos guste mucho.